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El principio estético del socialismo

Por David Walsh

La siguiente conferencia tuvo lugar el 9 de enero, 1998, en la Escuela de Internacional de Verano sobre el "Marxismo y los Problemas Fundamentales del Siglo XX," que el Partido Socialista de la Igualdad (Australia) organizara en Sidney del 3 al 10 de enero, 1998.

David Walsh es redactor titular de las artes del World Socialist Web Site (Sitio de la Telaraña Mundial Socialista) y autor de muchos ensayos incisivos de crítica sobre el arte contemporáneo y la cultura desde el punto de vista marxista.

Comentario sobre el arte y el partido marxista, contribución importante de Joanne Laurier, militante del Partido Socialista de la Igualdad (EE.UU.), sigue la presentación de David Walsh.

La actitud del marxismo clásico hacia el arte

Me gustaría comenzar con la observación que la primera obra de Karl Marx como periodista revolucionario, a la edad de los veintitres años, fue un comentario sobre una serie de instrucciones que el censor del gobierno pruso había promulgado.

Las instrucciones observaban que "la censura no tenía por qué prevenir la investigación seria y modesta de la verdad". En su respuesta irónica y burlona, Marx retóricamente pregunta, "¿No es el primer deber del que busca la verdad dirigirse directamente a la verdad sin mirar a diestra o siniestra? ¿No se me olvidará la esencia del problema si me veo obligado a que no se me olvide expresarla de la manera prescrita?"

Marx continúa: "Además, la verdad es general, no me pertenece sólamente a mi; le pertenece a todos. Yo le pertenezco a ella, no ella a mí. My propiedad es la forma, la cual es mi individualidad espiritual. Le style c’est l’homme. [El estilo es el hombre.] ¡Claro que sí! La ley me permite escribir, pero debo escribir en un estilo que no es el mío! ¡Puedo mostrar mi semblante espiritual, pero antes de hacerlo tengo que cubrirlo con los pliegos prescritos! ¿Qué hombre no ha de avergonzarse ante semejante insolencia...?

"Usted admira la variedad agradable, las riquezas inagotables de la naturaleza. Usted no exige que la rosa se convierta en violeta, pero ¿debe el espíritu, que es de todas las riquezas la mayor, existir en una sola variedad? Tengo sentido de humor, pero la ley me ordena que escriba de manera seria. Soy audaz, pero la ley exige que mi estilo sea modesto. El gris, el gris total, es el color justo y equitativo de la libertad. Cada gota de rocío sobre la cual brilla el sol reluce con un juego inagotable de colores, pero el sol espiritual, no importa cuantas sean las personas ni cuantos los objetos en los cuales se refracta, ¡debe producir única y exclusivamente el color oficial!"

Así escribió Marx a principios de 1842, cinco años antes de publicar El manifiesto comunista. Cito estas palabras para enfatizar y, si es necesario, arguir que la perspectiva global de aquéllos que siglo y medio atrás fundaron nuestro movimiento incluía cierta actitud hacia la cultura, la expresión artística y la libertad intelectual. Estoy convencido que esa actitud sigue siendo para la filosofía marxista un principio insustituible y de significado objetivo. Nuestros esfuerzos aquí hoy se dirigen principalmente a tratar de elaborar, por lo menos inicialmente, lo que constituye el principio estético, si es que así le podemos llamar, de la conciencia socialista.

Si la defensa de la libertad artística e intelectual es tan indispensable para el marxismo, es lógico que nos preguntemos por qué esta conferencia de hoy es tan inusual, para no decir sin precedentes. La respuesta tiene muchos aspectos, demasiados para analizarlos de manera profunda durante esta charla. Aún así creo que la pregunta requiere cierta respuesta, particularmente porque es posible que al tratar de contestarla se puedan iluminar varios de los problemas que hoy vamos a discutir aquí.

Las implicaciones de la relación entre la política y el arte en la lucha por el socialismo son bastante obvias. León Trotsky comenzó su obra clásica, Literatura y revolución, escrita en 1922 y 1923, observando que el lugar del arte en la Unión Soviética podía determinarse con el siguiente argumento general: si los trabajadores no hubieran derrotado a los ejércitos contrarrevolucionarios durante la encarnizada guerra civil, el estado soviético habría dejado de existir y los marxistas en Rusia no habrían estado pensando acerca de los problemas económicos y mucho menos de los intelectuales y culturales. Para crear una sociedad donde el arte pueda florecer hay que utilizar medios que no son obviamente artísticos.

Junto a ésto existe la realidad de opresión clasista bajo el capitalismo. Trotsky advirtió en Literatura y revolución contra cualquier esfuerzo por identificar sin crítica los destinos históricos de la burguesía con los del proletariado. La clase capitalista tomó el poder siglos luego de empezar a desarrollar su propia cultura. Asumió control de la sociedad como clase social ya rica y educada. Las cosas son muy diferentes para la clase obrera.

Gran parte de la energía de los trabajadores con inclinaciones socialistas "luego de enfrentarse a las exigencias de la vida" está, por necesidad, consagrada al estudio de la política, la historia y el esfuerzo por educar y organizar a toda la clase sobre los principios marxistas fundamentales. La enormidad y urgencia de estos deberes hacen que ésto sea inevitable. En gran parte ésto también es cierto hasta para los miembros de nuestro propio partido.

En otras palabras, mientras que la ascendencia histórica de la burguesía tomó lugar con uniformidad relativa en todas las esferas de la vida social--económica, filosófica y culturalmente--el proceso de la auto-determinación de la clase obrera, según las palabras de Trotsky, "asume un carácter político-revolucionario intenso y limitado puesto que la clase obrera es desafortunada desde el punto de vista económico", y alcanza su expresión más alta en el partido socialista revolucionario. Luchamos contra esta limitación, pero comprendemos sus orígenes objetivos. No habría necesidad por la revolución social si la humanidad pudiera desarrollarse de manera completa bajo el capitalismo. La clase obrera tiene que tomar el poder precisamente porque, en el sentido más amplio de la palabra, a ella se le ha privado de la cultura.

Estas son consideraciones generales a las cuales creo que nadie debería o necesita cerrarle los ojos, pero a mi parecer quizás sea más pertinente referirnos a ciertos problemas históricos cuando tratamos de explicar por qué lo hemos encontrado necesario y por qué podemos ahora consagrar una sesión especial de esta escuela a problemas culturales.

Me parece a mi que de las ironías que han de considerarse en dicha discusión es que todos los grandes exponentes del marxismo durante los tres primeros cuartos de siglo después de la publicación de El manifiesto comunista en 1847 habrían aceptado de hecho que la lucha por el socialismo y la lucha por defender la libertad de la creación artística eran esencialmente inseparables.

Después de todo, sólo hay que considerar otra vez el carácter del individuo cuyo nombre se identifica con la fundación del socialismo ciéntifico: el propio Marx, quien, además de todas sus otras cualidades extraordinarias, era hombre de cultura inmensa. En sus reminiscencias, Paul la Lafargue, dirigente socialista francés y yerno de Marx, rememoró: "El [Marx] se sabía su Heine y Goethe de memoria y frecuentemente los citaba en sus conversaciones; era lector asiduo de los poetas en todos los idiomas europeos. Todos los años leía a Esquilo en el griego original. Consideraba a éste y a Shakespeare como los genios dramáticos más grandes que la humanidad engendrara. Su amor a Shakespeare no tenía límites. Hizo un estudio detallado de sus obras y conocía hasta a los personajes de menos importancia. Elevó a Cervantes y Balzac por encima de todos los otros novelistas. Tenía una imaginación incomparablemente fértil; sus primeras obras literarias fueron poemas. Su señora esposa conservó la poesía que su esposo había escrito en su juventud, pero nunca se la mostró a nadie. Su familia había soñado con que el fuera hombre de letras o profesor. Consideraba que se degradaba a si mismo al participar en agitación socialista y en la economía política, las cuales eran monospreciadas en la Alemania de aquella época".

A instancias de Karl Kautsky en 1985, Eleanor Marx escribió un comentario acerca de la amistad entre Heine y Marx. Este documento leía en parte: "Recuerdo a mis padres...hablando mucho de Heine, quien (a principio de los 1840) veían constantee íntimamente. No exagero cuando digo que Mohr [apodo de Marx] no sólo admiraba a Heine como poeta, sino que le tenía afecto muy sincero. Se valía de todo tipo de excusas en cuanto a los caprichos políticos de Heine. Mohr explicó que los poetas eran seres extraños y delicados que no podían juzgarse de acuerdo a las normas de conducta ordinarias y aún extraordinarias...

"Hubo una época en que Heine constantemente solía subir corriendo a sus alcobas para leerles sus ‘versos’ y pedirle su opinión. Una y otra vez, Mohr leía "un trozo pequeño" de ocho líneas y lo analizaba y discutía...

"Según mi entendimiento, rara vez discutían de política. Pero lo cierto es que Mohr juzgaba a Heine con mucho cariño y amaba no sólo las obras del hombre, sino también al hombre mismo".

O para considerar el caso del mismo León Trotsky, lo único que uno tiene que hacer es leer el capítulo de su autobiografía titulado "Libros y conflictos tempranos," donde describe como devoraba las obras de Pushkin, Nekrasov, Dickens y Tolstoy cuando era niño; la poderosa impresión que le causó su primera visita al teatro; y el gran impacto de las visitas caseras que le hacía un amigo de la familia famoso en el sur de Rusia como autoridad sobre Shakespeare.

Desde mediados del Siglo XIX, lo que llamamos el marxismo clásico según lo representan sus figuras más destacadas--Marx, Engels, Lenín, Trotsky, Rosa Luxemburg, Franz Mehring, Georgi Plekhanov, Lafargue, Antonio Labriola y, claro, incontables otras figuras de menos fama,--ofrecía mucho más que un programa político; éso sería el punto de vista más estrecho.

El marxismo representaba una corriente cuya amplitud y profundidad intelectuales eran enormes. Abarcaba de manera bastante conciente las mayores proezas de la filosofía, economía política e historiografía burguesas y, mantengo que, por lo menos implícitamente, de la producción artística también. El marxismo proporcionaba la única explicación racional y coherente de las contradicciones y la crisis creciente de la sociedad burguesa y ofrecía la única salida a esa crisis. Las reverberaciones que produjo el socialismo con su visión de un mundo libre de explotación y miseria, fueren acogidas con simpatía o repudiadas, tuvieron gran impacto en todas las esferas de la vida intelectual.

Y conversamente, ya fuera por la labor de físicos, antropólogos o psicoanalistas, toda tendencia extraordinaria que iluminaba la estructura del universo en cuanto a lo físico, lo social y lo psicológico de tal manera u otra imprimía al marxismo con su huella. No quisiéramos disimular las enormes contradicciones dentro del movimiento socialista entre 1890 y 1914, pero en el sentido más general no cabe duda que durante esos años la auto-conciencia revolucionaria de las masas creció enormemente hasta alcanzar su más alta expresión en la Revolución de Octubre de 1917.

Si se comienza a analizar la historia del período, aún superficialmente, se puede encontrar gran variedad de material. Podríamos referirnos a la reunión de 1890 que fundó el Freie Volksbuhne, teatro de mayor importancia en Alemania. En las palabras de un historiador, éste "unió los dirigentes de la vanguardia de Berlín con los dirigentes de la Social Democracia en un esfuerzo común para organizar una serie de encuentros donde escritores y trabajadores industriales participaron juntos en discusiones sobre la literatura".

O consideremos otro ejemplo: el departamento de las artes del Partido Belga de los Trabajadores. Sus programas durante 1891-92, que fueron organizados para beneficios de los trabajadores, incluyeron el estudio de la literatura rusa moderna, Ibsen, Wagner, música folklórica, Shakespeare, la pintura flamenca, William Morris y la poesía de Paul Verlaine.

En Alemania, claro, el partido Social-Demócrata organizó asociaciones de trabajadores (cuyo número llegaba a los miles) alrededor de varios temas, inclusive la cultura. Una de la obras que estudié tenía que ver con una pequeña ciudad alemana con una población entre las 10,000 y 20,000 personas. Esta tenía 100 asociaciones de trabajadores, desde clubs para ciclistas hasta grupos consagrados a la poesía y el teatro. Los socialistas consideraban que las cuestiones sobre el arte y la cultura eran de importancia primordial para la elevación de la clase obrera al nivel de sus responsabilidades históricas.

En Francia, el diario anarquista La Revolté publicaba suplementos literarios que incluían las obras de Tolstoy, Flaubert, De Maupassant, los hermanos Goncourt, Anatole France y Zola. Cuando la lista de subscripciones del periódico fueron confiscadas en 1894, ésta incluía una lista de quién es quién de los estetas más refinados y "decadentes", incluyendo a Stephane Mallarmé, así como también los nombres de los pintores Paul Signac y Camille Pissarro y del mismo Anatole France; es decir, una muestra representativa de la vida intelectual francesa.

Una obra muy útil titulada El artista y la reforma social, estudio de la situación socio-cultural en Francia y Bélgica durante la segunda mitad del siglo XIX, hace notar lo siguiente: "Cuando Gustave Kahn [figura literaria muy conocida y luego Dreyfussard] escribió en 1886 acerca de la paralización de la sociedad francesa contemporánea en la cual la burguesía triunfante le cerraba paso a todo lo que era nuevo en el arte y en las ideas, repetía como eco una queja mucho más antigua, queja que para él, a igual de otros, mezclaba motivos artísticos y sociales. Y ahora la nota de preocupación con la situación social adquiriría mayor importancia en los ataques contra la burguesía. El artista se sentía no sólo víctima de la sociedad, cosa que ya sentía por años, sino que comenzaba a identificarse a si mismo con la clase obrera como si ambos fueran víctimas de la misma injusticia".

Aún bajo condiciones semi-legales en la Rusia tsarista, los marxistas durante este período forjaron cierta relación con los Decadentes, "joven y perseguida tendencia" [literaria] (Trotsky) y entraron en su defensa.

Sería una idiotez sugerir que las relaciones entre los socialistas y los artistas, aún en las mejores situaciones, eran simples, harmoniosas y sin contradicciones. ¿Cómo hubiera sido éso posible? El bohemianismo, el individualismo y el egoísmo, que se identifican con cierta existencia social definida, no son precisamente características desconocidas en los círculos artísticos. Y tampoco es el filistinismo desconocido al movimiento marxista. Y aparte de la inevitable fricción clasista y política, existe el problema de la gran diferencia, aunque no del todo absoluta, entre la cognición científica y la artística.

Hace varios años que discutí este tema en relación a los artistas de vanguardia rusos. "El mismo proceso por medio del cual el artista conoce al mundo, a través de las imágenes; el vínculo estrecho entre la esfera de sus actividades y la percepción de los sentidos, impresiones inmediatas y emociones; y el papel preponderante de la intuición y lo inconsciente en lo artístico--todo ésto casi asegura que el artista se "quede atrás" del desarrollo de la política del día". La conciencia artística puede quedarse atrás o saltar adelante, pero rara vez se sincroniza con la conciencia político-revolucionaria.

Al tomar todo ésto en cuenta, creo que la siguiente propuesta todavía es, en sentido general, válida desde el punto de vista histórico y se puede demostrar: que durante el período antes de la Revolución Rusa el movimiento socialista se consideraba a si mismo--como también lo consideraban los artistas e intelectuales que simpatizaban con él,--como aliado y defensor de la creación artística y como campeón resuelto de la libertad intelectual en general.

¿Es ésa la percepción universal popular del marxismo hoy día? Se tendría que ser verdaderamente tonto para creerlo. Si al "marxismo" de la actualidad no se le identifica abiertamente con la eradicación del pensamiento crítico y de la artistía por parte de burócratas estúpidos y bestiales, con el castigo del destierro al Gulag para los que tienen independencia de pensamiento, lo más probabale es que se le identifique con las idioteces del post-modernismo y toda una panoplia de recetas anti-artísticas avanzadas por la izquierda pequeño-burguesa.

En cuanto a la identificación del marxismo con la supresión totalitaria de las ideas, podemos contar con que el ideólogo de la derecha exprese su opinión: "Como ustedes pueden ver, la alegación de los socialistas que ellos representan la libertad probó ser mentira y engaño. Estos eran individuos hambrientos por el poder que prometían cualquier cosa con tal de alcanzar sus objetivos. Una vez que llegaron al poder mostraron sus colores verdaderos".

Esto sería un argumento interesantísimo si los hechos históricos no lo contradijeran totalmente. La Revolución de Octubre le proporcionó un ímpetu enorme a la creación artística, especialmente en las esferas de las artes visuales, la poesía, y el cine. Sólamente basta mencionar los nombres de Malevich, Mayakovsky, Tatlin, Eisenstein, Pudovkin, Vertov, Shostakovich, Rodchenko, Popova, Stepanova, El Lissitsky, Mayerhold, Babel, Mandelstam para evocar todo un universo artístico. El impulso cultural que la revolución ocasionó fue reconocido, aunque de mala gana, aún por sus oponente políticos más honestos. Figuras destacadas del Partido Bolchevique, especialmente Lenín, Trotsky y Lunacharsky, fomentaron la producción artística y combatieron el intento de imponerle a los artistas soviéticos criterios supuestamente "proletarios" y artificialmente "revolucionarios". Trotsky escribió en La revolución desfigurada que cuando el estado obrero "tenía el apoyo fervoroso de las masas y la perspectiva de la revolución mundial, éste no le tenía miedo a la experimentación, la investigación y la lucha por las escuelas, pues comprendía que sólo de esa manera podía preparse una nueva época cultural. Las masas populares todavía estaban contagiadas con entusiasmo y por primera vez en mil años pensaban en voz alta. Los mejores artistas de la juventud también se habían sentido profundamente conmovidos".

No podemos, dentro de los perímetros de esta discusión, analizar el carácter, la expansión y significado del stalinismo, pero obviamente la supresión--y destrucción final--de la vida cultural soviética que éste llevara a cabo desde mediados de la década de los 1920 en adelante es de los grandes crímenes intelectuales del siglo. La ascendencia de la burocracia creó lo que Trotsky llamó "cierto tipo de campo de concentración de la literatura artística". Los mejores artistas se suicidaron, se volvieron mudos, o fueron aniquilados.

La burocracia no sólo asesinó, corrompió o demoralizó a generaciones enteras de artistas en la URSS y el extranjero; también tomó prestado o inventó teorías para justificar su tiranía sobre el arte: la "cultura proletaria" y el "realismo socialista" durante la época de Stalin. El impacto cultural del stalinismo no terminó con la muerte del tirano en 1953. Ni tampoco se sintieron sus efectos destructivos únicamente en la URSS, Europa Oriental y la China. Los orígenes de varias escuelas de "arte popular" pueden trazarse a su influencia perniciosa. Por supuesto, el stalinismo no era la única influencia en vigor; varios conceptos criollos populistas y nacionalista-burgueses también jugaron su papel, pero es el stalinismo que definitivamente ha funcionado como cemento ideológico y organizacional.

Durante los 75 años que han transcurrido desde que Trotsky escribiera Literatura y revolución, varios conceptos esencialmente hostiles al arte y la creación artística se han disfrazado de "marxistas" y en las mentes de numerosas personas se han llegado a identificar como tales. Nosotros insistimos--y en ésto quizás consista el significado de la organización de esta charla aquí hoy--que el período en el cual era posible perpetrar este fraude ha llegado a su fin.

Por varios de años el Comité Internacional ha estado tratando de resuscitar una perspectiva genuinamente marxista hacia el arte. Esto ha sido aspecto de lo que creo que justamente hemos llamado un renacimiento de la teoría marxista, el cual ha surgido desde el rompimiento decisivo con el oportunismo que se cristalizara con el Workers Revolutionary Party británico a mediados de la década de los 1980. Parece como si el movimiento trotskyista (el marxismo en su forma moderna) se hubiera librado de un montón de influencias ajenas y verdaderamente encontrádose a si mismo otra vez.

Por supuesto, ésto no se debe simplemente al rompimiento con un grupo de oportunistas, por más significante que haya sido dicha acción. Procesos históricos muy poderosos están en pie. Este renacimiento está ligado al cambio de la relación entre el marxismo y el oportunismo, entre la clase obrera y la burocracia, relación que fue extremadamente desfavorable al movimiento socialista revolucionario durante toda una era histórica. Es mi opinión, el dominio que las burocracias stalinista y reformista tenían sobre la clase obrera directamente influía la prevalencia de aquellas nociones sobre el arte que se disfrazaban de marxista y se aceptaban de buena fe, o que por lo menos muchos socialistas sinceros y honestos no disputaron durante medio siglo.

Creo que si ahora es posible librarnos de la influencia de estos conceptos injuriosos y falsos es porque existe un profundo significado objetivo. Pone en relieve nuestra propia evolución como la tendencia política más inalterablemente opuesta a los aparatos burocráticos y nuevamente señala el surgimiento de las clase obrera como clase que actúa en sus propios intereses históricos independientes. Ya luego examinaré de manera más detallada en mi presentación este aspecto de la cuestión

Ciertos desacuerdos

Como ya he dicho, durante los últimos años hemos hecho el esfuerzo conciente de elevar el nivel de nuestros documentos sobre asuntos artísticos y tratar los problemas de la cultura contemporánea, así como también las cuestiones históricas, desde el punto de vista del patrimonio marxista al cual brevemente me he referido. Mucha, pero mucha labor todavía tiene que realizarse, pero creo que por los menos el camino ha quedado despejado de ciertos escombros.

Como ya sabrá la mayoría de ustedes, nuestro énfasis sobre la necesidad de comprender el significado objetivo de la producción artística y de considerar seriamente las leyes de su desarrollo recientemente se ha encontrado con la oposición de un lector de Workers News aquí en Australia. El Sr. Brad Evans le escribió al diario a fines de agosto para expresar su desacuerdo con cierto artículo publicado el verano anterior. Este artículo juzgaba el significado de la vida y obra de Oscar Wilde.

Contestamos su carta en el periódico y él, por su parte, nos respondió con otra carta, la cual creo enfoca de manera aún más evidente las diferencias que existen entre nuestras perspectivas. Hoy me gustaría examinar estos temas otra vez, porque creo que el punto de vista que Mr. Evans expresa es típico de todo un círculo social. Naturalmente, él tiene derecho a su opiniones, pero nosotros también tenemos derecho a las nuestras. Y no es nuestra intención ser tímidos al defender nuestras ideas y separarlas de esas ideas que consideramos falsas y retrógadas.

Presumo que la mayoría de las personas aquí presentes ha leído la pieza sobre Wilde y el intercambio de cartas que apareció en noviembre; no obstante, podría ser útil si hago un breve resumen de los temas tal como yo los veo.

El artículo sobre Wilde tenía antecedentes históricos, pues había sido escrito bajo la influencia de la labor que habíamos desempeñado al escribir la pieza que publicamos acerca de André Breton y el surrealismo el verano anterior. Sigo creyendo que Breton es figura importantísima. Estoy convencido que su postura principiada en cuanto a las cuestiones políticas--rechazó el stalinismo y apoyó a Trotsky y a la Cuarta Internacional--estaba ligada al que él le daba al papel del factor subjetivo, del conocimiento conciente, en el arte y la historia. Se de pocos seres humanos de la historia que más honesta y sinceramente creyeran que la manera en que la imaginación creativa funciona cuando está absolutamente libre de impedimentos era crucial para el éxito de la revolución.

Cuando emprendí mi investigación sobre Wilde, me sorprendió el hecho que ciertos temas similares aparecían en la obra de éste. Por supuesto, hay que aceptar a Wilde con cierto grano de sal, pues a veces suele ser un snob terrible. A menudo es exasperante y gran parte de su poesía parece rígida y formal. Casi todas sus obras teatrales nunca superan el nivel de la comedia costumbrista frívola y son bastante inofensivas. Pero...pero aún así, no se puede dejar de pensar que a veces Wilde persigue algo muy, muy profundo, especialmente en El alma del hombre bajo el socialismo, El crítico como artista, El retrato de Dorian Gray, Salomé, De Profundis, quizás en La importancia de llamarse Ernesto.

Cuando Wilde provocadoramente afirmó que el arte no refleja la naturaleza y la vida, sino que la naturaleza y la vida de hecho imitan al arte, es decir, que las dos portan huellas de la actividad humana, mostró una comprensión de la dialéctica muy rara para la época. Cuando se lee desde un punto de vista crítico, este comentario de Wilde nos recuerda el trozo sobre el materialismo de Feuerbach en La ideología alemana, obra en la cual Marx y Engels señalan que "la naturaleza, la naturaleza que precedió a la historia humana, de ninguna manera es la naturaleza en la cual vive Feuerbach". En otras palabras, al hacerle frente a los productos del pensamiento, de la sociedad o aún de la naturaleza, los seres humanos por lo general se encuentran con los resultados de su propia actividad o de la actividad de las generaciones anteriores.

Lo que me sorprendió de Wilde fue el énfasis que le daba a la actividad subjetiva humana y la manera en que absolutamente se negaba a aceptar el arte como vehículo para el reflejo mental pasivo. Esta es una postura intelectual extraordinaria, pues se dió durante un período en que el materialismo pasivo se manifestaba aún dentro del socialismo de la Segunda Internacional. Y me pareció muy conmovedor e inspirante que hubiera un hombre que proclamara, justamente en la misma cara de la opinión público-burguesa y satisfecha de la Gran Bretaña: "Es con la voz del que grita en el desierto que el camino de los dioses se abre".

Y me pareció, además, que esta filosofía tenía que estar relacionada con su defensa del "arte por el amor al arte". Su insistencia en que el artista no era "portavoz de su época", es decir, dócil trasmisor de sus valores, estaba muy relacionada a su insistencia en independizar al arte de la moralidad burguesa, la realidad política del momento y de otras consideraciones similares. Para Wilde, el esteticismo y la noción que el arte era inútil representaban un rechazo al orden social en existencia y a sus exigencias. Las limitaciones de esta perspectiva se pueden ver muy claramente, pero no creo que nadie pueda menospreciar la profundidad y seriedad de dicho rechazo.

Así pues que escribí acerca de todo ésto y el Sr. Evans escribió para expresar su desacuerdo sobre varios puntos. Según mi entender, aseveró que Wilde no pudo haber sido partidario del "arte por el amor al arte" porque semejante punto de vista "pequeño-burgués" era incompatible con ser socialista. Sostuvo además que el arte tiene que tener--y cito sus propias palabras--"participación ética o función socio-política".

Al responderle al Sr. Evans, enfatizé que el marxismo, en mi opinion, concibe al arte como esfera de actividad humana con sus propias leyes de desarrollo relativamente autónomas. Por supuesto, es producto del hombre social, una de las formas de su conciencia social, pero no puede reducírsele a ninguna de las otras formas. Formulé las siguientes preguntas: dentro de sus propios límites, ¿abarca el arte cuestiones y temas que son diferentes a los de la ciencia, la política, la filosofía y la ética? ¿Utiliza el arte elementos que son únicos a él? A no ser así, si la función del arte coincide o pudiera reemplazarse con otras formas de conciencia social, ¿por qué existe el arte?

En otra parte de mis escritos dije: "Me parece que el arte navega libremente entre el mundo interior y el mundo exterior, entre el mundo dominado por el esfuerzo para crear ‘una vida harmoniosa y completa’ (frase de Trotsky) y el mundo de la realidad inmediata. A mi parecer, el arte está íntimamente relacionado con la lucha por darle forma al mundo, incluyendo a las relaciones humanas, de acuerdo a la belleza y a los requisitos de la libertad, de la vida como debería ser. Es una lucha tan antigua como la conciencia humana misma.

"A mi parecer, es también el caso que la forma artística tiene poder independiente y significado objetivo, la capacidad de enriquecer la experiencia espiritual y refinar los sentimientos..."

En su carta más reciente, el Sr. Evans reitera los puntos que había hecho en la primera. También sugiere que, según mi filosofía, "el arte no tiene ningún otro propósito que agradar el ojo estético de los ministros de las artes en varias sociedades". Y hace varios comentarios de la misma índole. No comprendo la lógica de este tipo de comentario, pues no tiene que ver nada con la realidad. Nunca he expresado interés alguno en, o aprobado del, "arte puro"; es decir, el arte que sólo se preocupa de jugar con la forma. Esto no es más que una distracción y no voy a malgastar mi tiempo respondiéndole.

Me gustaría citar dos trozos que creo valen la pena considerar:

A cierto punto de su carta, el Sr. Evans escribe: "En la página cinco de su respuesta a mí, usted dice: ‘Nuestro pensar es que cuando más fiel el arte a sus propios fines únicos, más similar el sendero que abre al de la revolución social’. Este comentario presenta un concepto interesante. Si la cuestión no es luchar contra el clasismo y la opresión con interés colectivo y autoritativo, ¿cómo podrá entonces el proletariado lograr su libertad? ¿Cuál es el motivo suyo en apoyar los gustos individuales del arte estético? Si el arte no representa una perspectiva realista en cuanto a la lucha de clases, ¿cómo podrá la mayoría del pueblo comprender sus objetivos? En este momento, la mayoría del pueblo no comprende el concepto de clases a través de la formación académica y semejantes servicios que el estado suministra. La gente del pueblo está demasiado atareada tratando de sobrevivir y mucho menos tiene tiempo para aprender el concepto de clases. Es el arte, como implemento para la re-educación a través de varios medios publicitarios, que puede hacer ésto posible".

Mr. Evans luego escribe en su carta: "En cuanto a la ‘forma artística’, usted ha declarado que ésta posee ‘un poder independiente y significado objetivo, la habilidad de enriquecer la experiencia espiritual y refinar los sentimientos’. Si Marx oyera esta palabras de ‘experiencia espiritual’ se le reiría en su propia cara!

"¿Qué tipo de ‘experiencia espiritual’ va a cambiar el estado material (económico-político) de este mundo? Fuerzas materiales son las que alteran el mundo material, así que deje las experiencias espirituales para el movimiento de la "Nueva Edad".

Me gustaría dirigirme a dos temas: ¿es el propósito principal del arte presentar un cuadro realista de la lucha de clases moderna? ¿Y qué papel, si es que existe, juega la "experiencia espiritual", de la cual el Sr. Evans sugiere que deberíamos reirnos, en la lucha por el socialismo? Me gustaría hacerlo, sin embargo, de manera indirecta, considerando los escritos de Trotsky sobre el arte y la cultura, especialmente Literatura y revolución, a principios de la década de los 1920.

El significado de la obra de Trotsky durante los 1920

En mi opinión, Literatura y revolución es la mayor contribución sobre el arte que se le haya hecho a la perspectiva marxista, pero es un libro muy difícil de conseguir, por lo menos en inglés. Tengo la esperanza que nosotros mismos lo publiquemos en el futuro, probablemente en una nueva traducción, pues la actual deja mucho que desear.

Es una obra extraordinaria, pero lo cierto es que ha sufrido gran negligencia, sobretodo por parte de cierto cuartel sorprendentemente inesperado: los escritores "izquierdistas" que escriben sobre el marxismo y el arte. Al leer los volúmenes incontables producidos por académicos y críticos que se autodenominan de marxistas y escriben sobre las cuestiones estéticas, rara vez se encuentran más de pocas referencias a Literatura y revolución y otros escritos de Trotsky sobre la cultura.

Georg Lukacs, como parte de su pacto con el demonio stalinista, no hizo referencias a Trotsky a menos que éstas fueran, por supuesto, hostiles. Herbert Marcuse, quien no tenía ninguna excusa para temer por su vida, completamente ignoró a Trotsky en La dimensión estética, obra que se supone estaba consagrada a hacer un análisis crítico de la perspectiva marxista sobre el arte. No he encontrado ningún empeño significante por parte de Adorno o de Horkheimer por llegar a un acuerdo con la obra de Trotsky. Fredric Jameson, el académico estadounidense, en su pretencioso El marxismo y la forma: teorías dialécticas de la literatura del Siglo XX, logró mencionar de paso el nombre de Trotsky sólo una vez. Igualmente extraordinario es el caso del fallecido Raymond Williams, quien, en El marxismo y la literatura, se refirió a Literatura y revolución sólamente una sola vez y de manera engañosa y menospreciativa. A esta lista también podríamos añadir Cliff Slaughter. Es verdad que en Marxismo, Ideología y Literatura, publicado en 1980, Slaughter le consagró un capítulo a Literatura y revolución, pero éste es de índole rutinaria y ritualista y no ofrece ninguna revelación.

Pienso que esta mezcla de silencio y hostilidad indica precisamente, en el sentido más general de la palabra, la cuestión que ya habíamos tratado antes: el dominio del stalinismo y los conceptos stalinistas con los cuales estos intectuales hicieron las paces o a los cuales no le podían ofrecer en todo caso ninguna alternativa coherente o elaborada.

La hostilidad con que Literatura y revolución todavía se recibe es completamente lógica cuando se considera que esta obra fue, en efecto, de las primeras salvas en la lucha que los marxistas en la Unión Soviética emprendieron para ampliar la resistencia a la burocracia que se estaba formando. Esta obra ofrecía una perspectiva sobre el arte, la vida y la sociedad totalmente opuesta a la filosofía satisfecha de las capas pequeño-burguesas nacionalistas de las cuales consistía el campo stalinista, así como también opuesta a la filosofía de nuestra izquierda pequeño-burguesa contemporánea. Al adelantar la tradición genuina de la crítica literaria marxista con su aplicación a las cuestiones culturales del día, Trotsky planteó una alternativa a la atmósfera social corrosiva que el grupo dominante alentaba.

Las circunstancias bajo las cuales este libro se escribió tienen cierto significado. En el verano de 1922, durante sus vacaciones, Trotsky se dedicó a escribir el prefacio a un tomo de ensayos pre-revolucionarios sobre la literartura que los editores estatales soviéticos intentaban publicar como tomo especial de sus obras. El prefacio, que era un análisis de la evolución de la vida literaria soviética desde 1917, se alargó y todavía para 1922 permanecía sin completar. El verano siguiente Trotsky volvió a sus labores y completó la obra que finalmente acabó por titularse Literatura y revolución.

Es decir, Trotsky escribió este libro durante el año justamente anterior a la formación de la Oposición Izquierdista en octubre, 1923, y el comienzo de la batalla abierta contra la casta burocrática en la Unión Soviética. Este período se hizo conspicuo por una serie de acontecimientos portentosos cuyas tragedias iban aumentando: los últimos días de la vida política de Lenín; la campaña de calumnias organizada contra Trotsky y conducida por el triumvirato de Stalin, Zinoviev y Kamenev; la consolidación del régimen fascista de Mussolini en Italia; la contrarrevolución en Bulgaria, a la cual el Partido Comunista le había brindado la asistencia de su pasividad; la crisis revolucionaria en Alemania provocada por la ocupación francesa del Ruhr; y el fracaso que resultó de la cobardía política de Stalin y Zinoviev y la dirigencia del Partido Comunista Alemán durante el otoño de 1923.

Se que hay aquéllos que creen que Trotsky cometió un error político al dedicarse a una obra sobre el arte durante acontecimientos tan transcendentales. Pienso que este punto de vista es un poco miope y admito prejuicios personales. En cuanto me toca a mí, Literatura y revolución es una obra irremplazable; no puedo imaginarme sin ella como guía y fuente de sabiduría. Creo, sin embargo, que puedo proporcionar una justificación un poco más adecuada.

Con el desplomo de la ola de luchas insurreccionarias al terminar la Primera Guerra Mundial, el régimen bolchevique se vió en medio de un período prolongado durante el cual el estado obrero se encontraba aislado. Lenín, antes de que su enfermedad lo incapacitara, advirtió con perspicacia sobre los peligros que aguardaban al régimen revolucionario debido a la herencia del atraso económico-cultural ruso, el cual se reflejaba en Partido Bolchevique mismo. Colaborador de Lenín en la primeras batallas contra los elementos burocáticos-conservadores, Trotsky, luego de la muerte de Lenín, emprendió la difícil tarea de elaborar una respuesta marxista a los nuevos problemas a los cuales el partido y el régimen se enfrentaban.

Que Trotsky haya respondido parcialmente con una obra sobre problemas culturales claramente expresó que su percepción del destino de la Unión Soviética no dependía simplemente de la elaboración de un programa político correcto y mucho menos de la formulación de consignas o del desarrollo de tácticas ingeniosas. En su primer ensayo, publicado en julio, 1923, que iba a formar parte de una obra titulada Problemas de la vida cotidiana, Trotsky expresó de manera muy abierta y directa su frustración con esa perspectiva. Por supuesto, ésto fue antes de que la Oposición Izquierdista se organizara y el ensayo no se refiera directamente al problema de organizar la resistencia a la facción gobernante, pero creo que el sentimiento obviamente refleja su pensar acerca de esa época.

La pieza se titula No sólo con la política y Trotsky empieza mostrando el significado de esa frase: "Todos aquéllos que se dedican a la propaganda oral o escrita deberían comprender de manera completa y mantener en mente esta simple idea. Tiempos diferentes requieren canciones diferentes. La historia pre-revolucionaria de nuestro partido fue la historia de la política revolucionaria. La literatura y las organizaciones del partido--todo estaba dominado por la política en el sentido directo y estrecho de la palabra. Actualmente, la clase obrera está perfectamente conciente de los resultados fundamentales de la revolución. No es para nada necesario continuar repitiendo una y otra vez la historia de estos resultados. Esto ya no apasiona el pensar de los trabajadores y lo más probable es que éstos borren de sus memorias las lecciones del pasado....Nuestros problemas principales se han transmutado en las necesidades de la reconstrucción cultural y económica". [Enfasis mío--D.W.]

Trotsky señaló que los trabajadores rusos habían roto de manera relativamente fácil con la burguesía rusa, la cual nunca les había hecho ningún favor. Pero también añadió que "la historia no regala nada gratis. Luego de habernos descontado un punto--la política--nos cobra más en otro: la cultura".

En todos sus escritos de este período, Trotsky claramente identifica el atraso cultural y espiritual "monstruoso" (adjetivo que emplea una y otra vez) del país como el mayor obstáculo a la cimentación de los fundamentos socialistas en la Unión Soviética y como de las realidades sociales responsable por el surgimiento de una casta burócratica vulgar, egoista e ignorante.

Sus escritos y observaciones principales a mediados de la déecada de los 1920 en cuanto a la cultura y la vida social--Literatura y revolución; Problemas de la vida cotidiana; cultura y socialismo; la discusión dentro del partido conocida como Clase y arte; La radio, la ciencia, la tecnología y la sociedad; Jóvenes, estudien la política! y otras obras numerosas--constituyen una extraordinaria masa de conocimiento objetivo, así como también los argumentos más apremiantes a favor de la re-organización socialista de las relaciones humanas.

Sería completamente falso sugerir que la actitud de Trotsky hacia la situación en la URSS era de alguna manera fatalista, o que él se había resignado a la victoria de la facción stalinista, pero él reconocía muy claramante que la única base para el éxito de la tendencia marxista consistía en un cambio profundo en el nivel cultural de las masas soviéticas y comenzó a hacer lo posible para lograr ese cambio. Sabemos ya que los marxistas no pudieron prevenir la expansión del cáncer burocrático, pero a éso no se le puede considerar como argumento en contra de los esfuerzos de Trotsky. Hoy su obra ha probado ser de las armas más valuables que poseemos en nuestra lucha por crear un clima que conduzca al crecimiento de las ideas socialistas.

El marxismo contra la "cultura proletaria"

Literatura y revolución, Cultura y socialismo, y Clase y arte son una lista substanciosa de obras densamente polémicas. Sin embargo, aunque yo fuera capaz de hacerlo, no sería apropiado analizar todas las cuestiones que estas obras plantean. Para nuestros fines de la actualidad, los cuales incluyen el estudio de las implicaciones de esta historia para nuestra propia labor, así como también responder a los temas a que me dirigí en relación a la carta del Sr. Evans, sería útil si nos concentráramos en los siguientes problemas: ¿Qué es la cultura, inclusive la cultura espiritual, desde el punto de vista histórico y científico? ¿Cuál es el valor y cuales son las limitaciones de aplicar criterios clasistas a la cultura y el arte? ¿Cuáles son las contribuciones que el arte y la experiencia estética misma la ofrecen a la causa de la liberación humana?

Me gustaría expresar esta parte de mi presentación de la siguiente manera. Si aquí parece que estamos hablando con aprobación de la "contribución" que arte contribuye, no se debería interpretar en ningún sentido estrecho ni utilitario. Ni tampoco se debería tomar como implicación que los artistas francamente necesitan nuestro permiso para continuar sus labores. Las obras de arte han tenido una profunda influencia sobre los seres humanos desde hace mucho y continuarán teniéndola aún si le quitáramos nuestra aprobación. La actitud que uno de nuestros deberes es otorgarle nuestra bendición marxista a esta o aquella obra, a este artista o tal estilo, siempre me ha exasperado en lo extremo. Todavía veo vestigios de éllo en varios de los artículos que se publican en nuestra prensa.

Es decir, no comenzamos el análisis de la estética marxista pregúntandonos en nuestras mentes si por ejemplo deberíamos o no deberíamos recomendarle el drama isabelino o la pintura italiana de los siglos XIV y XV a los trabajadores. Esta conferencia tiene como premisa menor que nosotros defendemos acaloradamente tanto la creación artística y el acceso sin impedimentos a sus productos como al derecho (y responsabilidad) de los ciéntificos explorar el universo físico y hacer conocer sus descubrimientos al mayor público posible. Estamos refiriéndonos a los adelantos objetivos que la mente humana ha logrado, los cuales no están sujetos a debate. Y ésto tiene implicaciones para la manera en que nos desenvolveremos con estos temas históricos y culturales. Nuestra participación en esta crítica tiene conceptos y propósitos bien definidos.

En todo lo que Trotsky escribió o dijo acerca del arte y la cultura durante los años 1922-26, él respondía, por lo menos parcialmente, a las dificultades teóricas y políticas que presentaban las capas de la clase media que gravitaban hacia la dirigencia stalinista y quienes, dentro del Partido Comunista mismo, iban transformando al marxismo en sustituto vulgar y esquemático para el análisis serio. Una de las formas que este esquematismo adoptó--y al cual me he referido anteriormente--fue la identificación sin crítica de la revolución burguesa con la proletaria. A menudo ésta iba mano a mano con la elaboración de teorías según las cuales el deber de la clase obrera soviética era abandonar todos los logros culturales del pasado y construir su propia cultura "proletaria".

De acuerdo a este concepto anti-marxista--el cual no sólamente era propiedad intelectual del movimiento CultuProlet sino que había comenzado a ejercer influencia considerable dentro de los círculos del partido--los logros culturales humanos del pasado estaban incurablemente contagiados de influencias clasistas ajenas. Por ejemplo, ¿qué podían los antiguos representantes intelectuales del capitalismo y el latifundio decirle a los ciudadanos del nuevo estado obrero?

Este tipo de argumento era más repetición del pensamiento populista del siglo XIX que del marxismo clásico. Si se lee la obra de Tolstoy, ¿Qué es el arte?, escrito en 1896 luego de su "renacimiento espiritual", se pueden encontrar formulaciones similares. En términos bastante enfáticos, Tolstoy denuncia al arte contemporáneo como cultura de la clase dominante, la cual "sólo puede causar confusión y desprecio o indignación en el trabajador". El sólo acepta dos tipos de arte: el arte cristiano y "el arte que transmite los sentimientos más simples de la vida común...el arte del pueblo--al arte universal". En cuanto al otro arte, éste "debería ser expulsado, negado, odiado". Mi punto, por supuesto, no es identificarr a Tolstoy el novelista con la burocracia stalinista; estamos refiriéndonos a ciertas corrientes clasistas e ideológicas.

La actitud de Trotsky era muy diferente.

Y por supuesto la de Lenín también. Como punto de referencia consideremos el Bosquejo de Resolución que Lenín escribió en respuesta a los comentarios de Lunacharsky en cuanto a la Cultura Proletaria en octubre, 1960; comentarios que Lenín interpretara como favorables a dicha escuela. La resolución que propuso declaraba en parte: "El marxismo ha ganado su significado histórico como ideología del proletariado debido a que, lejos de rechazar los logros más valuables de la época burguesa, ha, al contrario, asimilado y remoldeado todo lo que ha tenido mérito durante más de dos mil años de desarrollo del pensamiento humano y la cultura."

En Cultura y Socialismo, Trotsky definió la cultura como "todo lo que la humanidad ha creado, construído, aprendido y conquistado en el transcurso de toda su historia, lo cual es distinto a lo que la naturaleza le ha dado..."

Trotsky entonces señaló la contradicción que yace en el propio corazón de la hazaña cultural humana. Escribió: "Consideraremos firmemente establecido que la cultura ha florecido de la lucha por la existencia que la humanidad ha tenido con la naturaleza, por el mejoramiento de sus condiciones de vida, por la ampliación de su poder. Pero las clases también han surgido de esta misma base. Esto significa que la historia cultural ha tenido un carácter clasista...¿Pero significa ello que nosotros estamos en contra de la cultura del pasado?

"Aquí existe de hecho una contradicción profunda. Todo lo que los esfuerzos de la humanidad ha conquistado, creado y construído y que sirve para realzar el poder de la humanidad es cultura. Pero puesto que la cuestión no tiene que ver con el hombre individual sino con el hombre social...encontramos que la cultura es instrumento fundamental de la opresión clasista".

Trotsky señala que a pesar de ésto nosotros insistimos que los obreros estudien y dominen esta cultura. ¿Cómo es posible? También hace notar que muchos se habían quedado perplejos ante esta contradicción, pues se habían olvidado que la sociedad dividida en clases es fundamentalmente la organización de la producción.

Continúa Trotsky: "¿En qué se basan las bases: en la organización de la sociedad o en sus fuerzas productivas? Sin duda que en las fuerzas productivas... En la fuerzas productivas se expresa la destreza económica de la humanidad hecha materia, su habilidad histórica de asegurar su existencia". [Enfasis mío]

Pienso que ésto es muy importante para nuestra discusión. A mi me parece que Trotsky está enfatizando la supremacía de la cultura como logro objetivo de la humanidad, como forma materializada de la destreza y habilidades que han sido adquiridas históricamente, como fuerza absoluta que domina a su carácter clasista, el cual es su repositiorio transitorio y relativo. Me gustaría volver a este punto luego.

En la opinión de Trotsky, el arte, como forma espiritual de la cultura, también tiene su carácter objetivo. "Es de las maneras por medio de las cuales el hombre se orienta en el mundo; en este sentido el patrimonio del arte no se distingue del patrimonio de la ciencia y la técnica--y tampoco es menos contradictorio que ellas. Sin embargo, el arte se difiere de la ciencia en que el primero es una forma de conocer el mundo no a través de un sistema de leyes, sino de un conjunto de imágenes".

Esta faceta del problema se enunció de la manera más detallada en El arte como cognición de la vida, de Aleksandr Voronsky, figura destacada de la vida literaria soviética quien luego se unió a la Oposición Izquierdista y en 1937 cayó víctima del genocidio anti-socialista stalinista. Como muchos de ustedes sabrán, dentro de poco vamos a publicar una selección importante de sus artículos y ensayos. Voronsky escribió: "Igual que la ciencia, el arte trata de conocer la vida. El arte y la ciencia tienen el mismo sujeto: la vida, la realidad. Pero la ciencia analiza, el arte sintetiza; la ciencia es abstracta, el arte concreto; la ciencia se dirige a la psicología del hombre, el arte a su naturaleza sensual. La ciencia llega a conocer la vida con la asistencia de conceptos, el arte con la asistencia de imágenes en la forma de contemplación viva y sensual...El poeta genuino, el artista genuino, es el que ve ideas".

No es difícil ver que esta orientación prometía resultados mucho más fructíferos y provechosos que la fórmula simplista puesta en acción por la "cultura proletaria". En Literatura y revolución, Trotsky aplicó conceptos marxistas a la vida literaria soviética y al problema más general de la creación artística. Los resultados fueron extraordinarios.

Diferente a nuestros "teóricos de la crítica" contemporáneos quienes escriben tesis contemplativas y abstractas interminables que nunca iluminan el verdadero desarrollo del arte u ofrecen dirección a sus practicantes, Trotsky se dedicó a entablar una discusión muy concreta sobre las varias escuelas de arte, obras e individuos de la literatura contemporánea rusa y soviética.

El tono de Trotsky a través de todo el libro no es arrogante, ni retraído, ni condescendiente. Sin ninguna intimidación o fanfarroneo, vigorosamente expresa como ve las cosas. Trata de desempeñar varias tareas a la vez: elevar el nivel cultural de los trabajadores soviéticos y los miembros del partido; polemizar contra lo que el considera conceptos falsos de la cultura; y animar a los artistas mismos a participar--hasta el grado en que se ven dispuestos a participar--en un diálogo acerca de perspectivas artíticas y sociales.

Explica detalladamente lo que en su opinión es el papel suyo y el del partido marxista: "Existen esferas de influencia en las cuales el partido dirige de manera directa e imperativa. Existen otras esferas en las cuales sólo coopera. Y finalmente existen otras en las cuales sólo puede tratar de orientarse. La esfera del arte no es de las que al partido se le espera que dirija. Puede y debe proteger y asistirlo, pero sólo puede dirigirlo de manera indirecta". Sugiere lo que el método marxista sí puede hacer: "asistir las tendencias más progresistas por medio de una iluminación crítica del camino". En mi opinión, Literatura y revolución encarna ese proceso de "iluminación crítica".

Me gustaría volver a la contradicción entre la estética marxista y las varias teorías de la "cultura proletaria", lo cual nos lleva hoy al corazón de nuestro tema y al núcleo de nuestras diferencias con el Sr. Evans.

¿Qué es lo que en realidad estamos disputando aquí? Quizás a este nivel yo podría hablar de manera menos protocolaria.

¿Qué es exactamente lo que le da valor al arte? El Sr. Evans y otros sugieren que la función del arte debería ser la de proporcionar una perspectiva realista a la lucha de clases. En primer lugar, esa es la función del partido marxista revolucionario, no del artista. Desde mi punto de vista, creo que a la misma vez le está exigiendo al arte demasiado y no lo suficiente. Además, si la función del arte es iluminar la realidad de la lucha de clases moderna, ¿qué le va a suceder a la cultura del pasado? Tengo que confesar que me da miedo preguntarlo. Todo lo escrito antes de 1848 o 1871 o 1917 o de cualquier fecha límite aparentemente está destinado al basurero. ¿Y qué de la pintura (abstracta o de otra escuela) la música instrumental, la arquitectura, u otra docena de formas artísticas que no tienen valor utilitario para la causa proletaria? ¡A la basura con ellas! Nosotros sabemos perfectamente bien donde conduce este tipo de pensamiento y lo rechazamos.

Regresemos al tema de la cultura del pasado. ¿Por qué continúa la gente leyendo a Homero, Dante y Shakespeare? En 1990, la publicación de una nueva traducción en inglés de La ilíada se consideró un acontecimineto intelectual mayor. Los eruditos calculan Homero escribió su obra hace 2,700 años. Relata ciertos episodios que el autor asegura tomaron lugar durante el décimo y último año de la Guerra de Troya y se concentra en la ira de Aquiles y las consecuencias casi fatales de ésta para el ejército griego. Los dioses intervienen en el campo de batalla, conspiran unos contra otros y ocurre toda clase de acontecimiento improbable. Miles y miles de ejemplares de la nueva traducción se han vendido. ¿Se puede explicar éso simplemente como una afectación del público que compra libros? ¿O como resultado de el interés inexplicable en un fragmento de la historia y mitología de la Grecia antigua? No lo creo. Cito este ejemplo para indicar que la orientación prágmatica y ultra-utilitaria hacia la estética no nos dice nada acerca de la influencia o del valor perdurable del arte. Nada.

Este fue precisamente el tema central del debate que se condujera dentro del partido en mayo, 1924, y en el cual Trotsky intervino ingeniosamente con Clase y arte. Anterior a la presentación de Trotsky ese día, Fyodor Raskolnikov, dirigente bolchevique, había hablado y observado que La divina comedia de Dante era de valor al lector moderno porque le capacitaba a él o ella comprender la psicología de cierta clase social durante determinada época.

En sus observaciones, Trotsky hizo notar que esta orientación hacia obras de arte ignoraba precisamente las cualidades que la habían hecho arte. Raskolnikov había transformado a La divina comedia en mero documento histórico. Una obra de arte, observó Trotsky, tiene que de alguna manera hablarle directamente al leector o al espectador, debe inspirarlo o deprimirlo. Una orientación histórica podría se útil, pero no se le debería confundir con una orientación estética. ¿Cómo es posible, se preguntó Trotsky, que cierta relación estética directa debería existir entre el leector moderno y un libro escrito a principios del Siglo XIV? Contestó él: porque en la sociedad, a pesar de las grandes variaciones en las circunstancias sociales inmediatas, existen varias características comunes. El genio artístico es capaz de absorver éstas características, así como también los sentimientos y pensamientos que provocan, y transformarlas en imágenes tan indelebles que sentimos que también nos hablan a nosotros aunque estemos separados de la producción original de la obra por cientos y hasta miles de años.

Trotsky habla, por medio de ejemplo, del temor a la muerte. La manifestación de este temor, claro, ha cambiado de acuerdo a los cambios de épocas y ambientes. No obstante, lo que Shakespeare, Byron, Goethe y también el salmista del Viejo Testamento expresaron sobre este tema todavía nos conmueve y nos afecta.

Trotsky pregunta, ¿Por qué le recomendamos Pushkin a los trabajadores? ¿Es porque queremos que ellos comprendan como un noble y propietario de siervos manejaba el cambio de las estaciones del año? Claro que no. Por supuesto, este elemento social existe. "Pero la expresión que Pushkin le dió a sus sentimientos está tan saturada de lo artístico y, por lo general, de la experiencia psicológica de siglos enteros, que ha quedado cristalizada y perdurado hasta nuestros días...Y cuando la gente me dice que el significado artístico de Dante para nosotros consiste de la manera en que expresó el modo de vida de cierta época, me abruma la impotencia".

Con Trotsky todo va directamente al grano. Gozamos a Dante no porque fue un pequeño-burgués florentino de los Siglos XIII y XIV, "pero, en gran parte, a pesar de esa circunstancia".

Además del elemento histórico en el arte--elemento motivado y determinado por el clasismo--en las obras maestras existe cierto principio transhistórico, objetivamente verídico y relativamente universal. Ese principio, que contiene granos de la verdad absoluta, es primario y para nosotros es del mayor interés y significado. Efectivamente se podría decir que ésta es de las características que define una gran obra de arte: que no nos impresiona con sus prejuicios clasistas o con su inmediación, aunque pueda entender lo inmediato y lo transitorio, pero que eleva la experiencia de toda una época a alturas artísticas asombrosas. La personalidad del Aquiles de Homero, creamos o no que su madre era diosa del mar, todavía nos conmueve; la representación artística de su ira, orgullo y celos todavía parece decirnos algo verdadero acerca de los seres humanos.

¿Significa todo ésto que la aplicación del análisis o criterio clasista no tiene ningún valor? Absolutament que no. Es parte esencial de la crítica de cualquier obra de arte porque refleja la realidad de la vida social, la realidad que engendró la obra. Sólo el marxismo puede explicar como y por qué cierta tendencia en el arte ha florecido durante cierta época determinada; que fuerza o realidad social dió el impulso psicológico para que el artista creara su obra. "La creación artística siempre consiste en forzar hacia afuera las formas viejas", explica Trotsky, "bajo la influencia de nuevos estímulos que se originan externos al arte". El arte "no es elemento incorpóreo que se alimenta a si mismo; es función del hombre social" tanto como lo es la ciencia, la filosofía o cualquier otra forma de conciencia social.

Pero el deber de clarificar las circunstancias históricas y sociales de las cuales surgió cierta obra no deberían confundirse con el deber de juzgarlo desde el punto de vista estético, que es lo que tan a menudo sucede con nosotros. Y para ser franco, nuestra labor no termina--ni siquiera alcanza la mitad--una vez que aclaramos la filosofía clasista del artista de cine o del novelista. Reconozco que superar este tipo de enfoque no es fácil, que la mayoría de las veces resulta por la falta de experiencia y no por la mala voluntad, pero tenemos que decir la verdad: ello todavía no es la estética marxista.

Hay que tratar de enfrentarse a los nuevos pensamientos y sentimientos que la obra de arte ha evocado, al contenido verdadero de la experiencia estética misma. Aquí estoy de acuerdo con el comentario de André Breton que "cualquier especulación acerca de una obra de arte es más o menos fútil si fracasa en revelar algo acerca de lo que verdaderamente importa: es decir, el secreto de la atracción que esa obra ejerce." ¿Qué proceso mental en nuestra psiquis ha iniciado o fracasado en iniciar esta obra?

Regresemos a la URSS de 1923. La insignia de la "cultura proletaria" le parecía a muchos que era compatible con el marxismo. Parecía militante y principista. Pero, ¿qué proceso social respaldaba su popularidad repentina? ¿A qué intereses correspondía y corresponden hoy día teorías similares?

Trotsky arguyó en contra el programa de la cultura proletaria basándose en los siguientes fundamentos. Como he mencionado anteriormente, sus partidarios se basaban en analogías vulgares entre la revolución burguesa y la proletaria. La burguesía tomó el poder y le dió vida a la cultura burguesa. La revolución proletaria, por lo tanto, engendrerá la cultura proletaria. Así de simple era esta formulación. Pero había algo problemático con su lógica. Los marxistas, incluyendo los bolcheviques, nunca habían considerado que la conquista del poder por la clase obrera iba a introducir toda una época histórica de gobierno proletario (y mucho menos de cultura proletaria). Más bien la veían como transición a una sociedad y cultura socialistas, es decir, sin clases. La cultura proletaria, declaró Trotsky categóricamente, "nunca existirá porque el régimen proletario es temporáneo y transitorio".

Ahí estaba el punto esencial del debate: batallaban dos perspectivas totalmente opuestas. Trotsky, defensor de la prognosis bolchevique de 1917, se basaba en el programa de la revolución socialista mundial. Por lo tanto, su opinión sobre la situación política y cultural de la Unión Soviética era la siguiente: "Al igual que antes, somos meramente soldados en una campaña. Estamos acampando por un día. Tenemos que lavar nuestra camisa, cortar y peinar nuestro pelo y, lo más importante de todo, limpiar y aceitar nuestro rifle. Toda nuestra labor económico-cultural de hoy día consiste en no más que la de llevarnos al orden entre dos batallas y dos campañas...Nuestra época todavía no es la época de una cultura nueva, pero es la entrada a ella".

Sólo se puede imaginar la reacción furiosa que este argumento produjo en los representantes del NEP [Plan Nuevo de Economía] y los funcionarios complacientes del estado que querían ante todo distanciarse de las exigencias de la revolución mundial y gozar de lo que consideraban su puestos legítimos en el orden soviético que recientemente se había estabilizado. El argumento de la burocracia naciente y sus acólitos pequeño-burgueses de que el estado soviético se enfrentaba a un período prolongado de desarrollo aislado en el cual la "cultura proletaria" podía florecer implícitamente aceptaba la existencia continua del capitalismo fuera de la URSS y la necesidad de acomodarse a él.

La acogida al "arte proletario" reflejaba, en el campo de la cultura, el mismo escepticismo profundo hacia la capacidad revolucionaria de la clase obrera y la posibilidad de derrocar al capitalismo internacionalmente, escepticismo que llegó a expresarse en la política a través del programa de "socialismo en un sólo país". En la política, la cultura proletaria, a pesar de su "izquierdismo", siempre va de manos con el nacionalismo, oportunismo y el reformismo.

Los partidarios de la cultura proletaria por lo general condenaron cualquier interés por los valores estéticos y la refinación en el arte. Trotsky respondió: "Dicen, ‘Dennos cualquier cosa, aunque cacarañado, pero que sea nuestro’. Esto es falso y deshonrado. El arte cacarañado no es arte y por lo tanto inútil para las masas trabajadoras. Aquéllos que creen en el ‘arte cacarañado’ están saturados de un gran desprecio hacia las masas".

No es la responsabilidad de revolucionarios glorificar o idealizar la vida de la clase obrera, de los oprimidos, sea justamente luego de una revolución social como en el caso de Trotsky o anterior a ella, como en el nuestro. Juzgamos todo ésto de manera sobria. Sin embargo, existe cierta capa social que tiene gran interés en exaltar las virtudes de la "cultura obrera" tal como ésta existe hoy día; en la obstruir cualquier esfuerzo para elevar el nivel intelectual popular; en desviar la atención de los trabajadores hacia los temas más limitados e insignificantes; en apropriarse el derecho a decidir lo que los trabajadores pueden ver o no; y en rechazar como "esotérico" y "decadente" todo lo que no puedan comprender. ¿Cuál grupo social posee en abundancia este tipo de mentalidad? Pues esa capa de la clase media que vive como parásito de la condición oprimida de la clase obrera: la burocracia obrera, no importa que exista como stalinismo, Social-democracia reformista o el sindicalismo "puro" estadounidense.

Y yo sostendría además que la prevalencia durante todo un período histórico de conceptos anti-marxistas hostiles al valor estético del arte, lo cual invariablemente incluye, como las llamara Trotsky, "discusiones sin forma" acerca de la posibilidad de una cultura proletaria independiente, estaba ligada al dominio de la burocracia sobre la clase obrera a detrimento del movimineto socialista. Los proponentes de la cultura proletaria y el utilitarismo social como únicos criterios del arte son fundamentalmente representantes de esta burocracia dentro de la inteligencia pequeño-burguesa. Y yo sugiriría además, como había indicado hacia principios de mi informe, que si hoy podemos llevar a cabo esta discusión--desde el punto de vista de sus fundamentos objetivos--es porque estas burocracias, desenmascaradas ya como inservibles y podridas, se están quebrando y nosotros por lo tanto estamos en mucho mejor posición para librarnos de estas teorías estéticas falsas, así como también en posición mucho más favorable para ayudar a los trabajadores a liberarse de la estrangulación política que ejercen estas organizaciones.

Y me gustaría añadir una nota personal: nunca me he encontrado con un obrero que piensa, es decir, de inclinaciones socialistas, que quiera ver películas u obras de teatro o leer libros sólamente acerca de la vida obrera y la lucha de clases moderna. Los obreros genuinamente revolucionarios se quieren educar acerca de todos los aspectos de la vida, la historia y la cultura. Y tampoco nunca he conocido un trabajador pensador que le tuviera miedo a las experimentaciones y dificultades en el arte, aún cuando sentía que no lo comprendía, siempre que la obra fuera honesta y no simplemente efecticista. Puesto que nosotros tenemos confianza en la clase obrera, no sentimos la necesidad de ordenar recetas médicas sobre lo que tiene o no tiene que discutirse. Este es el espíritu de ¿Qué hacer? y Literatura y revolución.

Mientras analizamos el tema de los tabús, permítanme referirme al residuo de pudibundez de la cual todavía sufrimos. No puedo resistir citar del artículo que Engels escribiera para el Sozialdemokrat en 1883. No es necesario citar a Engels para elaborar el tema, pero el artículo es gracioso.

La pieza fue escrita como tributo a Georg Weerth, poeta revolucionario alemán, quien había sido redactor titular cultural de Neue Rheinische Zeitung, diario publicado por Marx y Engels durante 1848-49.

Escribió Engels: "Había una esfera en la cual Weerth era insuperable y en la cual era más magistral que Heine (porque era más sano y menos artificial). Sólo Goethe en el idioma alemán se distinguía más en este aspecto: expresaba una sensualidad robusta y natural y los placeres carnales. Muchos lectores del Sozialdemokrat se escandalizarían si yo publicara los feuilletons individuales de Neue Rheinische Zeitung, pero no tengo la menor intención de hacerlo. Aún así, no puedo abstenerme de señalar que ya llegará el día cuando los socialistas alemanes también se despojarán triunfalmente de los últimos vestigios de prejuicios filistinos alemanes y de su pudibundez moral hipócrita, los cuales de cualquier manera solo sirven de cubierta para la indecencia subrepticia...

"Ya es hora que por lo menos los trabajadores alemanes se acostumbren a hablar con naturalidad--tal como lo hacen los pueblos de las tierras romanas, Homero y Platón, Horacio y Juvenal, el Viejo Testamento y el Neue Rheinische Zeitung--acerca de las cosas que ellos mismos hacen todos los días y todas las noches, cosas que son tan naturales, tan indispensables y que dan tanto placer".

El arte y la revolución social

Como usteden deben recordar, Trotsky preguntó en Clase y arte por qué era que los marxistas recomendaban a Pushkin--poeta de la clase propietaria de siervos--a los trabajadores. Me gustaría volver a este tema de nuevo porque nos abre el paso aún de manera más concreta hacia la relación entre el arte y la revolución.

El Sr. Evans interpone objeción a la frase "experiencia espiritual". No obstante su objeción, el empobrecimiento espiritual de amplias capas de la población continúa siendo obstáculo muy real y material al desarrollo del movimiento socialista. Los marxistas se enfrentan a dificultades considerables en desarrollar un público que pueda comprender y responder a su programa y perspectivas políticas. Sería muy, muy irresponsable si menospreciáramos la necesidad de enriquecer la conciencia popular bajo las condiciones actuales.

¿Cómo ocurre una revolución? ¿Es simplemente el producto de agitación y propaganda socialista bajo condiciones objetivas favorables? ¿Es así como la Revolución de Octubre ocurrió? Como partido hemos pasado gran parte de nuestro tiempo durante los últimos años analizando este problema. Una de nuestras conclusiones es que la Revolución de 1917 no fue simplemente el producto de un proceso socio-político nacional o siquiera internacional; fue también el resultado de un esfuerzo que se llevó a acabo durante décadas para construir una cultura socialista internacional, una cultura que atrajo a su órbita y asimiló los avances más críticos del pensamiento socio-político y el arte y la ciencia de la sociedad burguesa. Las bases intelectuales fundamentales para la revolución de 1917 habían sido establecidas, claro, por aquellos teóricos y revolucionarios que habían escogido como meta ponerle fin al dominio capitalista. Pero los ríos y tributarios que nutren y hacen posible el torrente revolucionario llegan a cifras altísimas: un sistema complejo de influencias que se afectan mutuamente, se contradicen y se reforzan unas a otras.

La creación de un ambiente en el cual repentinamente se haga posible que gran cantidad de personas se subleven y concientemente emprendan el desmantelamiento de la vieja sociedad, que abandonen los prejuicios, costumbres y el comportamiento social que han aprendido durante décadas y siglos; prejuicios, costumbres y comportamiento que inevitablemente adquieren vida propia y que tienen su propia fuerza de resistencia aparentemente independiente--no es posible concebir la superación de esta inercia histórica y la creación de un clima insurreccionario como si fuera simplemente una tarea política.

Reconocemos que el ser humano socialista completo es sólo criatura del futuro, esperamos un futuro no muy lejano. Pero éso no es lo mismo que decir que no se necesitan cambios en la mentalidad y el corazón de las masas antes de que la revolución social se convierta en realidad. Vivimos en una era de estancamiento y decaimiento cultural en la cual las maravillas tecnológicas se usan principalmente para entumecer y anestesiar a las masas con tal de rendirlas vulnerables a los conceptos y caprichos más retrógadas.

La agudización de las facultades críticas de la población--es decir, la abilidad colectiva de distinguir lo verdadero de lo falso, lo esencial de lo inesencial, sus propios intereses básicos de los intereses de sus enemigos más mortíferos, la elevación de su nivel espiritual hasta tal punto que gran cantidad de personas puedan demostrar nobleza, hacer grandes sacrificios, y pensar sólamente en sus semejantes--surge de una intensificación intelectual y moral que resulta del adelanto de la cultura humana en conjunto.

El arte expresa cosas acerca de la vida, la gente y de uno mismo que no se revelan en el pensamiento político o científico; su gran poder consiste en la abilidad de unir a los seres humanos, como si fuera con alambres invisibles, a los niveles más profundos e íntimos. Para convertirse en seres completos, los humanos requieren lo que el arte ofrece: la verdad acerca del mundo y de si mismos.

Trotsky comenta en Cultura y socialismo que el arte de las épocas del pasado ha hecho al hombre más complejo y flexible, que ha elevado su mentalidad a un nivel más alto, que lo ha enriquecido con versatilidad. En Literatura y revolución, luego de observar que la individualidad genuina es precisamente lo que le hace falta al trabajador común, Trotsky sugiere que el arte contribuye a la intensificación "de la característica objetiva y la conciencia subjetiva de la individualidad". Continúa: "Lo que el trabajador sacará de Shakespeare, Pushkin o Dostoevsky será una idea más compleja de la personalidad humana , de sus pasiones y sentimientos, una comprensión más profunda de sus fuerzas psíquicas y del papel de la subconciencia, etc. A fin de cuentas, es el trabajador quien se habrá enriquecido".

¿Y en qué consiste esa característica perturbadora o subversiva del arte? ¿Se manifiesta esa característica en el arte exclusiva o principalmente a través de la presentación de un contenido explícitamente social y político? ¿Se puede hablar, al contrario, acerca de la característica subversiva de una pieza de música orquestral, de una pintura abstracta, de un poema de amor o de una película popular? Creo absolutemente que se puede y se debe.

El impulso hacia la libertad, el esfuerzo por lograr una existencia que sea completa y que se sienta satisfecha física y mentalmente en oposición a una realidad insoportable es algo absoluto. El lirismo, nos dice Breton, es el principio de la protesta. Esta protesta, conciente o inconciente, es elemento de toda obra creativa.

Una obra de arte verdadera recurre a y libra impulsos poderosos dentro del espectador. Lleva al punto de mayor tensión, si sólamente en lo que Freud llamó "las capas más profundas del mecanismo psíquico, el conflicto entre la vida tal como lo es y la vida como hasta la fecha la humanidad sólo se ha atrevido a soñar. Los productos del arte desatan energías destructivas y libidinosas, evocan necesidades y deseos que no se pueden satisfacer dentro de las circunstancias inmediatas del individuo o dentro de la oprimente estructura social en existencia, necesidades y deseos que exigen respuestas, respuestas que al fin y al cabo sólo se podrán encontrar en la revolución social. Breton habla de percepciones estéticas que "son de tal naturaleza que son azorantes y revolucionarias en el sentido de que apremiadamente hacen el llamado para que algo en la realidad externa les responda".

Creo que varios de los primerios escritos de Marx, a pesar de su carácter político irresoluto, se refieren a estos temas. El comprendió brillantemente el antiguo esfuerzo inagotable por la liberación, elemento que nunca desaparece, no importa cuan desalentadoras las condiciones sociales, de los esfuerzos artísticos de la humanidad.

Escribió Marx en 1843: "Desde ahora en adelante nuestro lema debe ser: reforma de la conciencia no con dogmas, sino analizando la conciencia mística que es incomprensible a si misma no importa que se manifieste en forma religiosa o política. Será evidente entonces que el mundo por mucho tiempo ha soñado con poseer algo de lo que sólo tiene que estar conciente para en realidad poseerlo. Será evidente que no es cuestión de dibujar una línea divisoria imaginaria entre el pasado y el futuro, sino efectuar las ideas del pasado. Por último, será evidente que la humanidad no está comenzando una labor nueva, sino concientemente efectuando su vieja labor". [Enfasis mío]

Llevarle este "sueño de algo" a la vida conciente e inconciente de la humanidad es la labor eterna el arte.

Conclusión

Al concluir esta presentación, me gustaría regresar brevemente a nuestros propios deberes. El partido revolucionario tiene hoy enormes responsabilidades en la esfera del arte y la cultura en general. Hemos hecho tanto hincapié a este tema que mucho de lo que los socialistas y artistas hubieran aceptado como normales hace sesenta o setenta años--por ejemplo, la hostilidad elemental hacia la moral burguesa, el patriotismo, las fuerzas del orden público, la superstición religiosa--son casi desconocidas en los círculos intelectuales de hoy. La reconstrucción, o mejor dicho, la construcción de una cultura nueva no es problema simple ni algo que se puede lograr de la noche al día.

También hemos señalado que la chispa del genio humano todavía no se ha apagado, sino que, paralizada sobretodo por el stalinismo, por medio siglo se ha concentrado desproporcionadamente en la faceta tecnologíca y científica de la vida cultural. Un renacimiento artístico y social es inevitable. Quizás esta escuela indica que ya éste ha comenzado.

He usado la palabras "punto de vista limitado" varias veces hoy, mucho más de lo que me hubiera gustado. Ahora lanzaré toda caución al aire y propondré que declaremos guerra contra el "punto de vista limitado". Los terremotos sociales que han de llegar exigirán de los marxistas un punto de vista completo al cual no existen precedentes.

Espero que no escandalizaré a nadie aquí si sugiero que existen peligros objetivos en el punto de vista limitado "revolucionario y político" que Trotsky describió en Arte y literatura--me parece--en tonos más o menos pesarosos y ansiosos. Todavía vale tener en mente la advertencia que Breton hizo, no obstante el hecho de que a principios de los 1930 sus comentarios se dirigían a la estrechez de visión del Partido Comunista de Francia. ¡Qué riesgo "estaría tomando" el revolucionario, declaró Breton, "si para alcanzar sus objetivos sólo pudiera depender de la tensión de una cuerda cuya longitud él tendría que atravezar cuando desde un principio se le ha prohibido que mire hacia arriba o hacia abajo!".

Al admitir muy cándidamente su propia falta de conocimiento acerca de los problemas culturales más sutiles, Gerry Healy, dirigente de la Socialist Labor League británica y luego del Workers Revolutionary Party, solía decir hacia finales de los 1960 y a principios de los 1970, que "No teníamos tiempo. No teníamos tiempo para estudiar estas cosas". No estoy en condición de rendir juicio o sugerir que este estudio especializado era objetivamente posible bajo las condiciones enormemente difíciles a las cuales se enfrentaba el movimiento trotskyista después de la Segunda Guerra Mundial. Estoy hablando únicamente de los hechos verídicos. Pienso otra vez que el punto de vista limitado de nuestro partido durante todo un período histórico fue función parcial del dominio de las reaccionarias e incultas burocracias obreras anti-comunistas y el aislamiento de la tendencia marxista.

Cierto que no estoy culpando la degeneración de la dirigencia del WRP bajo Healy a su fracaso en prestarle atención adecuada a la importancia de los asuntos culturales, pero sí arguyiré que la falta de preparación del WRP en cuanto a cierto grupo de cuestiones lo hizo política y teóricamente vulnerable a otra serie de problemas nuevos que surgieron en los 1970, incluyendo, de manera fundamental, el problema que se presentó cuando una cantidad numerosa de intelectuales de la clase media ingresaron al partido. Esta falta de preparación probó ser un factor desestabilizante.

La historia moderna ha demostrado que todo pensamiento crítico bajo el capitalismo gravita hacia el marxismo. Los artistas e intelectuales que tienen los ojos bien puestos y que tienen algo que decir se sentirán inevitablemente atraídos a este partido. A nosotros no se nos dará el privilegio de improvisar e inventar nuestras respuestas a medida que proseguimos.

Creo que esta escuela y todo el desarrollo del partido durante el período anterior nos dan motivo para tener gran confianza. La insignia de nuestro partido es irreprochable. Somos los enemigos declarados del capitalismo y de la burocracia. Ningún otro movimiento puede dirigirse a los obreros basándose en estos principios. Y ningún otro movimiento puede dirigirse a los artistas de tal manera. No tengo ninguna razón para alterar las palabras con que Trotsky y Breton concluyeron su manifesto de 1938:

"Nuestros objetivos:

"La independencia del arte para la revolución".

"La revolución para la liberación total del arte!"

 

Comentario sobre el arte y el partido marxista

De Joanne Laurier

Me gustaría añadir un comentario sobre una de las cuestiones que surgieron en la charla: el carácter objetivo del conocimiento artístico y lo que ésto significa para los revolucionarios.

Es posible que todavía exista la convicción, aunque la discusión de hoy indica que hemos logrado gran progreso en combatirla, que el interés por el arte es un lujo para el partido marxista, un pasatiempo al cual se recurre para escapar los rigores cotidianos. Esta actitud es perjuicial al arte y a uno mismo.

El arte es de los medios principales con los cuales los seres humanos obtienen sentido del mundo y realizan sus esfuerzos por cambiar la realidad. La necesidad de traducir la experiencia, el conocimiento y el deseo en imágenes concretas no es ni antojo ni capricho; es obviamente algo innato a la psiquis humana. De noche todos somos artistas. Los sueños, con sus referencias imaginistas y comprimidas a la experiencia conciente, muestran muchas de las características de las obras artísticas.

Diferente al pensamiento científico, el arte presenta su contenido en forma sensoria, con el resultado que ese contenido, como dice Hegel, "se acerqua más a nuestra vida emocional e impresionable". Escribe él: "La imaginación creativa del artista es la imaginación de una gran mente y de un corazón bondadoso; es...la comprensión de los intereses humanos más profundos y extensos en la presentación más precisa de las imágenes que provienen de la experiencia objetiva".

¿Cómo es posible que el marxismo sea indiferente a esta comprensión "de los intereses humanos más profundos y extensos"?

Primero existe el hecho que el arte presenta un conocimiento objetivo, en forma de imágenes concretas, que es inasequible a la ciencia. Recordemos el comentario de Marx en 1854: que "la espléndida hermandad de escritores de ficción en Inglaterra", incluyendo a Dickens, Thackeray, Gaskell y Charlotte Bronte, le había ofrecido más verdades al mundo que todos los "políticos profesionales, propagandistas y moralistas juntos".

Sabemos de nuestra propia experiencia que ciertas películas, novelas, y pinturas captan verdades sociales y psicológicas de manera más efectiva e indeleble que mil páginas de análisis políticos o científicos. Lo que nos dice Clyde Griffiths, personaje de la novela Tragedia Norteamericana, de Theodore Dreiser, acerca de las ilusiones y fantasías de la pequeña burguesía estadounidense, de su patetismo y tragedia, nunca ha sido igualado o superado en toda la literatura del movimiento marxista.

Si la literatura y el arte llegaran a considerarse únicamente como fuentes del conocimiento de la vida social, las restricciones que uno se impondría a si mismo serían peligrosas.

Pero obviamente, la esfera del arte no es simplemente la del conocimiento objetivo de los procesos histórico-sociales. A la creación artística no se le debería confundir con la disciplina científica, aunque tampoco es cierto que exista una muralla china entre el arte y la ciencia. La ciencia trata de comprender la materia en su universalidad. En la ciencia, la materia sensoria y concreta se transforma en contenido abstracto. Refiéranse al primer capítulo de Das Kapital. En el arte, lo universal adquiere la forma de materia sensoria y concreta.

Además, como señala Hegel, esta diferencia en la manera de enfocar al mundo—esta diferencia formal—trae al arte más cerca a nuestras vidas emocionales e impresionables. Aquí estamos tratando de procesos mucho más subterráneros, intricados y confusos que en las ciencias: la vida interior de los seres humanos, la vasta acumulación por siglos de la experiencia psicológica. ¿Cómo podría esta experiencia psíquica de complejidad tan profunda destilarse en un conjunto de axiomas o leyes universales? La imagen del arte es un medio objetivamente necesario para la conservación, el resumen y el enriquecimiento de esta experiencia.

También será fácil ver lo inadecuado que resulta juzgar una obra de arte sólamente en base de un análisis de la filosofía social conciente del artista.

El artista, claro, no es un átomo flotando libremente en el espacio. Es miembro de cierta clase social, generalmente de la clase media, con una cantidad definida de prejuicios y limitaciones clasistas. Pero si tales prejuicios previnieran al individuo de comprender o apreciar las verdades fundamentales de la vida, entonces no existiría pensamiento perspicaz de ningún tipo, incluyendo el marxismo. Por supuesto, el marxismo requiere un rompimiento conciente con cierta filosofía clasista, pero la artistía también requiere un rompimiento con las diferentes formas de ver y sentir el mundo que ya han pasado de moda.

A través de un sentido estético bien refinado, el artista puede decifrar los procesos sociales y psicológicos que los sentidos anestesiados de las personas comunes en una sociedad de clases no pueden decifrar, y transformarlos en imágenes. El desarrolo de ese sentido no significa necesariamente que él o ella esté conciente de las implicaciones más profundas de esas revelaciones. Lo que Trotsky escribió acerca del especialista científico también se le puede aplicar al especialista artístico: "Así como dentro del casco de un buque de vapor se encuentran compartimientos impenetrables para que en caso de accidente el barco no se hunda todo a la vez, existe en la psiquis del hombre una cantidad infinita de compartimientos: en cierto sector, o aún en una docena de ellos, se puede encontrar el pensamiento científico más revolucionario; pero más allá de ese compartimiento yace un filistinismo del grado más alto".

La sensibilidad extraordinaria y el filistinismo extraordinario—o cosas aún peores—han coexistido en las personalidades de artistas excepcionales. Esto quizás suceda más en la esfera del arte porque no se está hablando de un proceso puramente conciente o racional. Los seres humanos sienten emociones profundas y poseen un sentido de la verdad acerca de muchas cosas en diferentes maneras que nunca llegan al nivel del pensar conciente. La mayoría de la gente reprime o ignora esos sentimientos, pero el artista, afortunado o no, no puede hacerlo; tiene entrada a esos sentimientos, los cuales por obligación tiene que expresarlos en el idioma peculiar de las imágenes.

Pero si el proceso por medio del cual las obras de arte se crean requiere procesos inconcientes o semi-concientes, entonces sería totalmente equivocado juzgar una obra simplemente a base de su filosofía conciente. Estaría uno entonces enfocando sólamente un fragmento de la obra, el fragmento conciente que yace sobre la superficie. Y puesto que en la sociedad de clases sólo un manojo de gente posee una perspectiva científica coherente de esa sociedad, el resultado sería que los artistas casi siempre están errados. Puede ser que tal punto de vista nos ofrezca consolación, pero no nos ayudaría a entender nada.

¿Por qué debería ésto interesar al marxista, hombre o mujer de ciencia y objetividad? En primer lugar. debería ser de interés a cualquiera, pues la artistía es de los elementos más extraordinarios y gratificantes de la vida. Pero consideremos al marxismo en particular. Es una ciencia, pero es la ciencia de relaciones humanas; es objetivo, pero su7 primer interés es darle dirección a la actividad subjetiva humana. El marxismo no es el estudio del movimiento de átomos y moléculas inánimes. ¿Cómo es posible que la persona interesada en el bienestar de la humanidad ignore esa esfera en la cual las relaciones, los motivos y las emociones humanas se expresan de la manera más perdurable y fascinante?

¿No es ésto lo que Trotsky tiene en mente cuando dice que el arte hace a los individuos "más complejos y flexibles"? La asimilación de cualquier ciencia inevitablemente incluye el aprendizaje de una terminología específica, un cuerpo de conocimiento y la aplicación práctica de las revelaciones científicas. ¿Qué es lo que valorizamos en el marxismo? La objetividad, al análisis racional, que procede de lo inmediato a sus implicaciones más generales. Esto inevitablemente produce, en los inexpertos, cierto formalismo, cierta tendencia a aplicar leyes sin haber adquirido una comprensión total de la unidad contradictoria. Y es aquí donde la susceptibilidad a las obras de arte juega un papel absolutamente vital.

El estudio del arte en cualquiera de sus formas es de los antídotos más efectivos al formalismo. El arte genuino es enemigo a muerte de lo simplista, de lo rutinario; es la esfera de lo complejo, lo ambiguo, de los problemas que nunca ofrecen soluciones rápidas. Una obra de arte seria emite vibraciones infinitas; resiste la asimilación, cambia de forma y reafirma la verdad; no se le puede inactivar. En la frase de Lenín, es tan radical como la realidad misma.

Y pienso que el interés que el partido ha generado sobre las cuestiones artíticas durante los últimos años—las cuales han engendrado varias controversias—es indicio de la vitalidad y solidez intelectual de nuestro movimiento en comparación a los grupos izquierdistas pequeño-burgueses que no tienen nada que decir en cuanto al asunto. (¿Qué otro partido socialista inspiró a sus miembros a debatir el significado y méritos de la nueva versión fílmica de Hamlet?) El interés sobre el arte que se ha expresado en nuestras páginas también ha demostrado que tanto los lectores de nuestra prensa como nuestros miembros no están satisfechos con "sólo la política’. Existe el deseo por algo más, por algo que satisfazga el hambre por lo estético y lo espiritual.

Me dirijo en particular a los jóvenes que están aquí presentes. Uno se une al partido revolucionario por los motivos más generosos y comprensivos: odio a la injusticia, sentimientos por la humanidad, el deseo por un mundo mejor. Inevitable y necesariamente uno llega a refinar esos sentimientos a razón del conocimiento científico, el cual los torna más firmes, más precisos, más exigentes. Pero sería desafortunado—más que desafortunado—si alguien infiriera que el proceso de profundizar el conocimiento de la persona requiere que al interés se le reduzca o que se le de la espalda a las consternaciones humanas de mayor extensión. Esos motivos originales, inexpertos pero revolucionarios, inevitablemente incluirán algo parecido a la sensibilidad artística y nunca han de extraviarse por completo. La pasión revolucionaria debería contener algo de esa cualidad que el escritor italiano Passolini describe en un poema acerca de si mismo:

"Madurado? ¡Nunca, nunca!
Como la existencia misma
que nunca madura
porque siempre permanece verde
De día en día espléndido".

Esta discusión es importante. Es difícil trabajar en una esfera con la cual no se está familiarizado. No existen atajos. Varios camaradas tendrán que dedicarse a estas cuestiones en cada una de nuestras secciones. El esfuerzo es serio y lleva tiempo, pero las recompensas son considerables desde el punto de vista de profundizar objetivamente el conocimiento que el partido tiene acerca de la sociedad contemporánea y las relaciones sociales y de hacer al partido más flexible y humano para que mejore su capacidad en llevarle su mensaje verdaderamente revolucionario a las capas más amplias de la población.

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