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: Español
El Castrismo y la política del nacionalismo pequeño-burgués
Charla presentada por Bill Vann
Esta conferencia sobre El Marxismo y los problemas fundamentales
del siglo XX se presentó el 7 de enero, 1998, en la Escuela
Internacional de Verano que el Partido Socialista por la Igualdad
(Australia) organizó en Sidney del 3 al 10 de enero, 1998.
Bill Vann es redactor internacional del Web Socialista Mundial
(World Socialist Web Site) y autor de varias obras de crítica
sobre las luchas de las masas oprimidas de Latinoamérica,
Africa del Sur y del Medio-Oriente que tomaran lugar durante el
período post-Segunda Guerra Mundial.
* * *
La cuestión del castrismo ha causado enorme confusión
desde sus principios, situación que mayormente se debe
a la tendencia revisionista pablista que surgió dentro
de la Cuarta Internacional. Los pablistas presentaron al castrismo--y
todavía lo presentan--como un nuevo paso al socialismo,
como una corroboración de que la revolución socialista
podía llevarse a cabo y que un estado obrero se podía
establecer sin la participación conciente de la clase obrera.
Bajo la dirección de Joseph Hansen en los Estados Unidos
y de Ernest Mandel en Europa, los revisionistas pablistas abandonaron
la lucha por la conquista de la dirigencia revolucionaria de la
clase obrera. En los paises en desarrollo le cedieron los deberes
históricos del proletariado a los nacionalistas pequeño-burgueses.
De este modo asistieron a preparar varias de las derrotas más
terribles que la clase obrera sufriera durante la segunda parte
del Siglo XX..
El Comité Internacional de la Cuarta Internacional llevó
a cabo una lucha empedernida contra esta perspectiva, defendiendo
y desarrollando así las armas teóricas y políticas
que el marxismo había avanzado durante todo un período
anterior.
Nuestro movimiento luchó contra todos aquellos que consideraban
al marxismo sólamente como modo de descubrir, describir
y adaptarse a los procesos objetivos que, supuestamente indetenibles,
obligaban a fuerzas no-obreras a dirigir la lucha por el socialismo.
Defendió la perspectiva de que el único camino al
socialismo era el de construir partidos revolucionarios basados
en el proletariado internacional mediante una lucha sin tregua
contra las burocracias dominantes y las dirigencias pequeño-burguesas
no importase lo poderosas o populares que éstas parecieran.
Al analizar el castrismo treinta y cinco años después,
podemos hacernos una pregunta: ¿Quién tuvo la razón
en esta polémica? ¿Contribuyó el castrismo
un nuevo paso al socialismo o resultó ser un callejón
sin salida, una trampa, para la clase obrera? ¿Cuáles
fueron las consecuencias que resultaron al renunciar los pablistas
el papel de la clase obrera y su vanguardia revolucionaria conciente?
Durante esta charla tendremos la oportunidad de analizar esta
experiencia estratégica y sus lecciones para el movimiento
de la clase obrera.
El renacimiento del Che
Las recientes celebraciones conmemorativas del Treinta Aniversario
de la ejecución de Ernesto "Che" Guevara, con
quien Castro se identifica, proveen un buen lugar para comenzar
nuestro análisis del exponente y practicante más
destacado de la guerra de guerrillas. Durante los últimos
meses hemos visto un renacimiento del Che, aunque no el tipo de
renacimiento que el guerrillero argentino, hasta en sus peores
pesadillas, hubiera alguna vez podido imaginarse.
El Che se ha convertido en objeto comercializado que aparentemente
contradice su reputación radical. Su imagen se ha convertido
en una mercadería común. Swatch, el fabricante de
relojes suizo, ha lanzado al mercado un modelo "revolución",
que porta la imagen del guerrillero, la cual también se
ha usado para filmar anuncios de skis, adornar los estuches de
discos compactos y hasta para vender cerveza.
En Argentina, el gobierno de Carlos Menem, quien es de los
favoritos de Washington por su acogida favorable al Fondo Monetario
Internacional y su apoyo entusiasta a la guerra del Golfo de Persia,
ha llegado a lanzar una estampilla postal conmemorativa en honor
al Che como "gran argentino".
El régimen de Castro tampoco se ha quedado atrás.
Recientemente sacó los restos de Guevara de Bolivia para
re-enterrarlos en Cuba con mucha pompa y circunstancia. El gobierno
cubano ha organizado giras turísticas acerca del Che para
beneficio de ex-radicales extranjeros y vende en el mercado camisetas
y baratijas grabadas con la imagen del Che para fomentar a la
economía cubana, la cual va de crisis en crisis.
¿Qué cualidades tenía el Che que lo hacen
hoy día tan susceptible a convertirse en ídolo que
es inofensivo lucrativo a la misma vez? Las cualidades que sus
admiradores hacen destacar se conocen bien: el valor, la abnegación,
la disciplina rigurosa y el sacrificio de la vida por una causa.
Estas son todas características admirables e indudablemente
muestran un contraste severo a la ética social prevalente
que mide al valor humano según el tamaño del portofolio
de inversiones de la persona. Pero estas cualidades, por sí
solas, de ninguna manera nos ayudan a comprender la política
y el carácter clasista de las personas que las poseen.
Varias sectas religiosas--y hasta varios movimientos fascistas--pueden
protestar que sus propias luchas por fines totalmente reaccionarios
han producido mártires con semejantes cualidades.
Un análisis detallado de la carrera de Guevara demuestra
que sus conceptos políticos no tenían que ver nada
con el marxismo y que las panaceas de la lucha armada y y el guerrillerismo
con los cuales él se identificaba eran fundamentalmente
hostiles a la lucha socialista revolucionaria de la clase obrera.
En medio de este renacimiento de la imagen del Che han aparecido
varias biografías recientes acerca del dirigente guerrillero.
Las del autor mexicano Jorge Castaneda y del estadounidense John
Lee Anderson, aunque de ninguna manera ofrecen un análisis
político-marxista, sí nos proporcionan con revelaciones
muy útiles acerca de la trayectoria de Guevara y de la
revolución cubana.
Estos libros presentan una historia detallada de la carrera
de Guevara, lo cual nos deja ver de la manera más clara
la superficialidad insondable y los resultados trágicos
de su [de Guevara] perspectiva política.
Al mismo tiempo que se publican estas historias basadas en
hechos verídicos, varias tendencias izquierdistas pequeño-burguesas
otra vez han tratado de pintar a Guevara como dirigente y teórico
revolucionario cuyo ejemplo e ideas continúan inspirándonos
con una perspectiva política para la lucha contra el capitalismo.
A diferencia de los biógrafos, estos grupos carecen de
toda visión original o información nueva. Mezclan
una nostalgia enfermisa por los días gloriosos del radicalismo
de la clase media con lo que sólo se puede describir como
falsificación de las verdaderas ideas de Guevara y las
consecuencias políticas de éstas.
Algunos, tales como el Socialist Workers Party (Partido Socialista
de los Trabajadores: SWP), son portavoces carente de toda crítica
en cuanto a las festividades conmemorativas del gobierno cubano.
Otros, como el viejo bribón pablista Livio Maitan en Italia
o el movimiento morenista en la Argentina, tratan de mostrar que
Guevara planteó no solo una alternativa al stalinismo,
sino también al régimen castrista mismo.
En un documento reciente sobre la cuestión cubana, los
morenistas aclaman el famoso lema del Che, "Uno, dos, más
Vietnams", y declaran: "Aún usando métodos
desastrosos--focos guerrilleros, aislamiento del movimiento de
las masas, oposición a la construcción de partidos
obreros revolucionarios,--[Guevara] expresó la necesidad
de expander la revolución a nivel internacional".
Lo que los morenistas ni siquiera se molestan en explicar es
como métodos desastrosos puedan expresar una perspectiva
necesaria y revolucionaria. Esta tendencia, tal como todas las
facciones pablistas, ha hecho una profesión de tratar de
demostrar la manera en que varias fuerzas-el peronismo, el stalinismo,
el guerrillerismo,--"expresan" la lucha por el socialismo.
La verdad es que en una etapa anterior los morenistas llegaron
al extremo de descubrir esta expresión en Fulgencio Batista--el
mismo dictador que Castro había derrocado. Proclamándolo
"El Perón de Cuba", aclamaron a la clase obrera
cubana cuando ésta falló en responder a un llamado
a huelga general por parte del Movimiento 26 de Julio de Castro.
Después de Castro ganar la batalla, sin embargo, colocaron
el retrato de éste junto al del general Perón en
el membrete de su diario.
No obstante la alquimia política de los morenistas,
los métodos desastrosos de Guevara fielmente expresaron
la perspectiva política--más bien se podría
decir falta de cualquier perspectiva seria--sobre la cual se basaban.
Ni a los morenistas ni a ninguna de las otras tendencias pablistas
les importa analizar al castrismo y al guevarismo desde un punto
de vista clasista, como tampoco les importa delinear los orígenes
y el desarrollo de esos movimientos o poner en hoja de balance
la experiencia con el guerrillerismo en Latinoamérica durante
las últimas tres décadas y pico.
Sólo nuestro movimiento puede poner en práctica
tan crítica labor, basándose en la lucha que llevó
a cabo por la independencia y la unificación internacional
de la clase obrera durante ese mismo período.
El socialismo proletario versus el nacionalismo pequeño-burgués
Los revisionistas pablistas, al igual que los ex-radicales
de la clase media en general, son hostiles a dicha metodología.
Fervorosamente aguardan el renacimiento del castrismo. Todos expresaron
gran entusiasmo cuando el Ejército de Liberación
Nacional Zapatatista se apareció en Chiapas, México.
De la misma manera aplaudieron las acciones del Movimiento Revolucionario
Tupac Amaru cuando éste se apoderó de la embajada
japonesa en Lima hace poco más de un año.
Nuestro movimiento no participó en dicha celebración
de este resurgimiento aparente del guevarismo y de la política
formulista falsa de "la lucha armada". Tenemos una larga
historia de oposición a conceptos de semejante índole,
reconociendo que no encarnan los esfuerzos socialistas revolucionarios
del poletariado, sino la política del nacionalismo pequeño-burgués.
No se dirigen a resolver las cuestión vital de construir
una dirigencia revolucionaria dentro de la clase obrera, sino
a negar totalmente el papel revolucionario de esta clase y a distanciar
a las capas de estudiantes radicalizadas, los trabajadores y a
los campesinos de la lucha por el socialismo.
No sirven para iluminar; más bien oscurecen los problemas
estratégicos de la revolución socialista que Trotsky
elaborara en su teoría de la Revolucion Permanente.
Consignias tales como "el deber de todo revolucionario
es hacer revolución", "la lucha armada"
y la "guerra popular prolongada" dejan sin contestar
varias preguntas: ¿cuál es la clase social que dirigirá
la revolución?; ¿cuál es la conexión
entre la revolución en un país y la revolución
mundial?; y ¿cuál es la relación entre la
lucha de los trabajadores, los campesinos y los oprimidos en los
paises en desarrollo y la lucha de la clase obrera en los paises
capitalistas desarrollados?
Estos movimientos encubren, con su retórica radical,
conceptos bien definidos acerca de todas estas cuestiones. Invariablemente
éstos se dirigen a suprimir la lucha revolucionaria independiente
del proletariado y a subordinar a todas las masas oprimidas a
las necesidades de la burguesía nacional.
En este sentido, estos movimientos son, a fin de cuentas y
a pesar de lo radical que parezcan, las últimas murallas
de defensa del imperialismo contra la revolución socialista.
Es esta esencia del nacionalismo pequeño-burgués
y del guerrillerismo lo que nos proporciona la clave para comprender
la facilidad con que el capitalismo ha apropiado la imagen del
Che para sus propios fines.
Si uno analiza cuidadosamente la política del MRTA peruano
y de los zapatistas mexicanos, se puede ver que éstos simplemente
son una manifestación de la reconciliación con el
imperialismo que todos los movimientos y regímenes nacionalistas
burgueses practican. El grupo Tupac Amaru se apoderó de
la residencia del embajador japonés con el fin de ponerle
presión al imperialismo japonés y lograr que éste
ejerciera influencia para que el régimen de Fujimori templara
su política. El propósito fundamental del grupo,
que por cierto se le dió a entender a varios de los mismos
rehenes, era el de forzar un pacto negociado por medio del cual
podía transformarse de movimiento armado en partido pequeño-burgués
legal y político.
Es precisamente porque desde su principio renunció a
todo fin revolucionario que el movimiento zapatista ha sido universalmente
alabado. Las demandas vagas del Subcomandante Marcos han sido
por la democratización, el fin a la corrupción y
el aumento de los derechos culturales para la población
indígena. Estas demandas pudieron haber sido--y lo fueron--aceptadas
no sólo por la izquierda pequeño-buguesa, sino también
por capas del PRI gobernante y hasta por el PAN, el partido derechista
de oposición. Marcos y los zapatistas, más bien
que señalarle a los trabajadores y al campesinado oprimido
como seguir adelante sobre el sendero revolucionario, se han convertido
en otro instrumento cuyo único propósito es saldar
cuentas políticas con la burguesía mexicana.
El Papel político de la pequeña burguesía
¿Qué es lo que precisamente significamos cuando
describimos a estos diferentes movimientos como "nacionalistas
pequeño-burgueses"? Esto no es meramente un epiteto
que los marxistas le lanzan a sus oponentes. Es una definición
ciéntifica de los intereses y métodos clasistas
que caracterizan a estos movimientos. Marx y Trotsky, el uno basándose
en la experiencia de la revolución de 1848 y el otro en
su teoría de la Revolución Permanente, demostraron
que la pequeña-burguesía es incapaz de acción
política independiente y consistente. Esta falta de consistencia
refleja su posición social intermedia. Atrapada entre las
dos clases mayores de la sociedad y continuamente diferenciándose
en explotadora y explotada, tiene que por obligación seguir
a una o a la otra de estas clases sociales: al proletariado o
a la burguesía.
Durante el período post-Segunda Guerra Mundial, el imperialismo
creó y llego a depender de una nueva capa social que se
identificó como la clase media. En los paises capitalistas
avanzados, ésta consistía de funcionarios que formaban
el personal de las burocracias del gobierno y de las oficinas
de las corporaciones, administraban los servicios sociales de
los estados benefactores recientemente creados y dirigían
los medios de prensa que se iban expandiendo.
Un estrato semejante surgió dentro de los paises en
desarrollo y fue a esta capa que el imperialismo le cedió
el poder durante el período de de-colonización.
En Latinoamérica, como en otras zonas del mundo oprimidas
por el imperialismo, las oportunidades que se le presentaron a
esta capa social eran mucho más limitadas que las que prevalecían
entre sus contrapartes en los paises capitalistas avanzados. Miles
de estudiantes se graduaron de las universidades sin ninguna esperanza
de ejercer sus profesiones. En muchos casos, aquellos que siguieron
una profesión o que trataron de vivir de pequeñas
empresas gozaban un nivel de vida no mucho más próspero
que el de la clase obrera. Fue esta capa social que suministró
la base social principal para la política nacionalista
pequeño-burguesa.
Había, por lo tanto, una base clasista objetiva para
el resurgimiento de las teorías pablistas en cuanto a una
"nueva realidad internacional", en la cual la lucha
por el socialismo podía emprenderse no por la clase obrera
y su vanguardia conciente revolucionaria, sino por la pequeño-burguesía
radicalizada. Estas fórmulas revisionistas finalmente llegaron
a reflejar no sólo los esfuerzos de esta capa social específica,
sino también a la necesidad del imperialismo tener una
defensa que lo protegiera contra la revolución proletaria.
Las raíces de la revolución cubana
Como todo gran acontecimiento, la revolución que Fidel
Castro dirigió en 1959 tenía raíces profundas
en la evolución histórica anterior. Para comprender
el contenido clasista y el significado político del castrismo,
estas raíces históricas, que los alabadores de Castro
entre los pablistas y la izquierda pequeño-burguesa por
lo general ignoran, tienen que ser analizadas.
La historia de Cuba se definió principalmente por el
carácter atrofiado de su lucha por la independencia, que
efectivamente la transformó de colonia española
moribunda en semi-colonia económico-política del
poder imperialista ascendiente: los Estados Unidos.
Los EE.UU. intervino en Cuba en 1898 luego de ésta entablar
una guerra de treinta años por su independencia. La intervención
duró poco, pero fue decisiva. Los españoles perdieron
sus colonias en el Tratado de París, pacto en el cual los
cubanos no tuvieron la menor voz.
Este pacto produjo lo que llegó a conocerse el Platt
Amendment Republic [llamado así en honor del senador estadounidense
que lo originara], el cual se adoptó en Washington para
luego imponérsele como enmienda a la primera constitución
cubana. Entre otras cosas, éste le prohibía a la
nominalmente independiente república cubana que entrara
en cualquier tratado international que los Estados Unidos considerara
perjudicial a sus intereses. También le aseguraba a los
Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente: "para
la protección de la independencia cubana, la conservación
de un gobierno que adecuadamente proteja la vida, la propiedad
y la libertad de los individuos y para el cumplimiento de la obligaciones
que el Tratado de París impusiera en cuanto a Cuba".
Los EE.UU. repetidamente se aprovecharía de este "derecho"
a pricipios del Siglo XX.
La subordinación de Cuba al imperialismo estadounidense
no era tan oficial como la enmienda de Pratt sugiría. Esta
se basaba en la exportación del azúcar cubana al
mercado de los Estados Unidos. Este cultivo único producía
para la isla la gran mayoría de las ganancias que provenían
de las exportaciones y se le exportaba casi exclusivamente a los
Estados Unidos. La monocultura del azúcar condenó
a la mayoría de la población al atraso, la probreza
y el desempleo crónico.
Las relaciones económicas y políticas que llegaron
a dominar en Cuba estaban ligadas al carácter incompleto
de su lucha democrático-burguesa por la independencia nacional.
La condición semi-colonial de Cuba, aunque de las más
flagrantes del mundo, no era única de ninguna manera.
Tal como la Cuarta Internacional advertiría poco antes
de comenzar la Segunda Guerra Mundial: "Los paises en desarrollo
ya no pueden contar con un proceso democrático independiente.
Rodeada por un capitalismo que se está desintegrando y
enmarañada en las contradicciones imperialistas, la independencia
de una nación en desarrollo inevitablemente será
de carácter semi-ficticio y el régimen político,
bajo la influencia de las contradicciones clasistas internas y
de la presión externa, inevitablemente sucumbirá
a dictaduras contra el pueblo". [1]
Otra declaración escrita ese mismo año enfatizaba
que no existía la posibilidad de acabar con la opresión
imperialista a menos que fuera a través de la revolución
socialista mundial: "Las esperanzas que los pueblos coloniales
tienen para su liberación están ligadas, de manera
aún más decisiva que antes, a la emancipación
de los trabajadores del mundo entero. Las colonias gozarán
de una liberación política, económica y cultural
únicamente cuando los trabajadores de los paises desarrollados
le pongan fin al dominio capitalista y emprendan, en colaboración
con los pueblos en desarrollo, la reorganización de la
economía mundial a un nivel nuevo, haciéndola responsable
a las necesidades sociales y no a las ganancias de los monopolios".
[2]
Como ya veremos, la historia cubana que transcurrió
posteriormente ha comprobado esta tesis, pero de manera negativa.
Sin la unidad de dicha lucha internacional por parte de los trabajadores,
la liberación económica, política y cultural
genuina ha resultado imposible.
La relación entre Cuba y los Estados Unidos engendró
un régimen burgués político notorio por su
impotencia, corrupción extrema y las explosiones de violencia
frecuentes. El dominio de los Estados Unidos sobre la economía,
en conjunto con la predominancia de inmigrantes extranjeros en
los negocios y en las clases terratenientes, creó un nacionalismo
cubano anti-norteamericano en lo extremo y con cierta tendencia
hacia lo xenófobo.
No obstante, otra perspectiva había aparecido en Cuba.
En 1925, se fundó el Partido Comunista Cubano, el cual
se afilió a la Tercera Internacional. Su figura más
destacada fue Antonio Mella, estudiante de derecho que se convirtió
en líder del movimiento reformista universitario a principios
de los 1920 y quién trató de orientar a los estudiantes
hacia la clase obrera.
Mella y sus compañeros dirigieron la lucha contra la
dictadura de Gerardo Machado, a quién Mella llamó
"el Mussolini tropical". Cuando la dictadura lo puso
en la cárcel, la presión popular logró que
lo libertaran. Huyó del país y viajó a la
Unión Soviética, Europa y por último a México.
Mella rompió con el Partido Comunista en México
en 1929 y declaró su apoyo a la lucha de Trostky contra
la burocracia stalinista. Fué asesinado no mucho después.
Mella había surgido de un amplio movimiento de estudiantes
cubanos e intelectuales que buscaban la manera de cambiar el sistema
corrupto de la isla y su dominio por el imperialismo estadounidense.
Pero éste renunció a los conceptos nacionalistas
prevalentes y adoptó la perspectiva del socialismo internacionalista.
El stalinismo estaba destinado a prevenir que la clase obrera,
basándose en dicha perspectiva, encontrara su propia solución
a los problemas históricos de Cuba. Se puede decir, pues,
que el stalinismo ayudó a crear la ascendencia de Fidel
Castro al poder mucho antes que él y el Partido Comunista
Cubano consideraran unir sus fuerzas. Al suprimir la perspectiva
por la cual Mella y la primera generación de marxistas
cubanos habían abogado, el stalinismo fomentó el
desarrollo del nacionalismo pequeño-burgués radical.
En su primera conferencia en esta escuela, David North analizó
en detalle como la historia no consiste sólamente de "lo
que ocurrió" y de "quién ganó",
sino más bien de las alternativas que existieron y cuales
fueron las consecuencias de aquéllas que se tomaron y aquéllas
que no. ¿Qué habría sucedido si la Oposición
Izquierdista hubiera prevalecido? La misma pregunta se puede hacer
en cuanto a Cuba, aunque a escala menor.
Claro, existen límites a lo que uno puede decir con
certidumbre acerca de "lo que pudiera haber ocurrido".
No se puede aseverar con toda seguridad, por ejemplo, que una
revolución socialista habría ocurrido en tal y otro
año si en Cuba hubiera existido un partido comunista genuino.
Podemos declarar a ciencia cierta, sin embargo, que si en lugar
del aparato político corrupto del stalinismo cubano un
partido revolucionario genuino de la clase obrera hubiera existido,
la tendencia que específicamente hoy llamamos el castrismo
hubiera nacido.
Tras la degeneración del Partido Comunista en Cuba,
el país atravesó por una profunda crisis revolucionaria.
Una insurrección nacional reventó en 1933 y forzó
al dictador Machado a fugarse del país. El punto cumbre
de este movimiento fue la huelga general de la clase obrera, cuando
los trabajadores se apoderaron de fábricas, ingenios de
azúcar y fincas.
A medida que la huelga general crecía en intensidad
y trayectoria, el Partido Comunista Cubano stalinista, que dominaba
los sindicatos, emitió una orden de "regreso al trabajo",
declarando que la huelga corría el peligro de provocar
la intervención de los Estados Unidos. Mientras que la
vasta mayoría de los trabajadores ignoraron la orden, el
PC no obstante entró en negociaciones secretas con Machado
y logró ciertas concesiones a cambio de ponerle fin a la
huelga.
Este pacto, que no duró mucho tiempo en vigencia debido
a que Machado subsecuentemente se fugó al exilio, moldeó
la práctica del CP durante los próximos veinticinco
años. Los stalinistas continuaron su dominio del movimiento
obrero a la vez que forjaban alianzas con partidos conservadores
burgueses y hasta con regímenes militares. En los 1940,
los stalinistas entraron al gobierno del cacique que los Estados
Unidos respaldaba: Fulgencio Batista.
Hijo de familia terrateniente española, Castro tuvo
su despertar político cuando era studiante de una escuela
secundaria jesuita. Fué ahí donde cayó bajo
la influencia de los sacerdotes jesuitas, quienes apoyaban el
fascismo de Franco. Leyó todas las obras de José
Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española
y, según sus compañeros de clase, sentía
una enorme atracción por la ideología fascista.
A fines de los 1940 y a principios de 1950, Castro ya era participante
en las actividades de pandillas estudiantiles armadas que dominaban
a la universidad y cuya ideología era nacionalista y explícitamente
anti-comunista.
Castro entró a la lucha contra Batista como miembro
del Partido Ortodoxo burgués. Anteriormente se había
postulado como candidato al congreso cubano en 1952, pero el golpe
militar de Batista ese mismo año frustró sus ambiciones
parlamentarias. Comenzó entonces a organizar un pequeño
grupo de partidiarios para la acción armada. En julio,
1953, dirigió un ataque contra el cuartel militar Moncada.
Los 200 hombres que participaron fueron muertos o pararon en la
cárcel.
Las acciones de Castro no eran tan extraordinarias como parecían.
Durante todo este período, los militantes de varios partidos
y facciones pequeño-burguesas llevaron a cabo ataques contra
guarniciones y atentados de asesinato, y hasta se apoderaron del
palacio de Batista. El contenido de las declaraciones políticas
de Castro durante el período que conducía a la revolución
de 1959 tenía muy poco que lo diferenciara del nacionalismo
anti-Batista ordinario. Su discurso más famoso, La historia
me absolverá, que lo preparó en defensa propia cuando
lo enjuiciaron por el ataque contra Moncada, consistió
de denunciaciones a la represión que la dictadura imponía
y una lista de reformas democráticas bastante benignas.
Luego de una breve estadía en la cárcel, Castro
partió para México, donde a fines de 1956 organizó
un pelotón expedicionario de ochenta hombres armados. Similar
a la experiencia de Moncada, el desembarco fue una catástrofe;
apenas una docena de los tropas sobrevivieron los primeros encuentros
con las fuerzas represivas de Batista. No obstante, apenas dos
años después Castro tomaría el poder.
El poder cayó literalmente en manos de las guerrillas
de Castro debido a que en la isla no existía ninguna otra
fuerza política con credibilidad alguna.
Este vacío político fue ante todo función
de la falta de toda dirección revolucionaria dentro de
la clase obrera cubana. A pesar de las limitaciones del reformismo
de Castro, su política social era mucho más radical
que la que ofrecían los stalinistas. Además, sus
acciones armadas, tan circunscritas como habían sido, le
ganaron un apoyo popular bien amplio a la vez que a los stalinistas
se les veía como cómplices de la dictadura.
Las intenciones originales de Castro eran las de poder acomodarse
con los Estados Unidos. Durante su primer viaje a EEUU cuatro
meses después de la conquista del poder, Castro hizo la
siguiente declaración: "He dicho clara y definitivamente
que no somos comunistas. Tenemos las puertas abiertas a las inversiones
privadas que contribuyan al desarrollo de la industria de Cuba.
Para nosotros es absolutamente imposible progresar si no llegamos
a un acuerdo con los Estados Unidos". [Traducido del inglés.]
El movimiento de Castro, sin embargo, se había comprometido
a una reforma agraria límite y a poner en práctica
medidas sociales que beneficiaran al pueblo cubano. Durante sus
primeros meses había decretado la redistribución
de las tierras que no estaban en uso, reducido los gastos de alquiler,
aumentado los sueldos y tomado varias medidas para ampliar la
educación y el cuidado de la salud.
Washington se hace la sorda
Los Estados Unidos buscó la manera de disciplinar a
Castro por medio de presiones económicas abrumadoras. En
un conflicto con el régimen cubano que parecía remolino
incontrolable, redujo la cuota de la exportación de azúcar,
que era la soga salvavidas principal de la isla, y luego se negó
a abastecerle con petróleo.
El régimen cubano respondió con nacionalizaciones,
primero de la propiedad estadounidense y luego de las enterpresas
nacionales cubanas y, en búsqueda de asistencia, se re-orientó
hacia la Unión Soviética.
La política extranjera de los Estados Unidos era ideológicamente
rígida y vengativa. La Gran Bretaña había
tratado problemas similares de manera muy diferente, cultivando
a líderes africanos tales como Nkrumah, Kuanda y Kenyatta
a pesar de la retórica nacionalista y hasta "socialista"
de éstos. El resultado fue que pudo conservar la influencia
y los intereses del imperialismo británico en la región.
Irónicamente, la arrogancia y la estupidez de los Estados
Unidos han probado ser de las columnas de mayor apoyo al gobierno
de Castro durante los últimos cuarenta años. Le
han permitido a Castro presentarse como la encarnación
misma del nacionalismo cubano y a tachar de títere del
imperialismo yanqui a todo el que se le oponga.
Al mismo tiempo que se orientaba hacia Moscú, Castro
forjó una alianza con los stalinistas cubanos. Los pablistas
y la izquierda pequeño-burguesa en general aclamaron esta
movida como otro índice de la radicalización y del
carácter socialista de la revolución. Pero en la
realidad no era semejante cosa. Como ya hemos visto, el Partido
Socialista Popular de Cuba, como los stalinistas se conocían
en aquel entonces, era una fuerza política totalmente reaccionaria
y desacreditada. Representaba parte del sistema político
burgués en existencia, puesto que había servido
fielmente al régimen de Batista.
Lanzado inesperadamente al poder, Castro se encontró
obligado a orientarse hacia el PSP. No tenía ni partido
ni programa. Hasta ni contaba con un ejército verdadero.
Los stalinistas cubanos le suministraron el aparato y la ideología
por medio de los cuales podía gobernar.
Castro subsecuentemente re-interpretaría sus antecedentes
políticos, declarando que se había convertido en
marxista-leninista, aunque "no del todo" comunista,
mucho antes del golpe de estado de Batista. Todas sus hazañas
políticas, desde sus días universitarios con las
pandillas anti-comunistas armadas hasta su candidatura para el
congreso bajo la insignia de un partido burgués, fueron
re-interpretadas como si hubieran sido sólamente iniciativas
tácticas que prepararían las condiciones para una
revolución socialista.
¿Qué fue lo que Castro y otros nacionalistas
burgueses izquierdistas vieron en el "marxismo-leninismo"?
Obviamente, no buscaban ninguna perspectiva científica
para dirigir la lucha de la clase obrera por su propia emancipación
social y política. Al mismo tiempo, éste no más
sirvió de pretexto para ganarse el apoyo de Moscú.
Vieron al marxismo-leninismo que aprendieron de los stalinistas
como política que promovía la utilización
del estado para efectuar los cambios que deseaban en el orden
social. También encontraron en él una justificación
para su propio control sin restricciones de este estado, gobernando
por medio de un "partido revolucionario" omnipotente
que lo dirigía un líder nacional infalible e irreemplazable.
Debería recordarse que Chiang Kai Shek también modeló
su partido, el Kuomintang, sobre las lecciones que había
aprendido del stalinismo.
El mito del guevarismo
Como casi todos los regímenes y tendencias nacionalistas
que aparecieron durante el período posterior a la Segunda
Guerra Mundial, el castrismo se ha basado en una serie de mitos
acerca de sus orígenes y proceso formativo. Estos mitos
son inevitables dado el carácter clasista de que estos
movimientos se basan, como de costumbre, sobre la pequeña-burguesía
y la burguesía nacional mientras se declaran representantes
de los intereses de las masas oprimidas.
Luego de alcanzar el poder, Castro y sus partidiarios pintaron
su victoria como el resultado exclusivo de la lucha armada que
las guerrillas habían entablado en las montañas
de la Sierra Maestra: una victoria militar contra el imperialismo
y la burguesía nativa que una pequeña banda de hombres
determinados y absolutamente resueltos había ganado. Apenas
un mes antes de que la dictadura de Batista fuese derrocada, el
Che Guevara escribiría a la larga:
Hemos demostrado que un pequeño grupo de hombres resueltos,
que el pueblo apoya y que no le tienen miedo a la muerte
pueden
sobreponerse a un ejército regular
Hay otra lección
para nuestros hermanos en [Latino] América, quienes, desde
el punto de vista económico, se encuentran en la misma
categoría agraria que nosotros, y es que tenemos que llevar
a cabo revoluciones agrarias, luchar en los campos, en las montañas
y de ahí llevar la revolución a las ciudades y no
tratar de hacerla en éstas
Esta idea, que se convirtió en la explicación
oficial de la revolución cubana, es en realidad distorción
de los hechos. Durante el curso de los seis años que Batista
estuvo en el poder, unos 20,000 cubanos perdieron la vida a manos
del régimen. De éstos, 19,000 fueron muertos en
las ciudades. Actos de sabotage, huelgas políticas y otras
formas de resistencia, la mayoría de las cuales no estaban
bajo el control del Movimiento 26 de Julio dirigido por Castro,
se habían propagado por doquier y, a fin de cuentas, constituyeron
el ímpetu principal que llevó a la caída
del régimen.
El número de guerrilleros de Castro solo alcanzaba unos
pocos miles. No ocurrieron ningunas batallas definitivas y el
encuentro mayor no contó con más de 200 guerrilleros.
Batista perdió el apoyo de la burguesía cubana--de
la cual una capa bastante amplia respaldaba a Castro--y de Washington,
quien impuso un embargo de armas contra su régimen. Privado
de este apoyo, éste rápidamente de derrumbó.
Dentro de Cuba, el mito que las guerrillas de Castro habían
derrotado al imperialismo estadounidense y a las clases burguesas
nativas con una mezcla de audacidad absoluta y poderío
militar sirvió un propósito político bien
claro. Justificó la consolidación de un régimen
que indiscutiblemente puso todas las riendas del poder estatal
en las manos de Castro.
La leyenda que Castro y el Che promovieron luego se exportaría
con resultados catastróficos. El tan llamado camino cubano
se promovió por toda Latinoamerica como la única
forma viable de la lucha revolucionaria. Miles de jóvenes
latinoamericanos terminaron masacrados porque se les había
prometido que con sólo valor y unas pocas armas los gobiernos
podían derrocarse y la opresión social acabarse.
El escrito más famoso de Guevara, "Guerra de guerrillas",
sirvió de manual para esta estrategia fatalicia. Hizo un
resumen de lo que él describió como las tres grandes
lecciones de la experiencia cubana para "la mecánica
de movimientos revolucionarios in América":
- *Fuerzas populares pueden ganar la guerra contra el ejército.
- No es necesario que todas las condiciones estén presente
para hacer una revolución; los focos [unidades guerrilleras]
pueden crearlas.
- En la América en desarrollo, los campos tienen que
ser la arena principal de la lucha armada.
El escaso análisis político que estos escritos
contenían era contundentemente falso. La vía de
desarrollo en Latinoamérica había sido capitalista
por muchos años. La base esencial de la opresión
en el continente no era, como afirmaba Guevara, el latifundismo--es
decir, la concentración de la tierra en manos de una pequeña
minoría--sino las relaciones capitalistas entre la mano
de obra asalariada y las ganancias. Al mismo tiempo que estas
obras se escribían, el continente atravesaba por cambios
estructurales enormes que convertían a la población
más y más en proletarios y que resultaban en migraciones
gigantezcas de las zonas rurales a las urbanas.
Nada de ésto se analizó. La preparación
revolucionaria se redujo al proceso impresionista de escoger la
arena adecuada para la guerra de guerrillas. Aquellos que siguieron
este consejo terminaron acorralados en las selvas y tierras remotas,
donde fueron condenados a batallas de mano a mano con los ejércitos
latinoamericanos.
Lo que la política de Guevara muestra una y otra vez
es su rechazo de la clase obrera como clase revolucionaria y un
desdén a la capacidad de los trabajadores y las masas oprimidas
para adquirir conciencia política y llevar a cabo su propia
lucha por la liberación.
Guevara proponía a los campos como la única arena
para la lucha armada, pero la cuestión para él no
era la de mobilizar al campesinado con demandas sociales. Al contrario;
el concepto del Che se basaba en usar la violencia para "obligar
a la dictadura a recurrir a la violencia y así desenmascarar
su esencia verdadera como dictadura dirigida por clases reaccionarias".
Es decir, el propósito de la banda guerrillera era provocar
la represión contra el campesinado, el cual se suponía
que iba a responder apoyando la lucha contra el gobierno.
Para semejante lucha, ni la teoría ni la política
era necesaria, mucho menos aún la participación
activa en las luchas de la clase obrera y las masas oprimidas.
Cuando apenas comenzaba a formar grupos guerrilleros en Latinoamérica,
el Che insistió en que se excluyera toda discusión
y controversia política. La unidad tenía de basarse
exclusivamente sobre un acuerdo en cuanto a la táctica
de la "lucha armada".
El desastre del guevarismo
Como había de esperarse, los resultados fueron desastrosos.
Fue en Argentina, su país natal, donde el Che formó
uno de los primeros grupos guerrilleros bajo la dirección
de Jorge Masetti. En su biografía, Anderson presenta una
descripción particularmente escalofriante de este fiasco.
Los guerrilleros nunca vieron combate. Varios hombres perdieron
el rumbo y aparentemente murieron de hambre en la selva. Otros
fueron atrapados por la policía. Pero antes de que el grupo
se decimara, Masetti ordenó que tres de sus miembros fueran
fusilados por supuestas infracciones de disciplina. El autor cita
a uno de los sobrevivientes de este debacle, quien hace notar
que los tres condenados eran judíos. Resultó que
Masetti, antes de involucrarse al castrismo, había sido
miembro de una organización nacionalista de extrema derecha
y anti-semita en la Argentina.
El grupo del Che mismo terminó igual en Bolivia. Lo
más notable de sus actividades en esta nación fue
su indiferencia total hacia la situación socio-política
del país. Durante los meses anteriores a la llegada del
Che, los obreros del estaño, que habían sido la
fuerza más poderosa en la revolución boliviana de
1951, habían participado en huelgas y confrontaciones con
el ejército. En su diario, el Che hizo referencia a estos
acontecimientos como si sólamente hubieran sido parte del
fondo panorámico de sus propias actividades. No tenía
ni perspectiva ni política que ofrecerle a los trabajadores
bolivianos. Cuando la lucha armada se inició, la reacción
del campesinado boliviano no fue la de respaldar a los guerrilleros,
sino más bien la de entregarlos a los militares.
En Bolivia, los castristas habían contado con el apoyo
del Partido Comunista, que era pro-Moscú. Pero este apoyo
nunca llegó y muchos han culpado a los stalinistas y a
la misma burocracia moscovita de haber condenado a los guerrilleros
a un aislamiento total y hasta quizás de haberle entregado
información a los servicios de información secreta
estadounidenses sobre el paradero del Che.
Esto parece lógico. El secretario general del Partido
Comunista boliviano, Monje, aparentemente había sido elemento
de mucho valor al KGB. No mucho después de la muerte del
Che se mudó a Moscú con residencia permanente. Según
la biografía que Castaneda ha escrito, algo que queda bien
claro es el dominio extraordinario que figuras de tal índole
tenían sobre los partidos comunistas de Latinoamérica,
en muchos casos hombres que habían participado directamente
en el asesinato de Trotsky en 1940. Castaneda también establece,
por medio de documentos previamente clasificados en los archivos
rusos, la manera en que estos partidos habían recibido
fondos directos de Moscú. La burocracia soviética
financiaba agencias políticas de confianza cuyo propósito
era ampliar búsqueda muscovita por la co-existencia pacífica
con Washington.
Pero al fin y al cabo, lo que queda es el hecho que semejante
traición no era en realidad tan necesaria. La idea que
una revolución podría realizarse exportando menos
de dos docenas de hombres armados a una región donde no
tenían antecedentes políticos ni apoyo, o que ni
siquiera habían elaborado un programa o una perspectiva
para ganarse este apoyo, estaba destinada a la ruina total desde
el principio. El patetismo de esta aventura se puede medir con
el Che mismo, quien, durante sus últimos días, rodeado
por el ejército boliviano, planeaba pedir apoyo internacional
con
cartas dirigidas a Bertrand Russell y a Jean Paul Sartre!
Cuba y la Cuarta Internacional
La revolución cubana resultó ser un momento decisivo
en la historia de la Cuarta Internacional.
Luego de dirigir la lucha contra el pablismo en 1953, el Partido
Socialista de los Trabajadores, en ese entonces la sección
estadounidense, se reunificó una década después
con la tendencia pablista principal dirigida por Ernest Mandel.
La reunificación se basó principalmente en la evaluación
que compartían del castrismo y el papel del nacionalismo
pequeño-burgués. Llegaron a la conclusión
que, a causa de la nacionalización de la gran mayoría
de las fuerzas productivas, Cuba se había convertido en
estado obrero. Además, avanzaron la perspectiva que el
castrismo se convertiría en tendencia internacionalista
y que de él saldría un nuevo liderazgo revolucionario
de la clase obrera mundial.
Esta perspectiva tenía implicaciones que iban mucho
más allá de Cuba. Como Trotsky había señalado
en relación al debate de 1939-1940 sobre la definición
del estado soviético, detrás de toda definición
sociológica se encuentra una prognosis histórica.
La definición de Cuba como estado obrero estaba vinculada
al rompimiento con todo concepto teórico e histórico
de la revolución socialista que se había desarrollado
desde Marx en adelante.
En Cuba, el poder había caído en manos de un
ejército de guerrillas que obviamente era de carácter
nacionalista pequeño-burgués y sin ningún
vínculo a la clase obrera. Los trabajadores mismos no habían
jugado ningún papel significante en la creación
del nuevo régimen, ni tampoco habían establecido
los medios para ejercer control democrático sobre el estado
una vez que éste se consolidara. La definición de
dicho régimen como "estado obrero" tenía
ramificaciones enormes. Significaba abandonar toda la lucha que
el movimiento marxista había llevado a cabo para lograr
la independencia organizacional y política de la clase
obrera. Indicaba más bien que el camino al socialismo se
podía encontrar subordinando la clase obrera a dirigencias
nacionalistas. Serían los castristas, los ejércitos
de guerrillas y otros nacionalistas arraigados en la pequeña-burguesía
los que dirigirían la revolución socialista y no
la clase obrera organizada y educada por los partidos de la Cuarta
Internacional. Esa fue la prognocis central que emanó de
la definición del estado obrero cubano que los pablistas
habían planteado.
La perspectiva que Joseph Hansen, dirigente del SWP, elaboró
en relación a Cuba se basó en una vulgarización
ignorante y estúpida del marxismo. Tomó como punto
de partida la previa decisión del movimiento trotskysta
de definir a la China y a los paises de Europa Oriental que servían
como murallas protectoras de la Unión Soviética
como "estados obreros deformados"; definición
sumamente condicional y, de cierto modo, temporánea.
En debates anteriores, el SWP había enfatizado el adjetivo
"deformado" para indicar que estos estados no eran históricamente
viables. Se había opuesto a que Pablo usara esta definición
como recurso para dotar al stalinismo con potencial revolucionario.
De manera aún más vulgar que Pablo, Hansen, si
embargo, se empeñó en demostrar que Cuba satisfacía
una serie de criterios abstractos--sobretodo el de cualquier nacionalización
económica--que se suponía que la definían
como estado obrero.
La clase obrera no había hecho la revolución
y tampoco ejercía ningún control sobre el aparato
del estado luego de la revolución. Pero a estos hechos
se les consideró como criterios puramente normativos que
la revolución cubana había fallado en satisfacer,
demostrando así que todavía faltaba mucho progreso
por hacerse y que, por lo tanto, un apoyo sin crítica al
régimen era más necesario que nunca.
Tal como Hansen escribió en esa época: "El
gobierno cubano todavía no ha instituído órganos
proletarios demócraticos del poder, tales como los consejos
de trabajadores, soldados y campesinos. Sin embargo, a medida
que se ha movido en dirección socialista, también
ha mostrado ser de tendencia democrática. No titubeó
en armar al pueblo y en formar una milicia armada. Ha garantizado
libertad de expresión a todos los grupos que apoyan la
revolución. En este respecto provee un contraste agradable
a otros estados no-capitalistas que se han contaminado con el
stalinismo.
"Si a la revolución cubana se le permitiera el
desarrollo libre, su tendencia democrática sin duda la
conduciría a la creación rápida de formas
proletarias democráticas adaptadas a las necesidades específicas
de Cuba. Por consiguiente, una de las razones más potentes
para apoyar a la revolución vigorosamente consiste en crear
las mejores condiciones para que esta tendencia llegue a operar
de manera debida". [4]
La realidad cubana era muy diferente al guión de película
romántica que Hansen pintaba. A los troskyistas cubanos,
por ejemplo, se les había reprimido implacablemente; sus
dirigentes habían sido encarcelados y su prensa destruída.
La isla por mucho tiempo ha tenido una de las mayores cifras de
presos políticos del mundo, muchos de éllos ex-compañeros
del Castro mismo en el Movimiento 26 de Julio.
Desde un punto de vista teórico, el aspecto más
ilusorio de la evaluación de Hansen fue su sugerencia que,
si al régimen de Castro se le presentara la oportunidad,
"éste instituiría órganos proletarios
democráticos del poder"; es decir, consejos obreros
o, para usar la palabra que se consagró durante la revolución
rusa, soviets.
Sin embargo, un régimen creado por pequeño-burgueses
nacionalistas no puede instituir u entregar tales órganos
de poder obrero desde arriba. Tales instituciones, sean creadas
por Castro, Gadaffi o Sadam Hussein no son más que decorados
de escenario que proveen cubierta a cualquier régimen de
naturaleza bonapartista. Sólo los trabajadores mismos pueden
formar consejos obreros genuinos o soviets para organizar a las
masas, derrocar el capitalismo y establecer un nuevo poder estatal
proletario.
Lenín y los bolsheviques no le entregaron los soviets
a los obreros después de la toma del poder. Más
bien dirigieron la lucha por el poder a través de estos
órganos que el proletariado ruso había creado por
sí mismo basándose en el desarrollo de su propia
lucha de clases y en el crecimiento de una conciencia política
clasista que la intervención prolongada de los marxistas
rusos había producido.
Los pablistas llegaron a la conclusión de que las nacionalizaciones
que Castro había llevado a cabo y su auto-proclamación
como marxista-leninista constituían una corroboración
de la Revolución Permanente.
En realidad, Cuba, como otros tantos paises oprimidos durante
las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial,
corroboró a la Revolución Permanente, pero de manera
negativa. Es decir, donde quiera que la clase obrera carecía
de partido revolucionario y era por lo tanto incapaz de darle
dirección a las masas oprimidas, representantes de la burguesía
nacional y los nacionalistas pequeño-burgueses podían
intervenir e imponer su propia solución. Nasser, Nehru,
Perón, Ben Bella, Sukharno, los Baatistas y, posteriormente,
los fundamentalistas de Irán y los sandinistas de Nicaragua,
todos fueron ejemplos de este proceso. Las nacionalizaciones se
implementaron en casi todos estos casos.
En un expediente que la Socialist Labor League (SLL) le envió
al SWP en 1961, los trotskyistas británicos perspicazmente
criticaron la adulación con que Hansen trataba a las dirigencias
nacionalistas pequeño-burguesas.
Declararon que "los trotskyistas no pueden asumir la responsabilidad
de promover la causa de estos líderes nacionalistas".
Estos líderes disponen del apoyo de las masas simplemente
porque la social-democracia y en particular el stalinismo han
traicionado la responsabilidad de crear una dirigencia revolucionaria.
Es de esta manera que se interponen entre el imperialismo y las
masas de trabajadores y campesinos y se convierten en mallas protectoras
del primero. La posibilidad de recibir asistencia de la Unión
Soviética a menudo los empuja a ser más militantes
en sus negociaciones con los imperialistas y hasta a veces hace
posible que los elementos más radicales entre los líderes
burgueses y pequeño-burgueses ataquen a la propiedad imperialista
y ganen así mayor apoyo de las masas. En todo caso, para
nosotros la cuestión fundamental consiste en que la clase
obrera de estos paises logre su independencia política
por medio de un partido marxista, dirija a los campesinos pobres
a formar soviets y reconozca las conexiones necesarias con la
revolución socialista internacional. Es nuestra opinión
que en ningún caso deben los trostskistas substituir a
esta perspectiva con las esperanzas de que la dirigencia nacionalista
se convierta en socialista.
Para aquellos que ya conocen la degeneración posterior
del Workers Revolutionary Party (WRP), el párrafo anterior
parece ser una denunciación directa a la línea que
Healy, Banda y Slaughter comenzarían a seguir, a penas
una década después, en relación a la OLP
y varios regímenes árabes. Esto solo demuestra la
perspicacia de nuestro análisis y el hecho de que el ataque
revisionista contra la Cuarta Internacional estaba arraigado en
fuerzas clasistas objetivas. Luego de abandonar la lucha contra
el pablismo, la dirigencia de la sección británica
estaba destinada a caer víctima de las mismas fuerzas clasistas
que habían destruído al SWP.
Proclamar a Cuba como estado obrero y a su revolución
como camino nuevo al socialismo verdaderamente significaba la
renuncia total a la perspectiva de la Revolución Permanente,
pues los obreros ya no tenían que ser la clase dirigente
en los paises en desarrollo. Ni tampoco era necesario luchar por
fomentar la conscientización socialista dentro de esta
clase. Toda esta labor ahora había sido reemplazada por
bandas de guerrilleros que, basándose en el campesinado,
podían lograr el socialismo sin--y a pesar de--los trabajadores.
Esto significaba el rechazo a los principios más fundamentales
del marxismo. A la lucha por el socialismo se le había
separado del proletariado. La liberación de la clase obrera
ya no era el deber de la clase obrera misma. Más bien ésta
se había convertido en espectador sordomudo de las acciones
heróicas de los guerrilleros.
Al considerar esta perspectiva, la base clasista de esta infatuación
perdurable que la izquierda pequeño-burguesa en general
le tiene a Fidel Castro se manifiesta de manera bien clara. Lo
que ven en Castro es la abilidad de la pequeña burguesía
en dominar a la clase obrera y jugar un papel aparentemente independiente.
Para ellos, Cuba comprobó que ni el intelectual izquierdista,
ni el estudiante radical y ni el manifestante de clase media tenía
que subordinarse a la clase obrera y a la difícil y prolongada
lucha por la conscientización socialista entre los trabajadores.
Podían revolucionar a la sociedad a través de su
propia actividad espontánea.
Al combatir este ataque revisionista contra el marxismo, la
SLL siguió la trayectoria de esta disputa sobre Cuba hasta
llegar a su metodología fundamental. Demostró que
el SWP se había suscrito a lo que Trotsky había
llamado "la adoración al hecho consumado". Es
decir, se había adaptado a la tan llamada realidad que
la estructura social en existencia ya tenía creado, a las
direcciones en vigor dentro de la clase obrera y a las formas
burguesas de concientización que prevalecen en capas amplias
de los trabajadores y oprimidos. A todo ésto se le aceptó
como si hubieran sido hechos objetivos y determinantes, totalmente
separados de la lucha conciente del partido proletario revolucionario.
El método del SWP consistía en contemplar estos
"hechos" pasivamente y, en búsqueda de todo lo
que resultara en el éxito político más expediente,
adaptarse a las dirigencias existentes. Llegaron, pues, a convertirse
en apologistas de estos líderes, justificando todas sus
acciones con el argumento de que bajo las circunstancias presentes,
¿qué otra cosa podrían haber hecho? Estas
"circunstancias", sin embargo, siempre excluyeron la
lucha conciente de los trotskyistas por mobilizar a la clase obrera
independientemente en base de su propio programa socialista e
internacionalista.
La SLL defendió las conquistas teóricas que el
movimiento trotskyista había logrado en su lucha contra
el stalinismo. Insistió que las experiencias estratégicas
de toda una época imperialista habían mostrado que
las dirigencias que no fueran obreras no podían completar
las luchas por liberar a los paises coloniales o ex-coloniales
de la opresión imperialista y del subdesarrollo.
A estas luchas sólo se le puede poner fin con la conquista
del poder por la clase obrera y por la extensión de la
revolución socialista a nivel mundial. El deber principal
que este análisis plantea es la construcción de
partidos revolucionarios independientes de la clase obrera que
se basan en la lucha contra todas las tendencias oportunistas,
en particular los stalinistas, quienes siempre han buscado la
manera de subordinar a la clase obrera al nacionalisno y a las
dirigencias nacionalistas.
El pablismo negó sobretodo que el éxito de la
revolución socialista requería el desarrollo de
un nivel alto de conciencia política socialista dentro
de las capas avanzadas de la clase obrera. Pero en las fantasías
de los pablistas, la conciencia política de los trabajadores
era digna de indiferencia. Si de alguna manera llegaron a considerar
que la clase obrera tenía cierta relación a la revolución
socialista, era sólo como fuerza objetiva para ser dirigida
y manipulada por otros.
La resolución preliminar de los pablistas después
de su reunificación con el SWP detalló las implicaciones
de las revisiones teóricas que habían desarrollado
sobre el problema de Cuba. Declaraba que "la debilidad del
enemigo en los paises en desarrollo ha abierto la posibilidad
de alcanzar el poder aún con un instrumento boto".
[6]. Es decir, estados obreros podían establecerse sin
siquiera construir partidos de la clase obrera.
En estos paises, y en particular en Latinoamérica, declararon
que las condiciones de enorme pobreza y la debilidad relativa
de las estructuras estatales burguesas "crean situaciones
en que el fracaso de una ola revolucionaria no conduce automáticamente
a la estabilización socio-económica relativa o aún
provisional. Una suceción aparentemente inagotable de luchas
de masas continúa
La debilidad del enemigo le ofrece
a la revolución mejores métodos para que ésta
se recupere de sus derrotas temporáneas que los que le
ofrece en los paises imperialistas mismos". [7]
Esta distorción de la teoría de la Revolución
Permanente de Trotsky no pudo ser más vulgar. Este había
mostrado que la debilidad de la burguesía en la Rusia tsarista
no existía dentro de un vacío infinito, pero en
relación a dos factores: el dominio imperialista por una
parte y por otra el poder objetivo de la pequeña pero concentrada
clase obrera rusa. La burguesía nunca fue débil
porque no podía acabar con, o controlar a, la democracia
pequeño-burguesa. Era débil porque se encaraba a
un proletariado joven dirigido por revolucionarios.
Los pablistas, sin embargo, habían rechazado el papel
del proletariado industrial y le había asignado el papel
revolucionario exactamente a semejantes fuerzas pequeño-burguesas.
Elaboraron su teoría de "instrumentos botos"
y de "luchas de masas inagotables" justamente antes
de que se diera una serie de golpes de estado con el apoyo de
los Estados Unidos, el primero de los cuales lo dirigió
el General Castelo Branco en Brasil. Estos golpes lanzarían
a Latinoamérica a una espantosa década de represión
cuyos garfios todavía se extienden por todo el continente.
Los pablistas no solo dejaron de cumplir con preparar a la
clase obrera para hacerle frente a estos acontecimientos, sino
que también asistieron a facilitar estos eventos mismos
al insistir que fuerzas no-obreras podían llevar a cabo
la revolución y al apoyar la perspectiva de Castro; es
decir, acciones armadas por bandas de guerrilleros.
El pablismo y la crisis de dirigencia revolucionaria
¿Por qué se convirtió el castrismo en
polo tan atractivo en Latinoamérica? Aunque las condiciones
intercontinentales para la guerra de guerrillas que Guevara planteó
se hayan mostrado falsas, existía una verdad incontrovertible
que todos los paises tenían en común. Las dirigencias
dominantes de la clase obrera, en particular los partidos comunistas
stalinistas, de ninguna manera ofrecían la menor visión
de como seguir adelante bajo condiciones de una crisis revolucionaria
que iba madurando rápidamente.
Ahí pues la "nueva realidad" que los pablistas
celebraban; es decir, la ascendencia de una tendencia radical
nacionalista encabezada por la pequeña-burguesía
(como lo era el castrismo) era fundamentalmente la crisis irresoluta
de la dirigencia revolucionaria dentro de la clase obrera misma.
Aún así, la presentaron como la solución
a dicha crisis, repudiando los objetivos estratégicos de
la Cuarta Internacional. Al abandonar una orientación independiente
hacia la clase obrera y la lucha por construir un partido capaz
de destruir el dominio de las burocracias, redujeron el papel
de la Cuarta Internacional al de asistir a los nacionalistas pequeño-burgueses
y a los stalinistas para poder influirlos y empujarlos hacia la
izquierda con métodos sutiles.
¿Cómo se llevó a cabo en la práctica
esta perspectiva? En 1968, los pablistas celebraron su 9no Congreso
inmediatamente después del fracaso de Guevara en Bolivia
y justamente antes de que se desencadenaran grandes luchas de
clase en Latinoamérica. Instruyeron a los partidos que
estaban afiliados al Secretariado Unificado a que abandonaran
a la clase obrera y participaran en la guerra de guerrillas.
Tal como declaró el documento del congreso: "Aún
en el caso de paises donde primero puedan ocurrir grandes mobilizaciones
de conflicto de las clases urbanas, la guerra civil asumirá
formas variadas en las cuales el eje principal, durante todo un
período, será la guerrilla rural, término
cuyo significado principal es de naturaleza militar-geográfica
y no significa una composición exclusiva o predominantemente
campesina". [8]
La resolución continúa: "La única
perspectiva realista para Latinoamérica es la de la lucha
armada, la cual puede durar muchos años. La preparación
técnica no puede considerarse como aspecto cualquiera de
toda la labor, sino como aspecto fundamental a nivel internacional
y como de los aspectos fundamentales en aquellos paises donde
las condiciones mínimas aún no existen". [9]
Instrucciones más explícitas no pudieron darse.
En caso de que alguien en las secciones latinoamericanas dudara
que el apoyo del campesinado fuera suficiente o que existieran
las condiciones políticas necesarias para fomentar una
rebelión, la resolución les aseguraba que el apoyo
del campesinado no era necesario y que en todo caso la situación
política no importaba. El único requisito era la
"preparación técnica" para la lucha armada.
El resultado fue la liquidación política y la
aniquilación física de los cuadros dirigidos por
los pablistas de Latinoamérica.
En Argentina, por ejemplo, la sección oficial del Secretariado
Unificado se reconstituyó como el ERP antes de su escisión
formal con los pablistas. Este grupo participó en los secuestros
de ejecutivos capitalistas a cambio de rescate monetario, simplemente
añadiendo demandas para aumentar los sueldos y mejorar
las condiciones de trabajo de los obreros.
¿Qué resultados produjeron estas acciones? A
los trabajadores esencialmente se les enseñó que
no era el papel de ellos entablar la lucha para ponerle fin al
capitalismo. Existían únicamente para ser espectadores
agradecidos, ya que los guerrilleros heróicos armados actuaban
en nombre de éllos.
En Chile, los trabajadores llevaron a cabo una ofensiva bien
sostenida, pero al fin y al cabo, fueron estrangulados por el
gobierno de Unidad Popular de Allende, cuya política le
abrió paso a la dictadura de Pinochet. En Argentina, el
"cordobazo" de 1969, por medio del cual los obreros
de Córdoba se apoderaron de la ciudad, inauguró
una ofensiva prolongada que los peronistas suprimieron y que la
dictadura de Videla luego aniquiló. En Bolivia, los mineros
se sublevaron una y otra vez sólo para que sus dirigentes
los subordinaran a una capa de militares aparentemente nacionalista
e izquierdista bajo el mando del General Torres. Como era de predecirse
Torres prontamente le cedió el poder a sus colegas más
tradicionales, quienes llevaron a cabo la represión despiadada
de los obreros bolivianos.
Con su orientación hacia el castrismo, los pablistas
habían abandonando tanto a la clase obrera como a la lucha
para liberarla del dominio de las burocracias antiguas. Presumieron
que Castro no sólo había comprobado la Revolución
Permanente, sino que también había rendido superflua
esta lucha tan primordial.
Hansen, como representasnte del SWP, planteó esta tesis
con su cinismo y patanería de costumbre, proclamando que
Castro había vencido el papel contrarrevolucionario del
stalinismo.
"Incapaz de reventar el obstáculo stalinista, la
revolución retrocedió bastante y se desvió.
El desvío nos ha conducido por un terreno bastante escabroso
que incluye la Sierra Maestra, pero es obvio que le están
saltando por encima a la muralla stalinista.
"Esta es la lección principal que se debe aprender
de la experiencia de Cuba. Para terminar una vez por todas con
la hipnosis del stalinismo, fue necesario gatear en cuatro patas
por las selvas de la Sierra Maestra". [10]
Esta conclusión contenía insinuaciones políticas
bien claras cuyo alcanze llegaba mucho más allá
de Cuba. Si a la "muralla stalinista" se le podía
fácilmente "esquivar" por medio de una guerra
de guerrillas dirigida por nacionalistas pequeño-burgueses,
la lucha difícil y prolongada que la Cuarta Internacional
había entablado para romper el nudo estrangulador con el
que el stalinismo dominaba a la clase obrera no sólo era
superflua sino contraproducente.
Esta perspectiva no resultó en la destrucción
del control que el stalinismo tenía sobre el movimiento
obrero en los paises oprimidos, particularmente en Latinoamérica,
sino en su fortalecimiento. Ayudó a desviar a toda una
generación de jóvenes latinoamericanos y a apartarlos
de toda lucha dentro de la clase obrera misma. La orientación
hacia el guerrillerismo representó una bonanza para los
stalinistas y otras dirigencias burocráticas. Aisló
a los elementos más revolucionarios de la juventud y a
una capa entera de trabajadores que se habían radicalizado,
reenvigorando de tal modo el control de la burocracia sobre el
movimiento obrero.
A fin de cuentas, la adaptación de los pablistas al
nacionalismo pequeño-burgués ayudó a asegurar
que la clase obrera no tuviera ninguna dirigencia revolucionaria
al entrar a las grandes luchas de clase hacia fines de los 1960
y a principios de los 1970. Las aventuras guerrilleras que éstos
fomentaron le dieron a los militares y al imperialismo el pretexto
para imponer la dictadura. Esta tendencia revisionista, pues,
jugó un papel importantísimo en la preparación
de las derrotas más sangrientas que los trabajadores de
latinoamérica jamás sufrieran.
Hoja de balance del guerrillerismo
¿Qué sucedió con los movimientos guevarista-castristas
que los revisionistas proclamaron como nuevos instrumentos de
la revolución socialista? Seguir la trayectoria de su evolución
concreta significa sacar a luz el carácter clasista de
estos movimientos desde su incepción.
El FALN de Venezuela fue de los principales movimientos durante
la década de los 1960. Se formó con apoyo cubano.
Citemos la declaración que hizo uno de los dirigentes de
este movimiento durante ese período.
"Cuando hablamos de la liberación de Venezuela
significamos la liberación de toda Latinoamérica;
nosotros no reconocemos fronteras en Latinoamérica. Nuestra
fronteras son fronteras ideológicas. Interpretamos la solidaridad
internacional de manera verdaderamente revolucionaria y por lo
tanto nos hemos comprometido a luchar, a luchar contra el imperialismo
hasta que éste no exista más. Estamos comprometidos
a no entregar nuestras armas hasta que el imperialismo, en particular
el norteamericano, se haya reducido a la impotencia". [Traducido
del inglés]
El autor de estas líneas fue Teodoro Petkoff, quien
no sólo terminó por entregar sus armas, sino que
desde aquel entonces se ha convertido el Ministro de Planificación
de Venezuela y es el funcionario principal responsable de hacer
cumplir los programs de austeridad del Fondo Internacional Monetario
(FIM). Si bien Petkoff antes proclamaba la solidaridad continental
y la lucha hasta la muerte contra el imperialismo yankee, ahora
colabora con la reducción despiadada de los salarios y
la conversión de enterpresas estatales en compañías
privadas con fin de competir éxitosamente, por medio de
inversiones multinacionales, con otras economías capitalistas
de la región. Se espera que Petkoff se convierta en el
candidato principal en las elecciones presidenciales venezolanas
de este año.
Su caso es típico. En Uruguay, los guerrilleros Tupamaros
ahora forman parte del Frente Amplio, frente electoral burgués
que gobierna sobre las condiciones sociales que se están
derrumbando en la ciudad de Montevideo. El movimiento M-19 llegó
a un acuerdo con el gobierno colombiano que no solo le aseguró
a sus dirigentes puestos en el parlamento, sino que también
le permitió a sus miembros canjear sus armas por préstamos
que financiaran sus pequeñas empresas.
¿Pero qué le sobrevino a todos estos movimientos?
Los Sandinistas, la FMLN en El Salvador, la URNG en Guatemala
todos formaron pactos con las mismas fuerzas responsables por
el asesinato de cientos de miles de trabajadores y campesinos.
Castro sirvió de mediador durante las negociaciones de
Contadora y Esquipulas, las cuales consolidaron el poder en manos
de facciones burguesas que tenían el respaldo de los Estados
Unidos, a la misma vez que convertía a los cuadros de los
tan llamados movimientos de liberación en diputados parlamentarios,
oficiales militares y policías de los regímenes
nuevos. Todos estos grupos se han dividido en varias facciones
y con gran justificación se acusan unos a otros de traiciones
políticas y de corrupción financiera.
Mientras tanto, las masas de la región sufren condiciones
de pobreza y opresión tan pésimas o peores que las
que dieron ímpetu a las convulsiones revolucionarias de
hace veinte años. El efecto total de estos movimientos
pequeño-burgueses nacionalistas que habían caído
bajo la influencia castrista fue el de sembrar la demoralización
en las capas más militantes entre los trabajadores, jóvenes,
y campesinos.
La Cuba de hoy
¿Y qué de la Cuba misma? ¿Cuál
fue el resultado final del nuevo camino al socialismo que tanto
el régimen castrista como los revisionistas pablistas proclamaron
hace treinta años?
Por treinta años la isla sobrevivió gracias a
las subvenciones enormes de la burocracia muscovita. Según
los simpatizantes de Castro y various cálculos estadounidenses,
las subvenciones económicas de la Unión Soviética
a Cuba llegaron a alcanzar un valor entre los $3 y $5 billones
de dólares anuales. El mecanismo de esta asistencia era
la compra, por parte del bloque soviético, de productos
agrícolas cubanos, principalmente el azúcar, a precios
más altos que los del mercado mundial--a veces hasta doce
veces más altos--y la venta del petróleo por debajo
de los precios del mercado. Basándose en este acuerdo,
Cuba llegó a comprar azúcar de su país vecino,
la República Dominicana, y re-vender el petróleo
en el mercado mundial para obtener moneda firme.
La dependencia sobre los subsidios soviéticos tuvieron
como consecuencia final la solidificación de la monocultura
del azúcar, que formara la base histórica de su
atraso y opresión. Igual que antes de la revolución
de 1959, las exportaciones cubanas, 83% de las cuales se enviaban
a la URSS y a la Europa Oriental, consistían de azúcar,
tabaco, níquel, mariscos y varias otras mercancías
agrícolas. Del bloque soviético Cuba importaba mercancías
manufacturadas para consumidores y maquinaria, para no mencionar
una gran porción de sus alimentos.
Ningún tipo de chapuseo o de cambios abruptos en la
política de la economía por el "líder
máximo" infalible de Fidel Castro cambió esta
relación fundamental. A fin de cuentas, las reformas substanciales
que el pueblo cubano había conseguido en las esferas de
la salud, la educación y la nutrición se mantuvieron
a través de estos subsidios. Ahora que el régimen
se orienta hacia las inversiones extranjeras directas, estas reformas
se están destruyendo sistemáticamente.
A cambio de los subsidios soviéticos, Castro entró
en un pacto faustino con la burocracia soviética por medio
del cual funcionaba como peón de ajedrez en las relaciones
entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Como
era inevitable, el diablo está tocando la puerta y quiere
cobrar.
La disolución de la URSS significó una catástrofe
económica para Cuba. La reacción del régimen
de Castro ha sido la de fomentar las inversiones extranjeras con
tal de que aumenten y permitir que se forme una estratificación
social que se va agrandando dentro de la Cuba misma.
En una entrevista con Granma, diario controlado por el estado,
Roberto Robaina, Ministro del Exterior, recientemente explicó
la política de Cuba: "Lo que se está dando
en Cuba es una apertura económica con garantías
completas para los inversionistas extranjeros...Esta apertura
es estratégica y se va ampliando y profundizando cada día.
"Mitsubishi Motors, Castrol, Unilever, Sherrit Gordon,
Grupo Sol, Total, Melia Hotels, Domos, ING Bank, Rolex, DHL, Lloyds,
Canon, Bayer. Los nombres de estas compañías significan
éxito en el mundo del comercio y se encuentran en Cuba.
Varias de estas compañías tienen el mayor capital
del mundo y nos han dado su confianza.
"La facilidad para invertir capital, la seguridad y el
respeto, las garantías que aseguran la repatriación
de las ganancias, la disponibilidad de un personal que goza de
capacitación excelente, la adaptación, el deseo
de superarse, la seriedad en las negociaciones y la lealtad a
sus socios cubanos representan varias de las cualidades que aprecian
aquellos que han decidido enlazarse con Cuba"...[11]
Aunque no lo declaró directamente en Granma, el punto
que sin duda le enfatizó en privado a estos inversionistas
es que en Cuba pueden contar con dos factores: una de las manos
de obra más baratas del hemisferio y la garantía
de un ambiente libre de huelgas impuesto por el régimen
policiaco que los stalinistas han capacitado.
El régimen de Castro habitualmente declara que ha buscado
las inversiones extranjeras capitalistas con fin de salvar "las
conquistas sociales" de la revolución cubana, pero
la realidad es que el régimen, como todo régimen
burgués del mundo ex-colonial, participa en la mercadería
de la mano de obra barata a las enterpresas multinacionales.
En el caso de Cuba, ésto se lleva a cabo de manera extremadamente
directa y centralizada. La mano de obra cubana se contrata a las
corporaciones extranjeras a cambio de moneda firme que se le paga
directamente al gobierno cubano. El gobierno emplea a los trabajadores
necesarios y les paga una fracción de esa cantidad con
pesos, la moneda nacional. Las compañías extranjeras
retienen el derecho absoluto de despedir a los trabajadores de
sus empleos.
La creciente economía basada en el dólar fomenta
el desarrollo de la desigualdad social. La mayor fuente de reservas
extranjeras es el dinero en efectivo que los exilados, quienes
en su gran mayoría viven en los Estados Unidos, le envían
a sus parientes en Cuba. ¿Qué se puede decir de
una "revolución" que depende económicamente
de aquellos que recientemente había denunciado como "gusanos"
contrarrevolucionarios?
Otros tipos de monedas firmes se filtran a través del
crecimiento de la industria turística, la cual el régimen
de Castro ha convertido en la piedra angular de su planificación
ecónomica. El resultado ha sido lo que varias fuentes en
el país han descrito como apartheid turístico. Se
han construido tiendas, hoteles, restaurantes nuevos cuyas puertas
están abiertas única y exclusivamente a los extranjeros.
A los cubanos no se les permite entrada. La prostitución
se ha desencadenado. La inmensa mayoría de la población
vive bajo condiciones de pobreza.
Según el régimen de Castro, la culpa de todos
estos problemas económicos la tiene el embargo que los
Estados Unidos le impuso a la isla. No cabe duda que la política
estadounidense es cruelísima y carente de toda lógica
por parte del poder imperialista contra una nación pequeña
y oprimida. Pero esta política ha estado en vigencia por
treinta y cinco años. Durante este período, Cuba
ha tenido relaciones con casi todos los otros países mayores
del mundo.
Fundamentalmente, la crisis de Cuba es resultado del carácter
burgués de la revolución misma. Esta no ha podido
resolver ninguno de los problemas históricos de la sociedad
cubana. Es más, fueron los enormes subsidios de la burocracia
soviética que ayudaron a esconder las contradicciones.
Pocos paises han sufrido un éxodo de refugiados tan
enorme. Durante los primeros años de la revolución,
éstos provenían, en su gran mayoría, de la
burguesía y las capas más privilegiadas de la clase
media. Pero aquellos que se escaparon en balsas y tubos de llanta
inflados durante las décadas de los 1980 y 1990 han sido
motivados por la misma condición que impulsó a miles
a escapar de Haití, México y otros paises: el deseo
de escapar del hambre y la opresión.
Estas son las bases sobre las cuales se apoya un régimen
que ahoga las aspiraciones de las masas el pueblo trabajador cubano.
Castro gobierna a través de una dictadura política
organizada a lo militar. Las fuerzas armadas son la institución
principal del estado y dirigen la mayoría de las enterpresas
financieras del país.
La constitución cubana ha consagrado a Castro como presidente
vitalicio. Por consiguiente, oponérsele significa no sólo
ser "contrarrevolucionario", sino también anti-constitucionalista.
El es, en partes iguales, jefe de estado y jefe del gobierno,
así como también Primer Secretario del Partido Comunista
y Jefe Supremo de las fuerzas armadas. En resumen, todo poder
se concentra en sus manos y él impone su estampa personal
a toda decisión importante. Ahora que ya Castro pasa de
los setenta años, la suceción se está convirtiendo
rápidamente en problema urgente. Su hermano Raúl
ocupa todos los puestos secundarios del gobierno, las fuerzas
militares y el partido.
La identificación de Cuba con el socialismo--idea fomentada
tanto por los imperialistas como por el régimen castrista
y sus partidiarios--ha tenido el efecto de desacreditar el concepto
de una alternativa socialista al capitalismo, especialmente en
Latinoamérica.
En resumen
La Primera Internacional bajo Marx adoptó el lema de
que "la liberación de los obreros debe ser la responsabilidad
de ellos mismos". Es decir, a fin de cuentas, el socialismo
significaba la auto-determinación de la clase obrera. Ninguna
otra fuerza clasista, actuando en nombre de la clase obrera, podía
otorgarle esta auto-determinación o ganarla en nombre de
ella. Esta tendría que ser única y exclusivamente
el resultado de la lucha conciente de la clase obrera, organizada
democráticamente como clase que lucha por sus propios intereses
y por transformar a la sociedad en nombre suyo y de toda la humanidad.
El Comité Internacional defendió esta perspectiva
contra todas las teorías de última moda en las décadas
de los 1960 y los 1970 que rechazaban a la clase obrera y la vez
declaraban que habían descubierto otros vehículos
más revolucionarios que proveían atajos al socialismo.
Treinta y pico de años luego, de estas teorías no
queda nada. La historia ha vindicado despiadadamente la lucha
llevada a cabo por el CICI.
Deberíamos recordar las palabras de Joseph Hansen en
relación a la lucha intransigente del Comité Internacional
y su negativa en postrarse ante el castrismo. Dicho punto de vista,
advirtió este señor, sería "suicidio
político en Latinoamérica". Pero, ¿qué
fue lo que en realidad ocurrió? El revisionismo pablista
y su apoyo al castrismo ayudó a conducir a toda una generación
de jóvenes radicalizados a participar en aventuras suicidas
por las cuales la clase obrera pagó el precio mayor.
¿Cuál hubiera sido el resultado si, en vez de
adaptarse al castrismo, las fuerzas que cayeron bajo la influencia
de los pablistas hubieran sometido al nacionalismo pequeño-burgués
a una crítica implacable?
Seguramente el resultado podría haber consistido en
un aislamiento temporáneo, por lo menos de aquellos movimientos
dominados por la pequeña burguesía. Pero en el proceso
habrían educado a las capas más avanzadas de los
trabajadores y la juventud. A través de esta lucha, se
podría haber preparado una dirigencia capaz de mobilizar
a la clase obrera en lucha revolucionaria. En lugar de caer bajo
el dominio de dictaduras militares que contribuyeron a reestablecer
temporáneamente el capitalismo mundial, Latinoamérica
podría haberle dado un poderoso ímpetu a la revolución
mundial socialista.
Las leccions fundamentales que debemos aprender de esta experiencia
estratégica tienen que ver mucho con la responsabilidad
de crítica de los marxistas, la cual no consiste en descubrir
y adaptarse a otras fuerzas que espontáneamente lleven
a cabo la revolución socialista, sino en construir partidos
revolucionarios independientes de la clase obrera que pertenezcan
al Comité Internacional de la Cuarta Internacional, partidos
que se basen en una firmeza teórica e implacable y le digan
la verdad a la clase obrera.
Las condiciones objetivas en Latinoamérica y a nivel
internacional están madurando hasta tal punto que la lucha
que el movimiento trotskyista ha emprendido se cruzará
con el movimiento revolucionario de millones. Las lecciones que
este movimiento ha asimilado de la lucha por el socialismo durante
el Siglo XX serán decisivas para su realización
en el XXI.
1. Leon Trotsky, Writings of Leon Trotsky,
1939-40 (New York: Pathfinder Press, 1973), p. 202.
2. Documents of the Fourth International: The Formative Years,
1933-40 (New York: Pathfinder Press, 1973), p. 394.
3. Ernesto Che Guevara, La Guerra de Guerrillas (La Habana:
Talleres de INRA, 1961).
4. Joseph Hansen, Dynamics of the Cuban Revolution: The Trotskyist
View (New York: Pathfinder Press, 1978), p. 75.
5. Cliff Slaughter, ed., Trotskyism Versus Revisionism: A Documentary
History, vol. 3, The Socialist Workers Party's Road Back to Pabloism
(London: New Park Publications, 1974), p. 65.
6. Ibid., vol. 4, The International Committee Against Liquidationism,
p. 199.
7. Ibid.
8. United Secretariat 9th Congress documents.
9. Ibid.
10. Joseph Hansen, Dynamics of the Cuban Revolution: The Trotskyist
View (New York: Pathfinder Press, 1978), p. 265.
11. Granma, 16 November 1994.
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