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Nubes de tormenta amenaza a la economía mundial
Por Nick Beams
26 Mayo 2005
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el autor
La versión original en inglés de este artículo
apareció en nuestro sitio por primera vez el 17 de mayo,
2005.
Aunque el prognóstico oficial todavía indica
que la economía va a mejorar enormemente, varias nubes
han aparecido y amenazan a la economía mundial con una
tormenta: la recesióno casi recesiónen
varios países de la zona europea; dudas acerca a la trayectoria
de la economía estadounidense; y los temores que los mercados
financieros podrían sufrir tremenda sacudida si los fondos
protectores comienzan a entrar en dificultades.
El fracaso continuo de la zona europea en estimular la expansión
mundial fue puesto en relieve cuando se publicaron nuevos datos
sobre Italia y Francia la semana pasada. Italia ahora ha entrado
oficialmente en la recesión; estadísticas muestran
que el Producto Interno Bruto (PBI) del país disminuyó
un 0.5% durante el primer trimestre del año, luego de una
disminución en un 0.4% durante los tres meses anteriores.
La baja es de las más profundas que un país de la
zona europea haya sufrido desde la introducción de la moneda
común en 1999.
Puede que Francia siga el mismo rumbo. Hasta ahora ha sido
una de las economías más fuertes de la zona europea,
pero las últimas estadísticas indican que la producción
de las fábricas han sufrido una caída en un 0.3%
durante los tres primeros meses del año, con una caída
de 0.9% entre febrero y mayo. Pero aunque ahora Italia comparte
la recesión con Holanda, la zona europea por lo general
todavía sigue expandiéndose. El PBI general aumentó
en un 0.5% durante el primer trimestre del año luego de
un aumento de 0.2% durante los tres meses previos. Pero debido
al impacto de los de precios más altos del petróleo
y del aumento del valor del euro en términos del dólar
que se dió el año pasado, se teme que esta dirección
pronto entre en reversa.
Al otro lado del Atlántico, la economía de Estados
Unidos comienza a detenerse. Hay advertencias que ha entrado en
"terreno movedizo". El mes pasado, la Oficina de Análisis
Económico reportó que la tasa anual del PBI real
aumentó en un 3.1% durante el primer trimestre, lo cual
representa una baja de 3.8% durante el último trimestre
del 2004.
Estas cifras muestran que el sector privado ahora tiene 22,000
empleos menos que cuando empezara la recesión en marzo
del 2001. También muestran que los salarios reales han
disminuído durante los últimos seis meses. Desde
el comienzo de la recuperación durante el cuarto trimestre,
los ingresos provenientes de los sueldos y salarios privados reales
sólo han aumentado en un 5.3%. Como señalara el
Instituto sobre la Política de la Economía, el aumento
promedio para todas las recuperaciones económicas que duraron
11 trimestres o más desde el 1947 al 1982 es en el 18.3%.
Hasta durante la "recuperación sin empleos adicionales"
a principios de la década de los 90, los salarios aumentaron
en un 8.1%. Estas estadísticas indican que puede que la
economía de Estados Unidos, lejos de recuperarse, haya
entrado en un período de estancamiento prolongado.
Es una recuperación muy diferente a las anteriores,
pues no se basa en el aumento de las inversiones comerciales,
ni en la expansión del consumerismo, las cuales reciben
su ímpetu de la expansión de los empleos y el aumento
de los salarios. Más bien se basa en las tasas de interés,
que son las más bajas de la historia, y en una expansión
correspondiente de la deuda.
En los cuatro años del 200 al 2004, la tasa anual de
las hipotecas de los hogares aumentó de $386.300.000.000
(billones) a $884.900.000.000 (billones). Al mismo tiempo, comparado
con el PBI, que apenas llegara a los $1.900.000.000.000 (trillones),el
crédito subió a casi $10.000.000.000.000 (trillones)
durante el mismo período. Es decir, esta es una experiencia
muy diferente a los cambios que se dieron durante los ciclos comerciales
después de la Segunda Guerra Mundial, pues es el aumento
de la deuda que ha sido factor principal para sostener la etapa
actual de recuperación en Estados Unidos.
Tal vez el síntoma más evidente del verdadero
estado de la economía de Estados Unidos fue la decisión
de Standard & Poor de rebajar las deudas de General
Motors y la Ford a categoría de "bonos de basura".
Estas bajas equivalen a una deuda total de $453.000.000.000 para
la GM y $196.000.000.000 para la Ford, lo cual representa una
cantidad mayor que el PBI de varios países y equivale a
aproximadamente tres cuartos del PIB de un país capitalista
mediano como Australia.
En un comentario sobre las rebajas, la revista Economist
puntualizó que en los mercados donde se comercian los incumplimientos
de pago, en los cuales se compra y se vende la protección
en caso de incumplimiento, hay una "probabilidad acumulada"
de 63% que GM se va declarar incapaz de pagar sus deudas. La probabilidad
de lo mismo con la GMAC y la Ford es de 52% y 42%, respectivamente.
"Esto no significa que las compañías van a
declarse en incumplimiento, pero sí sugiere que la gente
lo considera un riesgo bastante serio como para pagar por la protección".
Aunque esta rebaja ya se esperaba ampliamente, ésta
no obstante ha sacudido los mercados financieros, y sobretodo
ha enfocado el papel que juegan los fondos protectores, varios
de los cuales entraron en camisas de once varas debido a la decisión.
Tal como notara el Financial Times en uno de sus editoriales
del 12 de mayo, aunque "no existe ninguna evidencia que los
fondos protectores se enfrentan a una crisis de liquidez, las
ansiedades del mercado debido a su vulnerabilidad potencial revela
la susceptibilidad de estos sofisticados medios para las inversiones".
"Durante los últimos años," continúa
el artículo, "los fondos protectores se han convertido
en elementos tan enormes y fundamentales del sistema financiero
mundial que los reguladores todavía no entienden muy bien
ni sus vulnerabilidades ni las estrategias inversionistas en que
se basan. Los fondos protectores por lo regular constan de un
25% a un 33% del volumen del capital social que se comercia en
Nueva York y Londres. Se han convertido entre los clientes más
beneficiosos para los bancos inversionistas". La creciente
importancia de los fondos protectores en el sistema financiero
mundial y el peligro potencial inherentes en ellos fue el tema
de un importante discurso el mes pasado por Timothy Geithner,
presidente del Banco de Reservas Federal de Nueva York.
Dirigiendo sus palabras a la Asociación del Mercado
de Obligaciones de Renta Fija, puntualizó que aunque el
sistema financiero de Estados Unidos parecía menos vulnerable
y mejor capacitado para absorber las sacudidas que en el pasado,
"cambios en la estructura del sistema financiero y un aumento
en la complejidad de los productos podrían crear una crisis
mucho más difícil de manejar y que posiblemente
cause mayor daño".
Según Geithner, aunque la probabilidad de una crisis
mayor causada por el fracaso de una institución principal
es menos, el daño relacionado con semejante suceso podría
ser peor que en el pasado.
"El enorme aumento en la importancia que los fondos protectores
juegan en nuestro sistema financiero también complica la
manera en que se manejan los riesgos. Aunque los fondos protectores
ayudan a mejorar la eficiencia de nuestro sistema y también
contribuyen, a lo largo, a una estabilidad mayor (debido a que
absorben los riesgos que otras instituciones no pueden absorber),
pueden introducir cierta ansiedad en la dinámica del mercado
durante situaciones tensas".
"El rápido desarrollo de medios para la transferencia
de los riesgos, más recientemente en los ámbitos
del crédito, ha producido un gran universo en que domina
la vulnerabilidad de los productos complejos, cuya futura valoración
es incierta y difícil de servir como ejemplo. Los beneficios
de estas innovaciones, diseñadas a reducir los riesgos
para instituciones individuales y para el sistema en general,
son enormes, pero hasta cierto punto estos beneficios se definen
porque nuestro conocimiento en cuanto se van a comportar en una
situación donde reina la ansiedad es limitado".
Es decir, nadie realmente sabe como los mercados financieros
van a funcionar en reacción a una crisis mayor. En septiembre,
1998, cuando la compañía Long Term Capital Management
[Gerencia para el Capital a Largo Plazo] se derrumbó, el
Banco Federal de Reservas organizó una intervención
a un costo de $3.000.000.000 [billones] para prevenir una crisis
financiera mundial. Durante los seis años y medio que han
transcurrido desde ese entonces, los bancos han llegado a depender
cada vez más de los beneficios (ganancias) de dichos fondos
protectores y el sistema financiero mundial se ha hecho más
complejo con el desarrollo de nuevos medios financieros cuyo objetivo
es la reducción de los riesgos.
En teoría, estos medios deberían proveer mayor
estabilidad, pues le permiten a ciertos inversionistas disminuir
el riesgo de sus portofolios y a otros a aumentar los suyos, si
es que creen que los beneficios lo justifica. Pero semejante equilibrio
no siempre va a ocurrir.
Como notara el columista del Financial Times, Philip
Coggan, en un artículo el sábado pasado, el colapso
de un fondo protector causaría que varios inversionistas
institucionales sufran ciertas pérdidas en sus portofolios,
pero ello no constituiría un desastre. "Pero un problema
podría surgir si cierta cantidad de fondos protectores
adoptaran la misma estrategia y los escritorios comerciales de
los bancos inversionistas los respaldaran. Eso resultaría
en que todo el mundo abandone su puesto a la misma vez y salga
disparado como una bala por la salida".
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