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¡Repudiar los ataques contra el Partido Socialista por la Igualdad en Alemania!

Por Peter Schwarz
30 Abril 2012

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El asalto a tres reuniones del Partido Socialista por la Igualdad en Alemania (Partei für Soziale Gleichheit-PSG) en defensa de Günter Grass encarna una enorme intensificación de la ofensiva contra los derechos democráticos. Es un deber imperioso oponerse a, y rechazar, tales ataques.

El PSG llevó a cabo esas juntas para contrarrestar la embestida sin precedentes contra Grass, escritor de 84 años de edad y ganador del premio Nobel de Literatura de 1999. Desde que advirtió en su poema "Lo que debe ser dicho" sobre el hecho indiscutible de que Israel - potencia nuclear - está preparando una guerra contra Irán, Grass ha encarado una campaña de calumnioso desprestigio. Sus declaraciones se distorsionan. Su biografía se falsifica. En contra suyo ninguna acusación es demasiada monstruosa y ningún insulto demasiado encenagado.

Pendencieros derechistas proisrael han intentado bloquear reuniones del PSG - colaborando en forma estrecha con las autoridades gubernamentales y universitarias - han tratado de bloquear las reuniones del PSG. Sus ataques son cada vez más intensos.

El viernes 20 de abril, un grupo de provocadores en vano pretendió clausurar una reunión del PSG en Fráncfort. Ocupó el hueco de la escalera delante del cuarto de juntas, hostigado y amenazado a los asistentes; también desplegó banderas israelíes y estadounidenses.

El lunes siguiente, administradores de la Universidad Técnica de Berlín cancelaron el uso de una sala de reuniones a último minuto. Según uno de ellos, esta decisión se tomó en función de "la relación con los representantes del Estado de Israel", señal inequívoca de que la universidad estaba bajo presión política. Al intentar el PSG mudar la conferencia a otro lugar, la policía intervino y puso presión sobre la gerenta para que también ella retirara su permiso. La reunión finalmente se llevó a cabo en otro café cercano.

El martes docenas de provocadores de derecha asaltaron una reunión de PSG en la Universidad de Leipzig. Denunciaron a Günter Grass, hostigaron a delegados de seguridad del PSG y amenazaron a un representante directivo del PSG, con un piolet (herramienta alpinista - el arma homicida utilizada en el asesinato de León Trotsky). Cuando se les negó acceso a la reunión, bloquearon la entrada a la sala y celebraron su propia reunión en el hueco de la escalera, completo con megáfono y banderas israelíes.

Dos representantes del consejo estudiantil de la universidad entonces aparecieron no para demandar que se vayan los que se manifestaban sin autorización, sino para cerrar la conferencia, debidamente autorizada, en defensa de Günter Grass. Según ellos, dada la naturaleza pública de la reunión, había que permitir entrada a los perturbadores; bien sabían que ninguna junta pública está obligada a dejar entrar a grupos organizado que amenazan usar violencia con la intención declarada de interrumpir la función.

La importancia política de esta ofensiva sincrónica contra tres juntas del PSG y de su organización estudiantil, ISSE, que ocurrió en el espacio de cinco días no puede ser más clara. Confirma que la arremetida contra Grass fue organizada por los medios de comunicación y en la cúpula del gobierno. Tiene el fin de intimidar y silenciar cualquier oposición a la reactivación del militarismo belicoso.

Durante años uno de los propósitos del gobierno alemán ha sido encontrar la manera de vencer una extensa oposición popular al militarismo y a la guerra a causa de la cual, hasta ahora, Berlín, se sintió incapaz de participar directamente en las guerras actuales Incluyendo a la guerra contra Libia. Ahora intenta manejar una sucia campaña de desprestigio para llevar a cabo una transformación. La clase gobernante no tiene la menor intención de permanecer al margen de futuras guerras en el Medio Oriente.

Impresiona el cinismo que rodea la acusación de antisemitismo lanzada contra Günter Grass. En un artículo titulado "El antisemitismo procura asomarse", el editor de Die Zeit, Josef Joffe vincula a Grass con los peores antisemitas. Esa misma histeria se podía ver en otros periódicos importantes, por no hablar de los diarios de escándalo. Sin embargo, todo el mundo sabe que, tras la Segunda Guerra Mundial, la clase dominante alemana protegió cientos de miles de nazis e incluso nombró a uno al puesto de canciller.

No es por casualidad que Günter Grass es hoy el blanco de una campaña de desprestigio. Él es el más grande escritor alemán viviente, un autor que ha dedicado toda su vida literaria a encarar la dictadura nazi. Si lograran desacreditarlo y silenciarlo, calculan que entonces nadie más se atrevería a rebelarse. Si se consiguiera difamar a Grass, el escritor alemán más famoso, uno sólo se puede imaginar las amenazas que enfrentarían los que no son tan famosos.

Los ataques a la reuniones del PSG ocurren a poco del maltrato de Günter Grass. Tienen que silenciar al PSG a causa de que este partido ha lanzado una campaña pública en defensa de Grass.

La estrecha coordinación de los ataques en Fráncfort, Berlín y Leipzig, así como la colaboración de los provocadores de extrema derecha, la policía y las autoridades de cada universidad dejan en claro que la cúpula gobernante es la que está detrás de todo esto. Todos los ataques parten de un guión común que consiste de provocaciones derechistas para desbaratar actos organizados por organizaciones de trabajadores de izquierda. Antes de 1933, ésa era una práctica común en Alemania.

La corriente de los "antialemanes", de cuyas filas vinieron los provocadores de Fráncfort y Leipzig, es una fuerza política reaccionaria que mantiene estrechas relaciones con las élites gobernantes de Israel y Alemania. Para ésta, la clase obrera alemana es reaccionaria; incluso ha defendido públicamente el bombardeo incendiario de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial, donde murieron decenas de miles de inocentes. Los antialemanes son expertos en usar la falsa acusación de antisemitismo para justificar los peores crímenes del imperialismo. Para ellos el islamismo es una nueva forma de fascismo. Apoyan a las guerras contra Afganistán e Irak; e Inclusive rechazan las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos basándose en que "no se pueden hacer concesiones a un colectivo nacionalista-islamista que odia a los judíos - como son los mal llamados palestinos - presa de esa manía destructiva."

Joffe, editor de semanario Die Zeit [El Tiempo], también se especializa en la propaganda imperialista. Mantiene estrechos vínculos con los neoconservadores estadounidenses; hizo campaña en 2003 a favor de la guerra de Irak y difundió la mentira sobre supuestas armas iraquíes de destrucción masiva.

El intento de silenciar a Günter Grass y de impedir las juntas de la PSG trae a la memoria el capítulo más tenebroso de la historia alemana. La supresión de los que se oponían a la guerra en la República de Weimar [1918-1933] ayudó a allanar para Hitler el camino del poder. Así se condenó a la cárcel por espionaje en 1931 al editor pacifista del semanario Weltbühne [Escenario Mundial], Carl von Ossietzky, por revelar públicamente el rearme ilegal del Reichswehr ['Defensa Imperial'], el ejército alemán de entonces. Después de tomar el poder, los nazis lo enviaron a un campo de concentración, donde murió a causa de la tortura, el hambre y el trabajo forzado.

Los ataques contra el PSG son un ataque contra los derechos democráticos básicos de todos.¡Hay que repudiarlos! Vamos a intensificar la campaña en defensa de Günter Grass. Invocamos a todos los lectores del WSWS a apoyar la lucha del PSG en defensa de sus derechos básicos.

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