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Nuevas pruebas de que la invasión estadounidense de
Iraq ha provocado una epidemia de malformaciones congénitas
Por Fred Mazelis
15 Noviembre 2012
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el autor
Un nuevo estudio confirma, y no es el primero en así
señalarlo, el horrendo precio que el pueblo iraquí
está pagando por la invasión de su país que
EEUU encabezó en 2003 y, en particular, por la campaña
de bombardeos y ataques de 2004 contra Faluya.
Ocho años después de los ataques contra Faluya,
una ciudad de población mayoritariamente sunní ubicada
a unos sesenta y cuatro kilómetros al oeste de Bagdad,
donde la resistencia ante la invasión fue más tenaz,
continúan desplegándose las consecuencias de un
castigo colectivo absolutamente ilegal ante el Derecho Internacional.
Un estudio publicado en el Bulletin of Environmental Contamination
and Toxicology se centra en una insólita epidemia de
malformaciones congénitas aparecida en las ciudades iraquíes
a lo largo de la última década, especialmente en
Faluya y en la ciudad sureña de Basora, que en 2003 sufrió
los ataques de las tropas británicas.
Este estudio ha aparecido solo un mes antes de una investigación
más amplia que está a punto de publicar la Organización
Mundial de la Salud (OMS). El informe de la OMS ha estado observando
nueve zonas en Iraq y se teme que también muestre aumentos
en los nacidos con malformaciones congénitas.
Como resumía el periódico británico The
Independent, el primero de los estudios, titulado Metal
Contamination and the Epidemic of Congenital Birth Defects in
Iraqi Cities, publicado en Internet el 16 de septiembre,
establece con exactitud las estadísticas de Faluya y Basora,
a lo que se une una crisis de la sanidad pública que es
de las más graves del mundo.
Más del 50% de todos los nacimientos investigados en
Faluya presentaron malformaciones congénitas entre 2007
y 2010, explica el periódico. Durante la década
de los noventa, Faluya tuvo una tasa de malformaciones del 2%.
Esta cifra aumentó hasta el 10% en los primeros años
del siglo XXI, estallando en los años siguientes tras el
asedio de Faluya en 2004.
Los datos sobre abortos espontáneos son también
significativos. Antes de los ataques de 2004 contra Faluya, que
se produjeron en abril y en noviembre-diciembre de ese año,
alrededor del 10% de los embarazos terminaron en aborto espontáneo.
Esta cifra subió hasta una tasa del 45% en los dos años
posteriores a los bombardeos. Cayó algo cuando los ataques
más terribles decrecieron, pero la tasa sigue siendo aún
alta, un aborto de cada seis embarazos.
En Basora, atacada por las tropas británicas que formaban
parte de la invasión encabezada por EEUU, los datos son
también inquietantes. El Hospital de la Maternidad de Basora
había documentado malformaciones genéticas en solo
1,3 de cada 1.000 bebés nacidos una década antes
de los ataques de 2003. Esta cifra había aumentado hasta
el 20 por cada mil bebés, diecisiete veces más,
que puede atribuirse con muy alta probabilidad a la larga década
de la campaña de sanciones auspiciada por EEUU. En los
últimos siete años, la tasa de malformaciones congénitas
ha aumentado en otro 60%, hasta llegar al 37 por mil.
Uno de los autores del artículo, Mozhgan Savabieasfahani,
toxicóloga medioambiental en la Escuela de Sanidad Pública
de la Universidad de Michigan, le comentó a The Independent
la importancia del estudio. Las malformaciones genéticas
tienen que ver casi siempre con una exposición a metales
como consecuencia de las bombas y balas utilizadas durante las
últimas dos décadas. Los niveles de plomo eran cinco
veces más altos en el pelo de los niños con malformaciones
genéticas de Faluya que en el resto de los niños,
y los niveles de mercurio eran seis veces más altos.
La Dra. Savabieasfahani dijo que hay huellas de metales
en la población y que existen pruebas de peso
que vinculan los escalofriantes niveles alcanzados por las malformaciones
genéticas en Iraq con la contaminación de metales
neurotóxicos aparecida tras los repetidos bombardeos de
las ciudades iraquíes.
La exposición del útero a los contaminantes
puede cambiar drásticamente el resultado de un embarazo
que, de no haber sido por esos elementos, hubiera acabado de forma
normal, continuó la doctora. Los niveles de
metales que vimos en los niños de Faluya que presentaban
malformaciones congénitas indican claramente que los metales
tenían que ver con la aparición de esas malformaciones
en esos niños. Los repetidos bombardeos masivos de esas
ciudades aparecen ahí claramente implicados. Añadió
que probablemente los datos eran a la baja, ya que los padres
a menudo esconden a los niños con defectos de nacimiento.
Un profesor de toxicología medioambiental de la Universidad
de Leeds, en Gran Bretaña, Alastair Hay, declaró
a The Independent que las cifras que aparecían en
el estudio eran absolutamente insólitas y que
la gente aquí estaría preocupada si el incremento
fuera de un cinco o un diez por cien [en las malformaciones genéticas].
El Profesor Hay dijo que había otro factor, además
del aumento en la exposición a metales, el estrés
inmenso sufrido por la gente a lo largo de ese período;
sabemos que esto puede causar cambios fisiológicos importantes.
Los portavoces oficiales tanto del Departamento de Defensa
de EEUU como del gobierno británico respondieron a los
últimos hallazgos con declaraciones que no suponen más
que un intento de evadir la realidad y el doble discurso habitual.
El Pentágono afirmó: No nos consta de que
haya ningún informe oficial que indique un aumento en las
malformaciones congénitas en Basora y Faluya que pueda
estar relacionado con la exposición a los metales que contenían
las municiones utilizadas por EEUU o sus socios en la coalición.
Siempre nos tomamos muy en serio las preocupaciones por la salud
pública de cualquier población que viva en un escenario
de combate.
Los estudios en curso sobre salud pública muestran los
límites de la campaña de conmoción
y pavor lanzada a bombo y platillo por la administración
Bush y continuada con menor fanfarria por su sucesor. La supremacía
militar del imperialismo estadounidense no puede resolver su creciente
crisis. Se ha desplegado en una lucha desesperada para apropiarse
del petróleo y otros recursos naturales, así como
para conseguir ventajas geopolíticas frente a sus rivales.
Aunque el establishment político trata de olvidar
la aventura iraquí y el ala liberal de ese establishment
alaba a Obama por sacar a EEUU de ese país, el legado
de los crímenes de guerra perpetrados bajo ambos partidos
seguirá saliendo a la luz aunque estén ya embarcados
en nuevas guerras y nuevos crímenes.
El autor recomienda también la lectura de: Cancer
rate in Fallujah worse than Hiroshima [23 julio 2010]; y esta
traductora: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109270
y Sharp rise in birth defects in Iraqi city destroyed by the US
military [17 noviembre 2009]
Traducido
del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.
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