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Detroit en quiebra: el camino a la dictadura

Por Andre Damon y Barry Grey
08 Agosto 2013

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Este artículo apareció originalmente en inglés en nuestro sitio el 2 de agosto, 2013.

Los medios de prensa mencionan que la bancarrota de Detroit puede ser el modelo para que funcionarios no elegidos y las reducciones de bancarrota destruyan acuerdos e impongan recortes radicales a las pensiones y beneficios de salud de los empleados públicos, no sólo en Detroit, sino en ciudades por todo el país.

El gobierno de Obama ha rechazado toda ayuda federal para aliviar la crisis financiera de Detroit y contrarrestar los esfuerzos de funcionarios del estado y de la ciudad, frente a los bancos y tenedores de bonos, para valerse de la bancarrota con tal de destruir los beneficios de los trabajadores. Esto deja claro que la quiebra de Detroit es parte de una política nacional mayor, coordinada desde la Casa Blanca.

El ataque contra los trabajadores públicos viene acompañado cada vez más por alegatos que afirman que la crisis de Detroit muestra la inviabilidad de los procedimientos democráticos, incluyendo las elecciones. El colapso financiero de la ciudad que fuera el centro mundial de la producción automotriz no es, de acuerdo a varios comentaristas, una expresión de la decadencia del capitalismo estadounidense, sino del "fracaso del gobierno", el cual sólo puede solucionarse por medio de formas de gobierno más autoritarios y la intensificación del control político de los bancos y corporaciones.

La clase gobernante está bien consciente de que su política económica provocará una enorme oposición social. Para hacerle frente a esta amenaza prepara medios de represión y violencia.

La última edición de la revista Time presenta una portada del Renaissance Center de Detroit con el titular, "¿Será su ciudad la próxima?" La revista señala que la quiebra de Detroit "traerá muchos cambios en la manera como funcionan los gobiernos locales y en el crecimiento de las ciudades".

El artículo continúa: "Si bien parece que una re-valorización más amplia de la deuda municipal suceda más adelante, ello incrementaría los costos de los préstamos y reduciría la cantidad de dinero que todas las ciudades pueden recaudar por medio de la emisión de bonos. También podría estimular a muchos a cambiar sus modelos de expansión, frenar los costos insostenibles de la mano de obra y establecer acuerdos más innovadores con el sector privado".

El mismo tema lo toca la revista británica, The Economist, la cual escribe en un artículo que Detroit representa una "luz intermitente de advertencia en el tablero fiscal de EE.UU." Añade que "muchos otros estados y gobiernos municipales por todo EE.UU. han hecho promesas incumplibles con las pensiones y la atención médica a la salud".

El comentarista del Financial Times, John Dizard, escribe que la destrucción de los beneficios de los trabajadores a niveles estatales y locales se convertirá en el modelo para desmantelar la Seguridad Social y escribe que "La Corte Suprema ya ha dictaminado que los beneficios de seguridad social, a diferencia de los bonos y letras del Tesoro, no son ni en plena fé, ni tampoco obligaciones crediticias del gobierno federal". Y sigue: "Los abogados constitucionalistas ya saben esto; pronto, los miembros del público también lo harán."

Que semejantes ataques no puedan imponerse por medios democráticos es el tema de una creciente cantidad de comentarios. El Financial Times escribe: "Pensémoslo de esta manera: ¿Cuáles son las probabilidades que los participantes en las próximas elecciones congresistas o presidenciales le pidan a los votantes que decidan si las promesas de pensiones y la atención médica ofrecidas por los gobiernos son deudas de ultra prioridad? Porque eso es todo lo que tiene que ver con 'Detroit'".

Este mensaje autoritario indirecto, que semejantes comentarios sugieren, aparece de manera clara y brutal en una columna de opiniones derechistas por George Will. Ésta fue publicada el miércoles en el Washington Post bajo el titular, "La democracia mató a Detroit".

Will compara los sindicatos de empleados gubernamentales con las larvas parasíticas de mosca ichneumon que carcomen a las orugas que infectan. En su venenoso odio a la clase trabajadora, falsamente considera los sindicatos y a los trabajadores son lo mismo. En realidad, los sindicatos han laborado mano a mano con las empresas y el gobierno durante casi cuatro décadas para imponer a la clase trabajadora reducciones salariales y concesiones por todo el país. Estas organizaciones han dejado claro que están más que dispuestas para colaborar en la reducción de las pensiones y sólo se preguntan si sus ingresos basados en las cuotas sindicales podrán asegurarse.

Will desvergonzadamente culpa al pueblo de Detroit por los ataques que se preparan contra ellos. Critica el "mito" de que la desindustrialización fue lo que socavó la economía de la ciudad. "La democracia…mató a Detroit", escribe, denunciando así al pueblo por haber elegido funcionarios corruptos e incompetentes.

En realidad, la crisis de Detroit es una expresión de la crisis y decadencia del capitalismo estadounidense, el cual, por una parte, ha sido marcado por el desmantelamiento de la manufactura, y la proliferación del parasitismo financiero, el saqueo y la criminalidad total por otra. Entre 1972 y el 2007, Detroit perdió un 80 por ciento de su manufactura y decenas de miles de empleos bien pagados.

Y mientras fondos sin límites se hacen disponibles para rescatar a los bancos y proteger la riqueza del uno por ciento más rico, la excusa universal es que "no hay dinero" para los trabajos, las pensiones, la atención médica a la salud y la educación.

Will personifica ese punto donde la crisis económica e los intereses clasistas bien definidos se cruzan. Él tipo personifica un estrato social adinerado y privilegiado que apoya el empobrecimiento total de la clase trabajadora y la imposición de una dictadura para que todo esto se pueda lograr.

"En el declive del capitalismo", escribió León Trotsky, "la burguesía se ve obligada a adoptar métodos de guerra civil contra el proletariado para proteger su derecho a la explotación".

De aquí la creación de una infraestructura estatal policial que se expresa en enormes programas ilegales de vigilancia y espionaje; la militarización de fuerzas policíacas; la política de asesinatos extralegales por medio de cohetes drones; y la persecución de aquellos que revelan los secretos y crímenes del gobierno, tales como Bradley Manning, Edward Snowden y Julian Assange.

Esto es lo que el sistema capitalista ofrece: la pobreza de las masas; una desigualdad incluso peor; y dictaduras. La única fuerza que puede oponerse a estos ataques es la clase trabajadora, luchando como fuerza política consciente y unida en base a un programa socialista.

El Partido Socialista por la Igualdad hoy día participa en las elecciones a la alcaldía de Detroit para organizar una oposición independiente, por parte de la clase trabajadora, a las exigencias de los bancos y los fondos de cobertura, los cuales funcionan por medio de su portavoz: el Jefe de Emergencias, Kevyn Orr.

El candidato del PSI, D'Artagnan Collier, lanza un llamado para la creación de comités obreros independientes del Partido Demócrata y de los sindicatos para establecer un movimiento para una huelga general, el derrocamiento del Jefe de Emergencias y la formación de un Consejo Obrero en Detroit para reemplazar al consejo municipal, el cual consiste por completo de representantes que los bancos y las cabezas de corporaciones han comprado.

Asimismo hace un llamado para que se repudien las deudas de la ciudad a los banqueros, con garantías para los pequeños inversionistas y la nacionalización de los bancos y las empresas bajo el control democrático de la clase trabajadora y así reorganizar la economía en base a las necesidades sociales, no el lucro privado.

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