WSWS publica entrevistas con hijos de miembros de la Oposición de Izquierda

por Fred Williams y Clara Weiss
28 abril 2014

El World Socialist Web Site publicará entrevistas con tres hijos de miembros de la Oposición de Izquierda Soviética dirigida por Trotsky - Tatiana Smilga, Zorya Serebryakova y Yuri Primakov - y con Tatiana Isaeva, nieta del excepcional crítico literario marxista, Alexander Voronsky. Las entrevistas serán publicadas una cada día durante los días siguientes.

Los relatos de estas personas -además de ilustrar el impacto devastador que el estalinismo tuvo en la conciencia histórica de la sociedad- proporcionan un vínculo fascinante para uno de los más poderosos y complejos capítulos de la historia de la clase obrera: la Revolución de Octubre, el temprano período soviético y la lucha del trotskismo contra el estalinismo. Las vidas de los entrevistados y su lucha por la defensa de la verdad histórica sobre Trotsky y la Oposición de Izquierda dan testimonio del impacto duradero que la cultura marxista y el trotskismo tuvo en la clase obrera y los intelectuales de la Unión Soviética, a pesar del estalinismo y la restauración capitalista.

Cuando eran jóvenes, los padres de Tatiana Smilga, Zorya Serebryakova y Yuri Primakov - Ivar Smilga, Leonid Serebryakov y Vitali Primakov - así como Alexander Voronsky jugaron un papel importante en la revolución de Octubre de 1917 y la guerra civil que le siguió. Habiéndose unido a los bolcheviques en su juventud, fueron educados en la lucha de Lenín para construir un partido revolucionario independiente de la clase obrera. Formaron parte de toda una generación de revolucionarios que, sobre la base de las experiencias de las luchas revolucionarias de la clase obrera en 1905 y la catástrofe de la Primera Guerra Mundial, tomaron la decisión de dedicar su vida a la lucha por una sociedad socialista.

La Revolución de Octubre fue un gigantesco salto hacia adelante en la lucha por una sociedad socialista y abrió un período histórico de luchas revolucionarias de la clase obrera internacional. Así como el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) enfatizó las consecuencias de la caída de la URSS, la toma del poder por el proletariado ruso, bajo la dirección del Partido Bolchevique había representado "... la culminación positiva de la lucha de clases como un proceso histórico objetivo y el desarrollo político del movimiento obrero internacional. A pesar de las vicisitudes de la lucha de clases, los últimos 70 años antes de 1917 se había registrado un desarrollo sorprendente y sin precedentes históricos en la conciencia política de las masas". [1]

El movimiento trotskista luchó para preservar esta tradición marxista y la conciencia en la clase obrera bajo condiciones de una creciente presión del imperialismo contra la URSS aislada y el inicio de la degeneración burocrática del estado obrero. Fundada en octubre de 1923 por León Trotsky, quien, junto con Lenín, había sido el principal líder de la Revolución de Octubre, la Oposición de Izquierda se vio obligada a luchar en las próximas décadas para reformar el Partido Comunista soviético y reorientarlo hacia el programa del internacionalismo proletario en que la Revolución de Octubre se había basado. Serebryakov, Smilga, Voronsky y Primakov iban a desempeñar un papel primordial en la oposición de izquierda durante la década de 1920.

El inesperado retraso de la revolución mundial en 1917-1922 llegó a ejercer sobre el nuevo estado obrero una tremenda presión económica y política. Para el final de la Guerra Civil en 1922, las tareas que enfrentaba el régimen soviético en ciernes eran de enormes proporciones: la economía había colapsado a niveles aproximadamente a 20 por ciento de la anterior a la guerra de 1913, el hambre se había apoderado de muchas partes del país, y la rebelión en Kronstadt en 1921 había revelado el malestar significativo entre los campesinos e incluso sectores de la clase obrera que había dado el apoyo principal a la Revolución. La Nueva Política Económica (NEP, siglas en inglés) que se introdujo en 1921 permitió la restauración parcial del capitalismo, manteniendo las palancas fundamentales de la economía en manos del estado obrero. Dentro de los dos años de la NEP, la alianza entre la ciudad y el campo empezó a ser amenazada por los claros síntomas de una crisis económica emergente, que tomó la forma de un aumento desproporcionado de los precios industriales acompañado de un colapso de los precios agrícolas.

Las tensiones económicas fueron acompañadas por violaciones cada vez más frecuentes de la democracia interna dentro del partido en el poder; un burocratismo creciente que reflejaba una creciente división entre las altas esferas del partido y las grandes masas, especialmente la juventud de la clase trabajadora; y un naciente sistema de privilegios en los sectores del partido que se estaban volviendo indiferentes a la pobreza de gran parte de la población.

La formación de la Oposición de Izquierda estaba estrechamente vinculada a los desarrollos de Alemania en 1923, donde la ausencia de una dirección revolucionaria capaz de tomar el poder, debido en gran parte a la línea impuesta por la Internacional Comunista, dio lugar a una insurrección abortada en octubre. El retraso de la revolución en Alemania, en la que amplias capas de obreros soviéticos habían puesto todas sus esperanzas de poner fin al aislamiento internacional del joven estado obrero, causó una desmoralización generalizada en la clase obrera.

Al mismo tiempo, la salud de Lenín se encontraba en un estado precario. Nadie estaba seguro si podría recuperarse de los infartos cerebrales sufridos en 1922 y 1923, ni tampoco era claro quién asumiría su papel de liderazgo en el partido si él moría. En enero de 1924, los ataques contra Trotsky se volvieron más intensos en el 13 º Congreso del partido. Luego Lenín murió el 21 de enero, sumiendo a la nación en luto.

A lo largo de los próximos meses, la facción de Stalin no lanzó un claro ataque frontal contra Trotsky y sus partidarios en la Oposición de Izquierda. Sin embargo, el carácter del Partido Bolchevique fue cambiado de manera significativa, cuando se abrieron las puertas durante la "inscripción Lenín": cientos de miles de nuevos miembros fueron admitidos, muchos de los cuales estaban alejados de las tradiciones revolucionarias del Partido Bolchevique y un número significativo de los cuales eran arribistas profesionales que no tenían nada que ver con el marxismo. Estas nuevas fuerzas pronto serían utilizadas para sofocar a la oposición de izquierda en luchas internas del partido.

En el verano de 1924, el V Congreso de la Internacional Comunista discutió el fracaso de la revolución en Alemania. Claramente afectado por los resultados de este debate, en septiembre Trotsky escribió Lecciones de Octubre como un prólogo a su volumen de escritos de 1917. En él, criticó al ala derecha que había surgido en 1917 en el Partido bolchevique y que se opuso a la insurrección de octubre, una derecha que no sólo incluía a Zinoviev y a Kamenev, sino también a Stalin, Molotov y Nogin, y que también fue en gran parte responsable de la línea del Comintern en Alemania en 1923. Pronto siguieron ataques vituperantes en la llamada "Discusión Literaria", con Stalin, Zinoviev, Kamenev, Bujarin y otros más quienes escribieron descaradamente falsas denuncias de la historia de Trotsky en el partido, su papel en la revolución de octubre, y hasta su reciente papel como líder del Ejército Rojo durante la Guerra Civil.

El objetivo central de los ataques fue la perspectiva internacionalista del marxismo, tal como se resume en la teoría de la revolución permanente de Trotsky. En el análisis de las fuerzas motrices de la revolución de 1905 en Rusia, Trotsky había establecido que, mientras la revolución socialista bien podría comenzar en un país relativamente atrasado como Rusia, su existencia misma dependería de la extensión de la revolución a por lo menos varios de los países capitalistas avanzados de Europa. Fue esta perspectiva la que había formado la base programática de la Revolución de Octubre y orientaría las políticas del gobierno Bolchevique y la Internacional Comunista bajo el mando de Lenín.

En agosto de 1924, Stalin declaró que el socialismo podía construirse en un solo país, una visión nacionalista que rechaza los principios internacionalistas del bolchevismo. Como un programa político, la teoría del "socialismo en un solo país" dio expresión a los intereses sociales de la burocracia. Habiendo surgido sobre la base de las relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre en medio de condiciones de aislamiento internacional de la relativamente atrasada Unión Soviética, los enormes privilegios sociales de la burocracia los puso en conflicto con la clase obrera y el programa internacionalista de octubre. La reorientación del partido a lo largo de la línea nacionalista de construir el "socialismo en un solo país" eventualmente requeriría la destrucción de la oposición de izquierda y de casi todos los dirigentes de la Revolución de Octubre.

El proceso fue largo, pero gradualmente asumió formas más represivas. A mediados de los años 1920, muchos de los partidarios de Trotsky, como Rakovsky, Joffe y Serebryakov, fueron reasignados a lugares remotos, incluso embajadas extranjeras, por el Orgburó encabezado por Stalin. Otros fueron claramente degradados, incluido Trotsky, quien fue forzado a salir como comisario del ejército y la marina del pueblo. Secretarios del Partido que habían mostrado simpatía hacia la Oposición de Izquierda fueron sustituidos, los trabajadores fueron despedidos de las fábricas; líderes militares estaban dispersos, incluyendo Antonov-Ovseenko, Muralov y Primakov, los editores fueron removidos de sus periódicos y revistas, incluyendo Voronsky, Preobrazhensky, Sosnovsky y Vilensky-Sibiriakov; estudiantes fueron expulsados de las universidades. La historia del Partido comenzó a ser reescrita por personas que no habían jugado un papel en la revolución o la guerra civil, o habían estado en el lado opuesto en cada uno.

A finales de 1925, la fracción de Stalin-Zinoviev-Kamenev se desintegró. Aunque las diferencias fundamentales se mantuvieron, la Oposición de Izquierda concluyó en abril que Zinoviev y Kamenev estaban reflejando la presión de la clase obrera en Petrogrado (ahora rebautizada Leningrado) y Moscú, donde ellos lideraban los respectivos comités del partido, y pasó a formar la Oposición Unificada en abril de 1926.

El aislamiento político de la Oposición de Izquierda fue incrementado decisivamente por la derrota de la Huelga General Británica de 1926 y por la aplastante derrota de la Revolución China de 1925 a 1927. En esta última, la política de la subordinación del Partido Comunista de China a un "bloque de las cuatro clases" fue propuesta por el ex menchevique, ahora "bolchevique", Martínov, y promovida por Stalin y Bujarin. En abril de 1927, el Partido Comunista Chino fue masacrado en Shanghai por el Kuomintang liderado por Chiang Kai-shek. Stalin-Bujarin-Martinov había insistido en que el PC chino se sometiera a las exigencias del Kuomintang, y luego al ala de "izquierda" del Kuomintang, que llevó a cabo otra masacre de los obreros en Wuhan.

En respuesta a los desastrosos acontecimientos en China, la Oposición Unificada hizo circular una "Declaración de la 83" a partir de mayo de 1927 hasta diciembre, cuando se convocó el XV Congreso del Partido. La lista de los firmantes es impresionante: incluye más de 3,000 bolcheviques, muchos de los cuales eran conocidos por su papel en la revolución. Trotsky estima más tarde que había 10,000-20,000 oposicionistas sólo en Moscú.

La derrota de la revolución china, una confirmación de manera negativa de la teoría de Trotsky de la revolución permanente, representó un importante revés para el desarrollo de la revolución mundial. El desencanto y desorientación que causó en la clase obrera fueron utilizados por la facción estalinista en el partido para expulsar a la Oposición de Izquierda de sus filas en el XV Congreso del Partido.

La participación en la actividad de oposición se convirtió en un delito, castigado de acuerdo al artículo 58 del Código Penal. Trotsky fue exiliado, primero a Alma-Ata, en Asia Central, luego al extranjero en Turquía en 1929. Sus partidarios estaban esparcidos por las cárceles y lugares de exilio en la Unión Soviética.

A pesar de las tempranas represiones, no obstante, la oposición de izquierda mantuvo una fuerza política y cultural importante en la vida soviética de la década de 1920. Especialmente entre los jóvenes y los trabajadores que habían experimentado la Revolución de Octubre y la Guerra Civil y el internacionalismo de este primer período, la oposición tuvo un apoyo sustancial. Muchos de los líderes más respetados de la Revolución de Octubre - entre ellos Antonov-Ovseenko, Joffe, Muralov, Smilga, Sosnovsky, Serebryakov, I.N. Smirnov, Preobrazhensky, Primakov, Ter-Vaganian, Voronsky, y sobre todo, León Trotsky, eran conocidos por ser oposicionistas de izquierda.

Las principales figuras de la vida cultural, como los escritores Boris Pilniak e Isaac Babel; el director de teatro Vsevolod Meyerhold; el cineasta Sergei Eisenstein; los jóvenes futuros escritores Anatoly Rybakov, Lev Kopelev y Varlam Shalamov, así como varios jóvenes filósofos marxistas como Maksim Shirvindt, Olga Tankhilevich, Izrail Agol y Nikolai Karev simpatizaban con o eran miembros de la Oposición de Izquierda. Esto es, sólo para nombrar a unos cuantos.

Cuando Stalin hizo su "giro a la izquierda" hacia la colectivización completa y la rápida industrialización de 1928-1929, muchos oposicionistas capitularon y buscaron la readmisión al partido. Trotsky fue implacable en su crítica a los antiguos partidarios que habían abandonado sus principios y reemplazándolos con "construir el socialismo en un solo país". Algunos de ellos, como Radek, se convirtieron en sus opositores abiertos, mientras que otros, como Voronsky y Serebryakov, cayeron en silencio y trataron de encontrar un modus vivendi con el régimen estalinista. Algunos fueron readmitidos en el partido, pero desempeñaron un papel relativamente menor en la vida política. Los que eran escritores a menudo se enfocaron en siglo XIX, evitando con asiduidad la política contemporánea.

En la década de 1930 resurgieron luchas de la clase obrera en Europa Occidental y también hubo un aumento de las tensiones sociales y el descontento político en la Unión Soviética. La llegada al poder de Hitler en Alemania representó un punto de inflexión histórico: con su línea de ultra-izquierda y la negativa a luchar por un frente único formado por los obreros socialdemócratas y comunistas contra el fascismo, el Comintern llevó la principal responsabilidad política de esta derrota catastrófica de la clase obrera alemana.

A partir de esta derrota y la ausencia de todo debate crítico dentro de la Internacional Comunista de su anterior línea, León Trotsky llegó a la conclusión de que la Tercera Internacional había degenerado de una organización internacionalista establecida para luchar por los intereses de la revolución mundial en un instrumento de la burocracia estalinista para preservar sus privilegios sociales socavando las revoluciones en el extranjero. Como agencia del imperialismo en el estado obrero, la burocracia tendría que ser derrocada por una revolución política que restauraría el poder a la clase obrera, mientras que al mismo tiempo preservaría las fundaciones sociales logrados en octubre. La lucha por el liderazgo marxista en la clase trabajadora requeriría de la construcción de la Cuarta Internacional.

El papel contrarrevolucionario del estalinismo se expresó más claramente en el asesinato en masa de los trotskistas y comunistas a nivel internacional en la década de 1930. El asesinato de un destacado miembro del partido, Sergei Kirov el 1ro de diciembre de 1934 fue utilizado por Stalin como pretexto para iniciar la detención de la mayoría de los antiguos opositores, acusándolos de responsabilidad política por el asesinato. En agosto de 1936, se inició una serie de juicios en los que los antiguos dirigentes de la Revolución de Octubre fueron acusados de espionaje, sabotaje y conspiración, en alianza con la Alemania nazi y la Italia fascista, para restaurar el capitalismo y desmembrar la Unión Soviética. La Comisión Dewey, una comisión imparcial establecida en abril de 1937, encontró los Juicios de Moscú de ser "montajes" y declaró a León Trotsky y su hijo León Sedov, los principales acusados en el juicio, "no culpables".

Ante la víspera de una nueva guerra mundial y en condiciones de una crisis sin precedentes hasta entonces vista del sistema capitalista mundial, el terror desencadenado por Stalin contra los trabajadores socialistas, los intelectuales y los principales miembros del partido bolchevique tenía el propósito principal la prevención del surgimiento de un movimiento de masas de la clase obrera bajo una dirección trotskista que podría llevar a la destrucción tanto de la burocracia estalinista y el capitalismo.

El exiliado Trotsky estaba involucrado en una implacable campaña para exponer los procesos de Moscú como un una cacería de brujas y explicar que representaban una feroz reacción contra el marxismo y la revolución de octubre, y no su "defensa contra enemigos del pueblo", como los estalinistas y sus apologistas burgueses afirmaban. Resumiendo los intereses sociales y políticos detrás de la masacre de la burocracia de los revolucionarios, Trotsky escribió en 1938:

"En la lucha por el poder y la riqueza, la burocracia se ve obligado a cortar y aplastar a aquellos grupos que están conectados con el pasado, que conocen y recuerdan el programa de la Revolución de Octubre, que se dedican sinceramente a las tareas del socialismo. El exterminio de los viejos bolcheviques y de los elementos socialistas de las generaciones intermedias y más jóvenes es un eslabón necesario en la reacción anti-Octubre". [2]

Toda una generación de trabajadores socialistas fue asesinada. Fueron encarcelados, torturados y asesinados miles de destacados escritores, científicos, filósofos, arquitectos, directores y músicos. Fueron purgados casi todos los miembros de la Internacional Comunista. Prácticamente fue decapitado todo los cuadros de los partidos comunistas de Polonia, Lituania, Letonia y Yugoslavia. Miles de comunistas de Alemania y Hungría, que habían huido del fascismo fueron asesinados por Stalin en la Unión Soviética.

Mientras que las ejecuciones masivas se llevaban a cabo en la Unión Soviética, muchos miles más de comunistas eran asesinados por la GPU estalinista en la Guerra Civil española. La cúspide del terror llegó en agosto de 1940 con el asesinato de León Trotsky en México por el agente estalinista Ramón Mercader. Por lo tanto, muchos más comunistas y líderes revolucionarios fueron asesinados por Stalin que por cualquier otro régimen fascista.

Luego, entre 1941 y 1945, la Segunda Guerra Mundial arrasó con cerca de 27 millones de ciudadanos soviéticos, entre ellos muchos de la generación de jóvenes que habían nacido y crecido después de octubre de 1917. La destrucción de enteras generaciones de trabajadores marxistas y trotskistas demostró ser vital para la re-estabilización del capitalismo después del final de la guerra mundial, cuando millones de trabajadores a nivel internacional fueron atraídos de nuevo a las luchas revolucionarias sólo para ser traicionados por sus direcciones estalinistas.

La liquidación de los trotskistas en todo el mundo por el estalinismo, asistido por el fascismo, causó un retroceso en la conciencia política de la clase obrera, cuyo impacto se dejaría sentir en las generaciones venideras. Incluso hoy en día, los nombres de las figuras culturales y políticos más destacados que hicieron profundas contribuciones a la educación marxista de la clase obrera a nivel internacional en este período siguen siendo, en su mayor parte, desconocidas. En la conciencia de millones, el socialismo y el marxismo siguen falsamente asociados con las políticas contrarrevolucionarias del estalinismo y el terror en la URSS.

Sin embargo, mientras el estalinismo causó terribles daños a la conciencia de la clase obrera a nivel internacional, mostró ser incapaz de destruir el movimiento trotskista internacional. La tradición marxista que se había formado a partir de la Revolución de Octubre, la lucha del trotskismo contra el estalinismo y toda forma de oportunismo pequeñoburgués, continuaron llevándose aún a un nivel superior por el movimiento trotskista internacional durante todo el período posterior a la guerra y después del colapso de la URSS. Como Trotsky señaló ante la Comisión Dewey cuando se le preguntó si él sacó conclusiones pesimistas de los juicios de Moscú:

"No, no veo ningún motivo para el pesimismo. Hay que tomar la historia como es. La humanidad se mueve como algunos peregrinos: dos pasos adelante y uno atrás. Durante el movimiento hacia atrás, para los escépticos y pesimistas todo está perdido. Nada se pierde. La humanidad ha evolucionado del simio al Comintern. Y resurgirá del Comintern hacia el verdadero socialismo. La sentencia de la comisión demuestra una vez más que una idea correcta es más fuerte que la policía más poderosa. En esta convicción se encuentra el fundamento indestructible del optimismo revolucionario". [3]

Tatiana Smilga, Zorya Serebryakova y Yuri Primakov nacieron todos poco después de la Revolución de Octubre. Sólo eran niños cuando vivieron bajo la vibrante vida política y cultural de los veinte y fueron introducidos hacia algunos de los más excepcionales hombres que la historia haya producido. Aún así, recuerdan a este período -contradictorio como es- como el más estimulante de sus vidas enteras.

Tatiana Isaeva, que nació después de la Segunda Guerra Mundial y que nunca llegó a conocer a su abuelo, Aleksandr Voronsky, está separada por una distancia aún mayor en términos de tiempo de la Revolución de Octubre y la Oposición de Izquierda. Sin embargo, ella ha dedicado su energía a restablecer la verdad histórica sobre su abuelo, sus padres y muchas otras víctimas del terror.

Todas sus vidas se vieron ocultadas por el estalinismo, tanto en un sentido personal y política, como fueron los de millones y millones de obreros e intelectuales. En la Unión Soviética, la burocracia, en su mayoría de "reclutas de 1937" que habían llegado a la cima con el asesinato de miles de revolucionarios, llevaron a cabo una implacable campaña de falsificar la historia de la Revolución de Octubre, el marxismo, y sobre todo, el histórico papel y la perspectiva de León Trotsky.

En 1949, Stalin llevó a cabo una nueva ola de represión en una campaña abiertamente antisemita llamada "anti-cosmopolita". Muchos hijos de antiguos opositores fueron detenidos de nuevo, sólo para ser liberado bajo el "deshielo de Kruschev" en 1956. Este período de parcial desestalinización, a la que la burocracia se había sentido obligada debido a su profunda crisis económica y política, condujo también a la rehabilitación póstuma de algunos, pero no todos, de los antiguos oposicionistas. La sola mención del nombre de León Trotsky era un tabú casi hasta el colapso de la Unión Soviética en 1991.

La próxima ronda de rehabilitaciones vendría sólo bajo Perestroika, en particular en los últimos años de existencia de la Unión Soviética, desde 1988 hasta 1991. Estas rehabilitaciones procedieron a lo largo de dos líneas: el partido y la legalidad. Por lo tanto, el Tribunal Supremo podría declarar que la víctima dada no había llevado a cabo un crimen como un "enemigo del pueblo", pero el Partido Comunista no podría restaurar la afiliación al partido de la víctima (que traería importantes beneficios a las familiares sobrevivientes).

Trotsky nunca fue rehabilitado a lo largo de cualquiera de estas líneas durante la existencia de la Unión Soviética. Hay indicios de que, bajo el régimen de Yeltsin en 1992, fue absuelto de dos cargos criminales de actividad antisoviética (por las que había sido exiliado en 1929 y despojado de su ciudadanía soviética en 1932), pero nunca rehabilitado por el ahora extinto Partido Comunista de la Unión Soviética.

Desde el colapso de la Unión Soviética, en medio de un sorprendente aumento de la desigualdad social y una escalada de guerras imperialistas, la oligarquía rusa y sus homólogos internacionales han empleado todo un ejército de académicos para falsificar la historia de la Revolución de Octubre y de la Unión Soviética, justificar el estalinismo, y atacar la vida y obra de León Trotsky. En esta campaña, se basan, sobre todo, en las falsificaciones históricas de la burocracia estalinista y el enorme daño político que le hizo a la conciencia histórica de la clase obrera.

En estas condiciones, es de gran importancia política el hecho de que, a pesar de la enorme presión política y personal que estaban bajo, tanto en la Unión Soviética como después, Tatiana Smilga, Zorya Serebryakova, Yuri Primakov y Tatiana Isaeva han dedicado su vida a la restauración de la verdad histórica acerca de sus familias, y con ello, el trotskismo. Al igual que Nadezhda Joffe, la hija del oposicionista de izquierda Adolph Joffe, y, lo más importante, el sociólogo Vadim Rogovin, cuya historia monumental de siete volúmenes de la Oposición de Izquierda sigue siendo una de las más importantes contribuciones a la historiografía soviética en las últimas décadas, estos cuatro descendientes de opositores de izquierda se encuentran entre aquellos que han resistido este asalto implacable en la conciencia histórica de la clase obrera durante un período histórico prolongado.

Esto no fue simplemente una decisión personal que hicieron. Aunque su punto de vista es en gran medida personal, su coraje y resistencia en esta difícil lucha por la verdad expresan una profunda conciencia de la importancia objetiva que esta historia tiene para la sociedad y el futuro de la humanidad. Con su lucha han hecho una importante contribución a la reactivación y profundización de la conciencia histórica de la clase obrera.

Mientras hoy los trabajadores entran en un nuevo período internacional de levantamientos revolucionarios, un siglo después del comienzo de la Primera Guerra Mundial y más de dos décadas después del colapso de la URSS, esta historia de hecho adquiere una importancia extraordinaria. La continuidad de la historia de la Oposición de Izquierda y su lucha contra el estalinismo se encarna en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Esta es una parte esencial de la historia de la clase obrera que los trabajadores y la juventud deben y asimilarán en su lucha por el socialismo.

Notas

1. David North: "Después del colapso de la URSS: la lucha por el marxismo y las tareas de la Cuarta Internacional," Informe a la 12 ª Sesión Plenaria del CICI, 11 de marzo de 1992; en: Cuarta Internacional, vol. 19 N º 1 (Otoño-Invierno 1992), p. 68.

2. "Oppozitsii Biulleten '", 1938, N º 66-67, p. 21 (LD Trotsky: "¿El gobierno soviético todavía siguen los principios adoptados hace veinte años?"), Traducción citado de Vadim Z. Rogovin: Terror de 1937-1938 de Stalin. El genocidio político en la URSS, Mehring Books 2009, p.

3. Oppozitsii Biulleten '", 1938, N º 62-63, pp 1-2 ([Ningún autor indicado] "Veredicto de la Comisión Internacional de los procesos de Moscú"), traducción citado de Vadim Z. Rogovin: Terror de 1937 de Stalin -1938. El genocidio político en la URSS, Mehring Books 2009, p. 345.