Clase, Raza, y el asesinato policial de Ferguson

22 agosto 2014

Este comentario de perspectiva política apareció en inglés el 21 de agosto del 2014

Al reaccionar a la explosión de cólera popular contra la muerte de Michael Brown a manos de la policía en Ferguson, Missouri, la burguesía emplea una estrategia doble. Por un lado moviliza la maquina de represión del Estado (la policía militarizada equipada con gas lacrimógeno, el “estado de emergencia” del gobernador de Missouri, la Guardia Nacional, la implantación de la ley marcial de facto).

Por el otro lado, pasada la ira inicial contra la transformación de Ferguson en un campo de batalla, la élite imperante activa a sus expertos en la política de identidad,

Se trata de convencer a los obreros y jóvenes de Ferguson, afroamericanos en su mayoría, y de otras partes del país, que con tal que sus represores también sean afroamericanos, es admisible la destrucción de los derechos democráticos; más que eso, es algo progresivo. Dos farsantes políticos, Al Sharpton y Jessie Jackson, fueron traídos a Ferguson la semana pasada para pedir “unidad” con la policía y alabar al capitán de la patrulla de caminos Ron Johnson, que es afromericano y que es el nuevo encargado de las medidas de seguridad.

Dada la obsesión racial de los medios de comunicación (CNN organizó el martes 19 de agosto una junta comunitaria sobre el racismo y Ferguson, donde se segregó a los participantes entre negros y blancos), un comentario del exjugador de basketball Karim Abdul-Jabbar, publicada en la revista Time es algo refrescante, aunque limitado en su perspectiva política.

Su opinión se llama “la guerra de razas que viene no será sobre la raza” (The Coming Race War Won’t Be About Race). Abdul-Jabbar declara que es necesario analizar la situación de Ferguson, “no como si fuera otro ejemplo de racismo del sistema, pero por lo que es: una guerra de clases.” En contra de los que mantienen viva la llama de divisiones de raza (y también de sexo), Abdul-Jabbar enfatiza que “poner por delante la perspectiva racial de todo el mundo, es una distracción en Estados Unidos de la cuestión mayor: el objeto de la desmedida reacción de la policía no es el color de piel, sino esa mucho peor fiebre Ébola: ser pobre.”

Según Abdul-Jabbar la división fundamental es entre los ricos y todos los otros. Cita un informe del 2012 de la agencia investigativa Pew Research que ilustra el “desmoronamiento de la “clase media” (sus ingresos promedios ha caído 5 por ciento en la última década). “Menos gente (23 por ciento) considera que tiene suficiente como para jubilarse,” nos dice Abdul-Jabbar. “Aún más condenatorio es que menos americanos creen en la fórmula del sueño americano, que progresarán trabajando duro.”

Abdul-Jabbar no es ningún socialista. Sus sugerencias para resolver la desigualdad social no van más allá del reformismo. Su artículo más que nada es un preaviso a los grupos políticos de las consecuencias explosivas de una evaluación incorrecta de los acontecimientos de Ferguson. No obstante tiene toda la razón en poner clase social al centro de las divisiones sociales, en vez de diferencias raciales, tanto en Ferguson como en el resto del país.

No por nada los representantes políticos de la clase media alta (muy ligados a la política de las razas) aúllan acusaciones contra la opinión de Abdul-Jabbar. Entre estos se encuentra la ISO (International Socialist Organization) y el comentarista Dave Zirin que también escribe sobre deportes para la revista The Nation. Zirin escribió en el página Web de la ISO un artículo titulado “Racism killed Mike Brown,” censurando a Abdul-Jabbar.

Lo acusa de atreverse a sugerir que el asesinato de Michael Brown es fundamentalmente por ser pobre. Zirin dice con insistencia, “Michael Brown fue matado a tiros por la policía por ser Negro. Si hubiera sido blanco, no importa cuan pobre, con certeza estaría vivo. Si uno no parte ese concepto, ha perdido su compás.”

Para los socialistas es ABC que el punto de partida para entender lo que ocurrió en Ferguson es la desigualdad económica y la lucha de clases. Al hacer hincapié en raza, la ISO se declara antisocialista y antiobrera. Como aspecto de la vida americana, incluido en el sistema clasista de la clase imperial de represión policial, el factor raza es secundario y limitado. Existe en función de las fundamentales cuestiones de clase.

En una sociedad que se basa en explotar al proletariado, el Estado es un arma de represión de clase, no de raza. A diferencia de las provocaciones de Zirin, muchas de las víctimas de la brutalidad policial son blancas (como ejemplo está el asesinato de James Boyd en Albuquerque el año pasado) y en ciudades pobres como Detroit los policías son de mayoría negra. La mayoría de los pobres en Estados Unidos es blanca, y las concentraciones más altas de pobreza y opresión de obreros afroamericanos ocurre en ciudades donde políticos afroamericanos han estado al mando desde hace muchos años.

Lo que preocupa a la ISO y a Zirin no es lo que diga Abdul-Jabbar, sino el fracaso de uno de los mecanismos más importantes de dominación política. Los obreros toman conciencia del fraude que el la política de razas.

Al discutir con obreros y jóvenes involucrados en las manifestaciones de Ferguson, el World Socialist Web Site (WSWS.org) encuentra que la lucha de clase está cada vez más presente en la conciencia. Muchos hablan de las condiciones económicas que unen a todos los trabajadores de todas las razas y de la culpabilidad del sistema capitalista. Otros se ponen en contra de multimillonarios egoístas y corruptos como Sharpton y Jackson, totalmente ligados a la presente estructura política y económica, y que explotan la muerte de Brown en beneficio propio.

Los comentarios de los manifestantes en Ferguson son una imagen de un creciente sentimiento anticapitalista, no sólo en Ferguson sino en todo el país. Los obreros comienzan a atar cabos, y ven que todas las injusticias son producidas por un sistema económico más abarcador.

Tienen experiencia de la política racial del Partido Demócrata. Obama, el primer presidente afroamericana (alabado en el 2008 por la ISO como “candidato transformador”) preside por sobre un crecimiento sin precedente de desigualdad social, una serie de guerras, y un asalto contra los derechos democráticos más básicos.

La ISO y Zirin son testaferros políticos del Partido Demócrata que se sienten amenazados por el declive de la política de identidad, racial o sexual. Son portavoces de sectores privilegiados de la clase media (oficiales sindicales, catedráticos, ejecutivos de empresas) interesados en preservar la subordinación de los trabajadores a la burguesía y a las estructura política. La política de identidad racial de la ISO complementa el racismo de sectores de la burguesía imperante. Los une a ambos el propósito de dividir la clase obrera y prevenir una lucha política unida anticapitalista.

Los eventos de Ferguson sacan a la luz la brutalidad del Estado capitalista y deben preavisar al proletariado. El Estado y sus agencias de represión defienden los intereses de la clase imperante de los Estados Unidos; ésta teme todo crecimiento de las manifestaciones de protesta social. Está aislada y es objeto del desprecio popular. Existe menos y menos confianza popular en todas sus instituciones. El Estado reacciona inmediatamente para aplastar toda manifestación de las crecientes protestas sociales.

La división entre la gran mayoría de la gente y la aristocracia empresarial y financiera, no sólo detona la actual violencia de Ferguson, también sirve de detonante de revolución social. Es eso lo que aterra a Zirin y la ISO.

Joseph Kishore