Cien años desde que Zapata y Villa tomaron Ciudad de México—Parte 3

por Eric London
9 febrero 2015

La icónica reunión de Zapata y Villa en Xochimilco en diciembre de 1914 personificó la Revolución Mexicana en su apogeo. Pero los dos comandantes militares y los ejércitos campesinos que llevaron eran incapaces de proporcionar al campesinado o a la clase obrera un programa político viable para la revolución social.

El pico de la Revolución Mexicana antecedió al estallido de la Revolución Rusa de 1917 por menos de tres años. Aunque las condiciones históricas divergentes en los dos países no permiten establecer una igualdad entre las dos revoluciones, existen importantes paralelismos.

En ambos países, el tardío desarrollo económico impulsado en gran medida por el capital extranjero había producido una clase obrera que era superada numéricamente por el campesinado rural. Tanto en México y Rusia, a raíz de la caída del antiguo régimen, la burguesía liberal tomó el poder del Estado, pero se hundió en una crisis cuando entró en conflicto con las aspiraciones igualitarias de las masas. Fortalecidos por la crisis, un sector de la clase dominante con estrechas relaciones con el antiguo régimen trató de establecer una dictadura contrarrevolucionaria, que inflamó aún más los antagonismos sociales entre los trabajadores y los campesinos, por una parte, y la burguesía por el otro.

Trabajadores de fabrica en Orizaba, Mexico

Aunque las condiciones objetivas estaban maduras a nivel mundial para la revolución social en la década de la revolución mexicana y rusa, hay una diferencia definitiva entre ambas, que explica el hecho de que la primera dio lugar a la continuidad de la dominación burguesa, mientras que la segunda produjo el primer estado proletario del mundo.

La existencia de un partido marxista revolucionario en Rusia, armado con el socialismo científico, le dio a la clase obrera rusa la brújula política necesaria para hacer valer su independencia de la burguesía, ganar la dirección de las masas campesinas y luchar por la toma del poder del estado. Los bolcheviques (y Lenin y Trotsky en particular) entraron en los grandes acontecimientos de 1917 con una comprensión de las implicaciones revolucionarias del estallido de la Primera Guerra Mundial. Su lucha irreconciliable por la independencia política de la clase obrera y sus constantes advertencias de las consecuencias desastrosas de prestar confianza a la burguesía liberal o sus partidarios pequeñoburgueses, crearon las condiciones para octubre.

En México, no existía tal partido. Aunque las razones de esto, tanto en términos del desarrollo objetivo de la clase obrera y del carácter subjetivo de su liderazgo, son complejas y merecen una evaluación detallada, las consecuencias para las masas mexicanas tienen un largo alcance.

La Revolución Mexicana, a pesar de la valentía y la determinación revolucionaria desplegada por los obreros y campesinos, es una reivindicación trágica en forma negativa de la Teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky.

Dirección oportunista de la clase obrera

El ala más radical de las fuerzas constitucionalistas han sido incorrectamente etiquetados "jacobinos" por los historiadores de la Revolución Mexicana, entre ellos el ex pablista Adolfo Gilly.

Según esta teoría, la pequeña burguesía nacionalista que proporcionó a los constitucionalistas con el grueso de sus oficiales representaba una fuerza progresiva durante los años de la revolución. Como la teoría explica, esta capa "fusiona la ideología nacionalista-revolucionaria con la influencia general del campesinado insurgente, con la esperanza de sacar adelante sus ideas con el desarrollo de la lucha." De acuerdo con Gilly, la facción "jacobina" luchó por "un cambio en la base del Estado mexicano" que "ampliaría las conquistas de la clase trabajadora" y allanaría el camino para tomar un "curso socialista", que Gilly critica de simplemente ser "más bien mal definida".

Trabajadores mexicanos demuestran durante la revolución

Tal concepción es paralela a la perspectiva de los dirigentes anarquistas del Partido Liberal Mexicano y de la Casa del Obrero Mundial (COM), con ambos pretendiendo vincular a la clase obrera urbana con las fuerzas "jacobinas" en el movimiento constitucionalista durante los años de la revolución.

Esta concepción oscurece peligrosamente la principal lección que se debe extraer de la Revolución Mexicana: en ausencia de un partido marxista revolucionario, la clase obrera es incapaz de desarrollar espontáneamente la conciencia socialista y declarar su independencia de las fuerzas de la burguesía.

Los meses anteriores a la convergencia de la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur en la Ciudad de México fueron marcados por renovados conflictos entre la clase obrera y los constitucionalistas gobernantes. Las huelgas estallaron en la ciudad de México con trabajadores paralizando el tránsito ferroviario, la comunicación telefónica y telegráfica, las plantas textiles y la industria de la energía eléctrica.

En un intento de contener la oposición social, estas huelgas fueron traicionadas por los constitucionalistas en alianza con el liderazgo de la COM. Una gran huelga fue traicionada cuando el líder de la COM Luis Morones se le concedióun puesto administrativo en una empresa de electricidad contra la cual los trabajadores se habían ido a la huelga a finales de 1914. Morones era un amigo cercano de Samuel Gompers de la Federación Estadounidense del Trabajo y había sido entrenado en Estados Unidos por la AFL y el propio gobierno norteamericano.

COM burócrata Luis Morones jugó un papel destacado en traicionar a las luchas de los trabajadores de la Ciudad de México durante la revolución

La dirección oportunista de la COM ayudó a fomentar ilusiones entre la clase obrera y la llamada ala "jacobina" de la burguesía mexicana. La COM se enfocó sólo en huelgas contra empresas de propiedad extranjera, e insistió en que los trabajadores pongan su fe en los constitucionalistas.

Perniciosamente ante todo, la mayoría de líderes de la COM presentó un programa de alianza con la burguesía sobre la base de una oposición directa a los ejércitos campesinos. Cuando Villa y las fuerzas de Zapata entraron en la Ciudad de México en diciembre de 1914, los líderes de la COM denunciaron a Villa como "individualista" y aprovecharon las fuertes tradiciones anticlericales de la clase obrera mexicana para retratar al campesinado del sur como "católico" y reaccionario.

De esta manera se creó una cobertura política para una traición masiva. En febrero de 1915, con Carranza y los constitucionalistas a la defensiva, una delegación de líderes de la COM viajó al este para reunirse con los constitucionalistas en Veracruz, donde acordaron que los miembros de la COM servirían de carne de cañón en la guerra contra el campesinado.

La decisión de alinear a la membresía de la COM con la burguesía y contra la revuelta del campesino fue opuesta en acaloradas reuniones masivas de los trabajadores que tuvieron lugar en enero y febrero de 1915. En una reunión secreta en las primeras horas del 11 de febrero, el liderazgo de la COM votó para apoyar a los constitucionalistas y suspender el trabajo de organización hasta que fueran derrotados los ejércitos campesinos.

Venustiano Carranza, jefe del Ejército Constitucionalista y más tarde presidente de México

Como resultado, miles de trabajadores fueron canalizados por el liderazgo de la COM a los campos de entrenamiento constitucionalistas, donde fueron entrenados por asesores estadounidenses y armados con armamento estadounidense. Estos llamados "batallones rojos" fueron enviados a hacer retroceder a los ejércitos campesinos de Zapata y Villa.

En cuestión de meses, la clase obrera estaba entrando una vez más en conflicto con los constitucionalistas, pero en una escala mucho más amplia. La ola de huelgas de finales de 1915 y las huelgas generales de 1916 dejaron claro que los constitucionalistas y los dirigentes de la COM eran incapaces de contener las tensiones de clase por medios pacíficos.

Pero la clase obrera quedó expuesta a las traiciones porque carecía de un partido propio para advertirle de las trampas que ponían la COM y los constitucionalistas.

Como demostraron los acontecimientos de 1915-1916, la revolución socialista no era imposible con la marea revolucionaria que siguió a la reunión de Zapata y Villa en Xochimilco. Pero durante la cima del poder de los ejércitos campesinos, las traiciones de fines de 1914 y principios de 1915 fueron catastróficas. Sin plan o perspectiva y sin dirección de la clase obrera, los campesinos entregaron el poder a la burguesía, y comenzaron un largo retiro de la Ciudad de México y de regreso al campo.

El campesinado entrega el poder

Cuando Villa se reunió con Zapata en Xochimilco en medio de las convulsiones de los campesinos en la capital, Zapata denunció al ala de los constitucionalistas llamada “jacobinos” como "hombres que siempre han dormido sobre almohadas suaves."

Zapata añadió: "Siempre han sido el azote del pueblo. Esos bastardos tan pronto como ven una oportunidad, bueno, quieren aprovecharse de ella y llenarse los bolsillos", una evaluación que estaba por confirmar, de maneraprecisa toda la historia política posterior de México.

A pesar de estas declaraciones, Villa y Zapata le entregaron el control de la ciudad de México a esas mismas fuerzas: "Nosotros los hombres ignorantes hacemos la guerra. Las personas cultas tienen que hacer uso de ella", dijo Villa.

En los días siguientes a la entrada de la División del Norte y del Ejército de Liberación del Sur a la Ciudad de México, los dos líderes campesinos devolvieron rápidamente el poder a una camarilla de figuras burguesas que compuso un nuevo gobierno y cuyos lazos estaban con los constitucionalistas. El 7 de enero, cuatro de los principales ministros del nuevo gobierno, le escribieron a un líder constitucionalista dando su apoyo a cualquier movimiento de los constitucionalistas con el fin de deponer a Villa y Zapata. Una semana más tarde, los ministros emitieron un decreto formal contra los líderes campesinos y estos huyeron hacia Veracruz.

Los ejércitos constitucionalistas bajo el control de Álvaro Obregón obtuvieron una resonante victoria en Puebla el 5 de enero. Sus intenciones eran dividir las fuerzas campesinas y enfocar sus ataques contra Villa y la División del Norte, ya que temían de las consecuencias políticas de un ataque directo sobre fuerzas zapatistas, las cuales estaban dispuestos a librar una guerra de guerrillas defensiva en Morelos y que podía contar con el apoyo popular de los campesinos. Poco después de la derrota en Puebla, gran parte de la fuerza de Zapata abandonó la ciudad de México para defender el sur. Fue tomada por Obregón a principios de 1915.

Las limitaciones de la lucha campesina de Villa y Zapata se hicieron más evidentes en el transcurso de las campañas militares de 1915. Ni Villa ni Zapata fueron capaces de crear un liderazgo político o una estrategia militar para derrotar a las fuerzas constitucionalistas en la palestra nacional.

Soldados zapatistas del Ejército de Liberación del Sur

A pesar de que las perspectivas de derrotar a los constitucionalistas habrían mejorado con un ataque militar concentrado en Veracruz, la División del Norte se repartió en el centro de México y realizó maniobras de manera aislada. Con la retirada de Zapata a Morelos, el centro de la producción nacional -Ciudad de México- fue entregado sin una pelea, en gran parte porque los zapatistas no vieron su relevancia para un programa limitado a la reforma agraria local.

La cadena de derrotas sufridas por los ejércitos campesinos permitió a la burguesía consolidar el control y concentrarse en la represión de la clase obrera en Ciudad de México y en otras partes. Las fuerzas campesinas pasaron el resto de la revolución luchando una guerra defensiva en la periferia del país. Aunque los ejércitos lucharon valientemente por un año después de la reunión de diciembre de 1914, nunca más volverían a amenazar la dominación burguesa en la Ciudad de México.

Conclusión

México se encuentra hoy en día en un estado de intensificación de crisis política y social.

Cuando los funcionarios finalmente comenzaron la búsqueda de los cuerpos de los 43 normalistas desaparecidos, alegaron no saber la ubicación de los estudiantesdesaparecidos. Sin embargo, se toparon con varias fosas comunes con los restos calcinados de un número desconocido de víctimas adicionales de la crisis de la sociedad mexicana.

Esta crisis tiene su origen en las condiciones creadas por el capitalismo mundial, sobre todo la pobreza generalizada y la creciente desigualdad social. Por conteos oficiales, el 45 por ciento de la población mexicana vive por debajo del umbral de pobreza de $180 por mes, con un 40 por ciento más en un riesgo inmediato de caer en la pobreza. En los estados más afectados por los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las tasas de pobreza de los niños están por encima del 75 por ciento. En total, más de la mitad de los niños en México viven en la pobreza.

Aproximadamente el 10 por ciento de la población total se ha visto obligado por la catástrofe económica a huir a Estados Unidos en busca de su sustento. Miles de personas han muerto en el intento de hacer este viaje lleno de peligros, mientras que las que logran cruzar viven en su mayor parte en la pobreza bajo el temor constante de ser deportados.

El presidente Barack Obama ha deportado a más de 2 millones de inmigrantes indocumentados, la gran mayoría de ellos mexicanos. Bajo la reforma migratoria propuesta por Obama, la frontera será más militarizada con un "aumento de los recursos "para "acabar con la inmigración ilegal", y esos pocos inmigrantes que se les permitirá permanecer temporalmente se le negará el acceso a servicios de salud y otros programas sociales.

Mientras tanto, 145,000 millonarios mexicanos poseen una fortuna combinada de US$ 736 mil millones de dólares, o 43 por ciento de la riqueza total de México. 16 multimillonarios de México poseen un total de US$ 142.9 mil millones de dólares.

Se espera que la privatización de PEMEX, la empresa petrolera estatal, produzca un auge para los mercados financieros nacionales e internacionales. Ouliana Vlasova, una analista financiera de wealthinsight.com, señaló que, en parte debido a la privatización del petróleo, "México ofrece oportunidades para los inversionistas tanto nacionales como extranjeros y se prevé un fuerte crecimiento en el número de individuos de alto patrimonio neto y su riqueza"en los próximos años.

En vista de la creciente desigualdad y la pobreza, la oposición social se enfrentó a la represión policial masiva. El Secretario de Seguridad Nacional, el general Salvador Cienfuegos emitió fuertes amenazas de represión militar contra los manifestantes en noviembre.

Tales amenazas son serias cuando viene de los militares mexicanos. Como demuestra la reciente masacre de Ayotzinapa, el Estado trabaja en estrecha connivencia con cárteles de la droga, a pesar de que se ha llevado a cabo operaciones militares contra la población bajo el manto de la llamada "guerra contra las drogas". Esta campaña, que se inició en el 2006, ha cobrado más de 100,000 vidas y el desplazamiento de otros 1.5 millones.

Solo la revolución social puede reparar el daño hecho por la burguesía mexicana durante el siglo pasado. Ninguna sección del establecimiento, incluyendo el movimiento política MORENA de Andrés Manuel López Obrador -del cual existe evidencia de lazos íntimos con los responsables de ordenar la masacre de Ayotzinapa- pueden confiar en los trabajadores y los jóvenes para llevar a cabo la lucha revolucionaria por la igualdad social.

La clase obrera mexicana debe aprender de las luchas y traiciones de 1910-1920. Debe establecer su independencia política de la burguesía y, en estrecha coordinación con sus aliados de clase del Norte, Centro y Sur de América, llevar a cabo la toma del poder y la expropiación de la riqueza del país a través de la lucha para establecer los Estados Unidos Socialista de las Américas. Para lograr esta tarea, se debe ser construir una sección mexicana del Comité Internacional de la Cuarta Internacional

Conclusión