Pseudo-izquierda peruana selecciona a ex miembro del partido gobernante como candidato presidencial

por Armando Cruz
20 noviembre 2015

A comienzos del mes pasado en Perú, el Frente Amplio de Izquierda (FA), una coalición electoral formada por los principales partidos pseudo-izquierdistas del país, realizó elecciones primarias para eligir su candidato presidencial para las elecciones generales del próximo año.

Las primarias –que fueron a nivel nacional y abiertas a cualquiera que quisiera votar— atrajeron más de 30,000 votantes, algo que fue visto como un éxito dada la falta de cobertura mediática y los resultados abismales de partidos de la pseudo-izquierda en recientes elecciones.

Estos partidos no representan los intereses de la clase trabajadora peruana, sino de las más acomodadas secciones de la clase media. No buscan el derrocamiento del capitalismo, sino la creación de condiciones más confortables para estos estratos. Ellos no se basan en la lucha de clases, sino en sus conexiones con partidos e instituciones de la burguesía, y varias organizaciones no gubernamentales (ONGs) financias a nivel internacional.

Lo más revelador sobre estas elecciones primarias de "izquierda" fue que el conteo y procesamiento de votos fue encomendado al National Democratic Institute (NDI), una rama del National Endowment for Democracy (NED), una agencia estadounidense formada en los ochenta para encargarse de operaciones políticas que habían sido asignadas previamente a la CIA. Nada puede revelar más definitivamente la subordinación de estos llamados izquierdistas al imperialismo.

Antes de que un ganador fuera anunciado en las primarias, empezaron a surgir reportes de un supuesto fraude electoral en el distrito de Pomalca en la provincia norteña de Chiclayo. Casi 3,000 votos que, según se informó, iban al candidato Marco Arana fueron anulados por el comité electoral, lo cual condujo a la victoria de la actual congresista Verónika Mendoza.

Seguidores de Arana en Pomalca negaron las afirmaciones de fraude y alegaron que el comité electoral había deliberadamente anulado sus votos para bloquear la candidatura de Arana.

Arana es un ex sacerdote católico involucrado por más de 20 años en activismo ambiental y ecológico en Perú. Sin embargo, su rol en las luchas cada vez más intensas contra los estragos de las corporaciones mineras tiene por objeto mantener bajo control la oposición al daño ambiental –causado por las actividades extractivas de las multinacionales— y sofocarlo.

Por esa razón, la revista estadounidense Time lo ha proclamado "héroe ambiental" cuya "voluntad de compromiso le ha ganado un reticente respeto por parte del gobierno peruano, el cual ha solicitado a Arana que le ayude a apaciguar violentas peleas mineras en el país".

A pesar de los repetidos intentos de Arana para dejar en claro que no está opuesto a las actividades mineras, sino sólo a sus "excesos" y "falta de regulación" –porque esto es, naturalmente, lo que lleva al levantamiento social— los medios corporativos no han dudado en demonizarlo a él y a su partido Tierra y Libertad (TyL) como "terroristas antimineros".

Si bien un gobierno bajo Arana –o cualquier otro "héroe ambiental" de su tipo— es algo inaceptable para la clase gobernante, la congresista Mendoza posee un historial político que encaja en los planes de una sección de la burguesía peruana.

Mendoza, una psicóloga educada en la Sorbona con ciudadanía franco-peruana, fue elegida como congresista en el 2011 bajo el Partido Nacionalista (PN) de Ollanta Humala, un ex militar que ganó la presidencia ese año basado en una campaña demagógica de falsa oposición a las políticas neo-liberales que han dominado al país desde el comienzo de los noventa.

Humala, quién había sido apoyado por la mayoría de los pseudo-izquierdistas peruanos, rápidamente viró hacia la derecha, rellenando sus gabinetes con figuras pro-capitalistas, suprimiendo luchas sociales y entallando sus políticas a las demandas de las trasnacionales mineras y Wall Street.

Luego que el gobierno de Humala violentamente reprimiera la movilización de la población indígena en la ciudad andina de Espinar, en Cuzco, contra la contaminación producida por la trasnacional minera Xstrata, Mendoza y otros congresistas renunciaron al Partido Nacionalista. Lo hicieron para preservar su viabilidad política en medio de la rápida caída de la tasa de aprobación de Humala y la confirmación para millones de peruanos de que sus promesas de cambio e "inclusión social" habían sido mentiras.

Mendoza declaró que su renuncia al PN no significaba romper con "La Gran Transformación", el título pomposo del plan de gobierno inicial de Humala, que supuestamente incluiría vagas reformas nacionalistas. Cuando Humala públicamente abandonó ese proyecto, fue alabado por el sector financiero-corporativo.

Luego de dejar al PN, Mendoza y los otros miembros del congreso formaron una bancada legislativa con el partido de derecha Acción Popular, cuyos dos períodos en el poder fueron dos de los gobiernos más derechistas en la historia de la república. Desde entonces, Mendoza ha sido una de las figuras mejor conocidas dentro de la oposición de "izquierda", obteniendo atención mediática y apareciendo ocasionalmente en protestas contra el gobierno.

Ella promueve proyectos de ley centradas en "fiscalización ambiental" de las trasnacionales que obtienen miles de millones en ganancias extrayendo recursos naturales del país, obteniendo completa inmunidad del gobierno cuando producen desastres naturales en ese proceso. Ella también ha promovido "consulta previa" a pueblos indígenas por el uso de sus tierras para actividades extractivas. Mendoza y otros también han propuesto la creación de una fuerza policial "especial" para lidiar con "conflictos sociales".

En octubre del 2012, Mendoza votó para permitir tropas estadounidenses en Perú. Ni ella, ni otro miembro del congreso si vamos al caso, ha hecho ninguna declaración sobre este voto debido a que los medios obedientemente enterraron la noticia.

En los días que siguieron a las primarias del mes pasado, ocurrieron protestas en Pomalca exigiendo que la comisión electoral del FA restaurara los votos anulados. Manifestantes llevaban carteles que decían "Verónika Mendoza, respeta nuestros votos" y "Marco Arana, respeta nuestra voluntad".

Por su parte, la comisión, actuando bajo la supervisión del National Democratic Institute de EE.UU., presentó reportes infundados de irregularidades en la votación, falta de supervisión de funcionarios y la transcripción de una grabación audio que involucraba a un funcionario de FA planeando supuestamente rellenar las urnas con votos adicionales para Arana.

El periódico online Barranca.pe publicó un reporte analizando la grabación. Éste concluye que no sólo había sido alterada la cinta, sino también de que solamente el servicio nacional de inteligencia, DINI (Dirección Nacional de Inteligencia), tiene la tecnología para alterarla. El reporte sugiere que el estado tuvo una participación directa en el bloqueo de la candidatura de Arana.

En cuanto al propio Arana, él inmediatamente aceptó las alegaciones de fraude electoral en Pomalca, pidió por Twitter que se cancelaran los 3,000 votos a su favor y "concedió" su derrota. De inmediato apareció en mítines de apoyo a Mendoza.

La elección nacional del próximo abril tomarán lugar bajo condiciones en las que la economía peruana está siendo golpeada por la desaceleración de la demanda desde China, el segundo compañero comercial más grande del país y, durante la última década, el mercado para la mayoría de sus exportaciones mineras (Perú es el cuarto más grande exportador de minerales). Se entiende que quién gane la presidencia el próximo año tendrá que imponer –por medios dictatoriales, si fuera que es necesario— las demandas de las trasnacionales y los inversionistas extranjeros, yendo aún más lejos de los métodos represivos empleados por Humala.

Si bien Mendoza y el FA actualmente tienen tan sólo el 2 por ciento de apoyo en las encuestas, una sección de la burguesía nacional promueve su candidatura con vistas a tener una figura que pueda apaciguar a la población en caso que surja el descontento social.

A medida que las clases gobernantes en todo el mundo buscan implementar sus odiados programas de guerra, represión y austeridad, se están preparando para los inevitables conflictos de clase, y no sólo por medios militares. La promoción por secciones de la burguesía a figuras de pseudo-izquierda como Mendoza sirve para desmovilizar políticamente a la clase trabajadora para mejor sostener al desacreditado dominio capitalista.