Postrándose ante el racismo de Trump

Obama rechaza peticiones para detener las deportaciones

por Patrick Martin
20 enero 2016

La administración Obama no será persuadida por las protestas contra las renovadas deportaciones de mujeres y niños centroamericanos. Así lo declaró el portavoz de Obama Josh Earnest en una arrogante proclamación desde el podio de la sala de prensa de la Casa Blanca.

"La estrategia y las prioridades en hacer cumplir la ley que la administración ha articulado no van a cambiar", Earnest declaró el viernes. "Hemos enfocado nuestros esfuerzos en los aspectos de alta prioridad que hemos identificado. En primer lugar, criminales como se puede esperar. La otra área con prioridad que es importante de asegurar es de que mantengamos la seguridad en la frontera. Esto significa que se le dará prioridad para su expulsión a individuos que crucen recientemente la frontera".

Hasta ahí llegó la supuesta compasión de Obama por niños que mostró la semana pasada cuando, al anunciar medidas para detener la violencia por armas, soltó lágrimas ante las cámaras de TV por la muerte de estudiantes de primer grado en la escuela primaria Sandy Hook en el 2012.

Aquellos que están en la mira de las redadas, lejos de ser criminales, son madres y niños que huyen de pandillas de narcotraficantes y escuadrones de la muerte derechistas en Honduras, Guatemala y El Salvador; todos estos países gobernados por regímenes apoyados por EE.UU. que sostienen los intereses económicos y políticos de las oligarquías locales.

Agentes de la unidad del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, siglas en inglés) del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, siglas en inglés) comenzaron redadas en casas de inmigrantes centroamericanos en Texas, Georgia y Carolina del Norte luego de Año Nuevo, deteniendo un total de 121 madres y niños. Funcionarios declararon que de estos, 77 ya han sido transportados a México, Honduras y Guatemala. El resto siguen detenidos en instalaciones de la DHS en Texas esperando ser deportados o esperando una sentencia en sus casos.

Las 121 detenciones son sólo la punta del témpano (lo cambie del original iceberg). Reportes de la prensa declararon que unas 10.000 mujeres y niños estarán en la mira para las primeras detenciones de este invierno, mientras que tantos como 100.000 -todos aquellos que entraron al país desde comienzos del 2014 y que no se les ha otorgado estatus oficial de refugiado- podrían al final ser víctimas del ICE.

Las redadas han sido deliberadamente organizadas para extender el miedo. En varios casos en Georgia, por ejemplo, las madres han sido sacadas de sus hogares en medio de la noche, habiéndoles dado cinco minutos para que empaquen las pertenencias de sus hijos.

La amplia publicidad dada a la nueva política gubernamental ha contribuido al pánico en las comunidades de inmigrantes de Centro América por todo el país. Reportes de la prensa citan encuentros de cientos en Nueva York, Boston, Baltimore y otras ciudades en dónde no han habido redadas aún; la gente recurre a abogados y defensores de derechos de inmigrantes para saber qué pueden decir. La asistencia a las escuelas y participación en el trabajo es bajo y algunos están incluso faltando a las citas médicas por miedo de dejar sus hogares y ser detenidos en el camino.

Los comentarios el viernes del portavoz de la Casa Blanca llegó en respuesta a las peticiones de demócratas del congreso, incluyendo a líderes del partido y representantes latinos, abogando por un alto inmediato a las detenciones. El líder de la minoría del senado Harry Reid, la líder de la minoría de la cámara de representantes Nancy Pelosi, los candidatos presidenciales Bernie Sanders y Hillary Clinton, entre otros, todos condenaron las acciones del DHS como "inhumanas".

Lo que estos representantes del gran capital realmente quieren decir es que las redadas y deportaciones son desde un punto de vista político inconvenientes en el comienzo de un año electoral en el que el Partido Demócrata busca mostrar una postura más amable a los inmigrantes e hispanos que los republicanos, a pesar del atroz historial de Obama, quién fuese una vez llamado "deportador en Jefe" por activistas de derechos de inmigrantes.

Una carta emitida por los co-presidentes de la Bancada Progresiva del Congreso, los representantes Raúl M. Grijalva (demócrata de Arizona) y Keith Ellison (demócrata de Minnesota), dice: "Incontables reportes han documentado sobre cuántas de estas mujeres y niños huyen de la extrema violencia y pobreza en sus países de origen... Es inhumano para los funcionarios del DHS descartar estas amenazas y causar miedo y angustia a familias inmigrantes".

En comentarios a la prensa, Grijalva mencionó lo obvio: la campaña de deportaciones es una ofrenda de paz a la demagogia fascista antiinmigrante del megamillonario Donald Trump, que ahora es repetida por prácticamente el completo campo presidencial del Partido Republicano. "Espero que la administración no considere a estas mujeres y niños como daño colateral... en una discusión de año electoral sobre la inmigración", declaró.

Otras protestas tomaron nota del contraste entre el supuesto apoyo de Obama por refugiados que huyen de la violencia en Siria y la brutalidad hacia refugiados que huyen de violencia similar en Centroamérica.

La nueva ronda de represión viene como respuesta a un nuevo incremento en inmigración desde Centroamérica, el cual alcanzó su pico en noviembre y diciembre, y a la demagogia antiinmigrante de la campaña presidencial republicana, encabezada por Trump. Lejos de representar una alternativa verdadera a los Republicanos, la administración Obama está demostrando el carácter verdadero del Partido Demócrata, el cual lleva a cabo las mismas políticas reaccionarias, aunque con una retórica ligeramente diferente.

El Partido Socialista de la Igualdad condena la postura antiinmigrante de ambos partidos capitalistas. Hacemos un llamado a los trabajadores en EE.UU. y por todo el mundo para defender a inmigrantes y refugiados, parte de las secciones más vulnerables de la población, y sostener el derecho de circulación libre para vivir y trabajar en el país que decidan, con completos derechos políticos y legales.