El arresto del ex presidente Lula y la crisis de dominio político en Brasil

por Bill Van Auken
15 marzo 2016

La detención e interrogación la semana pasada del ex presidente y fundador del Partido de los Trabajadores (Partido dos Trabalhadores, PT), Luiz Inácio Lula da Silva, en relación con el escándalo de corrupción de Petrobras, ha intensificado dramáticamente la crisis, tanto dentro del partido en el poder, como en el estado burgués en Brasil.

Lula está siendo acusado de ser "uno de los principales beneficiarios" de la corrupción en Petrobras, presuntamente recibiendo favores y sobornos de empresas de construcción de Brasil a cambio de contratos con el conglomerado de energía.

El PT ha permanecido en el poder durante más de una docena de años, emergiendo como el partido principal del capitalismo brasileño, dedicada a defender los intereses de una oligarquía gobernante, financiera y de las grandes empresas, en el país y en el extranjero. También ha fielmente desviado cientos de miles de millones de dólares en recursos sociales a Wall Street, al servicio de la deuda del país.

Las presidencias de Lula, primero, y luego de su sucesora seleccionada, la actual presidenta Dilma Rousseff, coincidieron con un auge sin precedentes en producción primaria, en gran parte impulsado por la industrialización de China e India y el frenesí de inversión de capital extranjero en "mercados emergentes", principalmente Brasil.

Este entorno económico temporal sirvió como impulso para el supuesto "giro a la izquierda" en América Latina, en el cual los gobiernos de Brasil a Venezuela, incluyendo a Bolivia, Argentina y Ecuador, llevaron a cabo programas limitados de asistencia social para apaciguar las tensiones de clase, mientras adoptaban una posición nacionalista de izquierda.

Este boom de productos básicos se ha topado con la desaceleración del crecimiento chino, mientras que Brasil, en otra hora la niña mimada de los mercados financieros, ha sido reducida al nivel de “chatarra” por las agencias calificadoras de Wall Street.

La crisis del PT en Brasil ha ocurrido paralelamente a las del chavismo en Venezuela, el peronismo en Argentina y el gobierno del Movimiento al Socialismo de Evo Morales en Bolivia, todos ellos impulsados por la misma crisis del sistema capitalista.

De todos estos movimientos políticos, el PT es el más consecuente y perdurable, rigiendo sobre el país y la economía más grandes en América Latina, con la mayoría de la población de Brasil habiendo existido desde la niñez bajo administraciones del Partido de los Trabajadores.

Fundado en 1980, como consecuencia de una militante ola de huelgas masivas que fatalmente desestabilizaron la dictadura militar de 20 años de Brasil, el PT y la federación sindical con la que está afiliado, la CUT (Central Única dos Trabalhadores), tienen la función de descarrilar las luchas revolucionarias de la clase obrera brasileña y poner a ésta una y otra vez bajo el control del estado burgués.

Codo a codo con funcionarios sindicales, activistas católicos y académicos, un grupo de organizaciones de la seudoizquierda jugó un papel clave en la construcción del PT. Éste le sigue haciendo propaganda al Partido de los Trabajadores como alternativa a la construcción de un partido revolucionario de masas de la clase obrera. Sus contrapartes en Europa, particularmente los grupos asociados con el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, la tendencia revisionista identificada históricamente con Ernest Mandel, promovieron el PT como un modelo para el desarrollo de organizaciones similares a través del mundo.

Algunos de estos grupos de la seudoizquierda, incluyendo la tendencia morenista ahora organizada en el PSTU (Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado), fueron expulsados del PT conforme éste se movía cada vez más a la derecha. Otros lograron permanecer dentro, incluyendo el grupo mandelista Democracia Socialista, cuyo principal dirigente, Miguel Rosseto, se convirtió en Ministro de Reforma Agraria y es hoy Jefe de Gabinete de Rousseff. y su portavoz principal.

El papel crítico desempeñado por estas corrientes, tanto las que fueron expulsadas y aquellas que permanecieron, fue darle un barniz "socialista" a un partido capitalista completamente reaccionario y corrupto. Lo lograron al promover no sólo el PT, sino también los sindicatos de la CUT y varios "movimientos sociales" serviles, que sirvieron para subordinar las luchas de la clase obrera brasileña a los intereses de lucro del capital brasileño e internacional.

Esta traición histórica ante el movimiento revolucionario que fue surgiendo en oposición a la dictadura militar de Brasil hace unos 35 años encuentra su expresión acabada en las presentes y cada vez más profundas crisis y desgracia del PT, cuyas figuras principales están siendo arrastradas al atolladero de un soborno de US$2 mil millones y al escándalo político de corrupción alrededor de Petrobras.

La semana pasada surgieron informes de que el líder del PT en el Senado, Delcidio Amaral, quien fue detenido en noviembre del año pasado en relación al escándalo de Petrobras, llegó a una negociación de condena con los fiscales federales en la cual acusó a Lula por tratar de silenciar a testigos en la investigación y a Rousseff por tener "pleno conocimiento" de un acuerdo en el que Petrobras compró una refinería antigua en Pasadena, Texas, a un precio muy inflado, con millones en ganancias canalizadas a ejecutivos, políticos y a las arcas del PT. Rousseff presidió la Junta Directiva de la compañía petrolera durante ese periodo.

Estos cargos, junto con el cuestionamiento de Lula, han revivido la iniciativa de la derecha brasileña para destituir a Rousseff. Este domingo, hubo manifestaciones masivas en todo el país para exigir la destitución de la Presidenta del PT. Hubo también un in intento de organizar manifestaciones el mismo día por partidarios del PT en defensa de Lula y Rousseff, con advertencias de posibles enfrentamientos violentos.

Para los trabajadores de Brasil, la actual crisis, la peor desde la Gran Depresión de la década de 1930, está teniendo efectos catastróficos. Más 1 millón de empleos fueron eliminados en el 2015, muchos en la industria automotriz y otras afines. Millones de jóvenes egresan de las universidades sin posibilidades de trabajo. Una tasa de inflación del 10 por ciento ha recortado los salarios reales, con una disminución de 4 por ciento en los gastos domésticos el año pasado, agravando aún más la caída de la depresión.

La respuesta del gobierno de Rousseff ante la crisis ha sido un conjunto de medidas de austeridad contra las pensiones y el gasto social, empeorando aún más las condiciones de la clase obrera. Mientras que los opositores derechistas del PT están bloqueando estas medidas, cosa que es parte de un táctica política encaminada a promover la destitución de la presidente, lo que ellos proponen es igual o peor.

Los economistas burgueses y centros ideológicos capitalistas han avanzado el argumento de que el verdadero desafío que enfrenta la economía brasileña es el de remover los limitados derechos sociales de la población brasileña, contenidos en la Constitución de 1988, promulgada después de la dictadura militar, como parte de una apertura del país a la dominación irrestricta del capital internacional.

Tales medidas no pueden ser implementadas pacíficamente. Quizás el desarrollo más significativo rodeando la detención breve de la semana pasada de Lula fue reportado por un par de columnistas del diario brasileño de la derecha, O Globo.

Ricardo Noblat de O Globo informó que, en medio de la detención, un batallón del ejército en Sao Paulo fue colocado en un estado de alerta en caso de que las protestas se salieran de control.

"Los miembros del Alto Mando de Ejército llamaron a los gobernadores de los estados más sujetos a conflictos entre militantes políticos y los prepararon para la necesidad de mantener la paz social," según Noblat. Escribiendo a favor de la destitución, el columnista afirmó que los generales no quieren "ser llamados a intervenir para garantizar la ley y el orden, tal como previsto en la Constitución."

El columnista de O Globo, Merval Pereira, invocó esta misma "misión" constitucional de los militares, advirtiendo que, si los partidos de derecha en contra del PT no “se unen en busca de una salida democrática de la crisis, afrontaremos la amenaza de un retroceso institucional." En otras palabras, un retorno a la dictadura militar.

El Partido de los Trabajadores y las diversas organizaciones de seudoizquierda que lo promovieron son responsables por el peligroso aprieto que ahora desafía a los trabajadores brasileños. La respuesta a esta crisis debe encontrarse en la lucha para construir un nuevo liderazgo revolucionario de la clase obrera, basado en una perspectiva socialista e internacionalista y forjado en una lucha sin piedad contra las políticas del PT y de sus apologistas.