Crisis económica aumenta tensiones sociales en Venezuela

por Alexander Fangmann
6 abril 2016

La caída en los precios del petróleo, a causa de las tendencias recesivas en la economía mundial, ha hundido a Venezuela en una crisis profunda, creando una situación política cada vez más explosiva. Conforme los trabajadores son arrojados a la pobreza por la inflación y su calidad de vida se degrada profundamente, la derecha política, apoyada por los EE.UU. y ahora en control de la Asamblea Nacional, está conspirando para destituir al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

De 100 dólares por barril en junio del 2014, el precio del petróleo venezolano ha caído a 30 dólares por barril, 5 dólares por debajo del precio de mercado de la OPEP, reflejando los costos de una mayor refinación y mezcla del crudo venezolano necesarias para ser vendido en el mercado mundial.

Esto ha reducido en gran medida los ingresos del gobierno, de los cuales aproximadamente el 45 por ciento proviene de la exportación del petróleo. A consecuencia de que el petróleo—al componer 96 por ciento del total de exportaciones—es la principal fuente de dólares usados en el cambio de divisas, el gobierno ya no tiene los fondos para continuar financiando la importación de una vasta gama de productos. Se han generado graves carencias, desde productos de alimentación y cuidado personal a medicinas básicas e insumos industriales.

La escasez de alimentos se ha vuelto mucho más común en todo el país, con encuestas que estiman una escasez del 50 al 80 por ciento en productos alimenticios y que 87 por ciento de los venezolanos reportan que están comprando menos comida. La disponibilidad de la leche pasteurizada ha caído un 95 por ciento y de la leche en polvo en un 80 por ciento. Venezuela sólo produce 35 por ciento de la leche y carne que consume, y las importaciones de alimentos se han triplicado en los últimos diez años.

Además de alimentos, el sistema de salud se encuentra cerca de un colapso total por la falta de medicamentos y suministros. Se estima una escasez en 80 por ciento de los medicamentos, llevando al uso de Twitter y otros sitios Web sociales para solicitar medicamentos específicos. Otros intentan cruzar ilegalmente la frontera de su vecina Colombia para conseguir tratamiento. También se informó que 80 por ciento de los centros de primeros auxilios están cerrados. La disponibilidad de condones se ha reducido un 90 por ciento. Cuando llegan a ser encontrados, su precio es más allá de lo asequible.

La inflación, ya erosionando la calidad de vida de la clase obrera, está alcanzando niveles que están a punto de hundir a capas enteras de la población en la pobreza. El Banco Central venezolano estima una inflación en el 2015 del 140 por ciento, aproximadamente un 40% por debajo de las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Un cálculo de la inflación realizado por Bloomberg, con base en la opinión de 12 economistas, la estima en un 184 por ciento para el 2016, mientras que el Director para el Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, junto con otros analistas, cree que esta cifra podría llegar hasta un 720 por ciento.

El FMI también estima que la economía se contrajo un 10 por ciento en el 2015 y espera una contracción similar para el 2016. Esta sería la peor contracción económica sufrida por cualquier país, seguidas por Brasil y Grecia con contracciones del 3,8 por ciento y 2,3 por ciento, respectivamente. Aunque las predicciones del FMI sean peores que las del Banco Mundial y las de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL); ambas pronostican una contracción anual de 7 por ciento para el 2015 y 2016; todas las cifras apuntan a una alarmante disminución en la actividad económica.

Para empeorar las cosas, Venezuela, incluyendo su capital: Caracas, ha sufrido constantes cortes eléctricos. Venezuela genera 65 por ciento de su electricidad en la represa hidroeléctrica Guri; sin embargo, los reducidos niveles de agua causados por el Niño se han traducido en reducciones de producción eléctrica. En respuesta a las protestas ocurridas después de los recurrentes apagones, Maduro extendió las vacaciones de Semana Santa a cinco días con el fin de ahorrar energía.

La disponibilidad de agua corriente se ha visto afectada por estos apagones dado que las bombas de agua utilizadas en hogares y negocios dependen de la electricidad. Esto a su vez ha agravado el brote del virus del Zika en el país. El Zika ya ha infectado a unas 400.000 personas, en parte porque los venezolanos han recurrido a almacenar agua en baldes y frascos, creando nuevos criaderos de mosquitos.

La respuesta del gobierno de Maduro a la crisis ha sido desviar toda la culpa a la oposición de derecha, apoyada por los EE.UU. Esta posición, que fue defendida recientemente en un ensayo por Peter Bolton del Consejo sobre Asuntos Hemisféricos (COHA), ha sido resumida como la "tesis de la guerra económica", la idea que "los sectores empresariales que apoyan a la oposición están librando una campaña agresiva y prolongada de sabotaje económico y deliberadamente provocando un descontento social para desestabilizar y desacreditar al bloque gobernante chavista y en el caos subsecuente poner fin al gobierno del PSUV e instalar uno nuevo conformado por partidos de la oposición."

Es cierto que los partidos de la oposición, incorporados en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), están trabajando estrechamente con el gobierno de Estados Unidos para desestabilizar al gobierno de Maduro. De hecho, tras las elecciones legislativas en las que MUD alcanzó la mayoría en la Asamblea Nacional, sus líderes indicaron un plazo de seis meses para encontrar una "solución constitucional, democrática, pacífica y electoral" pero luego amenazaron “que este gobierno está haciendo todo lo posible para que le den un golpe de estado".

Dada la historia de golpes de estado por gobiernos de derecha extrema en toda América Latina apoyados por los EE.UU., los recientes acontecimientos políticos representan un grave peligro para la clase obrera.

Sin embargo, la intromisión del MUD y del gobierno estadounidense no es la fuente principal de la crisis, que no se limita a Venezuela. Otros países de América Latina también son engullidos por la crisis —Brasil, Argentina, entre otros países de todo el mundo, incluyendo al mismo Estados Unidos. Más bien es la crisis económica en sí que está impulsando a los Estados Unidos a reafirmar su dominio sobre América Latina como parte de su "giro hacia Asia," en un intento por expulsar lo que interpreta como importantes incursiones de China en el hemisferio.

La crisis ha expuesto en su totalidad las pretensiones socialistas del gobierno nacionalista burgués de Maduro y de su predecesor Hugo Chávez. Dieciséis años de "socialismo bolivariano" han dejado a Venezuela dependiendo completamente de los matices del mercado capitalista. Asimismo, la respuesta del gobierno a la profundización de la crisis ha sido intensificar los ataques en contra de la calidad de vida de la clase obrera venezolana.

La defensa de los derechos democráticos y sociales contra los ataques del gobierno y el peligro muy real de un intento de golpe por la derecha requieren la movilización independiente de la clase obrera, independiente del PSUV y de los partidos burgueses de la oposición.