La Seudoizquierda brasileña en crisis luego del golpe a Dilma Rousseff

por Miguel Andrade
21 junio 2016

Mientras los brasileños encaraban la realidad de la destitución del gobierno de Dilma Rousseff del PT (Partido de los Trabajadores) el mes pasado, y de la política antiobrera que ahora se impone, los grupos de seudoizquierda del país están en una profunda crisis.

Históricamente, todos ellos orbitaban el PT (partido burgués), a su afiliada federación sindical CUT (Central Única dos Trabalhadores), o a los "movimientos sociales" ligados al gobierno. De repente, sin embargo, están divididos entre los que defienden el gobierno depuesto y aquellos que se están adaptando a los movimientos de derecha, que son la verdadera base social del proceso que llevó a la suspensión y probable destitución de Rousseff.

El nuevo gobierno, encabezado por el ex vicepresidente de Rousseff, Michel Temer, ha formado el gabinete más reaccionario desde la caída de la dictadura militar, apoyada por Estados Unidos, en 1985. Perseguido por el espantajo de la Operación Lavado de Carros (Lava-Jato), la investigación del escándalo de sobornos a cambio de contratos con el gigante petrolero estatal Petrobras, el gabinete ha perdido ya dos ministros claves.

Romero Juca dejo su cargo como Ministro de Planificación Económica después de haber sido atrapado en una grabación discutiendo la posibilidad de que la destitución de Rousseff podría amortiguar el apoyo público a la investigación y salvar a líderes políticos acusados de corrupción. Días después, Fabiano Silveira, ministro de la transparencia y el control, renunció después de haber sido grabado aconsejando al presidente del Senado, Renan Calheiros, sobre la manera de hacer fracasar las investigaciones dirigidas a su persona.

Más importante aún, el gobierno, que ha tomado posesión del cargo prometiendo imponer todo el peso de la crisis económica brasilera sobre la clase obrera, se ha visto envuelto en una "metida de pata" tras otra, con ministros diciendo lo que piensan de la magnitud y brutalidad de los recortes presupuestarios y de la disminución de los derechos sociales y a los programas de alivio de la pobreza, sólo para ser criticados públicamente por Temer, quien está profundamente preocupado de provocar una explosión social.

Los trabajadores y jóvenes están mostrando los primeros signos de resistencia, con movilizaciones de maestros, profesores universitarios y del personal no docente, contra los recortes salariales y de presupuesto, junto con ocupaciones de escuelas y universidades en cinco estados.

Mientras tanto, en las principales manifestaciones contra Temer han cerrado filas con la burocracia sindical una multitud de tendencias seudoizquierdistas bajo la bandera del "Frente Popular Sin Miedo" (Frente do Povo Sem Medo).

Las tendencias brasileñas pequeño burguesas de seudoizquierda están sufriendo una crisis de profundo descrédito. Por un lado, están las fracciones del morenismo brasileño, especialmente el PSTU (Partido Socialista Unificado de los Trabajadores) y una minoría del PSOL (Partido Socialismo y Libertad). Ambos todavía esperan cosechar los frutos de su apoyo a la destitución de Rousseff por la derecha. Su perspectiva, similar a la consigna "después de Temer, nosotros," está siendo implacablemente desacreditada por los acontecimientos. Su adaptación a la derecha en cuanto al juicio político contra Roussef, es paralela a su orientación internacional, que ha incluido el apoyo a las operaciones de cambio de régimen del imperialismo estadounidense desde Libia y Siria hasta Ucrania.

Otros grupos de seudoizquierda como el PCO (Partido de la Causa Obrera, lambertista) y la mayoría pablista del PSOL se han unido a las manifestaciones callejeras que están orientadas en gran medida a un retorno del gobierno corrupto del PT, que en está a la expectativa de permanecer en el poder, ganándose el apoyo de la derecha y e iniciando las políticas de austeridad que Temer ahora intensifica.

Todos ellos están unidos por su total incapacidad de hacer un análisis clasista de los acontecimientos políticos y por su repudio a una lucha por la independencia política de la clase obrera.

Por lo tanto, no es casualidad que todos ellos también estén unidos en la promoción de la figura del antimarxista Guilherme Boulos, quien se ha convertido en una presencia acostumbrada en todas manifestaciones. Boulos utiliza estas eventos, principalmente en la ciudad de São Paulo, para explicar que el país retrocede luego del progreso de los años del PT y ha "vuelve a sus viejos maestros", en referencia a los nombramientos del gabinete de Temer, todos blancos, todos hombres, un gabinete lleno de millonarios.

Las organizaciones pequeño burguesas que promueven a Boulos no se molestan en absoluto que la pretensión de éste de oponerse al PT desde la izquierda ya había sido explotada por el PT antes de la destitución, con la presencia de Boulos en las manifestaciones patrocinadas por el gobierno, muchas veces junto a la misma Rousseff. Desde la destitución de Rousseff y contrario a su imagen de opositor del PT, ahora protagoniza el papel de defensor del PT. De esa manera se ha transformado en la indiscutible y principal portavoz del "Frente Amplio".

La metamorfosis de Boulos es la lógica continuación de su frenético ascenso durante los últimos dos años, especialmente en el período previo a la votación en el Congreso del impeachment de Rousseff, en paralelo a la profundización de la crisis del gobierno del Partido de los Trabajadores. Hubo varios hitos en el ascenso de Bouslos, comenzando con su columna semanal desde hace dos años en el periódico más importante del país, Folha de São Paulo. Además está un libro de él publicado por la académica editorial Boitempo (que también ha atraído a Brasil a otros antimarxistas como Slavoj Zizek) e invitaciones a muchos seminarios de alto nivel; lado a lado con seminarios Pro-PT, en compañía de profesores pablistas y morenistas, y un sinnúmero de entrevistas con aduladores de la izquierda burguesa, nacionalistas y grupos de reflexión estalinistas.

¿Cómo se explica una recepción tan favorable por parte de los más altos círculos de poder, de universidades, del periodismo y de la "izquierda"? Esencialmente, ejemplifica la exhaustiva elaboración de una reaccionaria plataforma, vagamente izquierdista, con el fin de desmoralizar a la clase obrera y la negar su papel revolucionario.

Boulos, de 34 años, es un aparente líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (Movimento dos Trabalhadores sem Teto, MTST), movimiento responsable numerosas ocupaciones de tierras y edificios abandonados en el estado de São Paulo. Se educó en la prestigiosa Facultad de Filosofía de la Universidad de São Paulo, antes de especializarse en psicoanálisis Lacaniano (postmodernista).

Durante los últimos dos años, el MTST ha llevado a cabo ocupaciones que han atraído la simpatía de amplios sectores de la población que sufren de la especulación inmobiliaria y de los alquileres que se elevan en todas las ciudades importantes. Boulos también se convirtió en el principal promotor de la táctica y la perspectiva de los “indignados” españoles en Brasil.

Se le concedió a Boulos su columna semanal en Folha de São Paulo hace casi dos años, después de una ocupación del MTST en Itaquera, un a barrio obrero que se aburguesaba, que amenazaba interrumpir los partidos del Mundial de Futbol del 2014 en São Paulo.

Desde entonces ha utilizado su notoriedad no sólo para promover el "Socialismo del Siglo XXI" del difunto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sino también para acusar a la clase obrera de estar "alienada" a causa de su aumento del consumo bajo el gobierno del PT. Se refiere a sustanciales capas de la clase media de São Paulo simplemente como "fascistas".

Boulos rechaza la necesidad de un nuevo partido de la clase obrera, diciendo que los cambios en la sociedad brasileña se lograrán sólo a través de organizaciones como la suya, MTST, ya que los partidos sólo pueden promover prácticas alienantes "desde lo alto".

Para decirlo sin rodeos, su punto de vista es que la clase trabajadora brasileña y las clases medias empobrecidas son en las culpables de su situación, y del golpe contra Rousseff.

Un montón de compañía política comparte ese punto de vista. Atacar a la clase obrera y sobre todo a las clases medias siempre ha sido en realidad la consigna de los ideólogos del PT, especialmente en el estado de São Paulo, la región más industrializada del país. A pesar de que São Paulo fue el lugar de nacimiento del PT y de los sindicatos industriales, el PT nunca pudo imponerse a los 30 años de gobiernos regionales chovinistas de la principal oposición de derecha, ahora organizada en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

André Singer, uno de los principales apologistas de Boulos, profesor de la Universidad de São Paulo, columnista de Folha y portavoz del ex presidente Lula, claramente representaba ese punto de vista en el período previo a la votación de la destitución en abril: "Pase lo que pase en el Congreso sobre la votación, Brasil se mirará en el espejo ", escribió el 9 de abril de 2016.

Como Singer mismo podría haber predicho, el voto se convirtió en un carnaval de horrores que incluyó disculpas para los torturadores de la dictadura militar, un espectáculo que, según su razonamiento, podría demostrar que el PT fue expulsado por ser "demasiado bueno" para Brasil .

Por su parte, Boulos escribió el 11 de septiembre de 2014 en su columna titulada "Hay fascismo en São Paulo" que "la dinámica económica ha establecido [socialmente] una mentalidad de limpieza en las elites y las clases medias" de São Paulo.

Más tarde, en julio del 2015, en un seminario patrocinado por la revista Brasileiros sobre los años del PT en el poder, Boulos declaró que el partido "modelo para mejorar la vida por medio del consumo, da forma a las mentes de los consumidores, no a las mentes de las personas que exigen los derechos sociales", y que esto favoreció un ambiente "de meritocracia, despolitizado".

En otras palabras, las capas anteriormente empobrecidas de la sociedad se mueven a la derecha porque el PT crea un excesivo aumento de ingresos, que fue posible gracias a los ahora ya evaporados precios de materias primas y al auge de los mercados emergentes, que permitió un aumento mínimo en el consumo. Como resultado, argumenta Boulos, los trabajadores han sido comprados y son indiferentes a las cuestiones de los derechos sociales.

Él hace este análisis desde el punto de vista de São Paulo que es el epicentro del capitalismo brasileño, una ciudad de 11 millones, con un 15 por ciento de la población viviendo en barrios bajos y con los niveles más extremos de desigualdad social en el planeta, cosa tanto más sorprendente.

Esta perspectiva, que culpa esencialmente a la clase obrera por su propia opresión, se convierte en una justificación –para todo uso— del orden social existente y la base política de las formas más descaradas del oportunismo.

Por lo tanto uno no se debe dejar sorprender que entre las "nuevas formas de organización" que Boulos elogia están los "Consejos Populares" de Venezuela, formas promovidas por el estado, a través de las cuales el gobierno burgués del país busca legitimar el desarme político de la clase obrera e imponer las políticas que han provocado el desastre económico actual.

Como Boulos mismo dijo en una reunión de la seudoizquierda en Junio de 2015 con el propio presidente Lula, Fernando Haddad (Alcalde de São Paulo, PT), y David Harvey: "Algunas personas tienen alucinaciones que el PT está formando un gobierno Bolivariano. ¡Me gustaría que así fuera”!

El significado completo de esas concepciones quedó claro en otro comentario que hizo: "No es posible organizar a la gente sin obtener algo del gobierno". O, como decía, ya en 2011, en un seminario de la Sección Brasileña de la Comisión por una Internacional de los Trabajadores: "Uno puede tener 20 seminarios sobre el marxismo con las personas sin hogar, pero no las va a organizar si no les puede ofrecer un subsidio de alquiler."

Frente a tal profundo y arrogante desprecio por clase obrera y por los oprimidos, a un abandono de un análisis de clase tal, a tal dependencia en el estado capitalista, toda pretensión de que Guilherme Boulos es socialista, ni decir marxista, tiene que ser un producto de mala fe política.

Recurrir a ese tipo de charlatanería política es un síntoma de la desesperación que toda la seudoizquierda siente cuando se enfrenta al colapso del Partido de los Trabajadores, su principal proyecto de más de 30 años. En el trajín de un período prolongado, el PT fue forjado en el partido preferido de poder de la burguesía brasileña, anticipando de muchas maneras las tendencias observadas en la política contemporánea de los países industrializados: Podemos en España, Syriza en Grecia y el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia.

Prácticamente todas las organizaciones que hoy pretenden oponerse al PT desde la izquierda no sólo ha funcionado dentro del partido, sino que han jugado un papel activo tanto en su inicio, como en su transformación en un partido de dominación burguesa. Estas tendencias no deseaban criticar a la organización o sacar lecciones de su historia aun cuando muchas fueron expulsadas por el PT a través de los años por considerar el partido demasiado contundente en su desplazamiento hacia la derecha. En lugar de ello, se han comprometido a repetir sus traiciones una y otra vez con la formación de frentes y "partidos amplios", tales como el PSOL actual y el "Frente Popular sin Miedo." El giro unánime para Boulos refleja la comprensión de las seudoizquierdas de que todo el proyecto no podría sobrevivir a las diferencias tácticas que puedan tener entre sí.

La presencia constante de Guilherme Boulos en autodenominados círculos de "izquierda" en Brasil se debe a la posición de clase de un sector privilegiado de académicos, grupos de reflexión y funcionarios estatales que están profundamente influenciados por el pensamiento idealista subjetivo francés, particularmente por sus representantes postmodernistas, especialmente aquellos que sale de su alma mater, la Universidad de São Paulo.

Su pensamiento también recuerda el de sus homólogos estadounidenses contemporáneos, influenciados por figuras como Herbert Marcuse que hace mucho tiempo dictó que la clase obrera de Estados Unidos es una fuerza contrarrevolucionaria, debido al relativamente alto nivel de vida que consiguió ganar mediante las enormes luchas de generaciones pasadas.

Los comentarios de Boulos sobre el "fascismo de la clase media" y la "alienación" de los trabajadores traen a la memoria los liberales satisfechos de sí mismos en los Estados Unidos que culpan a la "clase obrera blanca"; a menudo referida como la "clase media", del éxito de Donald Trump.

No deja de ser irónico que toda una capa de intelectuales brasileños contemporáneos, históricamente hostiles a la influencia del pensamiento estadounidense, haya adoptado la porción que les es más útil para negar y ocultar las luchas revolucionarias de la clase obrera.

La clase trabajadora brasileña puede romper el control del PT, la burocracia sindical y sus colaboradores de seudoizquierda sólo a través de una crítica implacable de todas estas tendencias. Es esta lucha la que preparará a la movilización política independiente de la clase obrera y a la construcción de una nueva dirección socialista e internacionalista revolucionaria.