Muere Michael Cimino, 77, director del Francotirador, y de La puerta del cielo

por David Walsh
11 julio 2016

Michael Cimino, cineasta y guionista, falleció en Los Ángeles el dos de julio a la edad de 77. Cimino es famoso por dos películas que tuvieron destinos opuestos. Deer Hunter (conocida como El francotirador en Hispanoamérica y El cazador en España) (1978), cinta que obtuvo varios premios de la Academia de Cine Hollywood, y La puerta del cielo (Heaven’s Gate) (1980), película que fue repudiada por los comentaristas más importantes, perdió mucho dinero y causó mucho daño a la carrera de Cimino.

Michael Cimino

El ataque feroz, por razones políticas, contra La puerta del cielo, un drama sobre la lucha de clases en el oeste norteamericano a fines del siglo XIX, significó un parteaguas en la industria de cine de Estados Unidos. La quejas entorno al presupuesto de Cimino y contra los excesos generales, también relacionados con las dificultades en la producción del film Apocalypse Now (Apocalypse Ahora, en España) de Francis Ford Coppola, se convirtieron en pretextos para maniatar a los directores independientes y transformar a Hollywood en lo que ahora casi es por completo: Una línea de ensamblaje de exitazos taquilleros.

La puerta del cielo (1980)

Después de la controversia de Heaven’s Gate, Cimino sólo logró dirigir cuatro más películas comerciales: Year of the Dragon, The Sicilian, Desperate Hours, y Sunchaser (Manhattan Sur, El Siciliano, 37 horas desesperadas, Sunchaser); la más reciente fue hace más de veinte años.

Cimino nació en la ciudad de Nueva York en 1939. Pasó su niñez en Long Island, suburbio de esa ciudad. Estudió en las universidades Michigan State y Yale. Habiendo completado sus estudios graduados, Cimino fue a la Avenida Madison de Nueva York para trabajar en la industria de publicidad. Eventualmente dirigió anuncios comerciales para la televisión. Se mudó a Los Ángeles en 1971, donde comenzó a trabajar como guionista. Uno de sus guiones captó el interés de Clint Eastwood y Cimino pudo dirigir Thundebolt and Lightfoot ( un botín de 500.000 dólares, en España) (1974), una cinta violenta y sin ton ni son con Clint Eastwood y Jeff Bridges.

El próximo proyecto de Cimino trató de un importante tema con serias aspiraciones: El cazador (Deer Hunter, francotirador), la guerra de Vietnam y la vida de la clase obrera de Estados Unidos. El film examina la vida –y la destrucción física y moral en la guerra de Vietnam— de tres jóvenes obreros siderúrgicos del oeste del estado de Pensilvania (Robert De Niro, Christopher Walken y John Savage).

The Deer Hunter (1978) (conocida como El francotirador en Hispanoamérica y El cazador en España)

Las escenas en Vietnam, donde los tres son torturados por los guerrilleros del Vietcong, son las más débiles. Robin Woods indica, en un artículo que por lo general en muy perceptivo, llamado Dos Films de Michael Cimino (Two Films by Michael Cimino): “La obra, claro está, representa lo terrible que es la guerra, tan traumática y tan terrible, pero sólo porque los que sufrieron tanto fueron ‘nuestros chicos’. Al igual que en casi todas las otras películas sobre Vietnam… lo que se reprime por completo es el análisis político y nunca se permite la posibilidad de que a alguien se le ocurra considerarla una guerra de agresión imperialista”.

No obstante, resaltan otros importantes elementos en The Deer Hunter, comenzando con que es una de las pocas películas producidas por el supuesto movimiento New Hollywood que presenta seriamente las condiciones y los sentimientos de la clase obrera de Estados Unidos. Lo que distingue la obra de Cimino es su manera de respetar y sentir una simpatía genuina para con la vida cotidiana de Clairton, Pensilvania (aunque la película fue filmada en otro lugar) –incluyendo sus aspectos más atrasados, religiosos, convencionales, y patrióticos— al mismo tiempo inevitablemente llevando al espectador a la conclusión de que todo terminará en una catástrofe, sin que ninguno cargue con la culpa de eso o sea débil.

Haya o no estado totalmente conciente Cimino, los horrores de la guerra de Vietnam se empalman en el film con la brutalidad y las confusiones de la vida americana, con todas sus fealdades, negligencias y corrupción. Añade a la aflicción de este film que la industria del acero en esa región de Pensilvania estaba a punto de ser desmontada.

The Deer Hunter

Casi aterra la gran separación entre la sinceridad y la esencia consecuente de los personajes de Deer Hunter, por un lado, y el destino que America les depara, en casa y en Vietnam, por el otro –en las escenas más perceptivas del film.

Aun así, no todo funciona en esta obra. No viene al caso intimar diversas formas de represión sicológica y sexual –incluyendo la supresión de sentimientos que los principales protagonistas (De Niro y Walken) tienen para sí— que en cierto sentido son elementos detonadores. Sin embargo, “de ninguna manera se puede considerar que esta película perturbadora es una celebración de la America de hoy”, sugiere Wood .

Todo lo contrario, dice el comentarista, en contraste con la visión de America de las películas clásicas, las de John Ford por ejemplo, en Cimino chocamos con la histeria del posible colapso de la boda de Clairton: en vez de armonía y unificación, nos topamos con caos, tensión y disrupción. La proximidad nefasta de Vietnam (los tres protagonistas irán a la guerra el día siguiente) es solo la más seria de varias causas de la histeria de la boda.

Wood también comenta sobre el himno God Bless America (Dios bendiga a America) al fin del film, diciendo que “la única America que tiene legitimidad en el film es la de Clairton –una comunidad de inmigrantes de Europa Oriental que yace destruida a los pies de la America dominante. Cualquiera sea el punto de vista con que se mira esta película, es evidente que esta canción sólo expone algo que ya está perdido.

Motivado por el éxito de The Deer Hunter Cimino arremetió con un proyecto cuyas aspiraciones eran aun más grandes: Representar a Estados Unidos en la antesala de la edad moderna, la época en que surgían gigantescos monopolios, en la película La puerta del cielo. Utilizó la guerra del condado de Johnson, que ocurrió en el estado de Wyoming entre las grandes empresas ganaderas y los pequeños granjeros. El punto cumbre de esa guerra fue la batalla entre los matones contratados por las compañías y un grupo de pequeños agricultores y ganaderos en abril 1892. Los mercenarios se salvaron sólo gracias a la intervención del gobierno federal con el Sexto Regimiento de Caballería.

En la versión de Cimino, los sitiados granjeros son un grupo de inmigrantes de Europa Central y Oriental. Famélicos, los inmigrantes recurren al robo de vacas. La Asociación de Ganaderos, decide exterminarlos contratando pistoleros, $50 por cada “ladrón” muerto. Los ricos aristócratas del ganado tienen una lista de 125 colonos.

La puerta del cielo

Jim Averill (Kris Kristofferson) es el jefe de la policía federal del condado de Johnson. Es íntimo con Ella Watson, la dueña de un burdel, que acepta dinero y ganado. Ella también está enamorada con Nate Champion (de nuevo, Walker), quien hace cumplir las órdenes de las compañías de ganado. Cimino usa los nombres de verdaderas personas envueltas en la guerra del condado de Johnson, pero sin detenerse en los detalles de la historia.

Frank Canton (Sam Waterston), dirigente principal del la Asociación de Ganaderos, es un defensor del lucro, despiadado y sanguinario. En una de las escenas iniciales, Canton alecciona a otros de los socios: “Éste ya no es un país para los pobres. Estos inmigrantes sólo fingen ser granjeros. Nosotros sabemos que muchos de ellos son ladrones y anarquistas que abiertamente asaltan nuestras tierras… Ayer tuve una charla muy positiva con el gobernador [de Wyoming]. Me aseguró con frases muy favorables que nos apoyaba completamente; lo mismo va con el Senado y la Casa de Representantes y con el presidente de estos Estados Unidos”.

Cuando los pistoleros invaden el condado de Johnson y comienzan asesinando a los que están en la lista negra (que también incluye a Ella), los colonos discuten y debaten como reaccionar. Algunos favorecen compromisos (hasta proponen entregar a todos que están en la lista). Los mas indignados y militantes recién llegados escogen el camino de las armas contra las empresas. “Éstas [las empresas] proponen que los pobres nada tengan que decir sobre los asuntos de este país”. El choque final entre los pistoleros a sueldo y los colonos inmigrantes, a quienes Averill finalmente se une, es una larga batalla, llena de salvajismo. En una escena, al comienzo del film, uno de los colonos le dice a Averill: “Se está haciendo peligroso ser pobre en este país”, responde Averill: “Siempre ha sido así”.

Al estrenar en Nueva York la versión larga de La puerta del cielo, de tres horas y cuarenta minutos de duración, casi dos semanas después de la elección del presidente Ronald Reagan, arremeten contra ella, con salvajismo, por los principales comentaristas; un similar ataque toma lugar en estos días contra el film Free State of Jones .

El primero de mayo de 1981, el Bulletin –periódico de la Liga Obrera, antecesora del Partido Socialista por la Igualdad— publicó una crítica de versión corta (“The Lynching of ‘Heaven’s Gate’”), que describe el asalto de los críticos: la versión más corta de “ La puerta del cielo, el film del laureado (por la Academia de Cine) director Michael Cimino, que estrenó hace una semana, es blanco de abuso y desprecio”.

“El New York Times dice que la película es una ‘desesperada chapucería’ que carece tanto de ‘temática como de propósito’”. La revista Time expresa su rechazo a la supuesta ‘idea de marxismo a la Hollywood: los pobres son mejores que los ricos porque son más fotogénicos’”.

“El Washington Post dice que La puerta del cielo es un ‘humillante elefante blanco’ una ‘monstruosa locura’; le pone el rótulo de ‘tonto arrolladopor la historia revisionista, que solamente logra crear una ‘caricatura particularmente trillada’”.

La puerta del cielo

Vincent Canby, comentarista del New York Times, escribió una muy nauseabunda crítica inicial en noviembre 1980. Dijo el film era un “desastre sin cualificaciones”; decretó que “El enfoque de Cimino es tan predecible que para mí la película fue como una caminata forzada de cuatro horas en mi living room ”. Sarcásticamente, Canby señala que “El mensaje de La puerta del cielo es que los ricos asesinarán para apropiarse de tierra que no es parte de su herencia, cosa que no es suficiente para sostener un espectáculo de tres horas y cuarenta y cinco minutos en la pantalla”.

Precisamente como lo señalaba en 1981 el Bulletin: “En el fondo, la crítica de La puerta del cielo … es sobre la sustancia del film”.

“La inquina de los comentaristas se debe a que muchas habilidades, tiempo y recursos se dediquen a recrear fielmente un sangriento capítulo del capitalismo americano”.

Ahora que se puede conseguir la versión restaurada, de tres horas, cuarenta minutos, es posible confirmar la verdad de ese argumento.

Dejando de lado la crítica que uno le pueda hacer a esta obra, ese asalto verbal, incluyendo el reclamo que La puerta del cielo fue una de las peores películas hechas, es tan absurdamente desproporcionado que sólo podría haber sido producto de consideraciones ideológicas y políticas.

En verdad, La puerta del cielo hoy en día es considerada una obra fascinante y emotiva. Las escenas iniciales, con la graduación de Averill de Harvard en 1870, donde el muy religioso Reverendo Doctor (el maravilloso Joseph Cotton) les recuerda a los nuevos graduados de su responsabilidad de “educar a una nación”, bien resume la atmósfera ideológica cinco años después del fin de la Guerra Civil dentro de “un centro intelectual a servicio de una clase de poder convencida que estaba destinada a dominar el mundo”. De todo eso hacen hincapié los comentaristas del Bulletin en 1981.

Escenas como la celebración a patines, con todo el pueblo presente, del cumpleaños de Ella proyectan una “energía infecciosa” (frase de Robin Woods). Es uno de las técnicas que usa Cimino para sugerir que otro Estados Unidos es posible, muy diferente al el que controlan los grandes intereses empresariales.

La cinta contiene errores, excesos y languidez. Por momentos Cimino quizás se engaña y confunde la perfección artística con las demandas de sus demonios personales. Se dice que una breve secuencia de uno o dos minutos requirió todo un día y 52 episodios de filmación. Uno de los protagonistas originales, hablando con el WSWS de Cimino, dice: “Tuvo la brillante idea de europeos del este llegando al oeste norteamericano y a la guerra del condado de Johnson pero borró toda la espontaneidad filmando cada escena veinte veces”.

Sin embargo, no se ataca a La puerta del cielo por sus debilidades –más bien, éstas son utilizadas muy deshonestamente, para asaltar lo que es fuerte en la película: su cuidadoso y muy nítido repudio a la América capitalista moderna y a su brutal forma de gobernar. La obra de Cimino documenta, sin dejar lugar duda, la opinión de los ricos en Estados Unidos son, como lo dijo Trotsky, “esencialmente depravados, predatorios, bestiales, en todo el sentido de la palabra, y criminales”.

Nada querían saber de eso la clase media alta, en rápida marcha a la derecha en 1980. Ya había retrocedido mucho del radicalismo de los 1960 y 1970. Los comentaristas y críticos de cine, y los círculos en que existían, sumidos en una escala de cinismo, egoísmo y engaño con las maravillas de la libre empresa, los ataques y desprecio de Reagan hacia los pobres y la lucha contra ese “imperio del mal”, la Unión Soviética, apostaban a Reagan. La puerta del cielo al fin cae víctima de ese reaccionario cambio de dirección de la veleta política.

Jeff Bridges (quien represento un personaje más o menos basado en uno de sus antepasados, John Bridges) al enterarse de la muerte de Cimino escribió en Facebook que La puerta del cielo es una “cinta sobre una época fascinante en la historia americana, cuando la aristocracia ganadera, con el apoyo del gobierno estadounidense, le hizo guerra a los migrantes –la guerra del condado de Johnson. … Los meses de filmación en el Montana constituyen toda una experiencia cinematográfica. Cuando se estrena La puerta del cielo, muchos críticos la declararon un fracaso, un desastre. Bueno … esa fue sólo su opinión, hermano. Para mí, y para muchos otros, es una gran obra de arte, que se hace más bella cada vez que la vemos”.

En verdad, mucho ha cambiado la evaluación de La puerta del cielo. En diciembre del 2015 Nicholas Barber de la BBC dijo: “Posiblemente [Cimino] se ría último y mejor. Su versión original de La puerta del cielo provocó éxtasis cuando se presentó en Gran Bretaña en 1982. Treinta años después, Cimino exhibe una versión restaurada y mejorada en el Festival de Cine de Venecia, y su recibimiento es aun más eufórico. Los que hoy hacen el ridículo son Canby y sus compañeros críticos; La puerta del cielo se ve magnifica”. En el 2012, Richard Brody del New Yorker dijo que el film había sido “víctima del asesinato de los críticos. Con sus reseñas, los más notorios críticos estadounidenses se embarraron, y embarraron a su profesión, con vergüenza”.

Los críticos del Bulletin, concluyendo su comentario sobre La puerta del cielo otra vez repudiaron el rechazo hostil de la película, que “tiene todo que ver con la táctica de encarrilar a las artes hacia la derecha”. Los autores continuaron: “Recomendamos sin reserva esta película. Su director, Michael Cimino, se ha esmerado en representar este acontecimiento histórico con fidelidad y honestidad. Con este film, y con su película anterior, The Deer Hunter, demuestra gran sensibilidad representando la vida de la clase obrera.

“Le urgimos a Cimino a que pelee por esta cinta. Estamos seguros que tendrá seguidores entre los intelectuales, los mejores sectores de la clase media, y sobre todo en la clase trabajadora”. Cimino le escribió al comité de redacción del Bulletin, agradeciendo la posición que había tomado esa publicación socialista.

Treinta y cinco años después, La puerta del cielo, reconquista su merecido lugar en la historia de la cinematografía americana, y su fallecido director es totalmente vindicado.