Tras la victoria de Trump el peso mexicano se desploma en medio de la inquietud de la clase gobernante

por Clodomiro Puentes
6 diciembre 2016

En las dos sesiones de intercambio comercial inmediatamente después de la elección de Donald Trump el pasado martes, el valor del peso mexicano se desplomó a 12.6 por ciento. Al cierre de la sesión del pasado jueves, el peso había caído a 20.53 pesos al dólar, del 18.6 en las vísperas de las elecciones. Éste continuó su caída a 21.45 pesos el viernes.

La abrupta devaluación del peso reflejó el volcar de las expectativas de la élite gobernante mexicana por una victoria de Clinton y ha puesto al descubierto sus ansiedades por lo que presagia un gobierno encabezado por Trump. De preocupación particular es la retórica proteccionista del presidente electo, en la cual manifiesta su intención de imponer una tarifa de 35 por ciento a todas las exportaciones automotrices manufacturadas en México hacia los EE.UU. junto con su denuncia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, siglas en inglés) como “el peor tratado comercial que se haya realizado.” Sobre éste último punto, él ha realizado vagas amenazas que van desde abandonar el tratado por completo a renegociar los términos.

El comercio bilateral entre EE.UU. y México se estima en US$583 mil millones anuales, con el 80 por ciento de exportaciones yendo a EE.UU. Una renegociación de NAFTA podría crear las condiciones de crisis e incertidumbre que podrían superar los efectos de Brexit en Europa.

Aún así, la moneda mexicana consiguió obtener el modesto valor de 20.3 pesos al dólar esta semana a medida que el pánico inicial de la aristocracia financiera mexicana dio su paso a algunas expresiones de cauteloso optimismo. Los comentarios pasados de Trump sobre inversiones en infraestructura y el recorte de las tasas de impuestos a corporaciones de 15 a 35 por ciento en EE.UU. son vistos como potencialmente beneficiales a algunas secciones de la clase gobernante de México así como también a largo plazo.

El veneno anti-inmigrante del multimillonario de extrema derecha presenta también una preocupación a la clase gobernante mexicana. Esto no es motivado por una consternación del bienestar de millones de trabajadores inmigrantes indocumentados que él intenta deportar sino por la posibilidad de que sea disminuido en gran cantidad los ingresos de los envíos (actualmente valorizado en US$24.8 mil millones cada año) que van para México.

Existe un considerable enojo público por el fiasco político que fue la visita de Trump a México en Septiembre. La exhibición de servilismo del Presidente Enrique Peña Nieto hacia Trump, la figura más odiada en México, sirvió para minar aún más la legitimidad de su administración. Su nivel de aprobación ha caído a 26 por ciento.

Las amenazas de deportaciones masivas de Trump es en gran parte una continuación de lo que ya está ocurriendo. El Secretario del Interior mexicano Osorio Chong anunció recientemente la expansión del Programa Somos Mexicanos, un programa que fue implementado en el 2014 con el propósito expreso de reintegrar a los deportados en la fuerza laboral. Esta fue una respuesta complementaria a la política de deportación de la administración Obama, el cual envío de vuelta 200,000 nacionales mexicanos tan sólo en el 2015.

De manera similar, la propuesta del “muro” ha obtenido solamente la reacción más moderada del establishment político mexicano, el cual no puede hacer mucho ya que se encuentra atrapado entre la creciente desaprobación de la población mexicana por un lado y las demandas de su subordinación al imperialismo estadounidense por el otro.

Peña Nieto dio una breve conferencia de prensa el día siguiente de las elecciones estadounidenses en la que relató pocas cosas sustanciales, excepto el reafirmar la postración de la élite gobernante de su país ante Washington. Cuando se le preguntó sobre el esquema de deportación de Trump, él solamente pudo ofrecer: “Como presidente de México, velaré en cuerpo y alma por el bienestar y los derechos de los mexicanos donde quiera que se encuentren”. El propuesto muro estaba notablemente ausente de su discurso.

Él añadió: “el presidente electo Donald Trump expresó su voluntad para trabajar con todos y cada país, buscando acuerdos y no hostilidades, alianzas y no conflictos y México comparte esa visión”.

Peña Nieto encontrará áreas de “acuerdo y no hostilidad” adaptando su administración a las medidas de estado policíaco que Trump ha propuesto para detener a millones de inmigrantes indocumentados. Dado su bien establecido historial de ser el aplicador de las represivas políticas de inmigración de Washington–en las que ha llevado a cabo decenas de miles de deportaciones de inmigrantes centroamericanos como parte del Plan Mérida–no hay ninguna razón para sospechar que la élite mexicana no continuará haciendo los mandatos de Washington.

Al contrario de las afirmaciones racistas de Trump sobre vendedores de drogas, violadores y criminales cruzando la frontera México-EE.UU., el hecho es que ha habido una salida neta de inmigrantes mexicanos de vuelta a su país de origen en años recientes, como respuesta a las draconianas políticas de inmigración de la administración Obama y las limitadas oportunidades económicas disponibles desde el colapso financiero del 2008. Las denuncias de Trump están diseñadas para contaminar el clima político en EE.UU. y volver chivos expiatorios a los trabajadores inmigrantes por las condiciones creadas por la decadencia del capitalismo estadounidense.

Sus llamados xenófobos inevitablemente encallaran en la intratable realidad que es la dependencia del capitalismo estadounidense del estrato vulnerable y súper explotado de los trabajadores inmigrantes indocumentados. Existen divisiones entre la clase gobernante sobre cómo tratar el “problema” de los trabajadores inmigrantes, particularmente por parte de los grandes conglomerados de agronegocios que han promovido por mucho tiempo por la “reforma” de inmigración, para así administrar y explotar mejor a sus trabajadores.

Dave Heineman, quién tiene un puesto en la comisión consultiva agrícola de Trump, al declarar al diario online agrícola Agri-Pulse sobre el futuro de los acuerdos comerciales como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, siglas en inglés) y el NAFTA, confirmó estas diferencias: “Habla con gobernadores de grandes estados industriales y te dirán que mientras la agricultura estaba favorecida en las relaciones comerciales en estos acuerdos de comercio, mientras que el sector manufacturero y de otros sectores de la economía te dirán que no”.

Sea cual sea la forma final que Trump tomará para reprimir a los trabajadores inmigrantes, la subyacente lógica política es la de crear una brecha entre los trabajadores que están objetivamente vinculados a través de fronteras nacionales en el proceso de producción y cuyos intereses comunes son hostiles a aquellos de sus respectivas clases gobernantes.

Tanto trabajadores y granjeros estadounidenses y mexicanos fueron impactados negativamente por NAFTA, el cual fue desarrollado por administraciones republicanas y demócratas antes de que fuese finalmente implementado en 1994.

Campesinos pobres encontraron sus sustentos de vida destruidos por la entrada de importaciones baratas agrícolas desde EE.UU. que eran sostenidas por subsidios federales. Esto coincidió con el recorte en el propio México de subsidios agrícolas junto con otras contrarreformas neoliberales como la ola de privatizaciones de activos importantes como las telecomunicaciones y los ferrocarriles y el desmantelamiento de las protecciones constitucionales del sistema ejido de agricultura comunal.

Como consecuencia de NAFTA, México, antiguamente autosuficiente en maíz, ahora recibe la mitad de su suministro de EE.UU. La agricultura mexicana se estima en haber perdido casi un millón y medio de trabajos; fue esta ruina del pequeño agricultor mexicano que resultó ser una fuente esencial para la inmigración hacia el norte en este período.

El crecimiento de la clase trabajadora industrial mexicana fue manifestado en la proliferación de las maquiladoras de salarios bajos, plantas industriales alrededor de los estados fronterizos que facilitaban la producción por las fronteras nacionales, un proceso conocido como “near-sourcing” en inglés. México es ahora el tercer más grande productor de automóviles después de EE.UU. y Brasil en América y las compañías automotrices están ansiosas de explotar una fuerza laboral cuyo sueldo es en promedio $5 la hora, casi un tercio del bajo salario que se le paga actualmente a los nuevos contratados en las plantas automotrices de EE.UU.

Andrés Manuel López Obrador, presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) de centro izquierda se distinguió poco de Peña Nieto con sus hastiados comentarios en los que aconseja a la población mexicana no entrar en “pánico” ante el programa de Trump.

“En el caso de Estados Unidos es mejor esperar y a partir de lo que vayan decidiendo vamos a actuar, yo espero que no haya sorpresas desagradables, al contrario, que ellos mismos tengan que rectificar porque no se va a resolver nada con muros y con medidas coercitivas, confío en que los vamos a convencer de que lo mejor en la relación con los Estados Unidos es la cooperación para el desarrollo."

López Obrador tiene en mente hacer de cualquier deterioro en las relaciones EE.UU.-México bajo una administración Trump una ventaja electoral para las elecciones del 2018. Ante la estirpe de extrema derecha de nacionalismo económico de Trump, López responderá de la misma manera con el apoyo de la pseudo-izquierda mexicana.

Las tendencias como el Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS), la sección mexicana del morenista FT-CI, intentan distanciarse formalmente de las políticas de Morena, pero lo que avanzan políticamente no es sustancialmente diferente. Su insípida declaración antes de las elecciones en EE.UU. –“¡Ni ‘Killary’ ni Trump! Organicemos el descontento contra la injerencia yanqui”- tiene todas las marcas de una estrecha perspectiva nacionalista que desciende repetidamente hacia un vulgar anti-americanismo.

Ellos no ofrecen ningún análisis sobre las razones por que Trump emergió como el favorito republicano. La clase trabajadora estadounidense no aparece ni una sola vez en la pieza. En vez de ello, sólo hay clichés sobre Estados Unidos como un indiferenciado monolito imperialista.

De manera significativa, su propia crítica sobre el gobernante PRI es que “ha abandonado hace mucho su retórica nacionalista.” Como el WSWS ha señalado, la aspiración básica de las secciones de clase media alta es retornar a la clase de curso nacionalista que existió durante los días del “milagro mexicano,” como si las condiciones objetivas que permitieron las ganancias limitadas de la industrialización por sustitución de importanciones durante la posguerra pudieran retornar por pura voluntad. Si el MTS decide participar por su cuenta en el 2018, solamente contrapondría el proteccionismo de Morena con una trampa política similar para la clase trabajadora mexicana, aunque con una presentación pseudo-socialista.

Las medidas proteccionistas son un callejón sin salida económico que solamente sirven para intensificar las disputas comerciales y las tensiones políticas. La falsa invocación a la “soberanía nacional” en México o la promesa de “hacer grande a EE.UU. otra vez,” sólo puede ser logrado sobre la base de atacar las condiciones de vida de la clase trabajadora, como ya ha quedado en evidencia en el “rescate” de Obama de la industria automotriz en el 2009. Dicho sin rodeos, la única manera de traer de vuelta los empleos sobre una base capitalista es intensificar los ataques a las ganancias duramente conseguidas de las clases trabajadoras por todo Norteamérica.

En un consternado editorial el jueves titulado “Prepararse para lo peor,” el diario de la ciudad de México La Jornada, declaró que la implementación de las promesas de campaña de Trump podría crear una población de 10 millones de personas “en situación de total carencia.” Hizo un llamado al gobierno para que prepare un programa masivo de obras públicas para construir viviendas, escuelas, clínicas y otras infraestructuras. Luego de reconocer que tal iniciativa tendría un “costo astronómico,” el diario advirtió que sin ella, “México se encontraría ante una catástrofe humana inmanejable, desestabilizadora y trágica.”

Ya que ninguna sección de la burguesía mexicana está preparada para llevar a cabo semejante programa, el prospecto es el de la intensificación rápida de la lucha de clases y un nuevo período de crisis revolucionaria.