Israel, Palestina y la “solución de dos estados”

9 enero 2017

El discurso de John Kerry, el secretario de Estado estadounidense, reafirmando el apoyo de EE.UU. a una “solución de dos Estados” al conflicto palestino-israelí no fue sólo un ejercicio de ficción política. Más bien, fue una advertencia de que abandonar esta política tendría consecuencias explosivas para EE.UU. e Israel en Oriente Medio.

Tanto el gabinete entrante de Donald Trump como el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu denunciaron al gobierno de Obama por sólo abstenerse y no haber utilizado su poder de veto en la votación del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, ONU, del 23 de diciembre que condena la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania y el este de Jerusalén. Una gran parte de los demócratas en el Congreso estadounidense se sumaron a la denuncia de la abstención.

Al tomar su decisión sobre la resolución, el gobierno estadounidense no tomó en cuenta el futuro del pueblo palestino. Como lo dejó claro Kerry en su discurso, EE.UU. siempre ha sido el principal apoyo internacional de Israel. Al contrario, estaban tomando en cuenta la necesidad de mantener la “solución de dos Estados” como parte de “la promoción de los intereses de los Estados Unidos en la región”.

Kerry expresó la inquietud de que, bajo condiciones en las que la posición estadounidense se ha debilitado considerablemente, sobre todo por el fracaso de su operación de cambio de régimen en Siria, EE.UU. iría a sufrir contratiempos importantes si se abandona oficialmente la “solución de dos Estados”.

Kerry y del gobierno de Obama buscan que siga con vida la ilusión de paz con los palestinos mediante el establecimiento de su propio Estado, ya que permite que los aliados de EE.UU. en los regímenes burgueses árabes puedan suprimir la oposición social y política. De esta forma, Washington puede utilizar a estos regímenes para asegurar su dominio en la región rica en petróleo de Oriente Medio.

Enfatizando que su tarea es sobre todo “defender a los Estados Unidos”, Kerry dijo que la alternativa a una “solución de dos Estados”, es decir, la completa dominación colonial de Israel en Cisjordania, “se está convirtiendo rápidamente en una realidad”. Advirtió que si “nos quedamos con los brazos cruzados sabiendo que estamos permitiendo que una dinámica peligrosa se establezca, la cual promete mayores conflictos e inestabilidad en una región donde tenemos intereses vitales, estaríamos abandonando nuestras responsabilidades”.

Por su parte, el gobierno israelí pudo haber simplemente ignorado la ineficaz resolución de la ONU, que no tiene mecanismos para exigir su cumplimiento y que, además, está en línea con resoluciones similares que se remontan varias décadas atrás, en las que EE.UU. también se abstuvo, como Kerry lo notó en su discurso.

Sin embargo, decidió no hacerlo debido al cambio de política anticipado por el gobierno entrante de Donald Trump, el cual podría abandonar esta política de los dos Estados. Trump indicó esta posibilidad al nombrar a David Friedman, su abogado de quiebras, como embajador de Israel.

Friedman ha recaudado fondos por muchos años para los asentamientos judíos en Cisjordania y ha apoyado el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, una acción que se consideraría un abandono de facto de la política de dos Estados.

Kerry advirtió que cualquier acción de este tipo no sólo pondría en peligro los intereses estadounidenses, sino que también los de Israel. Expresó la posibilidad de que los líderes árabes estuvieran dispuestos a forjar una nueva relación con Israel, ya que tienen “intereses comunes en contrarrestar las actividades desestabilizadoras de Irán”, pero que dicha cooperación depende de “avances significativos hacia la solución de dos Estados”.

Sin embargo, el gobierno israelí, dijo Kerry, es “el más derechista en la historia de Israel, con una agenda impulsada por los elementos más extremos”, y que estaba más “más comprometido con los asentamientos que cualquier otro en la historia israelí”.

El establecimiento de solamente un “Gran Israel” plantearía enormes problemas para Israel, advirtió Kerry. Si la ocupación de los territorios palestinos fuese declarada como permanente, la Autoridad Palestina se disolvería, planteando la cuestión de cómo es que respondería Israel ante las protestas masivas y los disturbios civiles. Habría cada vez más violencia y desesperación entre los palestinos, lo cual “crearía un terreno muy fértil para extremistas”.

La ruptura entre el gobierno israelí y el gobierno saliente de Obama es otra expresión de la ruptura del orden de la posguerra, dentro del cual, fue esencial el establecimiento del Estado de Israel respaldado por EE.UU.

El discurso de Kerry constituye una advertencia de que la ruptura de este orden y las relaciones políticas que han sido tan vitales para su mantenimiento—incluyendo la “solución de dos Estados”—podría tener consecuencias potencialmente catastróficas.

Como con todo conflicto y crisis, estos eventos han servido como una valiosa lección para aclarar ficciones políticas y develar la realidad subyacente y esencial.

Han quedado al descubierto dos diferentes mitos.

En primer lugar, se encuentra el argumento de que establecer el Estado de Israel podría asegurarle la paz y la seguridad al pueblo judío después de los horrores del Holocausto. La política expansionista y colonialista del sionismo ha generado confrontaciones entre pueblo israelí y los otros pueblos de la región, manteniendo a la población bajo un constante peligro de guerra. Mientras tanto, su expansionismo ha sido pagado a través de la creación de una de las sociedades más desiguales del mundo. La creación de un Estado sionista, como León Trotsky advirtió, ha sido una “trampa sangrienta” para el pueblo judío.

En segundo lugar, la desintegración de la llamada “solución de dos Estados” ha develado la completa bancarrota de la perspectiva de que la paz y la seguridad de las masas palestinas y el fin de su opresión por el Estado sionista pueden obtenerse mediante una serie de acuerdos y maniobras entre el imperialismo y los regímenes árabes burgueses.

El desenmascaramiento de estas dos ficciones señala el camino hacia la solución de estos conflictos para las masas judías, palestinas y obreras de todo Oriente Medio: el desarrollo de una lucha unificada entre los trabajadores árabes y judíos, no para la creación de inviables regímenes burgueses nacionales, basados en divisiones religiosas o étnicas, sino para el establecimiento de una federación socialista en Oriente Medio, como parte de una lucha por un orden socialista mundial.

Nick Beams