La visita de Xi a Berlín destaca los crecientes conflictos entre EE.UU y la UE antes de la cumbre del G-20

por Alex Lantier
10 julio 2017

Donald Trump llegó a Polonia el miércoles por la noche antes de la cumbre del G-20 del 7 y 8 de julio en Hamburgo, Alemania, en medio de profundas tensiones entre Washington y sus aliados tradicionales en la Unión Europea. La cumbre, supuestamente una reunión sobre economía, se centrará en las crisis militares mundiales, como el enfrentamiento entre Estados Unidos y China en relación con Corea del Norte y los crecientes conflictos geopolíticos entre la UE y Estados Unidos en Asia, Oriente Medio y Europa del Este. Otra cuestión que será abarcada es la retirada de Trump del acuerdo climático de París.

Antes de la llegada de Trump a Polonia, algunos funcionarios estadounidenses emitieron una avalancha de declaraciones denunciando la negativa de China a estrangular económicamente a Corea del Norte después de que el régimen de Pyongyang pusiese a prueba un misil balístico intercontinental el martes. Sin embargo, el presidente chino, Xi Jinping, recibió una cálida bienvenida durante su visita oficial el miércoles en Berlín, enfocada en el aumento de los vínculos comerciales y políticos entre los dos países, las potencias económicas de Asia y Europa. La cuestión que dominó la visita de Xi fue inconfundiblemente la escalada del conflicto entre las principales potencias al corazón de la economía capitalista mundial, con Xi y la canciller alemana, Angela Merkel, criticando duramente la política estadounidense.

Cuando la preguntó el diario Die Zeit si repetiría su ya célebre comentario de mayo de que Europa no puede depender simplemente de su alianza con Washington, Merkel respondió: “Sí, exactamente”.

Xi llegó a Alemania desde su cumbre en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, donde los dos líderes acordaron una política común hacia Corea del Norte en desacuerdo con Washington. Xi publicó un comentario en los medios de comunicación alemanes titulado “Para hacer del mundo un lugar mejor”, llamando a estrechar los lazos estratégicos entre Alemania y China y criticando implícitamente la política de “EE.UU. ante todo” de Trump.

El presidente chino escribió que Alemania y China deben “desempeñar un papel de liderazgo y mejorar la comunicación estratégica sobre las relaciones bilaterales y las principales cuestiones internacionales y regionales... El G-20 debe mantenerse comprometido con el desarrollo libre, apoyar el régimen comercial multilateral de la OMC [Organización Mundial del Comercio], y permitir que el comercio y la inversión continúen impulsando el crecimiento económico mundial”.

En una conferencia de prensa, Merkel respaldó el plan de la Ruta de la Seda o “Un cinturón, una ruta” de China para desarrollar una red eurasiática de infraestructura para conectar a China, Rusia, Oriente Medio y Europa. “Creemos que estaríamos encantados de participar en tales proyectos y esperamos que el proceso de licitación sea transparente”, dijo. Merkel destacó los preparativos para un tratado de inversión que podría conducir a la negociación de una zona de libre comercio con la UE y China, así como mayores oportunidades para que las fundaciones alemanas trabajen en China después de la aprobación de una nueva ley china sobre ONGs.

Los oficiales alemanes y chinos también firmaron un contrato de 22 mil millones de dólares para la compra de aviones de pasajeros Airbus por parte de China.

Sin embargo, en medio de la creciente competencia entre las empresas de la UE y China, Merkel exigió posiciones comerciales más grandes y más favorables para las empresas alemanas en China. “También queremos ser tratados de manera justa y tener acceso a los mercados”, dijo. “Eso es muy importante para nuestras empresas”.

Thomas Oppermann, líder del grupo parlamentario del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD; Sozialdemokratische Partei Deutschlands ), exigió que las potencias europeas adopten una línea aún más explícitamente hostil hacia los intereses de EE.UU. en la cumbre del G-20. “Si tratas de reaccionar ante Trump con un apaciguamiento permanente, eso conduce en última instancia a una erosión de los valores occidentales. Y ya hay pequeños Trumps en Polonia y Hungría”, dijo.

Oppermann también LE pidió a Merkel unificar a los otros 18 estados del G-20 contra Trump para aislar a EE.UU.: “También puede haber una buena oportunidad para lograr eso”, dijo.

La visita de Xi a Berlín en el período previo a la cumbre del G-20 subraya la ruptura de las instituciones y alianzas internacionales que han dominado los asuntos del capitalismo mundial desde que la burocracia estalinista disolvió la Unión Soviética en 1991. Mientras que Washington amenaza a Corea del Norte con una acción militar que podría desencadenar una guerra con China y Rusia, las potencias de la OTAN están llegando a la cumbre del G-20 profundamente divididas. La cumbre no es más una conferencia sobre economía que una reunión de poderes rivales tratando de decidir con quién se aliarán ante la perspectiva de un nuevo y horrible conflicto global.

La visita de Trump a Polonia es una repetición de la estrategia estadounidense durante su primer gran enfrentamiento con la UE en el período postsoviético. En el 2002, cuando el gobierno de Bush preparó su invasión ilegal de Irak ante las objeciones de Berlín y París, el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, contrapuso a la “Nueva Europa”, es decir, a los países de Europa del Este, con los países de la “Vieja Europa” que se oponían a la invasión.

Estos conflictos cada vez mayores entre las principales economías del mundo constituyen una advertencia para los trabajadores internacionales. La visita de Xi a Berlín del miércoles y la visita de Trump a Polonia subrayan que el conflicto sobre Irak entre Washington y el eje Berlín-París hace quince años no fue un desarrollo aislado. Más bien, fue el producto de profundos y duraderos antagonismos arraigados en los intereses corporativos de las grandes potencias imperialistas, los cuales ya han detonado dos guerras mundiales el siglo pasado.

Al visitar Polonia en vísperas de la cumbre del G-20, Trump está tratando de atizar la oposición a la UE, y en particular a su poder dominante, Alemania, cuya política comercial Trump ha descrito públicamente como “realmente mala” y cuyas exportaciones de automóviles a EE.UU. ha amenazado con detener.

Trump tuvo programado el jueves dar un discurso frente a un monumento al levantamiento de Varsovia de 1944 contra la ocupación nazi de Polonia, el cual fue brutalmente suprimido por el ejército alemán, con la pérdida de unas 200 000 vidas.

Los funcionarios del ultraderechista Partido Ley y Justicia (PiS, Prawo i Sprawiedliwość ) que gobierna Polonia planearon trasladar a un gran número de seguidores del PiS a Varsovia para proporcionarle a Trump una multitud amistosa. El titular del PiS, Jarosław Kaczyński, ha alabado la decisión de Trump de hablar en Varsovia antes del G-20, diciendo en un congreso del partido el sábado anterior: “Tenemos un nuevo éxito, la visita de Trump... [Otros] la envidian; los británicos nos están atacando por eso”.

La invitación no refleja ninguna amplia popularidad de Trump en Polonia. Una encuesta encontró que sólo el 23 por ciento de la población confía en que Trump “hará lo correcto” en la política internacional, en comparación con un 22 por ciento en Reino Unido. Por el contrario, el PiS espera utilizar la visita de Trump para enviar la señal de que tiene poderosos aliados para encarar sus amargos conflictos con la UE, que ha criticado las medidas del régimen polaco como despojar al sistema judicial polaco de sus poderes, bloquear la inmigración a Polonia, establecer milicias de extrema derecha y consolidar un régimen autoritario.

Los funcionarios estadounidenses dejaron claro que Trump pretendía utilizar su discurso en Polonia para exponer su posición sobre los conflictos que están surgiendo en Europa y dentro de la alianza de la OTAN entre Washington y las potencias europeas.

“Elogiará la valentía polaca en el momento más oscuro de la historia y celebrará el surgimiento de Polonia como una potencia europea”, dijo el general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional de Trump, en una rueda de prensa la semana anterior en la Casa Blanca. “Expondrá una visión, no sólo de la futura relación de Estados Unidos con Europa, sino del futuro de nuestra alianza transatlántica y de lo que eso significa para la seguridad y la prosperidad estadounidenses”.