El jefe de los ingenieros de búsqueda de Google legitima el nuevo algoritmo de censura

por Andre Damon
2 agosto 2017

Entre abril y junio, Google completó una revisión importante de su buscador que restringe agudamente el acceso público a sitios web en Internet que operan independientemente de los medios controlados por las corporaciones o el Estado. Desde la implementación de los cambios, muchos sitios web de izquierdas, opuestos a la guerra y progresistas han experimentado una aguda caída en el tráfico generado por búsquedas en Google. El World Socialist Web Site ha visto, en apenas un mes, una bajada del 70 por ciento en el tráfico desde Google.

En el post de un blog publicado el 25 de abril, Ben Gomes, jefe de los ingenieros de búsqueda de Google, dio a conocer el nuevo programa de censura en una declaración que llevaba el título orweliano de “Nuestras mejoras más recientes en la calidad de búsqueda”. Esta declaración ha sido virtualmente enterrada por los medios corporativos. Ni el New York Times ni el Wall Street Journal han informado acerca de esta declaración. El Washington Post limitó su cobertura de la declaración a una mera entrada en un blog.

Enmarcado como un simple cambio en los procedimientos técnicos, la declaración de Gomes legitimiza la censura en Internet como una respuesta necesaria al “fenómeno de las ‘noticias falsas’, donde el contenido en la web ha contribuido a la difusión de información descaradamente engañosa, de baja calidad, ofensiva o lisa y llanamente falsa”.

El mismo “fenómeno de las ‘noticias falsas’” es la principal “noticia falsa” de 2017. En su origen y propagación, tiene todas las características harto conocidas de lo que antes se llamaban campañas de “desinformación” de la CIA, con el objetivo de desacreditar a opositores de los intereses del Estado y de las corporaciones.

De manera significativa, Gomes no da ninguna definición clara, mucho menos ejemplos concretos, de ninguno de esos términos cargados (“noticias falsas”, “descaradamente engañoso”, “de baja calidad”, “ofensivo” e “información lisa y llanamente falsa”).

El foco del nuevo algoritmo de censura de Google son sitios de noticias y opinión política que desafían a las narrativas oficiales del gobierno y las corporaciones. Escribe Gomes: “Se está volviendo obvio que un pequeño grupo de búsquedas en nuestro tráfico diario (alrededor del 0,25 por ciento), ha estado devolviendo contenido ofensivo o claramente engañoso, que no es lo que la gente estaba buscando”.

Gomes reveló que Google ha reclutado a unos 10.000 “evaluadores” para juzgar la “calidad” de varios dominios web. La compañía hace que “evaluadores —personas reales que evalúan la calidad de los resultados de las búsquedas de Google— nos den retroalimentación en nuestros experimentos”. El jefe de ingenieros de búsquedas no identifica a esos “evaluadores” ni explica los criterios que se usan para su selección. Con todo, utilizando los últimos desarrollos en programación, Google puede enseñar a sus buscadores a “pensar” como los evaluadores, es decir, traducir sus preferencias políticas, prejuicios y antipatías en resultados sancionados por el Estado y las corporaciones.

Gomes afirma que esos “evaluadores” tienen que acatar las Pautas del Posicionador para la Calidad en la Búsqueda, que “da ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los posicionadores los señalicen adecuadamente, lo que puede incluir información engañosa, resultados inesperadamente ofensivos, montajes y teorías de la conspiración sin fundamento”.

Una vez más, Gomes utiliza una retórica provocadora sin explicar la base objetiva en la que se basan las evaluaciones negativas de sitios web.

Usando el input de esos “evaluadores”, Gomes declara que Google “ha mejorado nuestros métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas para hacer aflorar contenido más acreditado”. De nuevo afirma, más abajo, “Hemos ajustado nuestras señales para ayudar a hacer aflorar páginas más acreditadas y degradar contenido de baja calidad”.

Lo que esto significa, concretamente, es que Google decide no solo qué puntos de vista políticos quiere que se censuren, sino también qué sitios tienen que ser favorecidos.

Gomes está claramente enamorado de la palabra “authoritative” [“acreditado”, “autoritario”] y un estudio del significado de esta palabra explica la naturaleza de su encaprichamiento verbal. Una definición del Diccionario Inglés de Oxford de la palabra “authoritative” es: “Procedente de una fuente oficial y que requiere acatamiento u obediencia”.

La declaración del 25 de abril indica que los protocolos de censura serán cada vez más restrictivos. Gomes afirma que Google está “haciendo buen progreso” en hacer sus resultados de las búsquedas más restrictivos. “Pero para tener cambios contundentes y de larga duración, se necesitan más cambios estructurales en la Búsqueda”.

Se puede asumir que el señor Gomes es un programador competente y un ingeniero de software. Pero hay buenas razones para dudar de que tenga cualquier conocimiento particular de la libertad de expresión, mucho menos preocupación por esta.

La declaración de Gomes en jerga de Google quiere decir que la compañía no quiere que la gente acceda a ninguna cosa aparte de la narrativa oficial, elaborada por el gobierno, las agencias de inteligencia, los principales partidos políticos capitalistas, y transmitida a la población por los medios controlados por las corporaciones.

En su recorrido para convertirse en un gigante corporativo masivo de muchos billones de dólares, Google ha desarrollado vínculos políticamente insidiosos y peligrosos con agencias estatales poderosas y represivas. Mantiene esta relación no solo con el Estado estadounidense, sino también con gobiernos de otros países. Apenas unas semanas antes de implementar su nuevo algoritmo, a principios de abril, Gomes se entrevistó con oficiales alemanes de alto nivel en Berlín para discutir los nuevos protocolos de censura.

El buscador Google ahora es una fuerza importante en la imposición de la censura estatal.