Casi 10 millones de adultos mayores sufren inseguridad alimentaria en EUA

El empeoramiento del hambre para los estadounidenses de mayor edad

por Gary Joad
11 septiembre 2017

Ha habido un crecimiento asombroso en el número de adultos mayores en condiciones de inseguridad alimentaria en el Estados Unidos del siglo XXI. Alrededor del 14,7 por ciento de las personas de este grupo etario padecen de inseguridad alimentaria, llegando a un total de al menos 9,8 millones de personas. En comparación con el 2001, esto constituye un aumento del 37 por ciento, con el número de ancianos aumentando en el mismo período un 109 por ciento.

En una actualización publicada en el sitio web de Feeding America a principios de este mes, los profesores James Ziliak de la Universidad de Kentucky y Craig Gundersen de la Universidad de Illinois confirmaron este deterioro en la prevalencia del hambre entre estadounidenses de 60 años o más de edad. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, unas 10 000 personas cumplen 60 años al día en el país, una tendencia que continuará hasta el 2030.

El estudio de Feeding America, titulado "El estado del hambre entre los adultos mayores de Estados Unidos 2015" (y actualizado este mes), encontró que el riesgo de pasar hambre entre personas mayores era especialmente alto en el sur y el suroeste de EUA. La publicación señaló que las dificultades económicas constituían la razón principal por la que los ancianos no podían obtener suficiente comida, a pesar de las declaraciones del gobierno de una mejora en la economía y el dramático repunte en los valores de la bolsa en Wall Street.

Angelo y Mina Maffucci posaron para un retrato en la cocina del apartamento de su hijo en el 2015, donde habían estado viviendo durante cinco años, desde que perdieron su casa. (Foto: Ariel Min / PBS NewsHour) CRÉDITO: Kaiser Health News: "In Sunlit Paradise, Seniors Go Hungry" de Sarah Varney

El estudio también concluyó que el 45,3 por ciento de los adultos mayores que viven por debajo de la línea de la pobreza federal pasan hambre, y que la amenaza de inseguridad alimentaria era significativamente mayor para adultos mayores solteros que para los casados. Se señaló que la amenaza del hambre era tres veces mayor para aquellos con discapacidad. Si tenían nietos en el hogar, el riesgo de hambre era el doble. El número de niños que viven con sus abuelos aumentó un 64 por ciento entre 1991 y el 2009, a unos 7,8 millones. Al mismo tiempo, la mayoría de los adultos mayores que padecen hambre viven por encima de la línea oficial de la pobreza, con casi dos tercios reportando un acceso insuficiente a las calorías necesarias por día para mantenerse saludables.

Casi tres de cada cuatro personas mayores que se enfrentan al hambre eran blancas y casi la mitad de los ancianos jubilados en Estados Unidos corren el riesgo de no tener suficiente comida. Mississippi, Luisiana, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Arkansas, Nueva York, West Virginia, Indiana, Oklahoma y Georgia son los 10 estados con mayor número de personas mayores de 60 años que sufren inseguridad alimentaria. El aumento más acusado en todas las agrupaciones de ancianos en riesgo de hambre se produjo después de la Gran Recesión del 2008-2009.

El 12 de agosto del 2014, el compendio Annals of Emergency Medicine (Anales de Medicina de Emergencia) publicó los resultados de una revisión de dos meses de 138 personas mayores ingresadas en un departamento de emergencias en el 2013 y señalaron que el 60 por ciento estaban desnutridos. Las razones incluían incapacidad para comprar comida, dentición inadecuada y depresión.

Adultos mayores: los que más se enfrentan a la inseguridad alimentaria

Feeding America se ha referido a las personas mayores como el segmento con la mayor inseguridad alimentaria de la población estadounidense, señalando que un tercio de los clientes de sus bancos de alimentos tienen más de 60 años. Durante el colapso financiero del 2007-2008, Feeding America señaló que más de la mitad de sus clientes mayores de 65 años comparecieron mensualmente en los bancos de alimentos y que las personas que viven por encima de la línea de pobreza a menudo no eran elegibles para el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, todas las siglas en inglés) del Gobierno federal.

Feeding America considera que SNAP, que ha sufrido frecuentes recortes presupuestarios, es la primera línea de defensa para todas las personas con inseguridad alimentaria.

Los estudios de Feeding America también señalan que desde el 2001 hasta el presente, el hambre se ha extendido a grupos demográficos más y más jóvenes, y que, en el 2011, el 65 por ciento de los visitantes a los bancos de alimentos eran menores de 69 años. Entre el 2007 y el 2011, la inseguridad alimentaria aumentó un 50 por ciento.

El estudio del hambre de Feeding America utiliza la Encuesta Actual de la Población (CPS) de la Oficina del Censo estadounidense, que llenan los hogares cada mes de diciembre —18 preguntas centradas en las experiencias de estrés alimentario en los últimos 30 días y los 12 anteriores meses—. Se utiliza una encuesta de 10 preguntas para hogares sin hijos. De responder de una a tres preguntas positivamente, el hogar es categorizado bajo uno de los distintos grados de estrés alimentario.

El estudio también recurre a datos del Centro Nacional de Estadísticas de la Salud (NCHS/CDC), una subsidiaria de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en el que 5000 personas, 50 por ciento niños y 50 por ciento adultos, con los adultos mayores sobrerrepresentadas deliberadamente, son entrevistados y examinados a cerca de su salud.

Los hallazgos más importantes son que las personas mayores que padecen de hambre estaban ingiriendo un 14 por ciento menos de hierro y un 12 por ciento menos de proteína que aquellos con suficiente alimentación. Los resultados de salud incluyeron un riesgo aumentado de al menos nueve enfermedades, incluyendo un aumento del 53 por ciento en el riesgo de ataques cardíacos, un 52 por ciento para asma, un 40 por ciento para insuficiencia cardiaca congestiva, junto con un aumento en los reportes de diabetes e hipertensión. Previsiblemente, la depresión aumentaba un 60 por ciento con el hambre. Además, la frecuencia de caídas y heridas resultantes crecía drásticamente entre los adultos mayores hambrientos y desnutridos. En cambio, la medida de actividades cotidianas (ADLs) que incluyen comer, bañarse y vestirse de forma independiente, caía dramáticamente.

La inseguridad alimentaria existe en cada condado de Estados Unidos, de un 3 por ciento de hogares en el condado de Grant, Kansas, al 38 por ciento en el condado de Jefferson, Mississippi. El 17 por ciento de los hogares pobres con niños experimentan hambre, junto con el 30 por ciento de hogares con una madre soltera y el 22 por ciento con padres solteros.

A partir del 2015, el 59 por ciento de los hogares con inseguridad alimentaria participaron en al menos uno de los tres programas federales de ayuda alimenticia, incluyendo SNAP, el Programa Nacional de Almuerzos Escolares (NSLP) y el Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños (WIC).

Feeding America les proporciona asistencia alimentaria a unos 46,5 millones de personas al año en Estados Unidos, incluyendo 12 millones de niños y 7 millones de personas mayores. Aquellas personas que reciben ayuda de Feeding America, que también reciben cupones de comida, representan alrededor del 55 por ciento y el 24 por ciento reciben alimentos a través del programa WIC. Casi todas las familias, el 94 por ciento, están inscritos en los programas de almuerzos escolares. Más de la mitad de las personas que recibían asistencia tenían al menos una persona con empleo en el hogar. La renta mediana para los hogares era de $9175.

Hay 550 000 adultos mayores con un nivel de seguridad alimentaria muy bajo

Alrededor de 48 millones de estadounidenses viven en hogares con inseguridad alimentaria, incluidos 24,4 millones de personas de 18 a 64 años y 14,5 millones de niños. La mayoría de las personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria, el 57 por ciento, no son reconocidas oficialmente por el Gobierno estadounidense como pobres, que significa vivir con un ingreso por debajo del nivel federal de la pobreza. También se calcula que casi 550 000 personas mayores sufren prácticamente de inanición, categorizada como una seguridad alimentaria muy baja.

En el 2013, la mitad de los beneficiarios de Medicare tenían un ingreso de al menos 23 500 dólares al año, o 200 por ciento del nivel de pobreza federal del 2015. Según la Medida Suplementaria de Pobreza (SPM) del Censo estadounidense del 2014, una de cada siete personas mayores de 65 años tiene un ingreso que califica como pobre, incluyendo el 45 por ciento de las mujeres mayores de 65 años.

Un reciente artículo de National Geographic sobre "El hambre en América", cita a Janet Poppendieck, socióloga de la City University de Nueva York: "Hoy más trabajadores y sus familias tienen hambre debido a los salarios que han disminuido".

El artículo señala que más de la mitad de los estadounidenses que padecen de hambre son blancos y que el total de más de 48 millones de personas con inseguridad alimentaria es cinco veces más que a principios de los años sesenta, incluyendo un aumento del 57 por ciento desde principios de los años noventa. El artículo indica que, en los ochenta, había sólo unos pocos centenares de bancos de alimentos en Estados Unidos. Ahora, hay más de 50 000. Una de cada seis personas se queda sin alimentos por lo menos una vez al año en Estados Unidos, en comparación con uno de cada 20 en la Unión Europea.

Para el 2013, el presupuesto federal de ayuda alimenticia había alcanzado los $75 000 millones o alrededor de $133.07 por persona hambrienta al mes, constituyendo menos de $1.50 asignados para cada comida, a menudo denominada la "dieta del salario mínimo". Además, en Estados Unidos cientos de miles de personas pobres no tienen un automóvil ni acceso a este, y viven a más de un kilómetro de cualquier fuente de alimentos, aún si tuvieran el dinero para comprarlo. En Houston, Texas, por sí sólo, al menos 43 000 hogares se encuentran en un llamado desierto alimentario.

Como especialista mundial en disponibilidad de alimentos, Raj Patel, le dijo a National Geographic: "El problema no puede resolverse simplemente diciéndole a la gente que coma más frutas y verduras, porque en el fondo de esta [crisis] es un problema de salarios y de pobreza".