El New York Times aviva la campaña anti-Rusia para promover la censura en Facebook y Twitter

por Bill Van Auken
14 septiembre 2017

El New York Times ha montado una campaña conjunta promoviendo mano dura para la expresión política en las redes sociales en base a las alegaciones infundadas de injerencia por parte del gobierno ruso en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.

En conjunción con una declaración pública de Facebook el pasado miércoles sobre publicidad política supuestamente originada en Rusia, el Times publicó un informe “de investigación” sensacionalista bajo el título “Los estadounidenses falsos que Rusia creó para influir en las elecciones”, un artículo en la página de opinión achacando a Facebook que no ejerza mayor censura en el contenido político y un editorial el sábado que abordaba los mismos temas.

Facebook informó a los comités de inteligencia del Senado y de la Cámara de Representantes sobre sus hallazgos el 6 de septiembre. Decía que encontró 50.000 dólares estadounidenses en gastos para 2.200 anuncios “potencialmente relacionados con la política” “que podrían haberse originado en Rusia” en un período de dos años a partir de junio de 2015. Añadía que eso incluía cuentas de Facebook y páginas “con señales muy débiles de una conexión y no asociadas con ningún esfuerzo organizado”, incluyendo “cuentas con dirección de IP en los EUA pero con el ruso como el idioma determinado”.

La gran mayoría de los anuncios, añadió Alex Stamos, el jefe de seguridad de Facebook, “no hacían una referencia específica a las elecciones presidenciales de los EUA, la votación o a un candidato en particular”, sino más bien parecían concentrarse en amplificar “mensajes sociales y políticos divisorios”.

Políticos demócratas se han aprovechado del testimonio intentando promocionar el tema de Rusia entrometiéndose en las elecciones estadounidenses apoyando a Trump. El representante Adam Schiff, el demócrata decano en el Comité de Inteligencia del Senado, llamó a estos hallazgos altamente ambiguos de Facebook “profundamente perturbadores y sin embargo completamente coherentes con la evaluación desclasificada del comité de inteligencia”.

La “investigación” del Times fundamentaba tan débilmente la operación del gobierno ruso para influir en las elecciones presidenciales de 2016 como el informe de Facebook, pero era más incendiario.

Describía una “intervención extranjera sin precedentes en la democracia estadounidense” y un “ciberejército de cuentas falsificadas de Facebook y Twitter, una legión de impostores controlados por Rusia cuyas operaciones todavía están siendo desentrañadas”.

Repetía las acusaciones infundadas de que Rusia era responsable del hackeo y la filtración de correos electrónicos de los demócratas que revelaban los intentos de los dirigentes del partido por sabotear la campaña presidencial del autodeclarado “socialista”, el senador Bernie Sanders, mientras acusaba a medios rusos como RT y Sputnik de haber “vapuleado” a Hillary Clinton con un “chorro de noticias, verdaderas, falsas y a medias”.

La noticia se concentra, sin embargo, en el supuesto uso por parte de los rusos de Facebook y Twitter, acusando de manera oscura a las dos compañías de no haberse impedido a sí mismas “ser transformadas en motores del engaño y la propaganda”.

Las “pruebas” reveladas por el Times consistían en vincular cuentas de Facebook “sospechosas”, ya cerradas por la compañía, que publicaban material que enlazaba hacia un sitio web, DCLeaks.com, que publicaba correos electrónicos hackeados del financista multimillonario y donante del Partido Demócrata, George Soros, un antiguo comandante de la OTAN, y funcionarios tanto demócratas como republicanos. De manera infundada, el periódico afirma que la “inteligencia de los Estados Unidos concluyó” que el sitio era obra de la agencia de inteligencia militar rusa, GRU.

El artículo también acusa a Rusia de explotar Twitter usando “cientos de cuentas” para “publicar mensajes anti-Clinton y promocionar material filtrado”.

Acusa además a la supuesta campaña rusa de haber empleado “bots automáticos en Twitter, que tuitean de acuerdo con instrucciones incorporadas”.

Según las propias estimaciones de Twitter, hay unos 48 millones de tales robots en Twitter, y representaban el 19 porciento de los tuits relacionados con las elecciones durante la campaña presidencial de 2016.

El informe del Times reconoce que investigó cuentas de Twitter identificadas como “troles del Kremlin” sólo para descubrir que había personas verdaderas tras ellas sin vínculos con el gobierno ruso. Citó a una de ellas, Marilyn Justice, 66, de Nueva Escocia, que dijo a los periódicos que creía que “Hillary es una belicista” y que era hostil a la inclinación anti-rusa de los medios occidentales. Otro así llamado “trol” resultó ser un productor de contenido web de Zurich, que expresó su desacuerdo tajante con las narrativas occidentales sobre Ucrania y Siria.

La existencia de tales puntos de vista, el Times concluyó que era “una victoria para la guerra informativa rusa —que los admiradores del Kremlin difunden lo que los funcionarios estadounidenses consideran ser desinformación rusa sobre el hackeo a las elecciones, Siria, Ucrania y más”.

El Times dio seguimiento a su “investigación” con una págin a de opinión acusando a Facebook de haber “contribuido a la erosión de las normas democráticas en los Estados Unidos y de aprovecharse de esta” al haber permitido la publicación de “anuncios anti-Hillary precisamente dirigidos a usuarios de Facebook cuyo perfil democráfico implicaba vulnerabilidad a propaganda política”.

Procedió a comentar: “Lamentablemente, la gama de respuestas potenciales a este problema es limitada. La Primera Enmienda concede amplia protección a editores como Facebook”.

El editorial del Times publicado el sábado cuestiona si “alguna agencia se concentra en” los supuestos “problemas” desvelados en el informe del periódico: “la intervención extranjera mediante las redes sociales para alimentar la ira partidaria y la sospecha en una nación polarizada”.

Hay un elemento ridículo en la exclusiva del Times. La idea de que el gasto de 50.000 dólar es es tadounidenses, vagamente vinculado a Rusia, en anuncios de Facebook en un período de dos años socavara las elecciones estadounidenses en las que el gasto total se estima en aproximadamente 7 mil millones de dólares, es absurda.

Cualesquiera acciones que pueda haber llevado a cabo el gobierno de Vladimir Putin para promocionar los intereses internacionales de la oligarquía gobernante rusa, las supuestas actividades en Internet de Moscú palidecen comparadas con las campañas constantes montadas por las agencias del gobierno estadounidense, desde la CIA hasta el Pentágono y el Legado Nacional para la Democracia, para amañar elecciones extranjeras, manipular operaciones de cambio de régimen y destruir militarmente países enteros. Como reconoció orgullosa la antigua secretaria de Estado asistente de EUA Victoria Nuland, Washington se gastó unos 5 mil millones de dólares en promocionar el cambio a un régimen pro-occidental en Ucrania.

Aún más disparatado es el intento de atribuir a la propaganda rusa las agudas tensiones sociales y los intensos antagonismos políticos que están desgarrando las costuras de la sociedad estadounidense. Ambos son producto de la crisis del capitalismo estadounidense, caracterizado sobre todo por el crecimiento ininterrumpido de la desigualdad social.

Con todo, hay un contenido siniestro y mortalmente serio en la campaña de la junta editorial del Times, que funciona como un conducto fiable para la propaganda de la CIA. Se ha unido a su larga campaña en torno a alegaciones de injerencia rusa en las elecciones estadounidenses con la demanda de un endurecimiento contra la expresión política en las redes sociales.

Los dos están indisolublemente unidos. Detrás de la campaña del Times en torno al supuesto ataque de Moscú a la “integridad de la democracia estadounidense” está la agenda política de facciones poderosas dentro del establishment estadounidense, que están exigiendo la continuación y la intensificación del impulso hacia el cambio de régimen en Rusia y la confrontación militar con este país.

Los preparativos para la guerra en el extranjero están inevitablemente acompañados por el aumento de la censura y la represión política en casa. A pesar de las críticas del Times a Facebook y Twitter, estas corporaciones, junto con Google, están colaborando estrechamente con el gobierno estadounidense y sus agencias de inteligencia en el intento de suprimir la libertad de expresión y de pensamiento y censurar informes y opiniones anticapitalistas y contrarias a la guerra.

Bajo la bandera engañosa de combatir las “noticias falsas”, Google anunció un cambio en sus algoritmos de búsqueda el pasado abril que estaba claramente dirigido a reducir el número de lectores de sitios web antibélicos y de izquierdas, de los cuales el World Socialist Web Site fue el más duramente golpeado, perdiendo más de dos tercios de su tráfico originado en resultados de búsquedas en Google.

Facebook le siguió los pasos, haciendo público un anuncio semejante en junio de que iba a actualizar su propio algoritmo del News Feed con objeto de “despriorizar” publicaciones consideradas “problemáticas” promocionando “contenido de baja calidad”, “sensacionalismo” y “desinformación”.

Los intentos por parte de estas corporaciones de multi-miles de millones de dólares para arrogarse el poder de porteros del Internet, censurando contenido que está en conflicto con los intereses de la oligarquía dirigente estadounidense y su aparato militar y de inteligencia ha despertado una amplia hostilidad popular. El WSWS está encabezando la oposición a esos ataques, con 3.500 personas de más de 80 países diferentes que han firmado la petición exigiendo que Google cese su censura del Internet.