Samantha Power, asesora de Obama, pide medidas severas de control sobre redes sociales

La censura del internet y los planes de guerra gubernamentales

23 septiembre 2017

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York se está llevando a cabo bajo el nubarrón de una acelerada marcha de las principales potencias globales, con Estados Unidos en la punta, hacia la Tercera Guerra Mundial. Esto encontró su más nociva expresión en el discurso de tendencia fascista de Donald Trump en la reunión el martes, donde amenazó con “destruir a Corea del Norte” y atacar a Irán y Venezuela.

Trump dedicó gran parte de su diatriba a denunciar al socialismo y el comunismo, reflejando el temor dentro de la burguesía estadounidense hacia el aumento de la oposición social y de los puntos de visto anticapitalistas y socialistas en la clase obrera.

La asamblea también se enfocó en la cada vez más agresiva campaña de los Gobiernos de Estados Unidos y Europa para imponer medidas severas de control sobre el intercambio de información y opiniones por medio del Internet. La primer ministra británica, Theresa May, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, todos utilizaron los pretextos de combatir el terrorismo y las “noticias falsas” para la imposición de medidas más drásticas por parte de las principales empresas tecnológicas para censurar el Internet, descrito por Gentiloni como un “campo de batalla por los corazones y las mentes”.

Este ataque contra la libertad de expresión es un componente central de la respuesta de las élites capitalistas sumidas en crisis ante el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y la inestabilidad económica alrededor del mundo, además de la radicalización política de las masas obreras y la juventud.

En EUA, la campaña para censurar el Internet ha sido encabezada por los grupos de poder “liberales” organizados alrededor del Partido Demócrata, cuyo principal órgano mediático es el New York Times. En vísperas del comienzo de la cumbre en la ONU, dicho periódico publicó una columna de opinión abierta de Samantha Power, la embajadora estadounidense ante la ONU bajo Barack Obama.

Bajo el título “Por qué es más peligrosa la propaganda desde el extranjero ahora” y el pretexto de combatir una campaña rusa de desinformación y subversión, Power hace un llamado a utilizar “controladores de acceso profesionales” para vigilar lo que se habla en Internet.

Power, una paladina del imperialismo de los “derechos humanos” recuerda nostálgicamente a una Guerra Fría como la edad de oro de las noticias, en la que “la mayoría de estadounidenses recibían sus noticias e información por medio de plataformas mediadas”. Continúa: “Desempeñando el papel de controladores de acceso profesionales, los editores y reporteros tenían el control completo de lo que aparecía en la prensa. Un adversario extranjero que procurara alcanzar al público estadounidense no tenía mejores opciones que pasar por estos árbitros, y la desinformación rusa rara vez lograba penetrar”.

Es importante considerar quien es la persona detrás de estas líneas. Primeramente como una de las principales asesoras políticas de Obama y luego como la representante de Washington ante la ONU, Power fue la arquitecta protagonista de la desastrosa operación de desestabilización en Libia, la cual dejó a la sociedad libia en ruinas. Ella es una de las principales propagandistas de la guerra civil siria instigada por EUA, causando cientos de miles de muertes y la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Power ansía que, como sucedió en la Guerra de Corea y al principio de la Guerra de Vietnam, el control monopólico del discurso público pueda ser utilizado para mantener bajo la alfombra las políticas criminales del imperialismo estadounidense.

Le angustia y resiente el hecho de que, pese a los mejores intentos de la prensa corporativa de venderle las operaciones estadounidenses en Oriente Medio al público como si fuese una labor humanitaria, organizaciones como Wikileaks y periodistas como Seymour Hersh han expuesto el hecho de que Estados Unidos ha formado alianzas con fuerzas asociadas con Al Qaeda y Estado Islámico bajo el fin de cambiar los regímenes de Libia y Siria, socavando así la narrativa de la “guerra contra el terrorismo” que se ha súbitamente martillado incansablemente para justificar las políticas imperialistas de EUA desde el 2001.

De cumplirse los deseos de Power, la revelación por parte de Chelsea Manning del asesinato de periodistas y civiles iraquíes a manos del ejército estadounidense y la exposición por parte de Edward Snowden de la vigilancia masiva e ilegal de la Agencia de Seguridad Nacional sería calificadas como “noticias falsas” y bloqueadas por las gigantes empresas tecnológicas como Google, Apple y Facebook.

En su columna en el Times, lamenta la expiración del subyacente —y cabalmente represivo— marco ideológico anticomunista de la Guerra Fría. “Durante la Guerra Fría, la lucha superior contra el comunismo creó un consenso generalizado sobre lo que defiende y no defiende Estados Unidos. Hoy día, la sociedad parece estar definida por una forma particularmente viciosa de “partidismo” que está afectando a los demócratas y republicanos por igual”.

Power presenta el auge del Internet y el debilitamiento del control de la información y las opiniones por parte de los medios corporativos, aliados con y aprobados por el Estado, como el New York Times, como algo peligroso y negativo. Contra el trasfondo de una élite mediática desacreditada –“el sesenta por ciento de las personas cree que las noticias son “frecuentemente imprecisas”, según Gallup”—, Power señala que cabe alarmarse cuando “dos terceras partes de los estadounidenses están recibiendo al menos parte de sus noticias a través de las redes sociales”.

“La cada vez mayor dependencia en nuevas fuentes, junto con la ausencia de árbitros reales”, escribe, ha dejado a EUA vulnerable ante la desinformación y la subversión en manos de la demoníaca Rusia, con sus omnipotentes medios RT y Sputnik y sus “troles, redes automatizadas y miles de cuentas en Twitter y Facebook que amplificaron historias perjudiciales sobre Hillary Clinton”.

Lo que se puede contemplar aquí es la unión entre la campaña de histeria neomacartista contra Rusia de las agencias de inteligencia, el Partido Demócrata y sus aliados en la prensa, cuyo propósito es agitar una fiebre militarista en la población y presionar a Trump para que adopte una postura más bélica hacia Moscú, y los cada vez más extensos ataques contra el acceso público a sitios web antibélicos, progresistas y socialistas.

Google ya ha puesto en marcha el tipo de censura auspiciada por el Estado que aboga Power. En nombre de combatir “noticias falsas” y promocionar “contenidos de autoridad” por encima de “puntos de vista alternativos”, Google cambió su motor de búsqueda de modo que bajó el tráfico a páginas de noticias en línea alternativas e izquierdistas en un 55 por ciento. El blanco principal de su ataque fue el World Socialist Web Site, cuyas vistas desde Google ya han caído un 75 por ciento.

Cuando habla de “controladores de acceso”, Power se refiere a las completamente vetadas y subordinadas juntas editoriales de periódicos como el Times, que obedientemente le ocultan al público estadounidense todo lo que la CIA y el Departamento de Estado consideren inapropiado comunicar, al mismo tiempo que diseminan propaganda y mentiras del Estado en el ropaje de “noticias”.

En el 2010, el entonces editor en jefe del Times, Bill Keller, deletreó esta política de noticieros “mediados” de forma inusualmente honesta. “La transparencia no es un bien absoluto”, dijo. “La libertad de prensa incluye la libertad de no publicar, y esa es una libertad que ejercitamos con cierta regularidad”.

Más de un cuarto de siglo después de la disolución de la Unión Soviética, a todas las facciones de la élite gobernante estadounidense les atormenta le hecho de que la política socialista están, como lo puso Hillary Clinton en su nuevo libro, alimentándose de “corrientes emocionales fuertes” en la población. El hecho de que doce millones de estadounidenses, principalmente jóvenes y trabajadores, hayan votado por un candidato, Bernie Sanders, que ostentaba ser socialista, sorprendió y preocupó a la burguesía.

Incapaces de poder atender los agravios de los trabajadores o darle vuelta a su política exterior de militarismo y guerra, la clase gobernante está respondiendo al aumento de la oposición recurriendo a métodos policiales. La escalada de ataques de las corporaciones y el Estado contra la libertad de expresión en el Internet hace hasta más urgente avanzar la campaña del World Socialist Web Site contra la censura de Google. Llamamos a todos nuestros lectores a firmar nuestra petición para que cese toda censura, escribir un comentario en apoyo y distribuir activamente el material del WSWS tan ampliamente como sea posible, sea en Facebook u otros medios sociales.

Andre Damon