Mientras se avecina la represión en España, el Nuevo Partido Anticapitalista promueve el nacionalismo catalán

por Alex Lantier
12 octubre 2017

El primer orden del día es la necesidad de defender a las masas catalanas contra la represión por parte del Estado español y forjar la mayor unidad posible entre los trabajadores catalanes y españoles para defender los derechos democráticos y oponerse al peligro de un régimen militar. Es necesario advertir a los trabajadores de toda España que la represión del primero de octubre en Cataluña fue el ensayo general para dar un paso hacia la dictadura militar en toda España. Ha sido apoyada por los gobiernos de todas las principales potencias de Europa y de Norteamérica porque ellos también están preparando una represión masiva y regímenes de Estado policial.

La crisis catalana está revelando el papel reaccionario del pablista Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) francés y sus aliados en España, los Anticapitalistas. Mientras Madrid se prepara para enviar el ejército a Cataluña e imponer el estado de emergencia en toda España, el NPA promueve la política fracasada del gobierno regional catalán de apelar a la burguesía europea para que respalde su postura de establecer un Estado capitalista separado. Les dice a los trabajadores y a los jóvenes de Cataluña y de España que depositen su confianza en llamamientos morales a las élites gobernantes europeas.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) condena la represión militar, exige la retirada de todas las tropas españolas y de los Guardias Civiles, y se opone a cualquier intento por parte de Madrid de mantener por la fuerza a Cataluña en España. No obstante, ello no conlleva el respaldo a las políticas ni al programa de los independentistas catalanes.

El NPA, por otro lado, desestima el riesgo de guerra civil y la promoción del nacionalismo fascista español por parte de los medios españoles, prácticamente aprobando una represión del ejército como un impulso a su perspectiva de construir un Estado capitalista independiente en Cataluña.

En una declaración, “Apoyemos la lucha del pueblo catalán”, el NPA y sus afiliados internacionales afirman que el referéndum del primero de octubre infligió un golpe contra el régimen que emergió de la Transición de 1978 del régimen fascista de Francisco Franco a la democracia parlamentaria. Saludan el referéndum, que produjo un 89 por ciento de los votos a favor de la secesión, pero en base a una concurrencia de apenas el 42 por ciento de los votantes, por haber conducido “el régimen de 1978 a una importante derrota política en Cataluña”.

Ahora, escriben, el rey de España, el gobernante Partido Popular (PP), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y los medios “han empezado una campaña de calumnias, mentiras y difamaciones del movimiento popular catalán”. Continúan: “Habría que tener esto en cuenta; es un factor de adoctrinamiento de las clases populares del Estado español (y de la Unión Europea) el ponerlas en contra del pueblo catalán e intimidarlas con la excusa de la 'unidad de la nación española'. El objetivo de este bloque de poder es justificar ante los ojos del pueblo del Estado español, y a nivel internacional, nuevas y más duras medidas represivas...”.

El análisis del NPA, desestimando a la clase trabajadora española y europea como adoctrinada por el fascismo, es pesimista y desmoralizado. Existe oposición masiva en la clase trabajadora al PP, que, como el PSOE, ha quedado desacreditado por décadas de guerra imperialista y austeridad social, que han devastado económicamente a España. El PP pudo formar un gobierno en minoría solo tras una crisis de casi un año en 2016, después de que las elecciones repetidamente llevaran a parlamentos sin mayoría absoluta.

La premisa del NPA de que los trabajadores en España y en toda Europa son fascistas virtuales es una mentira política horrenda. Las condiciones objetivas están maduras para unir a los trabajadores de España y de toda Europa en lucha contra la desigualdad social, el militarismo y los ataques a los derechos democráticos que lleva a cabo el imperialismo europeo.

El NPA y otros partidos pequeño-burgueses como Podemos en España tienen una enorme responsabilidad política por bloquear tal desarrollo y por fortalecer, por defecto, a fuerzas de derechas. Aunque Podemos alienta a los trabajadores españoles y a los jóvenes a tener esperanzas en que el PP cambie de parecer y negocie un acuerdo pacífico con los nacionalistas catalanes, el NPA y sus aliados los alientan a respaldar a los nacionalistas catalanes.

El NPA ve la represión estatal como útil políticamente en la medida en la que esta podría empujar a más amplias capas de la población catalana, que están actualmente alienadas por las políticas de derechas y antiobreras de los nacionalistas catalanes, para apoyar a los secesionistas. El NPA escribe, “Una ruptura institucional vacilante ha comenzado, que es seguro que se radicalizará bajo los golpes de la represión estatal”.

Esperando que esta represión horrorice a los gobiernos de todo el mundo y los convenza a cambiar de rumbo, les piden a los lectores que “presionen a sus respectivos Estados para que reconozcan el acto de soberanía que está teniendo lugar y reconozcan una eventual proclamación de la República Catalana o una Declaración de Independencia”.

Esto es idéntico a la línea del gobierno catalán. Es una evaluación complaciente y falsa de la situación que solo puede desarmar a los trabajadores y a la juventud, con consecuencias potencialmente devastadoras. En repetidas declaraciones de la Comisión de la Unión Europea (UE) y los gobiernos de Alemania, Gran Bretaña y Francia respaldando a Rajoy como el líder de España tras la represión policial del primero de octubre, la burguesía europea ha dejado claro que le está dando un cheque en blanco al PP. Mientras Guardias Civiles y soldados españoles se despliegan en Cataluña y regiones vecinas, la represión se está fraguando.

El referéndum del primero de octubre no le dio un golpe revolucionario al régimen español post-Transición en decadencia. De hecho, fue convocado por fuerzas políticas —los partidos nacionalistas catalanes y sus simpatizantes pequeño-burgueses, como las Candidaturas de Unidad Popular (CUP)— que son parte integral de ese régimen. Llevan mucho tiempo en el poder en el gobierno regional catalán, aplicando austeridad contra los trabajadores en línea con toda la UE, particularmente desde el crack de Wall Street de 2008.

Lejos de haber infligido una derrota decisiva, el ejército español está preparado para intervenir contra Cataluña con el apoyo de la UE, mientras Madrid estimula un ambiente de tipo fascista dentro de España. Los medios están denunciando a Cataluña y promocionando protestas de la extrema derecha en ciudades de diferentes partes de España, donde los manifestantes entonan cánticos franquistas como el Himno de la Legión y Cara al Sol. El establishment político está discutiendo activamente imponer un estado de emergencia y suspender los derechos democráticos en España.

Hay una profunda oposición, históricamente arraigada, en la clase trabajadora de España y de toda Europa a un regreso a formas de gobierno de tipo fascista y autoritarias. Con todo, esta oposición solo puede movilizarse independientemente de toda la clase gobernante europea y en oposición a esta, incluyendo a las fuerzas corruptas que han ostentado el poder en Cataluña y en toda España. Como el CICI ha explicado, esto conlleva antes que nada una lucha por la unidad de los trabajadores catalanes y europeos sobre una perspectiva socialista e internacionalista.

El NPA y sus aliados, que hablan por una capa de la clase media pudiente de Europa que emergió tras el movimiento estudiantil de 1968, propone una perspectiva diferente y pro-capitalista. Desestimando a la clase trabajadora española y europea como adoctrinada por el fascismo, intentan convencer a los catalanes para que luchen por un Estado capitalista independiente haciendo llamamientos morales a la conciencia del imperialismo europeo.

Este programa nacionalista catalán solo puede ayudar a la burguesía española y europea a dividir a la clase trabajadora y debilitar su oposición a la represión estatal y al gobierno autoritario.

Llamamientos morales a la UE no conseguirán nada. A lo largo del cuarto de siglo desde que la disolución de la Unión Soviética por parte de la burocracia estalinista quitara un importante contrapeso a las guerras imperialistas y al empobrecimiento de la clase trabajadora, la clase gobernante ha mostrado una y otra vez que es completamente indiferente al sufrimiento humano. Las guerras imperialistas desde Irak y Siria hasta Libia se han cobrado millones de vidas y convirtieron a millones de personas en refugiados. Y la profunda austeridad de la UE ha causado estragos en la clase trabajadora europea, particularmente desde 2008.

Las otras potencias de la UE no detendrán a Rajoy, porque están preparando políticas similares en casa. La represión en Cataluña, la legitimación del franquismo y el giro hacia un régimen militar en España son parte de una crisis del capitalismo y un giro hacia formas de gobierno autoritarias en toda Europa. Francia está instalando un estado de emergencia permanente para imponer reformas laborales antiobreras; tras las elecciones alemanas del mes pasado, un partido fascista, Alternativa para Alemania (AfD), tendrá escaños en el parlamento alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y el fin del régimen nazi.

Esta enorme crisis social y económica está desgarrando los cimientos políticos de la Europa capitalista. En la época del imperialismo y la guerra, comentó Lenin durante la Primera Guerra Mundial, “La diferencia entre la burguesía imperialista democrático-republicana y la monárquico-reaccionaria se borra, precisamente, porque una y otra se pudren vivas [...]”. Lo que está ocurriendo en España, en medio de ataques históricos a los derechos democráticos en Europa, es la eliminación de las diferencias que iban quedando entre el régimen nacido de la Transición española y el régimen franquista del cual surgió.

En medio de esta profunda crisis, el NPA y sus aliados han intervenido coherentemente para intentar atar a los trabajadores y los jóvenes a las fuerzas pro-capitalistas, incluyendo partidos de la extrema derecha. En las guerras de Libia y Siria, insistieron en que los gobiernos europeos armaran a los insurgentes dominados por milicias islamistas vinculadas a Al Qaeda para llevar a un cambio de régimen. En 2014, exigieron construir un “Sector de Izquierdas” dentro del Sector de Derechas fascista ucraniano, respaldando así la punta de lanza del derrocamiento por parte de la OTAN del gobierno pro-ruso de Ucrania.

El nacionalismo catalán y la indiferencia de los pablistas a la amenaza de la represión militar-fascista en Cataluña y España es coherente con esta política internacional reaccionaria. Según ellos mismos, la exigencia de la secesión sirvió para construir un movimiento pequeño-burgués que apoya la austeridad y los ataques a la clase trabajadora.

Desde 2008, los nacionalistas catalanes burgueses y pequeño-burgueses nacionalistas han entablado amargas batallas por el presupuesto con el gobierno central español, ya que las administraciones de Barcelona y la de Madrid, ambas, trabajaron para recortar empleos y en gasto social y enriquecer a los bancos y a la aristocracia financiera.

Los nacionalistas catalanes dirigieron gobiernos regionales antiobreros en Barcelona, imponiendo la austeridad y aplastando huelgas de conductores de trenes y de trabajadores aeroportuarios. Mientras fuerzas como los Anticapitalistas y el sindicato IAC bloqueaban la construcción de un movimiento político en la clase trabajadora, Puigdemont y sus aliados pudieron llenar el vacío político resultante estimulando el nacionalismo catalán contra Madrid. El objetivo era impedir el surgimiento de un movimiento político independiente, de los trabajadores.

Esto se ha buscado como una estrategia deliberada, en la que participaron el NPA y sus socios catalanes. El actual consejero catalán encargado de negocios, Santi Vila, comentó en un encuentro de políticos y hombres de negocios que si Cataluña “no hubiera hecho un relato en clave nacionalista ¿cómo hubiera resistido unos ajustes de más de 6.000 millones de euros?”

La propia dirección de Anticapitalisas declara que el movimiento independentista es un movimiento pro-austeridad de la clase media, hostil a los intereses de la clase trabajadora y que incluye a sectores significativos de la derecha —y sin embargo lo apoya. En su artículo “La decisión de los catalanes”, Josep María Antentas escribe que “aunque no fue dirigido contra la austeridad, el movimiento independentista pudo beneficiarse del descontento con la situación económica y ofreció una propuesta concreta —independencia respecto a España— como salida de la situación actual”.

Es decir, la exigencia de la independencia catalana respecto a España sirvió para dar una pátina “radical” al régimen de Barcelona mientras aplicaba políticas muy acordes con la austeridad de la UE en todo el continente. Esto significó que los nacionalistas catalanes y partidos nacionalistas pequeño-burgueses como la CUP encontraran poco apoyo en la clase trabajadora —un hecho que Anticapitalistas también reconoce.

Antentas escribe, “El movimiento independentista atraviesa líneas de clase y generacionales, pero predominan las clases medias y los jóvenes. La alta burguesía se ha opuesto al proceso independentista desde el principio e intentó consecuentemente tras bastidores hacerlo descarrilar. La clase trabajadora tradicional —históricamente, inmigrantes que vinieron a Cataluña desde el sur de España en la década de 1960— se ha implicado menos. Los trabajadores en Cataluña están divididos respecto a la independencia, y una parte significativa de ellos no ve un Estado independiente como un horizonte futuro”.

Antentas añade que la indiferencia y la oposición de la clase trabajadora a la perspectiva de construir un Estado catalán independiente, que data de mucho tiempo, están atadas a la influencia de fuerzas abiertamente de derechas dentro del movimiento independentista. Escribe, “Una paradoja del movimiento independentista es que la fuerza política dominante desde que empezara ha sido la derecha nacionalista catalana, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC)”.

El carácter de los partidos nacionalistas catalanes, que son hostiles a la clase trabajadora y virtualmente indistinguibles en sus políticas de otros gobiernos pro-austeridad y pro-bélicos en Europa, da validez a la demanda del CICI del voto por el “no” en el referéndum del primero de octubre. Entregarles el poder a tales fuerzas para formar un Estado catalán no haría nada por los trabajadores catalanes, más que separarlos de sus hermanos y hermanas de clase en el resto de España.

La tarea de luchar contra los nacionalistas catalanes pertenece a los trabajadores. Por más reaccionarias que sean sus políticas, la tarea de oponerse a ellos no puede dejarse en manos del gobierno del PP, sus aliados fascistas, el PSOE y las bayonetas del ejército español para imponer una unidad forzada de España.

Ante el peligro creciente de una represión del ejército en Cataluña, la lucha contra el peligro de una guerra civil y un régimen autoritario sólo puede emprenderse como una lucha revolucionaria de la clase trabajadora contra el Estado capitalista, los partidos burgueses y sus aliados pequeño-burgueses y de la pseudo-izquierda.