El secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson, devela la agenda predatoria de la guerra de la OTAN contra Libia

por Jean Shaoul
13 octubre 2017

En una reunión informal de la conferencia del partido conservador en Manchester el 3 de octubre, el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, dejó claro que las guerras de Gran Bretaña en Libia y por todo el Medio Oriente y el Norte de África no tienen nada que ver con el humanitarismo o la lucha contra el terrorismo.

Respondiendo a una pregunta sobre su reciente visita a Libia y las condiciones en Sirte, una ciudad devastada por la guerra en la costa norte de Libia, Johnson dijo que la ciudad podría convertirse en un destino turístico y de negocios de clase mundial.

Afirmó: "Hay un grupo de empresarios del Reino Unido, excelentes hombres que quieren invertir en Sirte, en la costa, cerca de donde Gaddafi en efecto fue capturado y ejecutado como algunos de ustedes pudieron haber visto.

"Y tienen literalmente una visión brillante para convertir a Sirte, con la ayuda del municipio de Sirte, en el próximo Dubai.

"Lo único que tienen que hacer es despejar los cadáveres y luego estarán allí".

Sirte fue la ciudad natal del ex líder Muammar Gaddafi y su bastión final antes de su derrota, brutal tortura y asesinato a manos de los mercenarios islámicos de la OTAN.

Sus comentarios provocaron un torrente de llamadas hipócritas para su renuncia o despido por parte del primer ministro Theresa May, incluso por los opositores pro-europeos de Johnson en el partido Tory. Emily Thornberry, la secretaria de Relaciones Exteriores del Partido Laborista, dijo que sus comentarios fueron "increíblemente groseros, insensibles y crueles".

Otros le pidieron que se disculpara por “meter la pata” y lo atacaron por "su incapacidad de mantener la boca cerrada".

Lo que hizo que las observaciones de Johnson fueran más allá de lo normal fue que dijo la verdad, sin la habitual inclinación moral, en una discusión pública y no privada de los círculos gobernantes.

Alexander Boris de Pfeffel Johnson, un hombre sin un botón de encender o apagar, simboliza la clase de arrogancia y privilegio social de la élite política de Gran Bretaña. Frecuentemente descrito como el hombre que va a derrocar a May, ocupa un puesto como una de las criaturas más repugnantes que han sido vomitadas por el imperialismo británico en el transcurso de varios siglos.

Johnson ha cultivado cuidadosamente una imagen pública como el bufón jovial del Partido Conservador, alguien que no tiene miedo de "hablar claro", lo cual utiliza para articular sus puntos de vista de extrema derecha. Unos días antes, el embajador británico en Myanmar se vio obligado a detenerlo en medio de una frase mientras que recitaba El Camino a Mandalay de Rudyard Kipling en el templo más sagrado del país.

El poema incluye la declaración: "Las campanas del templo dicen / Vuelva, soldado inglés." Gran Bretaña colonizó Myanmar, antes conocida como Birmania, de 1824 a 1948 y reprimió brutalmente sucesivas luchas de liberación.

Los comentarios de Johnson sobre Libia reflejan con exactitud la verdadera naturaleza de la guerra británica por un cambio de régimen en Libia. Thornberry describió la guerra contra Libia en 2011 como "moralmente correcta para proteger a los civiles de un dictador despiadado, y la acción ha sido autorizada por la ONU". Ella está furiosa porque Johnson ha expuesto en los términos más crudos posibles todos estos intentos de disfrazar esta guerra como una intervención "humanitaria".

La operación de cambio de régimen orquestada por Estados Unidos buscó reforzar el imperialismo en el norte de África, el cual había sido sacudido por el derrocamiento de las dictaduras apoyadas por muchos años por Estados Unidos en Egipto y Túnez. Invocando la liberal doctrina imperialista, "Responsabilidad de Proteger" (R2P), el entonces primer ministro conservador de Gran Bretaña, David Cameron, desempeñó un papel importante en la intervención de la OTAN.

La participación de Gran Bretaña en la guerra de Libia, como en sus otras intervenciones en Yugoslavia, Afganistán, Irak y Siria y en otros lugares, está basada en sus propios intereses geoestratégicos, empresariales y financieros: estos y otros países deben abrirse a los vendedores y estafadores de las corporaciones y bancos británicos. Fue otra guerra por petróleo y gas.

El año pasado, el Comité Especial de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes emitió un informe condenatorio que expuso las bases fraudulentas de la guerra. Este criticó a Cameron por declarar sin pruebas de que Gadafi estaba a punto de llevar a cabo una masacre de proporciones genocidas contra los manifestantes en Benghazi.

Cameron había seguido "una política oportunista de cambio de régimen", al mismo tiempo diciéndole al parlamento en marzo de 2011 que la intervención no era para un cambio de régimen. Apenas un mes después, Cameron firmó una carta conjunta con los presidentes de Francia y EE. UU. declarando que su objetivo era conseguir "un futuro sin Gaddafi".

Él apoyó a los llamados rebeldes, entre los cuales se sabía que estaban inmersos los grupos terroristas islamistas. Estos "rebeldes" incluían a Abdul Hakim Belhaj, quien había luchado con Al Qaeda en Afganistán y fue uno de los fundadores del Grupo Libio de Lucha Islámica (LIFG) que buscaba "transformar a Libia en un estado islámico".

En la década de 1990, el gobierno conservador de Gran Bretaña le dio a él y a otros miembros del LIFG un santuario en Londres y los utilizó en un complot para asesinar a Gadafi. En 2004, el primer ministro Tony Blair hizo un brusco cambio de rumbo y firmó un acuerdo con Gaddafi que abrió a Libia al gigante petrolero BP. Su gobierno confabuló con la CIA en su programa secreto de tortura, el cual llevó al encarcelamiento de Belhaj por el régimen de Gaddafi.

En 2011, el gobierno conservador-liberal demócrata volvió a descubrir su utilidad y trabajó estrechamente con Belhaj, el LIFG y otros grupos similares para derrocar al régimen de Gadafi, y las fuerzas de la OTAN le proporcionaron cobertura aérea.

Belhaj se convirtió en el líder del Consejo Militar de Trípoli encargado de mantener el orden en la capital después del asesinato de Gadafi. Según informes de los medios de comunicación en 2015, se convirtió en un líder en el recién formado ISIS en el norte de África.

La guerra, llevada a cabo entre marzo y octubre de 2011, mató al menos a 20.000 personas y hundió a la población libia en una catástrofe humanitaria que persiste hasta nuestros días. Después de la derrota de Gadafi, la lucha entre cientos de milicias por el control de los ricos recursos de Libia ha llevado a la fuga de dos millones de personas--un tercio de la población antes de la guerra-- a Túnez, Egipto y otros lugares y el desplazamiento interno de cientos de miles.

Según un informe publicado el pasado verano por el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), al menos 1,3 millones--un 20 por ciento de toda la población libia, o 6,4 millones antes de la guerra--todavía carecen de alimentos, y requieren asistencia humanitaria urgente.

Éste era un país que anteriormente contaba con una prosperidad y estabilidad económica, y tenía el índice más alto de desarrollo humano (IDH) en África. Mientras que su enorme riqueza petrolera fue conquistada por una pequeña élite corrupta, el Estado aseguró un nivel de vida relativamente alto al proporcionar educación gratuita, atención médica y otros servicios.

La clasificación del IDH de Libia se ha desplomado de 53 a 102 de los 169 países incluidos en el informe de Desarrollo Humano 2016 de la ONU. Belhaj es ahora uno de los muchos islamistas que se convirtieron en hombres de negocios políticos. Muy ricos, gracias a sus clientes en el Golfo y el Oeste, ellos son los que buscan acuerdos con los "excelentes hombres que quieren invertir en Sirte".

Sirte, una vez una próspera ciudad, es una escena de devastación total y tragedia humana. Está llena de artefactos explosivos improvisados (IEDs) dejados por el Estado Islámico durante el asedio de la ciudad durante casi un año por parte de las fuerzas del gobierno libio. El Estado islámico se apoderó de la ciudad en marzo de 2015, antes de ser recapturado durante la segunda mitad de 2016 con la ayuda de los ataques aéreos y las fuerzas estadounidenses leales al gobierno respaldadas por la ONU con sede en Trípoli.

Johnson ha pagado dos visitas a Trípoli este año. En agosto, acordó un paquete de medidas con el primer ministro Fayyez Al-Serraj, quien encabeza uno de los tres gobiernos en Libia. Estos incluyen un acuerdo para financiar la capacitación para remover IEDS y minas y para reconstruir la infraestructura crítica y restaurar servicios públicos básicos a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La Marina Real de Gran Bretaña también está involucrada en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad locales para evitar que los inmigrantes africanos pasen por Libia de camino a Europa.