Una nueva etapa en la contrarrevolución bipartidista en el sistema de salud

Después de las órdenes ejecutivas de Trump, los demócratas ofrecen un “reparo” de Obamacare

16 octubre 2017

Los últimos diez días han marcado una escalada en la conspiración bipartidista contra el derecho del acceso a la salud de la clase obrera estadounidense. Después de cuantiosos intentos fallidos en meses recientes para “reemplazar y derogar” la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA; Affordable Care Act), también conocido como “Obamacare”, el Gobierno de Trump ha promulgado una serie de órdenes ejecutivas para minar dicha legislación.

El primer decreto del presidente expande las exenciones para patrones que indican tener ciertas objeciones morales o religiosas a la provisión sin costo de métodos anticonceptivos bajo la ACA.

Luego, Trump finalizó una orden ejecutiva que permite “planes de salud para asociaciones”, consistiendo en una exención de los requisitos de la ACA de incluir al menos diez servicios esenciales en la cobertura de los seguros médicos.

Finalmente, la Casa Blanca anunció que, a partir de miércoles, dejará de pagarles a las aseguradoras privadas por los subsidios de reducción por reparto de costos (CSRs, cost-sharing reduction payments) que les ayudan a los estadounidenses de bajos ingresos adquirir su cobertura médica.

Trump ha dejado en claro que procurará negociar con los congresistas demócratas para llegar a un acuerdo respecto a una “reforma sanitaria”, lo que significa una serie de modificaciones a Obamacare para reducir aún más la cobertura de atención de salud. El viernes por la mañana, el mandatario tuiteó: “El Obamacare de los demócratas está en medio de una implosión. Los enormes pagos de subsidios para sus favoritas aseguradoras se acabaron. ¡Los demócratas deberían llamarme para arreglarlo!”. Poco después, describió la legislación existente come un “desastre arruinado”.

Todos los decretos de Trump resultarán en primas más altas, especialmente para la población de mayor edad, los más empobrecidos y los menos sanos, negándoles el acceso a servicios médicos básicos a millones. Esto no es a lo que los demócratas le dan importancia.

La líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y del Senado, Chuck Schumer, presentaron una demagógica declaración el viernes por la noche regañando a Trump por detener los CSRs. “Pareciera que el presidente Trump aumentará unilateralmente las primas en la atención de salud de los estadounidenses. Es un acto repudiable de sabotaje, de gran alcance y sin sentido, contra las familias trabajadores y la clase media en cada rincón de Estados Unidos”, dijeron en parte.

Sin embargo, los líderes demócratas concluyeron que el verdadero punto por corregir del mandatario yace en que sus acciones significan que “alejarse de la buena fe, las negociaciones bipartidistas entre Alexander y Murray, y poner en riesgo el cuidado de salud de millones de estadounidenses”.

Más temprano este mes, después de que los republicanos fracasaran en sus intentos para derogar y reemplazar la ACA, Trump tuiteó, “Ayer llamé a Chuck Schumer para ver si los demócratas quieren crear un gran proyecto de ley sobre la atención de salud”. Schumer respondió: “Si quiere trabajar juntos para mejorar el sistema de salud existente, nosotros los demócratas estamos abiertos a sugerencias. Un buen lugar para comenzar pueden ser las negociaciones entre Alexander y Murray que estabilizarían el sistema y reducirían los costos”.

Schumer se refiere a las conversaciones encabezadas por los senadores Lamar Alexander, representante republicano de Tennessee, y Patty Murray, representante demócrata de Washington. Estas negociaciones bipartidistas no tienen nada que ver con expandir la cobertura médica de los 28 millones de estadounidenses que permanecen sin seguro, mejorar los ya irremediablemente inadecuados beneficios de muchos, ni contener la especulación y poder de los monopolios farmacéuticos y de seguros.

En cambio, su “arreglo” de Obamacare consta en darle un impulso a la industria de seguros por medio de varios pagos. Los demócratas también han acordado a un “compromiso” que les permite a las aseguradoras eludir las regulaciones de Obamacare que les requieren ofrecer ciertos servicios esenciales para así ofrecer planes “delgados”, además de esquivar disposiciones de la ACA respecto a individuos con condiciones preexistentes.

Sea cual fuere el “compromiso” respecto a una reforma sanitaria constituye naturalmente una conspiración contra la clase obrera, partiendo de la premisa de subordinar la atención de salud al afán de lucro de las corporaciones y el mercado capitalista.

El gobernador de Ohio, John Kasich, fue más transparente sobre lo que traería un acuerdo bipartidista en salud, indicando este verano, “Después de dos intentos fallidos [republicanos] de una reforma, el siguiente paso es claro: el Congreso debería enfocarse primero en reparar el mercado de Obamacare antes de abordar Medicaid…. Cuando veamos que estas reparaciones prevalezcan, el Congreso debería entonces retomar las mejoras de Medicaid como parte de una reforma comprensiva de garantías”.

Todas las versiones republicanas de una abrogación y reemplazo de Obamacare que han fracasado incluyen recortes de cientos de miles de millones de dólares de Medicaid, el programa gubernamental de seguros para los más pobres, adultos de mayor edad, discapacitados y mujeres embarazadas. Han vestido la efectiva eliminación del programa como una nueva garantía social, imponiendo subvenciones en bloque y límites per cápita para los estados, lo que obligaría a cada estado denegarles beneficios a personas que realmente califican para recibirlos.

Estas medidas agotarían los fondos de Medicaid como un paso hacia privatizar y finalmente desmantelar el programa. No ha habido declaraciones de los líderes demócratas que den una oposición de principios a la finalización de Medicaid, algo que los grupos de poder saben bien que constituye el primer paso para desmantelar y privatizar Medicare, el programa de seguros públicos para la población de mayor edad, y el seguro social o sistema estatal de pensiones.

Los planes bipartidistas para “reparar” Obamacare según los intereses de las aseguradoras —más beneficios eliminados, mayores aumentos en las primas y rebajas en los costos para el Gobierno y las corporaciones— no contraria el espíritu de la legislación ACA. De hecho, refleja su esencia y objetivo: los trabajadores están viviendo demasiado después de su retiro, recibiendo “tratamientos innecesarios” y costosos, y se tiene que hacer algo para invertir los costos en aras de aumentar el lucro corporativo.

Tan temprano como el 2009, el año antes de que la ACA fuese firmada, el World Socialist Web Site escribió:

“La campaña [de Barack Obama] de modificar el sistema de salud, lejos de representar una reforma diseñada para proveer una cobertura universal y ampliar el acceso a una atención de calidad, marca un ataque sin precedentes al acceso a la salud de la población trabajadora. …

“La contrarrevolución de Obama en el sistema de salud es compatible con toda su agenda nacional. Va paralelo al rescate bancario de varios billones de dólares, a la imposición de despidos masivos y recortes salariales y de beneficios en la industria automotriz y a su escalada de ataques contra la educación pública y contra los maestros”.

Las políticas demócratas en salud no son ninguna alternativa a las de Trump. Ambas conducen a un sufrimiento indecible, miseria y muertes prevenibles. La defensa de los servicios básicos como la atención de salud exige una lucha contra el capitalismo, el cual es incompatible con los derechos democráticos y sociales más elementales.

Esta batalla por defender el acceso a la salud requiere una lucha por el socialismo. La industria sanitaria tiene que ser tomada de manos privadas y puesta bajo propiedad pública y el control democrático de la clase obrera. Este no es un sueño irrealista sino la única solución racional ante un sistema de salud dominado por las ganancias privadas y defendido por una élite gobernante obsoleto.

Kate Randall