Creciente crisis política en Washington en medio de rumores de destitución de Trump

por Patrick Martin
16 octubre 2017

El conflicto dentro del aparato estatal estadounidense subió a un nuevo nivel de intensidad esta semana, luego de que uno de los líderes republicanos del Senado, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores Bob Corker, advirtió que el presidente Trump está arriesgando la “Tercera Guerra Mundial” y Trump respondió a los reportes de la prensa sobre los conflictos internos dentro de su administración sugiriendo que podría revocarle su licencia de transmisión a NBC.

Las recriminaciones entre la Casa Blanca y el Congreso y dentro de la administración Trump en sí son particularmente explosivas ya que toman lugar en medio de crecientes tensiones entre el gobierno de EE.UU. y Corea del Norte, a raíz de las repetidas amenazas de guerra nuclear contra el régimen de Kim Jong-un.

Corker hizo la advertencia de que la política extranjera de Trump produciría la Tercera Guerra Mundial y previamente criticó la falta de estabilidad y competencia en la presidencia de Trump. Éste respondió con insultos vulgares en Twitter, mientras que la portavoz de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders falsamente afirmó que Corker era responsable por el acuerdo nuclear de EE.UU. con Irán, al cual Trump parece que quiere revocar tan pronto como hoy.

Reportes de empleados de la Casa Blanca sobre iras incontrolables y violentos cambios de ánimos por parte del “comandante en jefe” han intensificado una nueva ronda de discusión en los medios corporativos sobre la posibilidad de destituir a Trump del cargo, ya sea mediante un impeachment, el cual requeriría un voto de mayorías en la Cámara de Representantes y dos tercios de voto en el Senado; o mediante la invocación de la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución, bajo la cual el vicepresidente y una mayoría del gabinete pueden declarar al presidente incompetente para continuar a cargo.

Un extraordinario editorial publicado el martes en el Washington Post tenía el título: “¿Qué hacer con un presidente incapaz?”.

El editorial concluye afirmando que el impeachment no era probable y urgía acción del congreso para contrarrestar las políticas de Trump en un conjunto de áreas (todas importantes para los intereses corporativos), como el reforzamiento de acuerdos de comercio de EE.UU. como NAFTA y mantener los programas de ayuda extranjera que esparcen la influencia política del país en el exterior.

Que el periódico líder en la capital del país –leídos por todos en el Congreso y la administración Trump– proclame al presidente como “incapaz” para el cargo refleja las extraordinarias y duras divisiones dentro de la clase gobernante, apenas aludidas en el editorial del Post.

Los medios corporativos ha puesto en la mira la Casa Blanca de Trump, en parte debido a sus preocupaciones por sus expresiones de simpatía por el presidente ruso Vladimir Putin y profesada renuencia en continuar la campaña para confrontar a Rusia en Siria, Europa del Este y el Báltico que fue iniciada por la administración Obama.

Pero hay una preocupación más profundo sobre cómo las políticas y métodos de la administración Trump y particularmente sus crecientes llamados a fuerzas ultraderechistas, racistas y fascistoides –como aquellas que hicieron disturbios en Charlottesville, Virginia dos meses atrás– arriesgan con desestabilizar políticamente los EE.UU.

Hay una preocupación particular en círculos banqueros y corporativos de que el deterioro de las relaciones con los más altos republicanos del Senado como el Líder de la Mayoría Mitch McConnell y el presidente del Comité de Relaciones Exteriores Bob Corker puedan impedir los esfuerzos para hacer aprobar un enorme recorte de impuestos para las corporaciones y los adinerados, el ítem principal en la agenda del Congreso controlado por los republicanos este otoño.

El miércoles un grupo de seis lobbies derechistas aliados a la Casa Blanca, incluyendo los Tea Party Patriots, el Senate Conservatives Fund, FreedomWorks, el Media Research Center y el ConservativeHQ.com, hicieron llamado para que McConnell renunciara debido al fracaso de repeler Obamacare o promulgar otras medidas derechistas y amenazaron con campañas en contra de republicanos oficialistas en las elecciones primarias del próximo año.

Éstas hicieron eco del ex consejero de la Casa Blanca Steve Bannon, quién está amenazando con apoyar candidatos anti-McConnell en las primarias republicanas y quién pidió el martes la renuncia inmediata de Corker.

NBC desató la última ronda de guerra de aniquilación mutua con un reporte la semana pasada en la que el secretario de Estado Rex Tillerson había llamado a Trump un “idiota” luego de una discusión de alto nivel de política extranjera y estrategia nuclear el 20 de julio en el Pentágono. Esto fue seguido por una serie de negaciones por Tillerson y diatribas de Trump, lo que culminó en su comentario del martes, en una entrevista con la revista Forbes, de que si les hicieron pruebas de CI a los dos, él saldría por encima.

El miércoles la cadena añadió detalles adicionales, reportando que Tillerson fue provocado a una explosión de frustración por la sugerencia de Trump de que EE.UU. debería revertir 50 años de declive en su reserva de armas nucleares y volver al nivel de armamento acumulado en la década de 1960, lo que requeriría un aumento de diez veces.

Trump entonces lanzó una diatriba contra NBC, afirmando que estaba fabricando “noticias falsas” sobre su administración e hizo un llamado para que la licencia de transmisión de la cadena sea revocado, aparentemente ignorando el hecho de que no hay licencias para las cadenas y el gobierno federal no tiene ninguna autoridad legal.

Esto no fue simplemente una manifestación de las propensiones autoritarias de Trump. La Casa Blanca está en una profunda crisis interna, con altos funcionarios filtrando comentarios poco halagadores y alarmados sobre el estado mental de Trump, su inhabilidad para mantener una política coherente y una tendencia de perder los estribos por cualquier crítica pública.

El reporte de la NBC se basó, según la cadena, en tres funcionarios que atendieron una reunión ultra -secreta en la Sala de Guerra de la Casa Blanca y escucharon tanto los comentarios de Trump sobre armas nucleares y el comentario de que Tillerson es un “idiota”.

El Washington Post reportó el martes, en un importante artículo de primera página, que el presidente está “arremetiendo, rompiendo alianzas y poniendo en peligro su agenda legislativa”, según “varios funcionarios de la Casa Blanca y consejeros foráneos”.

“Trump en días recientes ha mostrado momentos de furia y ha dejado a sus ayudantes, incluyendo al jefe de estado mayor John F. Kelly, peleando para controlar sus arranques”, reportó el Post. “Un confidente de Trump comparó el presidente con una olla tetera hirviendo, afirmando que cuando no bota el vapor, se puede convertir en una olla a presión y explotar. ‘Creo que estamos en momentos de olla a presión’, declaró esta persona, quién habló bajo la condición de anonimato para hablar honestamente”.

Por lo menos uno de los “18 funcionarios de la Casa Blanca, consejeros de afuera y otros asociados de Trump” entrevistados para este reporte nada halagador fue identificado al día siguiente como Thomas Barrack, un multimillonario de bienes raíces, viejo compinche de Trump y consejero quién administró el comité de recaudación de fondos para su inauguración, pero que ahora se describe como “horrorizado” por el tono de los tweets de Trump.