Washington amenaza con escalar sanciones tras elecciones regionales en Venezuela

por Andrea Lobo
20 octubre 2017

En una mayor intensificación de la guerra política en Venezuela, la oposición respaldada por EUA y el Gobierno de Trump claman que hubo fraude en las elecciones regionales del domingo pasado, en las que la coalición gobernante obtuvo 17 de las 23 gobernaciones.

Sin embargo, los resultados y la tasa de participación relativamente baja de 61 por ciento —en comparación con el 74 por ciento de las elecciones legislativas hace dos años— reflejan una amplia oposición a ambas facciones de la élite gobernante en medio de un empeoramiento continuo de la crisis económica y social del país.

La coalición bolivariana encabezada por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) recibió un poco menos de los 5,6 millones de votos de las elecciones legislativas del 2015. En ese entonces, la economía del país se hundía junto con los precios del crudo y otras comodidades, y la coalición en la oposición, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), obtuvo una mayoría abrumadora en la Asamblea Nacional con 7,7 millones de votos. El fin de semana pasado, en cambio obtuvo 4,8 millones de votos, presagiando un resultado similar o más bajo para las elecciones presidenciales el próximo año.

El presidente Nicolás Maduro proclamó públicamente una “victoria tajante” de su partido, a pesar de perder tres estados, Mérida, Táchira y Zulia, todos centros de las protestas provocativas antigubernamentales organizadas por el MUD este año, las cuales dejaron a 125 manifestantes muertos y miles de heridos.

Después de que las encuestas mostraban a la MUD con una ventaja cómoda a nivel nacional, la oposición reaccionó al balotaje con enojo y desesperación. Cuando cerraron los centros de votación el domingo en la noche, el exsecretario general de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, le dijo a la prensa: “Lo que ha ocurrido hoy en Venezuela, de lo que nos sentimos tan orgullosos, es un enorme, una gigantesca, victoria popular de dimensiones históricas”.

Sin embargo, al publicarse los resultados, confirmaron que, más allá que la MUD haya fracasado en inspirar un apoyo de masas más allá de su base entre las capas más privilegiadas, sus políticas derechistas y aliento a las sanciones del Gobierno de Trump que han socavado la economía e incluso a las amenazas de intervenir militarmente han vuelto a cada vez más venezolanos en su contra.

Más recientemente, Washington dirigió sus medidas contra el sustento principal de la economía, la compañía petrolera administrada por el Estado, PDVSA, y les impuso un veto de viaje a los venezolanos.

A raíz de esto, Maduro y la Asamblea Constituyente, la cual es controlada por el PSUV y orilló en julio a la Asamblea Constituyente que domina la MUD, han podido descargar la culpa por el empeoramiento de la crisis económica y la falta de bienes esenciales y medicinas en la agresión norteamericana.

Mientras que las décadas de explotación neocolonial estadounidense de la clase obrera y los recursos naturales del país tienen la mayor responsabilidad por las desesperantes condiciones sociales, desde que el fallecido líder del PSUV, Hugo Chávez quedó electo en 1998 profesando un nacionalismo “antiimperialista”, los chavistas sólo han profundizado la dependencia del país en el mercado petrolero estadounidense y los créditos extranjeros. Esto ha resultado en una deprivación generalizada asociada con la inflación de triple dígito y la caída del ochenta por ciento en importaciones durante los últimos cinco años. La firma financiera, Torino Capital, indica que los pagos de la deuda conforman el 75 por ciento de las exportaciones totales del país, el nivel más alto del mundo.

Según el diario Financial Times, los bonos soberanos del país colapsaron a su nivel más bajo desde abril del 2016, mientras que nuevas sanciones de EUA amenazan con empujar a Venezuela del borde del impago.

El Departamento de Estado de EUA rechazó las elecciones del domingo, quejándose de que el Gobierno del PSUV “se comporta como una dictadura autoritaria”, y amenazó con “librar el peso completo de nuestro poder económico y diplomático” en contra del oficialismo.

La élite financiera estadounidense esperaba que esta ronda electoral trajera consigo un giro lejos del PSUV. La hostilidad de Washington contra Caracas ha seguido aumentando ante su acumulación de empréstitos de China y Rusia, los cuales han incluido la cesión de acciones y permisos para explotar el crudo venezolano a la empresa rusa, Rosneft.

El Financial Times reporta que el Fondo Monetario Internacional ya está “haciéndole números” a cómo un nuevo Gobierno más supeditado a Washington podría manejar los $140 000 millones de deuda venezolana. Como ha sucedido en Grecia y, más recientemente, en Puerto Rico, tales procesos consisten en un saqueo de activos estatales y la imposición de medidas devastadoras de austeridad.

Hay una cosa sobre la cual el Times felicita al PSUV: se ha encargado de la parte “más dolorosa” de imponer estas medidas. “Venezuela ya sufrió una caída masiva en el consumo”, escribe el periódico de la oligarquía financiera británica, subrayando así el papel que ha desempeñado la “revolución bolivariana” en suprimir las luchas de la clase obrera venezolana y proteger la propiedad capitalista y los intereses empresariales del imperialismo más generalmente.

Incluso las recientes revelaciones del más alto funcionario en Venezuela de la constructora brasileña Odebrecht de que la camarilla gobernante de Maduro recibió $35 millones en sobornos por contratos no previno que el oficialismo consiguiera una amplia mayoría de las gobernaciones. En realidad, el escándalo Odebrecht lo que ha demostrado es la naturaleza corrupta de la acumulación de riqueza bajo el capitalismo, ya que ha salpicado también a algunos de los principales líderes de la oposición en Venezuela, incluyendo a Henrique Capriles, y a partidos y políticos capitalistas de todos los tintes en toda la región.

El líder de la MUD, Ángel Oropeza añadió más las acusaciones de fraude de la oposición el lunes. Denunció que máquinas de votación no funcionaba, que algunos de los colegios electorales fueron trasladados menos de 48 horas antes de la elección, que hubo hostigamiento violento contra votantes y coerción de empleados públicos, votos por la MUD contados como nulos y votaciones múltiples de los partidarios chavistas.

Mientras que prometió un “reporte exhaustivo”, no se ha presentado ninguna evidencia hasta ahora que corrobore el impacto que tuvo la relocalización de los centros de votación ni los otros cargos, a pesar de que anunciaron la movilización de 363 000 representantes de la MUD a través del país para servir como testigos y asistir a los votantes a encontrar sus respectivos lugares de votación.

Algo todavía más importante, en vez de apelar a la mayoría de las masas venezolanas que supuestamente los apoyan, Oropeza reiteró la orientación de la MUD hacia los centros gobernantes imperialistas. “Enviaremos una delegación a los Gobiernos del mundo para explicar los abusos de este proceso electoral”, concluyó.

Tales maniobras en la lucha de la MUD contra el PSUV, incluyendo sus excursiones recientes a Europa, demuestran su dependencia en sanciones internacionales en parte dirigidas a agravar el hambre de los venezolanos para que los apoyen.

Las divisiones dentro de la oposición también se han recrudecido en cara a la vergonzosa derrota ante un Gobierno que ha presidido una de las peores crisis económicas y sociales en la historia latinoamericana. Debido a que los dirigentes de la MUD habían legitimado las elecciones como “la ley”, ahora temen que su participación también le haya dado validación a la Asamblea Constituyente.

Dos de sus candidatos a gobernador ya concedieron derrota, desafiando la línea oficial del partido. “No hablaría de fraude, porque tienes que tener las pruebas y ¿dónde están las pruebas? Ventajismo es una cosa y fraude otra”, le comentó a Reuters el diputado opositor de Caracas, José Guerra. “Nos hicimos daño nosotros mismos”.

La principal diplomática de la Unión Europea, Federica Mogherini, avanzó una respuesta más remisa que Washington, llamando a “todas las partes de Venezuela a aunarse y encontrar un diálogo creíble y constructivo”. Esto es en referencia a los “diálogos de paz” que comenzaron en la República Dominicana el mes pasado entre el Gobierno del PSUV y la MUD.

Ahora, la oposición ha declarado que no participará en más negociaciones hasta que se complete una auditoría independiente sobre las elecciones regionales, lo que podría significar que se acabarán los “diálogos” después de una sesión.

El crecimiento de la hostilidad popular hacia la MUD no se ha traducido en más apoyo para el Gobierno de Maduro. Este último ha explotado las provocaciones de la oposición derechista para preparar una represión de lo que considera como la mayor amenaza a sus intereses, un levantamiento independiente de la impaciente clase obrera venezolana.

Por ejemplo, ha buscado intimidar cualquier oposición social gobernando de facto bajo ley marcial, impuesta en abril supuestamente en contra de las demonstraciones de la MUD. El titular de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana anunció que fueron desplegados 267 000 efectivos militares y de seguridad para presidir las elecciones. La Asamblea Constituyente también aprobó varias leyes criminalizando toda oposición, justificándolas como medidas para responder al apoyo de la MUD a las sanciones estadounidenses.

En el estado de Bolívar, el único con una cuenta electoral todavía inconclusa, se congregaron manifestantes fuera de las oficinas de la comisión electoral el lunes, demandando un resultado legítimo, cuando arremetieron contra ellos militares de la Guardia Nacional, dispersándolos con una andanada de gases lacrimógenos.