El escándalo de corrupción en el UAW se esparce a Ford y GM

6 noviembre 2017

El sindicato de trabajadores automotrices en Estados Unidos (UAW; United Auto Workers) es el centro de un escándalo cada vez más amplio que ha arrojado luz a su relación corrupta e incestuosa con las Tres Grandes empresas automotrices del país.

A finales de julio, una acusación federal fue emitida contra altos oficiales del UAW y un ejecutivo corporativo de Fiat Chrysler Automobiles (FCA). El martes, Detroit News reportó que el FBI había añadido a Ford y General Motors (GM) a sus investigaciones sobre la red de sobornos a través de los centros de entrenamiento que operan las compañías automotrices en conjunto con el UAW.

Las imputaciones en relación con FCA revelan que altos ejecutivos del UAW recibieron más de $4,5 millones en sobornos de parte de los oficiales de la compañía. El dinero fue presuntamente canalizado por medio de un centro de entrenamiento conjunto y lavado en varias caridades, centros infantiles y programas de cuidado de hospicio. Los oficiales sindicales derrocharon el dinero en muebles, joyas, ropa de diseñador, vacaciones internacionales y otros lujos para sí mismos o sus parientes, un dinero que había sido oficialmente destinado para capacitaciones.

Aquellos que han sido acusados incluyen a Monica Morgan, la esposa del exvicepresidente del UAW, General Holiefield, quien también habría sido inculpado si no fuese por su fallecimiento en el 2015; el exnegociador del sindicato, Virdell King; el principal negociador de Chrysler, Al lacobelli; y el analista financiero de Chrysler, Jerome Durden.

King y Durden se declararon culpables de corrupción como parte de un acuerdo con los fiscales. Por su parte, el vicepresidente del UAW en Chrysler, Norwood Jewell, también estuvo involucrado, pero no lo han inculpado presuntamente por haber recibido mordidas de dinero robado por otros oficiales.

Según el reporte en el periódico Detroit News, la investigación está siendo ampliada para incluir a otros altos ejecutivos del UAW, incluyendo a la vicepresidenta del UAW en GM, Cindy Estrada, quien presidía el centro de entrenamiento UAW-GM, y a su predecesor, Joe Ashton.

A pesar de no haber sido destacado por Detroit News como Estrada, el vicepresidente del UAW en Ford, Jimmy Settles, preside el centro de entrenamiento UAW-Ford y probablemente también se encuentra bajo sospecha. Todos estos oficiales manejaban caridades propias con fondos de cientos de miles y hasta millones de dólares.

Las revelaciones de que miembros de la cúpula del UAW recibieran sobornos directos de los ejecutivos de las compañías no son ninguna sorpresa para cualquiera que estuviese siguiendo las operaciones del sindicato. Por décadas, el UAW y otras organizaciones que se hacen llamar “sindicatos” han funcionado como instrumentos de las gerencias corporativas. No son “organizaciones obreras”, sino contratistas de mano de obra barata y una fuerza policial industrial cuya función es suprimir toda oposición de los mismos trabajadores que ostentan representar.

En el caso del UAW, esta relación es particularmente explícita. A pesar de que el sindicato formado en las batallas encarnizadas e insurreccionales lideradas por obreros de orientación socialista en los años treinta, llegó a ser dominado por una burocracia procapitalista y nacionalista. En la década de 1980, el UAW y el aparato sindical AFL-CIO en su conjunto respondieron al declive del capitalismo estadounidense y a la contrarrevolución social librada por la burguesía buscando acomodarse más estrechamente con las gerencias corporativas. Esto lo hicieron imponiendo un contrato entreguista tras otro. Fue también entonces cuando se crearon los “centros de entrenamiento” del escándalo de corrupción, sirviendo como fondos para las transacciones ilícitas con los ejecutivos sindicales.

En años recientes, el UAW, encabezado por los ejecutivos involucrados en el escándalo de corrupción actual, ha recurrido a prácticas llanamente fraudulentas para ejecutar las medidas que demandan las compañías.

El contrato del 2015, en particular, fue impuesto en contra de una oleada de oposición de los trabajadores automotrices que incluso llevó al primer rechazo de un contrato nacional respaldado por el UAW desde 1983 (en FCA). El contrato fue empujado en FCA, luego en GM y Ford basándose en medidas que incluían otros contratos previos, incluyendo un sistema de escalas salariales, salarios míseros, el uso más amplio del trabajo temporal y recortes en los programas jubilatorios y del cuidado de salud.

El hecho que estos contratos fueron implementados por medio de sobornos y mordidas los vuelven legalmente inoperantes. Al mismo tiempo, corrobora las acusaciones generalizadas de que el UAW rellenó los votos (en inglés) para aprobar el contrato en el voto final del 2015 en Ford.

El World Socialist Web Site protagonizó la movilización y organización de una oposición a los contratos del 2015. Advirtió en ese entonces: “El más grande obstáculo para unificar a los trabajadores es el United Auto Workers (UAW)… y los otros sindicatos”. Además, insistió en que, “Los ejecutivos de más alto rango recibieron cientos de miles de dólares, con los salarios y cuentas de gastos saliendo de las cuotas y efectivo de fondo de huelga con compensación desde sus posiciones en puestos corporativos, operaciones conjuntas de gestión laboral y el fondo de inversiones para el cuidado a la salud de pensionistas del UAW”.

En respuesta a la oposición de los trabajadores, el UAW contrató a la firma de relaciones públicas BerlinRosen para mejorar su imagen y hacer que los trabajadores dejasen de utilizar las redes sociales. El presidente del UAW, Dennis Williams, denunció a los “grupos externos” a los que “les gusta agitar a las personas” a fin de derrotar el acuerdo con FCA.

El principal asesor del AFL-CIO en la región metropolitana de Detroit, Bruce Miller, llamó al WSWS, “buitres en la izquierda vestidos con ropajes rojos y proclamando su amor por los trabajadores mientras que abogan en nombre de los enemigos del pueblo trabajador”. No se ha escuchado Miller sobre si los cargos de corrupción lo han hecho cambiar de parecer acerca de quiénes son los que “abogan en nombre de los enemigos del pueblo trabajador”.

Tomando en cuenta la campaña actual encabezada por el Partido Demócrata y las agencias de inteligencia para utilizar acusaciones contra presuntos esfuerzos rusos para “sembrar discordia” en EUA para justificar la imposición de un régimen de censura en el Internet, cabría recordar que fue el UAW que utilizó el término “noticias falsas” por primera vez, cuando atacaba al WSWS y a los trabajadores automotrices por utilizar las redes sociales para compartir información y coordinar una oposición al contrato del 2015.

El resultado de esta operación es evidente cuando se ven las condiciones que encaran los trabajadores. El mes pasado, el empleado temporal en la planta de estampado de Ford en Woodhaven, Michigan, murió en un aparente suicidio después de que lo disciplinara la empresa por llegar tarde. El reporte policial adquirido por el World Socialist Web Site muestra que Hennings falleció después de pedir ayuda en el UAW. La desesperación de Hennings es una expresión aguda de un fenómeno casi universal que enfrentan los trabajadores automotrices y toda la clase obrera: empleos precarios, temporales, con horarios y una ausencia completa de derechos o procedimientos que realmente aborden los reclamos en las plantas.

Las compañías, los sindicatos y los grupos de poder en general temen más que nada que los trabajadores se liberen del estrangulamiento de los sindicatos para avanzar sus intereses. El exfiscal federal, Peter Henning, le dijo a Detroit News, “Si las compañías están comprando una paz laboral corrompiendo a los líderes sindicales lo están haciendo por ellos mismos. Esto puede hacer enojar a los miembros y desencadenar una insurgencia”.

Una insurgencia es exactamente lo que es necesario. Bajo condiciones de tensiones internacionales cada vez mayores, aumentos en la desigualdad social, deportaciones masivas y violencia policial, el periodo próximo sin duda involucrará a un estallido de luchas sociales de millones de trabajadores y jóvenes. El escándalo del UAW es una prueba más de que los trabajadores no están ante sus representantes en los sindicatos, sino sus más determinados enemigos.

Los obreros necesitan nuevas organizaciones para avanzar sus intereses contra las enormes empresas que controlan a ambos partidos políticos, a la prensa, las cortes, la policía y los sindicatos. Estas nuevas organizaciones —comités en sus lugares de trabajo y barrios— se basarán en el principio de la lucha de clases y buscarán aunar a los diferentes estratos y todas las secciones de la clase obrera para soldar su fuerza en una lucha común contra el sistema capitalista.

Eric London