“Este es un tío listo”

La dirigente sindical de los docentes estadounidenses Randi Weingarten mantuvo un encuentro secreto con Steve Bannon

por Jerry White
6 noviembre 2017

La presidenta de la Federación Estadounidense de Docentes (AFT) Randi Weingarten mantuvo una reunión secreta con el entonces principal estratega de la Casa Blanca Stephen Bannon en un restaurante en Washington DC apenas meses después de la asunción de Donald Trump, según un artículo del sitio web Intercept publicado esta semana.

Weingarten no había informado previamente sobre su cita con el asistente neofascista de Trump, que el Intercept dijo que ocurrió en marzo de 2017 y “había sido instigado por un amigo común”. La presidenta de la AFT le dijo después al Washington Post que la reunión tuvo lugar el 18 de abril en un restaurante vacío cerca de la Casa Blanca y había sido organizado por Chris Ruddy, el director ejecutivo de Newsmax Media Inc.

El medio conservador de Ruddy apoyó a Trump desde temprano pero había alejado previamente a círculos derechistas saliendo en defensa de la Fundación Clinton. Weingarten, miembro del Comité Nacional Demócrata, es una aliada de Clinton, y la AFT lleva mucho tiempo siendo un respaldo financiero de la fundación, que funciona como un nexo corrupto entre los intereses estadounidenses corporativos y los políticos en todo el mundo.

Weingarten le dijo al Intercept y al Post que estaba de acuerdo con esa reunión para “defender la educación pública” después de los recortes en el presupuesto educativo que propuso Trump que podrían reducir la financiación federal de la educación en 9 mil millones de dólares e imponer otros recortes que socavarían la educación especial y los programas sanitarios.

“Si eres el presidente del sindicato y estás luchando ferozmente para conseguir restauraciones de presupuesto y no tener un desmantelamiento de la educación pública o de la educación superior y la administración te pide una reunión —o se te deja claro que quieren reunirse contigo— accedes a esa reunión”, le dijo al Intercept. “Quería que fuera una reunión de verdad, no quería que fuera una oportunidad para sacarse una foto, así que insistí en que la reunión no tuviera lugar en la Casa Blanca”.

Hay pocas dudas de que Weingarten mirara con horror el potencial de una explosión social por la destrucción de la educación pública, habiendo pasado los últimos ocho años de la administración de Obama reprimiendo huelgas docentes y protestas contra cierres de escuelas implementados bajo la “reforma escolar” del presidente demócrata a favor de las corporaciones.

El encuentro con Bannon tuvo lugar en medio de protestas populares crecientes contra el nuevo gobierno de multimillonarios, generales y personajes de la ultra-derecha. El 10 de febrero, a apenas unos días de que el Senado estadounidense confirmara a la candidata de Trump para secretaria de educación estadounidense, Betsy DeVos, los docentes impidieron a la heredera multimillonaria y privatizadora de escuelas entrar a un instituto de secundaria en Washington DC.

En respuesta, Weingarten tuiteó, “Acabo de oír que un manifestante bloqueó y casi derriba a Secy @BetsyDeVos en Jefferson. No consentimos tales actos. Queremos que ella vaya a escuelas públicas”. Unos pocos días después de su encuentro con Bannon, Weingarten viajó a Ohio para visitar una escuela pública con DeVos, a invitación de la presidenta de la AFT.

La idea de que Weingarten creyera que su reunión con Bannon podría persuadir a Trump para que cambie de parecer acerca de diezmar la financiación de las escuelas públicas requiere suspender la incredulidad.

Un escenario mucho más probable era que Weingarten y Bannon estuvieran cortejándose en relación con una alianza política potencial. En realidad, después de la debacle que sufrieron los sindicatos con la derrota de Clinton, grandes sectores del aparato sindical estaban saltando al vagón de Trump basados en su apoyo mutuo del nacionalismo económico del “Estados Unidos primero”, la guerra comercial contra China, México, y el militarismo sin ataduras.

Menos de dos semanas antes de la reunión entre Bannon y Weingarten, a Trump le estaban dando una emocionante bienvenida en la Conferencia Legislativa Nacional de Sindicatos de la Construcción en el Hilton de Washington el 3 de abril, mientras que a solo dos millas de distancia, en el Club de la Prensa Nacional, Richard Trumka, el jefe de la federación obrera AFL-CIO, también le dirigió unas cálidas palabras a Trump.

“Les prometo que los dirigentes obreros de Estados Unidos siempre encontrarán una puerta abierta con Donald Trump”, Trump le dijo a la conferencia sindical, antes de lanzarse a su diatriba acostumbrada contra países y trabajadores extranjeros que supuestamente han “robado la riqueza de los Estados Unidos” y dejaron a los trabajadores estadounidenses empobrecidos mediante tratos comerciales injustos. Los burócratas aplaudieron con aprobación mientras Trump prometía eliminar regulaciones ambientales a los empleadores y señaló a su antecedente de reanudar los oleoductos Keystone XL y Dakota Access. Vitorearon cuando dijo que su administración estaba aplicando mano dura a la “inmigración ilegal” y preparando terminar “los abusos de los visados que socavan al trabajador estadounidense”.

En sus comentarios en el Club de la Prensa Nacional, el presidente Trumka de la AFL-CIO, una visita asidua de la Casa Blanca, elogió a Trump por retirarse del pacto comercial Sociedad Transpacífica y por volver a redactar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) con México y Canadá. Se quejó, sin embargo, de que Trump no pudiera asegurar a los sindicatos que los miembros de pleno derecho fueran empleados en proyectos de infraestructura financiados con fondos federales.

Sin duda uno de los factores motivadores centrales de Weingarten era conseguir el apoyo de la Casa Blanca para promover los intereses de negocios de la burocracia de la AFT. Weingarten, que gana un salario anual de 497.300 dólares estadounidenses, ha perseguido apuntalar los ingresos de los ejecutivos sindicales mediante argucias conjuntas con Microsoft y el magnate Bill Gates. Espera que la propuesta de infraestructura de Trump ofrezca las oportunidades de inversión para los ejecutivos de negocios que dirigen la AFT.

Como el artículo del Intercept observó, la “AFT tiene cuantiosas inversiones en pensiones empaquetadas en acciones privadas, y la Casa Blanca tenía la esperanza de hacer que las acciones privadas ayudaran a financiar el paquete de infraestructura”. De hecho, Weingarten fue posicionada en el primer lugar en los 40 más “influyentes jugadores en las pensiones estadounidenses” de la revista Institutional Investor en 2013, según Axios, que escribió que la AFT estaba considerando invertir unos 73 mil millones de dólares en acciones privadas que este controlaba en proyectos de infraestructura respaldados por Trump.

Weingarten salió con una gran admiración por Bannon. “Este es un tío listo”, le dijo a Intercept. “De la misma manera, nos hemos enfrentado a los capitalistas ricos y amiguistas y a los fondos de cobertura y a la élite, oyes en su explicación del caso el mismo desprecio hacia ellos que nosotros tenemos”, dijo. “Pero el suyo está envenenado con un nacionalismo de la supremacía blanca que es aborrecible”.

El recelo de Weingarten es tan sincero como el “impacto” que expresó el presidente de la AFL-CIO Richard Trumka cuando renunció al consejo manufacturero de Trump después de que el presidente lavara la imagen de los neonazis que mataron a una joven manifestante antirracista en Charlottesville, Virginia.

La burocracia sindical es un electorado natural para el tipo de movimiento nacionalista extremista que Bannon está intentando construir. Los ejecutivos sindicales comparten un odio patológico al socialismo y llevan mucho tiempo diseminando el veneno del nacionalismo estadounidense para desviar la ira de los trabajadores por las dificultades económicas y las guerras interminables e impedir una lucha unificada por parte de la clase trabajadora contra el sistema capitalista.

A lo largo de muchas décadas, los sindicatos estadounidenses han financiado y promocionado fuerzas de la extrema derecha y fascistoides contra sindicatos de izquierdas en todo el mundo. Albert Shanker, quien fuera presidente de la AFT durante mucho tiempo, era un particularmente rabioso anticomunista, que apoyó la Guerra de Vietnam y las campañas de subversión de la CIA por todo el mundo.

En marzo de 2014, Weingarten se unió a una delegación de dirigentes sindicales internacionales en Kiev para apoyar el golpe dirigido por fascistas y respaldado por Occidente para instalar un gobierno anti-ruso en Ucrania, que desde entonces viene siendo usado como pretexto para un mayor fortalecimiento militar de los EUA y la OTAN. Aunque allí ella denunció como “propaganda rusa” el hecho de que este supuesto “movimiento democrático” había sido encabezado por nacionalistas ucranianos de la ultra derecha y fascistas cuya historia se remonta a los que colaboraron con los nazis en los asesinatos en masa de judíos, trabajadores, intelectuales y otros durante la invasión alemana de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial.

Habiendo colaborado con estas fuerzas fascistoides en el extranjero, Weingarten, Trumka y compañía están cortejando fuerzas similares en los EUA en su intento de suprimir la radicalización política de los trabajadores y de los jóvenes.