Facción del Partido Demócrata describe las elecciones del 2016 como “un choque de trenes”, propone una relación con la pseudoizquierda

por Eric London
11 noviembre 2017

Un año después de las elecciones generales del 2016 en Estados Unidos, el Partido Demócrata encara una crisis de proporciones históricas. Están emergiendo divisiones profundas a raíz de los intentos del partido para responder a la derrota electoral de Hillary Clinton.

A fines de octubre, un grupo de políticos asociados con la campaña de Bernie Sanders publicó una “autopsia” de 34 páginas de las elecciones del 2016. Llamando la campaña “un choque de trenes”, los autores concluyen que el partido tiene que responder al aumento del descontento ya que “muchos ven al partido como frecuentemente en servicio de una oligarquía rapaz y cada vez más fuera de contacto con personas en su propia base”.

Los autores lamentan el hecho de que, “desde la victoria de Obama en el 2008, el Partido Demócrata ha perdido el control de ambas cámaras del Congreso y de más de mil escaños legislativos estatales. El GOP [Partido Republicano; Grand Old Party] ahora controla las gobernaciones y las legislaturas enteras de 26 estados”.

Número de estados controlados por los demócratas, republicanos y divididos de 1978 hasta el presente. (Fuente: Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales)

Desde un punto de vista histórico, el colapso demócrata es, de hecho, extraordinario. Aparte del resurgimiento demócrata de la posguerra en 1919-1923 y el desastre electoral demócrata en los comicios legislativos de 1894, el colapso demócrata entre el 2008 y el presente no tiene otros precedentes en todo el periodo post Guerra Civil.

Después de las elecciones del 2008, el Partido Demócrata ganó 60 de las 100 plazas en el Senado y 79 más que los republicanos en la Cámara de Representantes (257 contra 178). A nivel estatal, controlaba 29 de las 50 gobernaciones y contaba con mayorías en ambas cámaras de las legislaturas estatales en 27 estados, en comparación con 14 de los republicanos y 8 divididas. El partido tenía un índice de favorabilidad de 62 por ciento, contra un 31 por ciento desfavorable.

Nueve años después, los demócratas han perdido sus amplias mayorías en ambas cámaras del Congreso, mientras que, a nivel estatal, sus reveses son incluso más reveladores. El partido controla sólo 15 gobernaciones y es cuenta con mayorías en ambas cámaras en sólo 14 estados, todos (excepto Nueva México e Illinois) localizados en el Pacífico o la costa noreste. Entre California y Nueva York, ningún estado tiene un gobernador demócrata ni mayorías demócratas en ambas legislaturas, y sólo 7 en total. Este es el nivel más bajo de control estatal legislativo desde al menos los años veinte.

Estados con “trifectas”, donde republicanos o demócratas o ninguno, respectivamente, controlan la gobernación y ambas cámaras legislativas antes de las elecciones en el 2010.

Según una encuesta de CNN publicada el 7 de noviembre, el Partido Demócrata es igual de odiado que Donald Trump, con un índice de aprobación de 37 por ciento. Cincuenta y cuatro por ciento de la población ve al partido de forma desfavorable, su peor popularidad desde que se comenzó a medir por partido en 1992.

“La autopsia demócrata” indica que esta caída histórica de apoyo demócrata en la clase trabajadora y juventud atenta con transformar al partido en una cola permanente, abriéndole paso al crecimiento de una oposición independiente desde la izquierda. Los autores advierten que los demócratas serán obliterados si no apelan a sentimientos populistas: “Vivimos en tiempos de desasosiego y de cinismo justificado hacia aquellos en el poder; los demócratas no ganarán si siguen llevando un sabiondo cuchillo a un tiroteo populista”.

Los autores indican que el desafío fundamental del partido es conseguir nuevos atavíos izquierdistas para prevenir un colapso electoral mayor.

Estados con “trifectas” después de las elecciones del 2016

Mencionan dos componentes necesarios para lograrlo. Primero, demandan una reforma interna de las primarias demócratas para eliminar la concepción popular de que el partido es corrupto y la contratación de más contratistas y personal de grupos minoritarias, junto con un cambio que parezca “anticorporativo” de las reglas de financiamiento y la incorporación de los simpatizantes de Sanders en la maquinaria oficial del partido. Existe un cierto temor, y no sólo por parte de los partidarios de Sanders (como lo evidencia el nuevo libro de la expresidenta interina del Comité Nacional Demócrata, Donna Brazile), de que el dominio continuo de la familia Clinton del aparato demócrata se convierta en una sentencia de muerte, electoralmente.

El segundo requisito de dicha reorientación propuesta es aliarse con los sindicatos y los aparatos de “movimientos sociales”, incluyendo elementos de la pseudoizquierda.

Los autores del reporte advierten acerca de “numerosos reportes de profundo cinismo entre los votantes” durante la campaña que “reflejan un descontento vasto expresado de forma inequívoca por las últimas protestas”. El aparato del partido reconoce la hostilidad popular de los residentes de Flint hacia la visita de Clinton durante su campaña, por ejemplo, al igual que el rechazo de la mamá de una víctima de la violencia policial a compartir una plataforma con la candidata.

Además, notan que la adopción del eslogan del movimiento Occupy Wall Street, “Somos el 99 por ciento”, por parte Sanders rindió frutos electorales significativos. “Los líderes del Partido Demócrata en el Comité Nacional Demócrata y alrededor del país tienen que construir relaciones con movimientos sociales con base en una cooperación auténtica y una formación de coaliciones”, señalan.

Luego, continúan: “En sí, el flujo y reflujo de movimientos sociales ofrece una marea creciente que puede alzar a los candidatos demócratas—si el partido es capaz de acoger el sentimiento popular general que encarnan los movimientos—… [F]racasar en avanzar una causa común con las perspectivas de base puede socavar el entusiasmo de campaña, incluyendo sus voluntarios, participación en línea, pequeños donativos y participación en las elecciones”.

¿Cuáles son estas fuerzas que dicha facción del Partido Demócrata considera para “construir relaciones”? El documento elabora este punto adelante. Tomando una lección clave de la campaña “Lucha por $15”, indican que “demostró el poder de la colaboración entre el activismo sindical y los simpatizantes no sindicales a favor de los trabajadores… Ese aumento ciertamente ayudaría a expandir la clase media y, con ello, el apoyo por el partido”.

La Lucha por $15 es una coalición que incorpora a las burocracias sindicales y a “simpatizantes no sindicales”, incluyendo grupos pseudoizquierdistas como Alternativa Socialista que han desempeñado un papel central en la campaña de las burocracias para absorber a los trabajadores del sector de servicios a sus sindicatos.

Esta “autopsia” que llevan a cabo también explica que los demócratas tendrán que “construir relaciones” con grupos que se hacen llamar socialistas:

“Los jóvenes rechazan cada vez más la política capitalista”, afirma el reporte, criticando a la cúpula demócrata por su “inhabilidad para explotar este sentimiento”. Los autores están preocupados de que “los votantes jóvenes se estén moviendo hacia la izquierda, pero identificándose cada vez menos con nominalmente el principal partido ‘izquierdista’”.

La oposición popular a la guerra también está amenazando con liberarse del dominio demócrata. El reporte reconoce que el exsecretario de Defensa, Leon Panetta, fue interrumpido con llamamientos de “no más guerra” de parte de delegados jóvenes. Luego, añade: “Mientras que el apoyo público a la guerra en marcha en sus diferentes frentes se ha estancado, los altos dirigentes del Partido Demócrata han seguido respaldándola ávidamente. Esta desconexión no sólo deprime el entusiasmo y apoyo —reflejado en las donaciones, en la energía de los voluntarios, en la participación electoral y en los votos— desde la base tradicional del partido; también mina las capacidades demócratas de atraer a votantes que se identifican como independientes o que gravitan hacia otro partido”.

Desde luego, el informe no propone que el partido se transforme en un partido antibélico, sino que sugiere moderadamente que los demócratas distingan entre guerras innecesarias y la “defensa de nuestro país”.

El lector puede percibir un tono nervioso cuando “La autopsia demócrata” se refiere a la juventud y a los trabajadores que están orbitando a otros partidos, que no se identifican como demócratas y que se interesan cada vez más por el socialismo. Los autores se preocupan de que el Partido Demócrata haya perdido de vista su papel fundamental moderno, el cual se remonta a la aparición del populismo industrial y agrícola a finales del siglo XIX, de suprimir la protesta popular, anular los elementos que pongan en riesgo la propiedad privada y el lucro empresarial y conservar su legitimidad política y electoral mediante ciertas reformas limitadas.

Los representantes de la pseudoizquierda han promovido desde hace mucho tiempo una alianza con “el ala izquierda” del Partido Demócrata con base en estos puntos, justificándola con la necesidad de ganar acceso a un “espacio político”, etc. Sin embargo, los demócratas están reconociendo ahora el propósito real de tal relación: apuntalar a uno de los dos partidos de gobierno corporativo precisamente en el momento en que es rechazado correctamente por la población y, de esta manera, bloquear que el aumento en la oposición social tome una dirección socialista revolucionaria.