La renuncia de Patel expone el apoyo encubierto de Reino Unido a Israel e islamistas

por Jean Shaoul
20 noviembre 2017

La sórdida historia de la caída en desgracia y renuncia de la secretaria del Departamento para el Desarrollo Internacional, Priti Patel, subraya el verdadero contenido de la política británica de “ayuda” internacional.

Forjado por cabilderos y otros operativos a espaldas del pueblo británico, su accionar contrasta fuertemente con la línea oficial de asistencia y la propaganda de la “guerra contra el terrorismo”.

Patel es una ambiciosa política considerada como una futura primera ministra, que defiende vehemente la salida británica de la Unión Europea o brexit y ha sido simpatizante desde hace mucho tiempo de Israel. Incluso fue vicepresidenta de la organización Conservative Friends of Israel (CFI; Amigos conservadores de Israel). Sin embargo, el 8 de noviembre, fue obligada a dimitir.

Ocho días antes, el corresponsal diplomático de la BBC, James Landale, informó que Patel había tenido 12 reuniones con altos funcionarios israelíes, incluyendo al primer ministro Benjamin Netanyahu, al líder de la oposición, Yair Lapid, del partido Yesh Atid y el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, mientras que supuestamente estaba tomándose unas “vacaciones familiares” de 12 días en Israel en agosto.

La lista de encuentros, incluyendo al menos uno organizado por el embajador de Israel en Londres, podría calificarse como una visita de Estado oficial de un alto diplomático. Es imposible evitar la conclusión de que ella estaba en una misión que no podía ser reconocida públicamente. Pero Patel supuestamente no le informó al respecto ni a la primera ministra Theresa May, ni al canciller Boris Johnson, ni al embajador británico en Israel.

Según Ha'aretz, también visitó los Altos del Golán y el hospital de campaña del ejército israelí, que utiliza para tratar a las fuerzas vinculadas con Al Qaeda que luchan contra el régimen sirio de Bashar al Asad, lo que les permite regresar al campo de batalla. Ya que la anexión ilegal israelí del Golán en 1981 no es reconocida internacionalmente, ella rompió la norma de que ningún político británico puede visitar el Golán (ni Cisjordania ni Jerusalén Este).

El 7 de noviembre, la BBC reveló que, a su regreso, Patel había presionado para desviar parte del presupuesto de ayuda internacional de Reino Unido a las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en el Golán y a un proyecto conjunto con Israel en África. Se ha informado ampliamente que Israel ha estado ayudando al Frente Al Nusra y a otros combatientes vinculados con Al Qaeda, tratando a los combatientes heridos en hospitales israelíes, y proporcionándoles información de entrenamiento y reconocimiento para sus objetivos. Israel ha trabajado estrechamente con Arabia Saudita, los Estados del golfo Pérsico, la CIA y sus representantes en su intento por derrocar al régimen de Asad.

Por lo tanto, Patel buscó utilizar el presupuesto de ayuda de su departamento para los hospitales de campaña de las FDI para apoyar a fuerzas fundamentalistas islamistas que llevan a cabo atrocidades para lograr sus objetivos. No fue más que un intento de blanquear dinero para los islamistas a través de Israel.

Esta no debería ser una sorpresa. De forma infame, Patel argumentó que el presupuesto de ayuda de Reino Unido debería reducirse al menos que funcione en el interés nacional. Además, se opone a la ayuda a los palestinos. Su departamento proporciona la mayor parte de la ayuda británica de $85 millones anuales a la Autoridad Palestina y Gaza, así como subvenciones a organizaciones de derechos humanos que critican a Israel, como Amnistía Internacional.

Salió a la luz que sus visitas fueron organizadas por Stuart Polak, quien durante 25 años fue presidente de Conservative Friends for Israel y fue recompensado con un título de barón y de comandante de la Orden del Imperio Británico (CBE, por sus siglas en inglés) por servicio político del ex primer ministro, David Cameron. Lord Polak dirige la firma de consultoría TWC Associates, cuyos clientes incluyen corporaciones de armas israelíes. Asistió a varias reuniones en Israel junto a Patel.

Las reuniones no autorizadas de Patel fueron generalmente presentadas en los medios de comunicación como el comportamiento de una política arrogante que tiene escaso respeto por las normas de conducta ministerial. No le informó ni al número 10 de Downing Street (la sede del Gobierno) ni a la Cancillería, ni antes ni después de sus visitas, a las que no asistieron funcionarios públicos. Tampoco fueron documentadas en actas, por lo que nadie sabe lo que discutió con Netanyahu y otros políticos.

Sin embargo, ahora está claro que los políticos y diplomáticos israelíes con quienes se reunió le informaron a la Cancillería británica acerca de sus discusiones casi inmediatamente después de que se llevaran a cabo. La reunión de Patel con Netanyahu fue descrita como “exitosa”, mientras que Lapid y Erdan tuiteaban fotos de sus reuniones con Patel. Esto significa que hay muchas razones para cuestionar si el Gobierno fue informado en secreto de antemano, y que Patel había actuado de hecho con la autorización de May.

En cualquier caso, el supuesto incumplimiento de Patel a los protocolos diplomáticos evidentemente no fue un problema ni para la Cancillería ni para el número 10, ni tampoco lo fue el contenido de las discusiones. Más bien, el Gobierno suprimió la información sobre las reuniones de Patel durante al menos dos meses, hasta que la BBC se lo trajo a la atención del público.

Según Jewish Chronicle, Patel insiste en que discutió sus propuestas para utilizar parte del presupuesto de ayuda para los hospitales de campaña de las IDF con May en septiembre, antes de la Asamblea General de la ONU. May no cuestionó la validez del plan, pero dijo que necesitaba la aprobación de la Cancillería, que luego lo rechazó.

Pronunciándose ante la Cámara de los Comunes la semana pasada, el ministro de la Cancillería, Alistair Burt defendió el derecho “perfectamente legítimo” de Patel a plantear el asunto, y agregó que era en el contexto de proporcionar ayuda médica a los refugiados sirios que no podían obtener asistencia en su propio país. Dijo que la idea había sido rechazada porque los ministros no pensaban que sería “apropiado”. El vocero de May se vio obligado a aclarar que “Reino Unido no proporciona ningún apoyo financiero al ejército israelí”.

Más tarde se supo que Patel tuvo otras dos reuniones con el ministro de Seguridad Pública israelí, Gilad Erdan, en el Parlamento el 7 de septiembre y con un funcionario de la Cancillería israelí, Yuval Rotem, en Nueva York el 18 de septiembre. Una vez más, estos encuentros se llevaron a cabo sin la presencia de funcionarios del Gobierno británico. Pese a que el Departamento para el Desarrollo Internacional había rechazado la reunión propuesta con Erdan, la oficina del distrito electoral de Patel más tarde la organizó. Fue la revelación de estas reuniones lo que finalmente forzó a May a exigir la renuncia de Patel.

Erdan encabeza el grupo de trabajo de Israel que monitorea organizaciones palestinas e israelíes de derechos humanos en Israel, al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y otros grupos en el exterior que Tel Aviv acusa de tratar de deslegitimar a Israel.

Esta no es la primera vez que Israel busca influenciar a los ministros. En enero pasado, Al Jazeera filmó al oficial israelí Shai Masot, trabajando con la embajada en Londres, proponiendo “derribar” mediante la fabricación de un escándalo, a Alan Duncan, un ministro de la Cancillería, y a Crispin Blunt, el presidente conservador de la comisión de asuntos exteriores de la Cámara de los Comunes, por ser “fuertemente proárabes en lugar de proisraelíes”.

Blunt había ordenado una investigación sobre la política británica en Oriente Medio que también examinaría “cómo está influenciada la política británica por otros Estados e intereses”. Su sucesor, Tom Tugendhat, cerró la investigación.

De acuerdo con el vicepresidente del Je wish Chronicle y del Partido Laborista, Tom Watson, Patel había hablado sobre estas dos reuniones adicionales en mayo, y le pidió a Patel que no las incluyera en su lista, ya que avergonzaría al FCO.

May despidió a Patel porque las develaciones sobre sus visitas también expusieron el fuerte apoyo de Reino Unido a Israel y a los terroristas islamistas. La actitud de la primera ministra británica ante los esfuerzos de Israel para influir directamente en la vida política británica al más alto nivel del Gobierno no podría contrastar más agudamente con su actitud de indignación por las acusaciones infundadas de los intentos de Rusia de subvertir las elecciones británicas y plantar historias falsas en los medios de comunicación.

Apenas cinco días después de echar discretamente a Patel del gabinete, May pronunció un discurso en Mansion House en el que acusó a Rusia de intentar “convertir información en un arma” para “sembrar discordia en Occidente y socavar nuestras instituciones”.

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