El informe de Amnistía Internacional expone el papel de la Unión Europea en la tortura en masa de refugiados en Libia

por Alex Lantier
14 diciembre 2017

Para evitar que masas de refugiados lleguen a Europa, la Unión Europea (UE) está ayudando a construir, financiar y equipar una amplia red de campos de prisioneros en los que los refugiados son detenidos, golpeados, torturados, atacados sexualmente, vendidos como esclavos y asesinados arbitrariamente. Esta es la conclusión de un desgarrador informe de Amnistía Internacional (AI) publicado el martes bajo el título “La oscura red de colusión en Libia”.

Los horrendos abusos detallados en el informe de AI ya son bien conocidos. Hubo protestas en el norte de África, Francia y en todo el mundo después de que CNN transmitiera el mes pasado videos de traficantes de personas vendiendo a refugiados como esclavos en Libia. Sin embargo, el informe extensamente documentado de AI, basado en documentos gubernamentales y docenas de entrevistas con refugiados, subraya no solo el vasto alcance de este sistema de prisiones bárbaras, sino también el papel clave del apoyo técnico y financiero de la UE.

Además, aunque el informe de AI dice muy poco sobre la guerra del 2011 de la OTAN en Libia, deja en claro que los orígenes de este sistema penitenciario se encuentran en la ola de guerras imperialistas en Oriente Próximo y África y la consiguiente crisis global de refugiados. Los contrabandistas de personas que operan los campos de prisioneros en Libia son en su mayoría milicias que la OTAN respaldó en su guerra contra Gadafi, y que tomaron el poder después de que la OTAN destruyera el régimen.

Esta es una acusación devastadora contra los expertos, académicos y partidos pseudoizquierdistas como el Nuevo Partido Anticapitalista de Francia (NPA) o la Organización Internacional Socialista (ISO, siglas en inglés) de los Estados Unidos que aplaudieron la guerra en Libia como si fuese una intervención humanitaria para ayudar una revolución democrática. Mientras afirmaban que la guerra imperialista traería democracia y libertad a Libia, trajo esclavitud, violaciones y asesinatos.

Según estadísticas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) citadas por AI, al menos 416 556 refugiados se encontraban atrapados en Libia en septiembre del 2017. De éstos, más del 60 por ciento son del África subsahariana, el 32 por ciento son del norte de África y el 7 por ciento de Asia y Oriente Próximo. La UE está trabajando con las milicias y las bandas criminales para mantenerlos en Libia.

Dicha estrategia fue codificada en la Declaración de Malta de febrero del 2017, cuando la UE respaldó y prometió apoyar la cooperación italiana con las autoridades libias y en contra de los refugiados. Esto implicó financiar, entrenar y armar a los guardias fronterizos y a la Guardia Costera libia (GCL) para bloquear la salida de refugiados, y “mejorar y financiar” los llamados “centros de recepción” donde los refugiados capturados por la GCL son detenidos.

Además, señala AI, la UE ha “alcanzado acuerdos con las autoridades locales libias y los líderes de tribus y grupos armados, para alentarlos a detener el contrabando de personas”.

Como resultado, la salida de refugiados de Libia ha colapsado. “En el primer semestre del 2017, un total de 83 754 personas llegaron a Italia por mar, un aumento significativo con respecto al mismo período del 2016, cuando se registraron 70 222 llegadas. Sin embargo, la tendencia cambió drásticamente: entre julio y noviembre del 2017 llegaron a Italia un total de 33 288 refugiados y migrantes, 67 por ciento menos que en el mismo período del 2016, cuando llegaron 102 786”, indica AI.

Con la ayuda de la UE, decenas de miles de refugiados son arrojados a los campos de prisioneros donde son golpeados, torturados y asesinados. Actualmente, escribe AI, “alrededor de 20 000 refugiados y migrantes están detenidos en centros gestionados normalmente por la Dirección de Libia para Combatir la Migración Ilegal (DCIM, siglas en inglés)”, una filial del Ministerio del Interior de Libia financiada por la UE. Como Libia no tiene un sistema judicial en funcionamiento desde el derrocamiento de Gadafi, agrega AI, los refugiados son “privados de cualquier medio administrativo o judicial formal para desafiar su detención”.

AI cita el testimonio de muchos refugiados que escaparon a Italia de los campamentos en Libia. Mariam de Eritrea dijo que los guardias “eran crueles; estaban borrachos todo el tiempo. Entonces, un día, hubo cuatro somalíes que intentaron escapar. Los contrabandistas de Eritrea nos dijeron que los mataron, a tres de ellos; el cuarto estaba en el hospital.

“Luego vapulearon al resto de los somalíes. [Estaban] siendo torturados; se podían escuchar sus gritos. Utilizaron electricidad y los golpearon con [rifles] Kaláshnikov”.

Samir, de Sudán, describió cómo escapó del centro de detención de Nasser de la DCIM, pero sus amigos no lo hicieron y fueron vendidos en servidumbre por deudas: “No había electricidad ni agua, entonces nos llevaban afuera para que recolectáramos agua. Yo y otros dos amigos huimos; nos dispararon, pero fuimos rápidos. ... Los otros tres fueron liberados por fianza pagada por el hombre sudanés, y ahora tienen que trabajar para pagarle 4500 dinares libios al propietario de la fábrica”.

Ousman de Gambia describió un centro de detención de la DCIM en Trípoli: “Vi a muchas personas morir en la cárcel, ya sea porque se enfermaron o fueron golpeados ... Los guardias eran libios, solían golpear a todos, sin razón alguna. Antes de ingresar a la prisión, la policía te requisaba y se llevaba todo tu dinero, tu teléfono, todo”. Agregó, “vi a un chico en la prisión, le dieron un teléfono para llamar a su familia, y lo golpearon con un palo de metal mientras [estaba] hablando por teléfono, en sus brazos y en todas partes ... Después de cinco meses, escapé con otras personas, pero los guardias comenzaron a disparar y muchos murieron. No sé en este momento cuántos fueron asesinados, pero vi algunos caer y gritar”.

Mohamed, un trabajador metalúrgico de Bangladesh que vive en Libia, dijo: “Un grupo de libios entró en la tienda un día y dijeron que tenían un trabajo para nosotros. Tres de nosotros fuimos con ellos. Eran tres de ellos. Subimos al auto con ellos. Me dijeron que bajara la cabeza y no mirase; se volvieron agresivos. Nos llevaron a un lugar, al lado de una fábrica. Cuando nos llevaron adentro, había alrededor de 500 personas, era un gran lugar lleno de gente. ... Me golpearon con una varilla de metal; me rompió los dedos [mostró los dedos deformados en su mano derecha]. También tengo problemas con mi pierna derecha y mi hombro debido a los golpes. Un hombre fue golpeado hasta morir delante de mis ojos. Me quedé allí por 20 días. Luego pagué 2000 dólares estadounidenses para salir; mis amigos lograron recolectar el dinero”.

La guerra de la OTAN en Libia y el consiguiente colapso del país en una sangrienta guerra civil constituyen lecciones desgarradoras sobre el papel reaccionario del imperialismo. La política exterior de la UE salió de la guerra de Libia completamente criminalizada, utilizando los métodos más bárbaros para negarles a los refugiados su derecho a un asilo. La UE es cómplice de la tortura de los refugiados no solo porque asiste a la DCIM en la operación de sus campos de detención semioficiales en Libia; sino, porque le brinda ayuda naval, entrena, y arma a la GCL, y también mantiene acuerdos con varias milicias regionales o locales que controlan las instalaciones penitenciarias y que también desempeñan un papel clave.

“El aumento en la capacidad de la GCL, gracias al apoyo de los Estados miembros de la UE, ha llevado a un crecimiento de dichas operaciones de recogida. Hasta el momento, en el 2017, la GCL ha interceptado a 19 452 personas y las había devuelto a Libia. Cuando la GCL intercepta barcos en el mar, llevan a refugiados y migrantes de vuelta a las costas libias y los transfieren de forma rutinaria a los centros de detención de la DCIM”, explica AI.

AI destaca en su reporte un acuerdo en particular entre Italia, la antigua potencia colonial de Libia, y el influyente caudillo, Khalifa Haftar: “Los representantes del Gobierno italiano también discutieron medidas para reducir los movimientos migratorios irregulares con Khalifa Haftar, el jefe del autodenominado Ejército Nacional Libio, que controla el este del país. Haftar visitó Italia el 26 de septiembre del 2017 para reunirse con los ministros italianos del Interior y de Defensa”.