Reportero de la ONU informa de pobreza extrema “no vista en el primer mundo” en Alabama

por Shelley Connor
16 diciembre 2017

Una gira por Alabama de un equipo de las Naciones Unidas la semana pasada reveló lo que muchos residentes de Alabama ya saben desde hace décadas: los residentes de la región Cinturón Negro del Estado están sufriendo en condiciones sociales que más a menudo se encuentran en el África subsahariana y el sudeste asiático. Especialmente, el condado de Lowndes, hogar del Fiscal General Jeff Sessions, sufre de mala eliminación de aguas residuales y de la consecuente infección de helminto que es desconocida en el resto de los Estados Unidos.

Phillip Alston, el Reportero Especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, fue testigo de comunidades donde las aguas servidas fluyen hacia pozos abiertos o hacia arroyos y riachuelos.

“Creo que es muy poco común en el Primer Mundo”, dijo Alston a reporteros mientras recorría el condado de Butler en el Sur de Alabama. “Esto no es un panorama que se vea normalmente. Tendría que decir que yo no he visto esto”.

Alston visitó comunidades en los condados de Lowndes y Butler el pasado jueves, acompañado por activistas locales. Estos condados están localizados en el llamado Cinturón Negro, que recibe su nombre de la rica marga que se extiende todo a lo largo de los Estados del Sur Profundo.

El suelo fértil de la región, junto con su clima húmedo y subtropical, hicieron de él el epicentro de la industria del cultivo del algodón en el Sur anterior a la Guerra de Secesión estadounidense. Hoy, es conocido por su pobreza arraigada y pésimas condiciones sociales. La falta de eliminación de aguas servidas y la ocurrencia aparejada de patógenos gastrointestinales en el Cinturón Negro son apenas dos indicadores alarmantes de esas condiciones.

En los condados de Lowndes y Butler, los residentes a menudo luchan contra enfermedades gastrointestinales tales como el E. coli. Muchos de aquellos que no están diagnosticados informaron durante el mes pasado a funcionarios de sanidad que sufren de episodios frecuentes o extendidos de vómitos, dolor de estómago y diarrea.

El activista del condado Lowndes Aaron Thigpen llevó a Alston y su equipo a propiedades habitadas por miembros de la familia extendida de Thigpen. El sistema séptico de la casa no funcionaba; la familia, que incluye a dos hijos menores, depende de tuberías de PVC para dirigir las aguas servidas domésticas hacia una fosa al aire libre por encima del nivel del suelo.

Como señaló Thigpen, el nivel principal del agua está muy cerca del sistema de alcantarillado improvisado. Si la cañería se abriera, todos los habitantes de la casa “se enferman de golpe”, como Thigpen le dijo a Alston.

También llevó a Alston a una comunidad en el condado de Butler, donde le mostró al equipo de la ONU una comunidad entera donde cunetas hechas por el hombre llevan las aguas residuales a un arroyo cercano.

“Es muy malo de verdad si hay muchos niños, tal como los hay aquí”, Thigpen le dijo a AL.com. “Juegan a la pelota y la pelota va a las aguas servidas, y ellos no entienden la importancia de no manipular aguas residuales”.

Otro residente del condado Butler le mostró a Alston dónde su sistema séptico anticuado vierte aguas servidas al suelo y sube haciendo burbujas en su jardín. Una inundación significativa enviaría estas aguas residuales al interior de la casa, exponiendo a todos sus residentes a la bacteria coliforme y parásitos.

En septiembre, la Escuela Nacional de Medicina Tropical (NSTM) de la Universidad Baylor publicó un estudio que revelaba déficits sanitarios serios en el condado de Lowndes. Tres cuartos de los participantes en el estudio reportaron que aguas servidas habían logrado volver a entrar en sus casas, ya sea a causa de lluvias fuertes o a causa de atascos en los sistemas improvisados de eliminación de las aguas residuales.

El problema no es completamente desconocido: en 2011, el Departamento de Salud Pública de Alabama (ADPH) informó de que el número de hogares sin eliminación de aguas servidas o con eliminación de aguas servidas inadecuado van del 40 al 90 por ciento. El ADPH también informó de que el 50 por ciento de los hogares con sistemas de contención de aguas servidas en el lugar tenían sistemas que estaban fallando o que se esperaba que fallaran en un futuro cercano.

El suelo margoso y el tiempo cálido y húmedo que hicieron de las plantaciones de algodón una actividad tan beneficiosa económicamente en el Sur Profundo ofrece un caldo de cultivo perfecto para el Necator americanus, una especie de helminto que pone sus huevos en los intestinos de aquellos a quienes infecta. En un lugar como los condados de Lowndes o Butler, donde las aguas servidas se filtran hacia un suelo con mal drenaje, los huevos depositados a través de las aguas residuales tienen un ambiente tibio y acogedor para incubar, salir del cascarón y reproducirse. Una persona caminando sin darse cuenta por un suelo donde han incubado los helmintos puede infectarse si uno o más gusanos entran en su cuerpo, generalmente mediante los pies descalzos y los tobillos al aire.

Según el estudio del NSTM, 19 de 55 participantes dieron positivo en los tests para detectar el parásito, que causa dolor de estómago, vómitos y diarrea. A medida que avanza la infección, una anemia severa a menudo lleva a fatiga y discapacidades cognitivas; en algunos casos, particularmente entre los jóvenes, los muy viejos, y los que tienen la inmunidad baja, lleva a la muerte.

Las infecciones de helminto fueron ampliamente erradicadas de los Estados Unidos entre los ’50 y los ’80 debido a programas sociales que abordaban la infraestructura de sanidad y la salud de la comunidad. Se asocia principalmente el parásito con la pobreza extrema en Suramérica, el África subsahariana y el sureste asiático, y muchos investigadores de enfermedades infecciosas habían asumido que ya no existía en absoluto en los EUA.

El estudio de Baylor no habría tenido lugar si Catherine Flowers, la fundadora del Centro de Alabama para la Empresa Rural en Montgomery, Alabama, no hubiera persuadido al NSTM para que investigase la situación en el condado Lowndes.

“El helminto es una enfermedad del siglo XIX que ya debería haber sido abordada actualmente”, Flowers le dijo al Guardian en septiembre, “y sin embargo estamos luchando contra él en los Estados Unidos en el siglo XXI”. Como señalaron los investigadores del NSTM al Guardian, el descubrimiento de helmintos en el condado Lowndes subraya la necesidad de más investigaciones en todo Estados Unidos.

La incidencia de helminto está claramente asociada tanto a la pobreza como a las descaradas ilegalidades por parte de las administraciones locales, estatales y federales. En el condado Lowndes, el hogar medio gana anualmente $30.225. Según el censo estadounidense de 2010, más del 25 por ciento de los residentes del condado viven bajo el umbral de la pobreza. Para una familia que gana menos de $2000 por mes, el coste de un nuevo sistema séptico —cuya instalación puede valer hasta $15.000— es prohibitivamente cara.

Hablando al Guardian en septiembre, Aaron Thigpen señaló que, aunque la gente esté “asqueada” de tener que vivir cerca de aguas servidas, “no hay ayuda pública para ellos y si no ganas $700 por mes es imposible que te puedas permitir tu propio saneamiento privado”.

Thigpen también señaló que entre 2002 y 2008, el Estado de Alabama procesó a muchos residentes que no podían permitirse instalar sistemas sépticos. Thigpen narró el caso de una señora mayor que estuvo encarcelada durante un fin de semana por no haber sido capaz de instalar una nueva cámara séptica; la instalación le habría costado más del monto de sus ingresos anuales.

“A la gente ... no le gusta hablar de ello porque le preocupa que el Departamento de Sanidad pueda venir a causarles problemas”, declaró Thigpen.

Flowers informó de que el 80 por ciento del condado de Lowndes no tiene sistemas municipales de eliminación de aguas residuales. En ausencia de tales sistemas, se requiere que la gente instale y mantenga sus propias cámaras sépticas. En un lugar tal como el condado de Lowndes, sin embargo, muy poca gente puede permitirse instalar cualquier sistema séptico —mucho menos uno lo suficientemente eficaz para hacerse cargo de la retención del agua en el suelo del área.

La pobreza y la falta de infraestructura en el condado de Lowndes no es ni incidental ni casual, y el estado urgente de su cuestión de la eliminación de aguas residuales no es la única prueba de ello.

El condado de Lowndes fue conocido como el “Lowndes Sangriento” durante las luchas por los Derechos Civiles de los ’50 y los ’60, hogar de una gran proporción de estadounidenses de origen africano sin derecho al voto cuya exigencia del derecho al voto se topaba con violencia policial y la destrucción intencional por parte del Estado de carreteras, ferries, y transporte público que pudiera permitir que residentes pobres llegaran a los centros de votación. Residentes de edad narran cómo los hogares de residentes negros eran acribillados o les prendían fuego para disuadirles de ir a votar; las fuerzas del orden o bien hacían la vista gorda o bien estimulaban activamente a tales actos.

El derecho al sufragio sigue siendo un problema en el condado de Lowndes. Philip Alston y su equipo hicieron su última parada en Alabama en casa de Pattie Mae Ansley en Fort Deposit. Ansley, de 96 años de edad, le dijo a Alston cómo su casa fue “acribillada” en 1965, tras haber sido ratificada la Ley del Derecho al Sufragio. Sus hijos le hablaron en privado a Alston sobre sus experiencias para sacarse la tarjeta de identificación como votante y las dificultades para llegar a las urnas.

Flowers señaló que el acceso a los centros de votación no es el único problema. “La gente está frustrada porque la gente que consigue los cargos no está haciendo aquello para lo que sus electores votaron que hicieran”, le dijo a AL.com.

Alston señala correctamente que el acceso a un saneamiento decente, como el derecho al voto, es un asunto de derechos humanos. Sin embargo, el Partido Republicano está dispuesto a aprobar una ley fiscal que de manera abrumadora pondrá la carga fiscal del país en las espaldas de los pobres mientras subvencionará a los más ricos, empeorando así los problemas sociales que se ven en Alabama.

Es más, el presupuesto propuesto por el presidente Donald Trump recorta drásticamente el gasto para la creación de infraestructura o para mejorar infraestructura anticuada; por el contrario, deja la infraestructura social a merced de los empresarios privados. El condado de Lowndes y su abominable falta de eliminación de aguas servidas resalta como un ejemplo de cómo tal sistema, que el gobierno de Alabama viene acogiendo fielmente desde los ’60, deja totalmente afuera hasta los asuntos sociales urgentes.

Mientras se estaban escribiendo estas líneas, los habitantes de Alabama estaban esperando los resultados de unas elecciones especiales para determinar si el republicano Roy Moore o el demócrata Doug Jones se haría con el muy disputado escaño vacante en el Senado estadounidense, que dejó libre el fiscal general Sessions. Moore es un candidato antidemocrático y abiertamente fascistoide, conocido como un juez muy arbitrario que apoya limitar el derecho al voto.

Con todo, la campaña de Jones se negó a montar un ataque a las posiciones ferozmente antidemocráticas de Moore tanto como al fracaso de la historia del Partido Republicano dentro del Estado de Alabama, que ha orquestado recortes masivos a los programas públicos.

El NSTM publicó su estudio en septiembre. La campaña de Jones tuvo mucho tiempo para responder al informe condenatorio sobre las condiciones sociales en los condados de Lowndes y Butler. Sin embargo, los demócratas persistieron en hacer una campaña derechista a favor de los negocios contra Moore, concentrada solo en las alegaciones de conducta sexual impropia, ignorando la pobreza que solo seguirá descomponiéndose en el Cinturón Negro junto con las infecciones de helminto y de E. coli.

La razón de una tal falta abyecta de preocupación por las condiciones de los trabajadores en la campaña de los demócratas en Alabama está clara; no les preocupan, y no pueden ofrecerles una respuesta. Ninguno de los dos partidos representa los intereses de los residentes obreros de Alabama. Para resolver los problemas sociales con los que se confrontan, los trabajadores de Alabama y de todo EUA tienen que rechazar a los dos partidos de los grandes negocios con la misma firmeza con que esos partidos los vienen rechazando a ellos, y unirse con sus pares en todo el mundo en la lucha por un programa socialista.