El uno por ciento más rico del mundo captura el doble del ingreso de la mitad más pobre

por Niles Niemuth
16 diciembre 2017

El primer Reporte de la Desigualdad Mundial publicado el jueves por los economistas Thomas Piketty, Emmanuel Saez, Gabriel Zucman, Facundo Alvaredo y Lucas Chancel documenta el aumento en la desigualdad global de los ingresos y la riqueza desde 1980.

El estudio cubre hasta el año 2016 y, por lo cual, no incluye el despegue del mercado bursátil del último año, suscitado por la anticipación de recortes fiscales inmensos en Estados Unidos que produzcan otro gran aluvión de ingresos para los ricos.

Uno de los descubrimientos del reporte es que, entre 1980 y el 2016, el uno por ciento más rico de la población mundial capturó el doble de los ingresos de la mitad más pobre, contribuyendo así a un aumento significativo en la desigualdad social.

Participación en el ingreso nacional de Estados Unidos del uno por ciento más rico y el 50 por ciento más pobre (1980-2016)

Los datos muestran que el 0,1 por ciento en la cima tomó la misma tajada del crecimiento de ingresos que la mitad más pobre y que el 0,001 por ciento —solo 76 000 personas— recibió un 4 por ciento del total del aumento de ingresos.

Al mismo tiempo, aquellos en los percentiles 50 a 99 a nivel global, a los que el reporte se refiere como “el 90 por ciento inferior encogido de EUA y Europa Occidental” y que conforman la clase trabajadora de las economías avanzadas, vieron un aumento en sus ingresos anémico.

El estudio se basa en información financiera, incluyendo declaraciones de impuestos, recolectada en la Base de Datos Mundial de Ingresos y Riqueza por más de 100 investigadores en 70 países. Ésta indica que la desigualdad de ingresos ha aumentado o se ha mantenido sin cambios en todos los países.

Además, la concentración de la riqueza en manos del uno por ciento más pudiente ha aumentado en mayor medida en EUA, Rusia y China. La participación en la riqueza del uno por ciento en EUA se disparó del 22 por ciento en 1980 al 39 por ciento. En China, esta cifra subió del 15 al 30 por ciento, mientras que en Rusia pasó del 22 al 43 por ciento.

La participación en la riqueza del uno por ciento entre 1913 y el 2015

En términos de ingresos, el diez por ciento más pudiente recibió el 37 por ciento de los ingresos nacionales en Europa, 41 por ciento en China, 47 por ciento en Estados Unidos-Canadá, 54 por ciento en África subsahariana, 55 por ciento en Brasil e India y 61 por ciento en Oriente Próximo.

Cabe notar que Rusia, cuando formaba parte de la Unión Soviética, tenía el nivel más bajo de desigualdad en 1980. El 10 por ciento de mayores ingresos recogía el 20 por ciento del ingreso total. Pero, después de la disolución de la Unión Soviética en 1990-91, se dio un dramático aumento en la desigualdad. En menos de cinco años, el 10 por ciento en la cima ya recibía el 50 por ciento del ingreso nacional. En Rusia, no solo alcanzó los niveles de desigualdad de Estados Unidos, sino también los que prevalecían hace un siglo bajo el zarismo.

El estudio expone que ha habido una divergencia en los niveles de desigualdad de EUA y Europa desde 1980, cuando el uno por ciento controlaba alrededor del 10 por ciento en ambas regiones. Para el 2016, esta cifra en Europa era del 12 por ciento, pero en EUA se había duplicado al 20 por ciento.

El uno por ciento más rico y la mitad más pobre de EUA han prácticamente cambiado de posición. En 1980, recibían respectivamente el 10 y el 20 por ciento del ingreso nacional. Sin embargo, para el 2016, la tajada de la mitad más pobre pasó a 13 por ciento y del uno por ciento más rico al 20 por ciento.

La participación de ingresos del 10 por ciento alrededor del mundo (1980-2016)

El ingreso anual promedio, ajustado por la inflación, de esta mitad más pobre en EUA ha permanecido en $16 500 por los últimos 40 años. En este mismo periodo, el uno por ciento ha visto su ingreso triplicarse de $430 000 a $1,3 millones.

Los autores del reporte escribieron un artículo de opinión para el Guardian, donde indican que EUA ha vivido un importante auge en la desigualdad de ingresos y riqueza durante las últimas cuatro décadas, alcanzando niveles extremos para una economía avanzada y dando lugar a una “segunda época bañada en oro” (Gilded Age).

Los autores le atribuyen la dramática diferencia entre EUA y Europa a “una tormenta perfecta de cambios políticos radicales” en EUA, donde la desigualdad se ha exacerbado por varios factores, como una caída en la progresividad fiscal, un salario mínimo federa que se ha relegado detrás de la inflación, el decrecimiento de los sindicatos, la desregulación financiera y el acceso cada vez menos igualitario a la educación. Luego, advierten que los recortes fiscales republicanos serán un “turbocargador” para la desigualdad.

Si bien el estudio presenta hallazgos explosivos sobre la desigualdad, la prensa buscó esconderlo, recibiendo un pequeño titular en la sección de negocios del New York Times y siendo publicado al fondo de la página de noticias globales del Guardian. Los vastos y cada vez mayores niveles de desigualdad social alrededor del mundo son precisamente de lo que quieren hablar las clases gobernantes en EUA, Europa e internacionalmente.

La desigualdad social en Estados Unidos está siendo ignorada y encubierta por el sistema político. Los demócratas se han enfocado completamente en cuestiones de sexo y en la campaña antirrusa, mientras que los republicanos se han dedicado a intentar promulgar los recortes fiscales para las empresas y los ricos para antes de fin de año.

No obstante, detrás de la vida oficial, los conflictos de clases se intensifican. El Reporte de la Desigualdad Social devela que las contradicciones del sistema capitalista se están manifestando en todos los países.

En la conclusión de su reporte, los autores se refieren a las políticas que podrían ser adoptadas para revertir el aumento de la desigualdad social, promoviendo la ilusión de que una distribución justa de los recursos puede ser alcanzada dentro del sistema capitalista a través de algunas medidas reformistas y liberales y apelaciones a los Gobiernos capitalistas para que apliquen medidas fiscales más progresivas.

Sin embargo, no existe ninguna facción “reformista” dentro de la clase gobernante. El aumento de la desigualdad en EUA ha sido promovido por demócratas y republicanos con la ayuda y el consentimiento de los sindicatos. En Europa, la burguesía está profundizando sus pasos para alcanzar a EUA con la implementación de “reformas” laborales, la destrucción de los programas sociales y la redistribución de la riqueza de pobres a ricos.

La respuesta de las burguesías a la oposición social no serán reformas, sino represión. Un movimiento contra la desigualdad exige la construcción de un movimiento socialista de la clase obrera internacional con base en un programa socialista, incorporando la apropiación de las riquezas de la oligarquía corporativa y financiera, la transformación de los bancos y las gigantes corporaciones en utilidades públicas controladas democráticamente y la reorganización de la vida económica con base en atender las necesidades sociales.