Partido de extrema derecha ingresa al gobierno de Austria

21 diciembre 2017

La entrada el lunes del Partido de la Libertad (FPÖ) de extrema derecha en el gobierno austríaco marca un punto de inflexión político para toda Europa. En un país tradicionalmente visto en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial como parte de Europa occidental, donde el antifascismo se convirtió en un pilar de la ideología estatal oficial tras los crímenes del Tercer Reich de Hitler, políticos con estrechos vínculos con la escena neonazi y círculos ultraderechistas están ejerciendo el poder. Los servicios de policía, militares y de inteligencia están controlados por los ministros del FPÖ.

Cuando el conservador Partido Popular Austriaco (ÖVP) formó por primera vez un gobierno de coalición hace 17 años con el FPÖ, liderado en su momento por Jörg Haider, provocó una ola internacional de protestas e indignación. La Unión Europea impuso sanciones a Viena. Esta vez, nada de eso ha tenido lugar. En cambio, el nuevo gobierno ha recibido elogios y apoyo.

“El FPÖ se ha unido a la corriente principal de la política europea”, escribió Der Standard de Viena. El suizo Neue Zürcher Zeitung describió el programa del gobierno como “conservador de derecha con algunas políticas simbólicas, pero sólido en general y con buenos enfoques”. Para el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el nuevo gobierno es “ante todo un grado de normalidad democrática”. “No es necesario agradar al gobierno”, agrega el periódico, “pero debe respetarse”.

Die Welt opinó que no hay beneficio para “pilotear el nuevo gobierno de Austria”. Debería “dársele una oportunidad”. El periódico aconsejó a Europa que “reaccione con calma”, y agregó, “Austria no está al borde del abismo, como se nos dice desde la izquierda”. El portavoz del gobierno de Alemania declaró que la canciller Angela Merkel y el gobierno alemán en su conjunto están abiertos a una estrecha cooperación.

La razón de estas reacciones laudatorias no es que el FPÖ se haya vuelto más moderado. Por el contrario, bajo el liderazgo de Heinz-Christian Strache, el nuevo vicecanciller, el partido se ha vuelto más radical. Sin embargo, las posiciones que provocaron repugnancia en 2000 —xenofobia, chovinismo nacional, desprecio por los derechos democráticos, el fortalecimiento del aparato estatal represivo, el militarismo— son ahora las políticas oficiales de todos los gobiernos y partidos burgueses.

La sociedad capitalista en todo el mundo es mucho más desigual de lo que era hace dos o tres décadas. Esto fue poderosamente documentado una vez más en el Informe de Desigualdad Mundial recientemente publicado. Mientras explota la riqueza de una pequeña minoría, cientos de millones de personas se sumergen en condiciones de vida cada vez más insoportables. Esto está resultando en ira creciente y oposición social.

La clase dominante está respondiendo girando bruscamente hacia la derecha, adoptando el programa de la extrema derecha o, como en Austria, invitándola al gobierno. La élite gobernante se está preparando para las próximas batallas de clase mediante la construcción del aparato estatal represivo, el fortalecimiento de las fuerzas más reaccionarias y la incitación al racismo y la xenofobia. Estos desarrollos recuerdan la década de 1930, aunque esta vez son los musulmanes y no los judíos los principales chivos expiatorios.

El ascenso de la extrema derecha en Austria, Europa y los Estados Unidos solo puede entenderse en el contexto del desplazamiento a la derecha de todos los partidos establecidos, particularmente aquellos que una vez pretendieron representar los intereses de la clase trabajadora.

En Austria, los socialdemócratas (SPÖ) llevan desde 1970 ocupando el cargo de canciller, con una interrupción de solo siete años. El SPÖ, aunque había abandonado sus objetivos socialistas mucho antes, todavía se veía en la década de 1970 como el garante de las reformas sociales. Pero se ha movido continuamente hacia la derecha en los años transcurridos, acercándose cada vez más al FPÖ.

El FPÖ de extrema derecha no podría haber subido al poder tan fácilmente si el SPÖ no hubiera allanado el camino para ello. En el Estado de Burgenland, el SPÖ formó una coalición con el FPÖ hace dos años y medio. En la reciente campaña electoral federal, el entonces canciller Christian Kern, el candidato principal del SPÖ, declaró su voluntad de formar una coalición con la extrema derecha a nivel federal.

Desarrollos similares están teniendo lugar en toda Europa y en los Estados Unidos. Ante las crecientes tensiones sociales y la amenaza de conflicto de clases, los partidos establecidos están cerrando filas y marchando juntos hacia la derecha. La extrema derecha se beneficia de esto de dos maneras: se ve reforzada por la adopción de sus políticas por parte de los partidos establecidos y llena el vacío dejado por el giro hacia la derecha de los socialdemócratas con su demagogia populista. Como resultado, la ira acumulada y la oposición entre las masas no encuentran una salida progresista.

En Alemania, el Partido Social Demócrata (SPD) tomó la delantera en la contrarrevolución social con su imposición hace 12 años de las leyes laborales de Hartz, lo que provocó un deterioro masivo en el nivel de vida de los trabajadores. Desde entonces, el SPD ha servido como socio menor en coaliciones con los conservadores (Unión Demócrata Cristiana-Unión Social Cristiana), que han fortalecido el aparato estatal en casa y el ejército en el exterior.

El ministro de Asuntos Exteriores y ex líder del SPD, Sigmar Gabriel, está pidiendo ahora al SPD que adopte las políticas del ultraderechista Alternativa para Alemania. En un comentario reciente en Der Spiegel, Gabriel argumentó que en lugar de centrarse en “cuestiones de redistribución”, el SPD debería concentrarse en el deseo de “identidad”, “patria” y una “cultura dominante”.

Años de recortes sociales en Italia por los llamados gobiernos de “centro izquierda”, en los que el socialdemócrata PD (Partido Demócrata) desempeñó un papel principal, han alentado el surgimiento de varios partidos de extrema derecha, incluido el movimiento xenófobo de las Cinco Estrellas.

El partido pseudoizquierdista griego Syriza de Alexis Tsipras, que fue elevado al poder en una ola de oposición a los dictados de austeridad de la UE, formó un gobierno de coalición con los Griegos Independientes (Anel) de la extrema derecha para imponer medidas de austeridad aún más feroces.

En los Estados Unidos, la relación simbiótica entre los demócratas, Wall Street y el aparato de inteligencia militar creó las condiciones para que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales. Con el carácter reaccionario del gobierno Trump cada vez más claro, los demócratas lo están atacando desde la derecha. Están enfocando su oposición no en los recortes de impuestos de Trump para los ricos, sus ataques a inmigrantes, derechos democráticos y provisiones de bienestar social, o sus amenazas de guerra contra Corea del Norte e Irán, sino porque su postura hacia Rusia no es lo suficientemente agresiva.

El giro hacia la derecha en Austria subraya que la lucha contra la reacción política, la pobreza, los recortes sociales, la represión y la guerra requiere el desarrollo de un movimiento de masas socialista e independiente de la clase obrera internacional.

Numerosas organizaciones pseudoizquierdistas, que a veces se describen a sí mismas como socialistas e incluso marxistas, se aferran a los cobardes socialdemócratas, el Partido la Izquierda en Alemania o los demócratas en los Estados Unidos. Afirman que es posible ejercer presión sobre estos partidos de derecha y ganar su apoyo para políticas progresistas. Esta es una ilusión peligrosa que paraliza a la clase trabajadora y fortalece la derecha.

La crisis mundial del sistema capitalista, que genera crecientes tensiones globales y un crecimiento frenético del militarismo que conduce inexorablemente a una nueva guerra mundial, ha asumido dimensiones que hacen imposible cualquier compromiso social o político. Esta es la razón por la cual los medios burgueses y los partidos establecidos están dando la bienvenida al FPÖ de extrema derecha “en la corriente principal de la política europea” con los brazos abiertos.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y sus secciones, los Partidos de la Igualdad Socialista, constituyen la única tendencia política en el mundo que lucha por la movilización revolucionaria internacional de la clase trabajadora sobre la base de un programa socialista. Todos los que desean seriamente luchar contra el ascenso de la extrema derecha deben tomar la decisión de unirse a esta lucha y participar en la construcción del CICI.

Peter Schwarz