Mientras los docentes se enfrentan a nuevas batallas contra Trump

Lecciones de la lucha contra la “reforma escolar” de Obama — Segunda parte

por Nancy Hanover y Jerry White
12 enero 2018

En septiembre de 2012, 26.000 docentes de Chicago, en el tercer más grande distrito escolar de la nación, fueron a la huelga por primera vez en 25 años. Los docentes buscaban revertir la destrucción en curso de la educación pública en la ciudad, planteando los problemas del tamaño de las clases, exámenes clasificatorios, falta de música y arte en las escuelas, la paga de los docentes, las prestaciones, tiempo de preparación pagado y pérdida de lugares de trabajo.

Esta huelga enfrentó a los trabajadores directamente contra la administración del Partido Demócrata del alcalde Rahm Emanuel, el ex jefe de gabinete de Obama. Ocurrió en la ciudad donde el secretario de educación de Obama, Arne Duncan, puso a prueba por primera vez su agenda reaccionaria de “reforma escolar” para desmantelar la educación pública.

El Sindicato Docente de Chicago (CTU) hizo cuanto pudo para minimizar los asuntos políticos en juego en la huelga y por evitar que se volviera un catalizador para un movimiento más amplio de la clase trabajadora contra el Partido Demócrata. El CTU, encabezado por el nominalmente “izquierdista” Asamblea de Educadores Radicales (CORE), había trabajado duro para impedir la huelga, y luego se esforzó al máximo para finalizarla pronto.

Docentes de Chicago manifestándose durante la huelga del 2012

La Presidenta de la Federación Estadounidense de Docentes Randi Weingarten dejó clara la determinación del sindicato nacional de rebajar la intensidad de la huelga en interés de la campaña de Obama, declarando que aunque “Emanuel quería hacer grandes cambios en las Escuelas Públicas de Chicago ... no estuvimos de acuerdo con algunos cambios ... somos todos demócratas”.

La huelga se ganó el apoyo popular de trabajadores y jóvenes que buscaban luchar.

Emanuel había supervisado una explosión de desigualdad social, de entrega de respiros fiscales y otros incentivos a empresas financieras, inmobiliarias y otras al tiempo que hambreaban a las escuelas, al transporte público y otros servicios esenciales, dejándolos sin fondos. La tasa de desempleo entre desertores escolares de entre 16 y 24 años de edad en la ciudad era del 70 por ciento.

Lo último que querían el CTU, AFT y otros sindicatos de la ciudad era una movilización más amplia de la clase trabajadora. En cambio, el CTU llegó a un acuerdo a espaldas de los docentes que capitulaba a las exigencias más importantes de Emanuel, incluso extendiendo la jornada escolar sin compensación, extender los sistemas de evaluación basados en tests, y dándoles amplia autoridad a los directores de escuela para contratar y despedir.

De principio a fin, la Presidenta del CTU Karen Lewis y el vicepresidente Jesse Sharkey, un destacado miembro de la pseudo-izquierdista Organización Socialista Internacional, restó importancia a los planes de Emanuel de cierres masivos de escuelas en la ciudad.

Después de fracasar primero en imponer un regreso al trabajo sin revelar el contenido de la claudicación, el CTU usó una combinación de intimidación —ayudado por la medida del alcalde de obtener una orden judicial— y completas mentiras, para imponer una segunda votación para volver al trabajo. Aunque admitió que el sindicato había acordado un “contrato de austeridad”, Lewis dijo que el CTU no negociaría nada mejor a causa de los “tiempos económicamente difíciles”. Señaló a las leyes del Estado que prohíben huelgas por el tamaño de las clases y cierres de escuelas —pero no mencionó que el CTU había respaldado el propio proyecto de ley que les quitaba a los docentes el derecho a ir a la huelga por esos motivos.

La derrota allanó el camino a la intensificación del ataque a la educación pública no solo en Chicago, sino a nivel nacional. Otros alcaldes favorables a la “reforma”, como Michael Nutter de Filadelfia, alardeó de que la derrota de la huelga les daría libertad para desmantelar las jubilaciones de los docentes, cerrar escuelas públicas, y entregar el sistema educativo a corporaciones privadas.

En un año tras la huelga, 50 escuelas públicas de Chicago fueron cerradas, 3.500 docentes y empleados de las escuelas fueron despedidos, y más programas fueron recortados. Como recompensa por traicionar la huelga, a los sindicatos se les dio acceso a “organizar” el mayor negocio de escuelas concertadas, dándole al sindicato la oportunidad de cobrar cuotas de docentes de escuelas concertadas mal remuneradas y compensar las pérdidas de miles de empleos de docentes.

El Partido por la Igualdad Socialista y el World Socialist Web Site se volvieron el centro de la oposición, y lucharon para que los docentes transformaran la huelga en un movimiento político poderoso de la clase trabajadora para defender y mejorar vastamente la educación pública.

Resumiendo las lecciones de la lucha, el WSWS escribió :

“La defensa de la educación pública y todos los otros derechos sociales básicos requiere un ataque directo a la dictadura económica y política de los bancos y de los grandes negocios y una vasta redistribución de la riqueza de la oligarquía financiera a las necesidades del pueblo trabajador. Para luchar por esto, la clase trabajadora tiene que liberarse del dominio político de los demócratas, que defienden los intereses de los súper ricos tan ferozmente como sus homólogos republicanos.

“El período siguiente verá el surgimiento de luchas de clase todavía más poderosas. Se requieren nuevas organizaciones de lucha. Más que nada, la clase trabajadora necesita una nueva dirección que luche por su independencia política respecto de los partidos capitalistas y al hacerlo luche por el socialismo”.

Bajas médicas en Detroit como medida de protesta

En 2015-16, los docentes de Detroit captaron la atención nacional organizando una serie de acciones laborales espontáneas para exigir escuelas seguras y con condiciones sanitarias, tasas decentes de paga y financiación adecuada del distrito devastado por una década de gerentes de emergencia nombrados por el Estado. Usando las redes sociales, docentes de base organizaron paros utilizando bajas médicas, desafiando a la Federación de Docentes de Detroit (DFT), y fueron apoyados todo a lo largo de los EUA e incluso desde el extranjero.

Marcha en la Junta de Educación de Detroit durante los paros por bajas médicas de los docentes el año pasado

Las acciones fueron un rechazo a la administración Obama, que publicitó a Detroit como la “zona de impacto” para sus “reformas” escolares pro-corporativas. Randi Weingarten, miembro del Comité Nacional Demócrata y sicária para la campaña de Hillary Clinton contra los simpatizantes del senador de Vermont Bernie Sanders, estaba decidida a impedir que las acciones militantes de los docentes galvanizaran la oposición a los demócratas.

Cuando Obama visitó Detroit el 20 de enero de 2016, las bajas médicas de los docentes como medida de protesta se intensificaron desafiando tanto al DFT y a las amenazas de órdenes judiciales. El gerente de emergencia del distrito, Darnell Earley, que también había supervisado el envenenamiento con plomo de la ciudad de Flint, intentó llevar a docentes militantes a los tribunales y amenazarlos con multas y cárcel. Un juez rechazó la solicitud, prefiriendo en cambio apoyarse en el DFT para debilitar las protestas, y allanar el camino a la reestructuración del distrito escolar.

Weingarten y los demócratas de Detroit hicieron esto afirmando que estaban luchando por recuperar el “control local” del distrito escolar de manos del gerente de emergencia nombrado por el Estado. En un subterfugio reaccionario, introdujeron la política racial al afirmar que la mayoría de los residentes africanos americanos de la ciudad se enfrentaban a una toma del poder “racista” por parte de los republicanos blancos, incluyendo al gobernador Rick Snyder.

El sindicato y los demócratas de Detroit entonces conspiraron con Snyder para disolver el distrito de Escuelas Públicas de Detroit y rescatar a los inversores de Wall Street que tenían los bonos del distrito. Aunque los demócratas locales recuperaron el control del distrito, las decisiones sobre el gasto quedaron en manos de la no elegida Junta de Revisión Financiera que responde a Wall Street. El DFT dio su apoyo total al plan de Snyder porque preservaba el papel del sindicato como el “agente negociador” y cobrador de las cuotas sindicales.

Bajo el nuevo Distrito Comunitario de Escuelas Públicas de Detroit (DPSCD) los derechos de los docentes siguen siendo atacados. La legislatura del Estado creó una nueva entidad financiera, pagando a todos los actuales deudores excepto a los docentes, quienes fueron chantajeados para prestar $10.000 al DPS cada uno de ellos. El DPSCD dio continuidad a las mismas clases repletas de alumnos y a la falta de personal, al tiempo que hacía entrar en vigor nuevos recortes a la sanidad y las jubilaciones.

A lo largo de estas luchas, los educadores demostraron un alto nivel de autosacrificio y determinación. Muchos profesores estaban orgullosos, con toda la razón, de haber plantado cara a innumerables amenazas, y recibieron amplio apoyo de padres trabajadores y estudiantes.

Al mismo tiempo, la debilidad política y las ilusiones de los docentes fueron explotadas por los sindicatos y el Partido Demócrata para aislar la lucha y al final derrotarla. En la primera etapa de estas batallas muchos docentes creían que era suficiente con que sus voces, suprimidas durante tanto tiempo, fueran oídas por los medio y los principales políticos.

Como ha demostrado la experiencia una y otra vez, todo el establishment político —ya sea el dirigido por demócratas como Obama o por republicanos como Trump— no es neutro, mucho menos pro-obrero. Mientras que los demócratas subestiman a los docentes, elogiando hasta el cielo su sentido del deber cívico y su importancia crítica para la sociedad, los demócratas, no menos que los republicanos, responden a la élite corporativa y financiera.

Bajo condiciones del declive prolongado del capitalismo estadounidense y el crecimiento explosivo de la desigualdad social, ambos partidos políticos están empecinados en revertir todas las conquistas obtenidas a lo largo de generaciones de lucha por parte de la clase trabajadora. Intentan saquear todo —jubilaciones, sanidad, educación de calidad, vivienda decente, cultura— para que los súper ricos puedan comprarse más mansiones y yates.

No es posible defender, mucho menos mejorar vastamente, la educación pública sin atacar las fortunas masivas de los súper ricos y romper su control dictatorial de la sociedad. Tres multimillonarios en los EUA —Jeff Bezos, Warren Buffett y Bill Gates— controlan una masa de riqueza igual a la que controla la mitad de la población estadounidense, unos 150 millones de personas.

Las luchas en Wisconsin, Chicago y Detroit, junto con las batallas de los docentes en México, Chile, Australia y otros países en el período reciente, han demostrado los esfuerzos de los educadores por liberarse del dominio de los sindicatos pro-capitalistas y afirmar sus derechos sociales. Ahora esto debe volverse un proceso consciente.

El World Socialist Web Site Teacher Newsletter pide que los educadores formen comités de las bases para asumir las responsabilidades elementales abandonadas hace tiempo por el AFT y el NEA, y movilizar a los educadores y a toda la clase trabajadora contra los despidos, los cierres de escuelas, la privatización, y exigir un vasto incremento en la financiación de las escuelas.

Como todo profesor sabe en su fuero interno, los problemas educativos son inseparables de la crisis social. Los estudiantes no pueden aprender si están afectados por la pobreza crónica, la falta de vivienda, malas condiciones de alojamiento, la epidemia de opioides, y otros males sociales. Para atajar esto, hay que gastar miles de billones para reconstruir áreas urbanas y rurales y para acabar con el desempleo y la pobreza de una vez por todas.

Si la riqueza colectiva creada por el pueblo trabajador tiene que utilizarse para elevar el nivel material y cultural de las masas, en vez de ser despilfarrada en rescates a los bancos, recortes fiscales y guerras criminales, entonces la clase trabajadora debe organizarse como una fuerza política independiente —independiente de los demócratas y de los republicanos— para tomar en sus propias manos las palancas económicas de la sociedad y redistribuir la riqueza.

El Partido por la Igualdad Socialista (SEP) está encabezando esa lucha y pedimos que los docentes contacten al SEP, se suscriban al World Socialist Web Site Teacher Newsletter y asuman hoy la lucha por el socialismo.

Fin