En medio de una campaña estatal de censura, los medios franceses denuncian “teorías conspirativas”

por Anthony Torres
31 enero 2018

Después de que el presidente francés Emmanuel Macron anunciara un proyecto de ley que ataca las “noticias falsas” en Internet y en las redes sociales, la prensa francesa ha lanzado una campaña contra “teorías conspirativas” de las que se queja que son populares en Francia. El diario Libération dedicó toda su portada a este tema. En un artículo titulado “Los franceses creen en teorías conspirativas pero esta no es una conspiración”, escribe que según un sondeo de Ifop para la Fundación Jean Jaurès y el grupo Conspiracy Watch, el 79 por ciento de los franceses cree en por lo menos una teoría conspirativa popular.

Esta denuncia de la población —que tiende a apoyar los argumentos reaccionarios de que los medios principales deberían ayudar a censurar “noticias falsas” que lectores crédulos podrían encontrarse online— es cualquier cosa menos políticamente inocente. Tiene lugar en medio de una campaña que se intensifica, dirigida por Washington y las principales corporaciones tecnológicas, incluyendo a Facebook y a Google, para censurar el Internet. Desde hace meses Google está limitando la visibilidad de sitios web socialistas y antibélicos, incluyendo el World Socialist Web Site. Ha proclamado abiertamente que está censurando a medios del Estado ruso.

Respecto a Facebook, su director ejecutivo Mark Zuckerberg ha anunciado una iniciativa para limitar el número de artículos de noticias publicados en Facebook con el fin de promocionar “momentos personales” en las redes sociales.

Un análisis de la campaña de prensa contra la supuesta “manía conspiratoria” de los franceses demuestra un punto clave: lo que impulsa esta campaña no es el deseo de informar mejor al público, sino poner un bozal al internet para sofocar la oposición social y política creciente.

Libération se centra en gran medida en los puntos de vista de la población sobre Al Qaeda, el Estado Islámico (EI), y los ataques terroristas en Francia. Denuncia como teoría conspirativa la idea de que el Estado Islámico y Al Qaeda están “de hecho manipulados por agencias de inteligencia occidentales”, o el hecho de que “algo más de un quinto de la población francesa alberga dudas sobre la versión oficial” de los atentados terroristas de 2015 contra la revista Charlie Hebdo.

El cuestionario citado por Libération trata con desprecio estas ideas, comparándolas con el hecho de que, supuestamente, el 9 por ciento de los franceses cree que la tierra es plana. Sin embargo, tales puntos de vista no son ideas absurdas, sino posiciones confirmadas por un amplio abanico de pruebas que las apoyan y de las que informaron los medios oficiales.

Los lazos históricos entre la CIA y Al Qaeda son bien conocidos. Al Qaeda surgió durante la guerra secreta de la CIA en Afganistán —primero contra el régimen pro-soviético en 1979 y después el ejército soviético tras la intervención soviética en Afganistán. Fue Zbigniew Brzezinski, el consejero de Seguridad Nacional de los EUA en ese entonces, quien lo confirmó más adelante, en 1997, en una entrevista en Francia con Le Nouvel Observateur (ulteriormente rebautizado L’Obs).

En la década de 2010, la CIA ayudó a movilizar y armar a los descendientes de Al Qaeda, como IS y Al Nusra, que fueron promocionados inicialmente como “rebeldes” democráticos que luchaban contra el régimen sirio. En su artículo de 2013 “Transporte aéreo de armas a rebeldes sirios se expande, con ayuda de la CIA”, el New York Times escribió, “Con ayuda de la C.I.A., gobiernos árabes y Turquía han incrementado bruscamente su ayuda militar a los combatientes de la oposición siria en los últimos meses, expandiendo un puente aéreo secreto para transportar armas y equipamiento para el levantamiento en contra del Presidente Bashar al Asad, según datos del tráfico aéreo, entrevistas con funcionarios en varios países y los relatos de comandantes rebeldes”.

En Francia, las redes islamistas utilizadas por la OTAN para organizar su guerra mediante representantes en Siria —de la que provenían los hermanos Kouachi y Amédy Coulibaly, que llevaron a cabo los atentados contra Charlie Hebdo— gozaban del apoyo tácito de la policía y las agencias de seguridad. Se les permitió viajar libremente por Europa para reclutar redes de combatientes, armarse, y preparar atentados terroristas contra el régimen de Assad.

Libération añade con enfado que respecto al atentado contra Charlie Hebdo el “7 de enero de 2015, poco después del ataque de los hermanos Kouachi contra la junta editorial del semanario satírico, un número incalculable de teorías conspirativas que desafiaban la información ofrecida por la policía y los medios difundidos online, mientras el usuario promedio de Internet intentaba hacer de investigador o de periodista autoproclamado”.

Una vez más, sin embargo, noticias extraídas de los medios burgueses más consolidado refutan la versión oficial según la cual el atentado a Charlie Hebdo fue un acontecimiento impredecible llevado a cabo por un puñado de “lobos solitarios” que habían escapado totalmente a la atención de los servicios de inteligencia.

Un año y medio después del atentado a Charlie Hebdo, Le Monde publicó un informe basado en notas del Directorio General de Seguridad Interna (DGSI) de que los hermanos Kouachi eran miembros de Al Qaeda en Yemen y estaban vinculados a Coulibaly. Los hermanos Kouachie habían estado siendo seguidos intensamente por los servicios de inteligencia, que los consideraban extremadamente peligrosos, durante varios años antes de que la vigilancia se suspendiera repentinamente sin un motivo claro.

Los vínculos entre este atentado, la máquina estatal, y los círculos neo-fascistas también están bien documentados. Los propios La Voix du Nord y Libération informaron en julio de 2016 del arresto del traficante de armas Claude Hermant, antiguo funcionario del Frente Nacional (FN) e informante de la policía, cuya compañía brindó las armas que se usaron en el atentado a Charlie Hebdo.

Médiapart ha informado de que ya el 14 de enero de 2015, la inteligencia eslovaca y Europol aparentemente informaron a las autoridades francesas de que las armas de Coulibaly habían pasado por las manos de la compañía de Hermant.

Estas revelaciones no son “noticias falsas” inventadas por sitios web oscuros. Lo que está ocurriendo es esto: los medios están ahora falsificando los hechos y encubriendo sus noticias anteriores, para evitar desacreditar las mentiras políticas que las élites gobernantes de toda Europa usaron para justificar llevar a cabo medidas reaccionarias e impopulares de Estado policial basadas en pretextos falsos.

Los atentados terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico en Francia y en toda Europa dieron un pretexto a las clases dominantes para imponer medidas reforzadas de Estado policial, como el estado de emergencia francés.

Mientras Estados en toda Europa supervisaron una amplia campaña mediática para despertar la sospecha y la paranoia hacia los musulmanes, el gobierno francés fue capaz de utilizar el estado de emergencia para reprimir violentamente las protestas contra su reforma laboral profundamente impopular. En ello, tuvo el apoyo de toda una serie de partidos reaccionarios, pequeño-burgueses y de pseudo-izquierda, como el Nuevo Partido Anticapitalista. Estas fuerzas habían creado previamente todavía más confusión promocionando las milicias respaldadas por la CIA que luchaban por el cambio de régimen en Libia y Siria como herramientas de una revolución democrática.

Ahora los empleadores de toda Francia están utilizando la ley laboral, completada por los decretos laborales de Macron, para preparar recortes en lugares de trabajo y en salarios en numerosas industrias.

Toda esta política estaba basada en mentiras políticas inventadas por la clase dirigente sobre los islamistas y el Estado Islámico, que afirmaban que la única manera de combatir la amenaza terrorista supuestamente sin precedentes e incomprensible era dándole vastos poderes policiales al Estado.

Ahora, los medios franceses y la élite gobernante temen que la conciencia creciente de los vínculos entre los servicios de inteligencia y otros grupos terroristas islamistas podrían tirar abajo todo el edificio de mentiras sobre el cual construyeron sus políticas reaccionarias.

En su artículo, Libération subraya el peligro, desde su punto de vista, de que la falta de confianza popular en la “guerra contra el terrorismo” y en las guerras imperialistas de la OTAN provocarán un odio aún más profundo a los partidos políticos tradicionales. Escribe, “Efectivamente, las teorías conspirativas pueden ser una herramienta poderosa para el adoctrinamiento que lleva a cabo la extrema izquierda radical o las organizaciones de la extrema derecha”.

La oposición social no puede, sin embargo, encontrar ninguna expresión progresista en el ascenso de partidos pequeñoburgueses como el NPA, ni de partidos más explícitamente de derechas. La tarea crítica es la construcción de un movimiento internacional de la clase trabajadora contra la guerra, la austeridad y la censura.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 26 de enero de 2018)