Señales de turbulencias en las bolsas

por Nick Beams
5 febrero 2018

La volatilidad parece estar volviendo a las bolsas estadounidenses y del mundo después de rápidos aumentos a lo largo del mes pasado, y los mercados experimentaron su mejor arranque de año nuevo desde 1987.

Hubo una liquidación a principios de la semana, cuando el mercado estadounidense registró su mayor declive de dos días desde septiembre de 2016. Los mercados cerraron en positivo el miércoles después de altibajos a lo largo del día, pero podría reanudarse un movimiento descendente.

El principal factor inmediato en la caída parece haber sido la bajada del precio de los bonos y el consecuente aumento en las tasas de interés (los precios de los bonos y las tasas de interés tienen una relación inversa).

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años de referencia es de alrededor del 2,7 por ciento, un nivel que no se esperaba hasta más adelante este año, y el nivel del 3 por ciento se ve como un punto de inflexión significativo para los mercados financieros.

El aumento en el rendimiento del bono del Tesoro está siendo impulsado por la expectativa de que la Reserva Federal estadounidense continúe con su política de elevar su tasa de interés base y que otros bancos centrales importantes empiecen a retroceder respecto a sus políticas de relajamiento cuantitativo, que han llevado a las tasas de interés a récords bajos, a lo largo del año.

El miércoles, la reunión del comité de mercado abierto de la Reserva Federal, la última celebrada bajo la directora saliente Janet Yellen, mantuvo su tasa de interés base en entre el 1,25 y el 1,5 por ciento, como se esperaba, pero indicó en su declaración que “más” subidas de la tasa de interés estaban por venir. En este momento, la Reserva Federal se espera que suba las tasas tres veces a lo largo del año, la primera de dichas subidas será en marzo, y habrá otro posible incremento en junio.

Otro factor que trabaja para empujar hacia arriba las tasas de interés a largo plazo es el aumento esperado en el nivel de la deuda estadounidense, en gran medida para pagar los recortes masivos de impuestos de la administración Trump, que podría elevar el crecimiento anual en la deuda estadounidense de su nivel actual de $700 mil millones hacia la marca de $1 billón. Más bonos en el mercado para financiar la deuda implica bajar los precios y una tasa de interés más alta.

La principal preocupación en los mercados financieros es que un aumento en el rendimiento de los bonos podría ver el final del aumento en los precios de las acciones e incluso desencadenar una importante recesión.

Como comentaba un artículo de Bloomberg: “Para muchos, el 3 por ciento es el punto de ruptura en el cual los costes de la financiación corporativa se volverían demasiado caros, el mercado de valores perdería su lustre y el impulso al crecimiento se difuminaría”.

Un punto de vista similar se expresó en el Financial Times. “Algunos inversores y analistas están cuestionando ahora por cuánto tiempo los rendimientos de los bonos pueden seguir subiendo sin pinchar la euforia en las bolsas globales”, comentó. El rendimiento de los bonos en aumento hacen más caro el préstamo, “potencialmente tensando las compañías que se han estado basando en el dinero barato para poder crecer”.

Desde la crisis financiera global de 2008, los mercados financieros han sido elevados a topes récord por la inyección de billones de dólares por parte de los bancos centrales —una política que ha visto elevarse el precio de las acciones, generando vastas fortunas a las élites corporativas y financieras.

Pero existe un miedo a que si hay una subida rápida en tasas como resultado de la “normalización” de la política monetaria, entonces este castillo de naipes financiero podría derrumbarse.

Esta semana el Industry Super Australia (ISA), el organismo superior de fondos de pensiones industriales del país, emitió lo que podría llamarse más o menos una advertencia tipo “canario en la mina de carbón”.

Decía que los precios de la vivienda insostenibles, que fueron empujados al alza por tasas de interés ultra-bajas, había puesto al país “en el precipicio” de un fracaso único en un siglo si los costes de los préstamos globales subieran por más de 1,5 puntos porcentuales.

Según el principal economista del ISA Stephen Anthony, los precios de la vivienda en las dos principales ciudades, Sydney y Melbourne, subieron a casi siete veces las ganancias medias semanales el año pasado de cuatro veces las ganancias en el año 2000. “En los 2000 se volvió una furia, al punto de que se ve insostenible”, dijo al Australian Financial Review .

Anthony observó que las tasas de interés estadounidenses a largo plazo, como se reflejan en los mercados de bonos, han subido en 40 puntos básicos (un aumento de 0,4 punto porcentual) desde las Navidades y “una vez empiezas a obtener” un aumento de la tasa “de más de 150 puntos base” entonces “muchos de estos hogares altamente expuestos están en problemas significativos”.

Tal subida no solo tendría un severo impacto en las familias lidiando bajo enormes hipotecas —el precio medio de una casa en Sydney es de más de $1,1 millones— pero golpearía a inversores que son dependientes del dinero barato.

Otro factor que podría llevar a una inestabilidad creciente del mercado financiero es el estallido de la guerra comercial, desencadenada por las políticas agresivas del “Estados Unidos Primero” de la administración Trump.

Trump no dijo mucho sobre el comercio en su discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado el martes por la noche, pero lo poco que dijo fue significativo. Saludando un “nuevo momento Estados Unidos” declaró que la “era de la rendición económica se ha acabado”.

Los EUA finalmente “pasaron página a décadas de acuerdos comerciales injustos que sacrificaban nuestra prosperidad y alejaban a nuestras compañías, nuestros empleos y la riqueza de nuestra nación”.

Mucho del fuego de Trump ha sido dirigido a China, pero Trump usó su discurso para disparar contra Europa. “He tenido muchos problemas con la Unión Europea, y ello puede transformarse en algo muy grande”, dijo, “desde el punto de vista comercial”.

Un portavoz de la UE dijo el lunes que estaba dispuesto a “reaccionar de manera rápida y apropiada en el caso de que nuestras exportaciones sean afectadas por cualesquiera medidas comerciales restrictivas desde los Estados Unidos”.

La semana pasada, los EUA impusieron importantes aranceles a las importaciones de paneles solares y lavadoras, provocando una intensa oposición de los fabricantes chinos de paneles solares y de los fabricantes coreanos de lavadoras.

Más medidas están proyectadas, y la administración está considerando activamente si imponer la protección al aluminio y a las industrias acereras estadounidenses bajo la legislación de seguridad nacional.

Los movimientos de divisas pueden llevar también a una desestabilización financiera. La semana pasada el presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi discrepó de los comentarios del Secretario del Tesoro estadounidense Steven Mnuchin de que un dólar estadounidense bajo asistía a los exportadores estadounidenses. Aunque sin llamar a Mnuchin por su nombre y sin nombrar a la administración Trump, Draghi dijo que tales comentarios contravenían acuerdos alcanzados en el Fondo Monetario Internacional de que los países busquen evitar implicarse en la devaluación competitiva de sus monedas.

Grandes instituciones globales, tales como el FMI y la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, han dado la bienvenida a la mejora en el crecimiento económico global pero han advertido de que esto podría ser alterado por conflictos sobre el comercio y las divisas.

(Artículo aparecido originalmente el 2 de febrero de 2018)