La petición proimperialista de Chomsky

por Nick Beams
8 febrero 2018

Por los últimos cuatro años, Estados Unidos ha insistido en que el propósito de su continua intervención militar en Siria y alrededores ha sido derrotar a Estado Islámico (EI) y los otros grupos fundamentalistas islámicos.

En realidad, el objetivo de esta operación, en la cual EUA ha colaborado con y, en algunos casos, armado directamente a las mismas fuerzas contra las cuales afirmo luchar, siempre ha sido el derrocamiento del régimen sirio del presidente Bashar al Asad y el establecimiento de un Gobierno títere que asegure el dominio estadounidense de la región.

La ficción política de que el objetivo estadounidense era luchar contra EI ha quedado completamente expuesta en días recientes. Independientemente de la derrota militar prácticamente completa de EI, Estados Unidos ha anunciado la creación de una fuerza militar de 30.000 efectivos para mantener una presencia indefinida en Siria.

Una nueva operación pide nuevas mentiras para justificarse y, en el momento exacto, como si estuviesen siguiendo un guion, las organizaciones e individuos pseudoizquierdistas han tomado la iniciativa de ofrecerlas.

Esto tomó la forma de una petición organizada por Noam Chomsky y otras figuras y académicos falsamente izquierdistas, incluido el pseudomarxista David Harvey, llamando a EUA a intervenir para garantizar la seguridad de los habitantes de la ciudad al norte de Siria de Afrin y la zona aledaña contra la invasión militar de su vecino Turquía. Varias organizaciones e individuos pseudoizquierdistas de todo el mundo se han incorporado ansiosamente a la petición, en lo que consiste en otro ejemplo de “imperialismo por los derechos humanos” que se ha convertido en el modus operandi de estas fuerzas.

La invasión turca fue lanzada en respuesta a la creación de una nueva fuerza respaldada por EUA y conformada principalmente por la milicia kurda YPG, con la cual el ejército norteamericano ha colaborado, junto con excombatientes de EI. Washington, por su parte, estará desplegando 2.000 tropas estadounidenses para presidir y liderar este plan.

El pretexto utilizado por Turquía es que YPG es una organización terrorista asociada con las fuerzas separatistas kurdas dentro de Turquía. Su ofensiva es profundamente reaccionaria en todo sentido; es parte de la marcha del presidente Recep Tayyip Erdoğan para afianzar su protagonismo como una potencia regional y para aplastar la oposición interna. Tiene que ser opuesta por la clase obrera en Turquía e internacionalmente como parte de la lucha política por derrocar a Erdoğan y acabar con el gobierno capitalista en Turquía.

Sin embargo, esta no es la perspectiva de los peticionarios y sus simpatizantes. Al contrario, su objetivo inmediato y claro en el texto es legitimar el plan estadounidense de establecer una presencia militar permanente en el norte de Siria, tanto directamente como a través de fuerzas indirectas, como base para sus continuas actividades de cambio de régimen contra Asad.

El hecho de que la petición está encabezada por dos supuestos críticos radicales del capitalismo y el imperialismo, Noam Chomsky y David Harvey, puede sorprender a algunos. No obstante, sus acciones fluyen de la política que han avanzado por décadas.

Chomsky se ha desenvuelto como un anarquista, expresando afinidad con Mijaíl Bakunin y su crítica del presunto “autoritarismo” de Marx.

Como uno de sus principales opositores en la Primera Internacional, Bakunin era particularmente hostil a la concepción de Marx de que el derrocamiento del capitalismo involucraría el establecimiento de la clase obrera como clase gobernante, afirmando esto sería simplemente una nueva forma de despotismo.

Marx le señaló que, cuando la clase obrera tomara el poder y estableciera una forma de gobierno democrática para la mayoría de la población, se vería obligada a utilizar la fuerza del Gobierno por un periodo para prevenir el regreso de las viejas clases dominantes. Explicó que esto sería necesario hasta que el desarrollo económico crease las condiciones para la desaparición de todas las clases y, por ende, la desaparición de toda forma de dominio de clase.

De acuerdo con su alineamiento con Bakunin, Chomsky siempre ha mostrado una intensa hostilidad hacia Lenin, Trotsky, el Partido Bolchevique y el Estado obrero establecido por la Revolución Rusa de 1917. Este Estado fue necesario por la campaña del imperialismo y las viejas clases dominantes para abatir la revolución socialista y restaurar el gobierno capitalista dictatorial.

La hostilidad de Chomsky hacia la formación de un partido revolucionario como el bolchevique es fundamentalmente una oposición al papel revolucionario de la clase obrera en sí. La historia ha demostrado, de forma positiva en el caso de la Revolución Rusa y negativa en todo otro levantamiento revolucionario desde entonces —particularmente en España (1936-39), donde los anarquistas terminaron sirviendo como un punto de apoyo para el Gobierno burgués—, la indispensabilidad de un partido revolucionario si la clase obrera ha de tomar el poder y defenderlo contra sus enemigos.

La necesidad de tal partido no se deriva de los pronunciamientos de Marx ni de su “autoritarismo”, sino del lugar objetivo que ocupa la clase obrera en la sociedad capitalista y de las necesidades de la revolución socialista.

A diferencia de la burguesía, la cual derrocó al feudalismo contando con abundantes bienes en su propiedad, la clase obrera es una clase sin propiedad. Su única arma es la organización, es decir, la creación de un partido revolucionario que pueda encabezar y guiarla en la tarea más compleja y difícil en la historia, el derrocamiento del capitalismo y el establecimiento del poder obrero y el socialismo.

Sin forjar esta arma política para luchar en cada batalla por establecer y consolidar su independencia política, la clase obrera es meramente una masa explotable. Es por esto que, en cada lucha, independientemente de sus circunstancias inmediatas, los marxistas, basándose en el papel revolucionario de la clase obrera, buscan desarrollar una perspectiva política que le permita establecerse como una fuerza política independiente y en oposición a la burguesía.

El punto de partida de la postura de Chomsky en cuanto a Afrin es la exigencia de defender al pueblo kurdo de los ataques del Estado turco y del régimen de Erdoğan. Sin embargo, su rechazo al papel revolucionario de la clase obrera que manifiesta su hostilidad a la creación de un partido de tipo bolchevique lo lleva a la práctica de la realpolitik, en este caso directamente en el campo del imperialismo.

Los kurdos tienen que ser defendidos. Pero, desde la perspectiva de Chomsky, tal defensa no se puede llevar a cabo por medio de una orientación a la clase obrera turca e internacional é el desarrollo de una lucha para derrocar al régimen reaccionario de Erdoğan, sino a través de la única fuerza que pareciera estar disponible para hacerlo, el imperialismo estadounidense y su poderío militar.

En el caso de David Harvey, aplican cuestiones similares, aunque no idénticas. Se presenta como un crítico del capitalismo y sus depredaciones y afirma recurrir a Marx para hacerlo. Sin embargo, su marxismo es de un carácter puramente académico. A través de todos sus escritos, principalmente cuando aborda la cuestión vital de “¿Qué hacer?”, siempre retoma un tema en particular. La clase obrera no es la única fuerza revolucionaria creada por el capitalismo por medio de su sistema de trabajo asalariado, cuya tarea histórica es su propia eliminación. Además, hay otras fuerzas sociales, basadas en la política de identidad y varios movimientos de protesta, que tienen que ocupar cierto liderazgo. De forma continua, arremete contra lo que considera un enfoque parcial del marxismo respecto al papel revolucionario del proletariado.

Consecuentemente, más allá de todas sus críticas del capitalismo —que no sobrepasan el llamado a reformas— se dirige al Estado capitalista en lo que se refiere a política. Este también es el caso de Chomsky. Por ejemplo, en el clímax de la invasión de Irak por parte del imperialismo estadounidense en el 2003, Harvey mantuvo que el afán de lucro del imperialismo, la razón detrás de la invasión, podía ser limitado o incluso contenido por completo si tan solo se fomentaran oportunidades de inversión dentro de EUA por medio de otro Nuevo Trato. Reconoció que soluciones más radicales eran concebibles, pero por el momento eso es lo más que se podía esperar.

Asimismo, frente a la invasión turca, se orienta al Estado norteamericano como el único medio “realista” para defender los intereses de los kurdos, incluyendo empleando fuerza militar.

La hipocresía plena de la petición encabezada por Chomsky y Harvey es evidente desde su primer párrafo, donde pide a los líderes de Rusia e Irán, quienes están apoyando la acción turca, junto con los de EUA, “garantizar que la soberanía de las fronteras sirias no sea violentada por Turquía”. Desde luego, deja a un lado las continuas y explícitas violaciones a la soberanía siria por parte de EUA desde que comenzó en el 2011 su operación de cambio de régimen en colaboración con fuerzas islamistas yihadistas.

En lo que representa un llamamiento a una intervención militar estadounidense, la petición insiste en que la operación militar turca solo puede seguir adelante en caso si “EUA no actúa para detenerla”. El párrafo final subraya esto, pidiéndoles a los “oficiales estadounidenses y a la comunidad internacional” —es decir, a las otras potencias imperialistas— “garantizar la estabilidad de Afrin y prevenir más agresiones turcas dentro de Siria y al otro lado de la frontera con Siria”.

Tal demanda es adornada con afirmaciones de que solo así se puede garantizar tanto la seguridad y la protección de los civiles y refugiados de Afrin y la región como la paz.

Los promotores de la petición obviamente esperan que la población global no haya aprendido nada de los últimos 17 años de “guerra contra el terrorismo” y las depredaciones del imperialismo estadounidense perpetradas en su nombre. Cada intervención militar estadounidense, comenzando por la invasión de Afganistán en el 2001, supuestamente para destruir de la raíz a Al Qaeda, la cual había sido financiada por EUA y su aliado Arabia Saudita, ha sido organizada bajo el mismo pretexto: que EUA está buscando paz y seguridad.

La invasión de Irak en el 2003, siendo uno de sus resultados la formación de Estado Islámico y otros grupos islamistas reaccionarios, supuestamente tenía como fin proteger al mundo de “las armas de destrucción masiva”. El derrocamiento de Gadafi en Libia en el 2011, cuando las fuerzas de la OTAN encabezadas por EUA convirtieron el país en un infierno, supuestamente se llevó a cabo para prevenir una masacre a manos del régimen.

La operación de cambio de régimen en Siria, iniciada en el 2011 con base en que era necesaria para proteger a la población de Asad, ha resultado en casi 500.000 muertes, el desplazamiento de 5 millones de refugiados al exterior y de 6 millones más internamente. Este es solo uno de los atroces ejemplos de los resultados de las operaciones de “paz” de EUA.

Aparte de la invocación del mismo tipo de justificaciones utilizadas por el imperialismo estadounidense, también cabe notar otro aspecto de la petición organizada por Chomsky.

Insiste en que la operación militar turca no puede ser realizada “in la aprobación de Rusia, Irán y Siria”. Esto encaja con los objetivos más amplios de la decisión estadounidense para establecer una fuerza militar permanente en suelo sirio. Su blanco no es solo el régimen de Asad, sino también Rusia e Irán.

Como lo formuló el secretario de Defensa de EUA, James Mattis, el general retirado que presidió la destrucción de Faluya en Irak, en la nueva estrategia de defensa nacional publicada el mes pasado por el pentágono, “la competencia entre grandes poderes —no el terrorismo— es ahora el principal enfoque de la seguridad nacional estadounidense”. Esto no iba dirigido solo contra Rusia y China, sino contra cualquier poder en potencia a nivel regional, como Irán en Oriente Próximo, que sea considerado por EUA como un impedimento a su campaña de dominio global.

Con emitir la petición, sus organizadores están recurriendo a los supuestos credenciales “antibélicos” de sus promotores para así ganar apoyo. Cualquiera que caiga en esta trampa está ignorando uno de los cambios más significativos en la política global de la última década y media: la transformación de antiguas tendencias “antibélicas” y pseudoizquierdistas que expresan los intereses de capas privilegiadas de la clase media-alta en los más fervientes simpatizantes del imperialismo.

Uno de los puntos de quiebre más importantes en esta transformación puede ser señalado con claridad —el surgimiento de una oposición internacional de masas a la invasión estadounidense de Irak en el 2003—. En los 15 años desde entonces, el movimiento contra la guerra ha prácticamente desaparecido como fenómeno político de masas.

Esto no se debe a que la hostilidad de las masas por todo el mundo hacia la guerra y las acciones del imperialismo estadounidense haya disminuido. A lo contrario, se ha intensificado. Pero, la oposición a la guerra no ha podido encontrar una expresión independiente desde que el estallido de tal hostilidad a la guerra de Irak fue saboteado, primero siendo subordinado a apelaciones hacia las otras potencias imperialistas y a Naciones Unidas, y luego por medio de una operación deliberada para redirigirlo en apoyo al Partido Demócrata en EUA y sus equivalentes internacionales.

Chomsky es un caso concreto. En abril del 2004, este crítico exradical de la política extranjera estadounidense súbitamente develó el verdadero contenido de clase de su política anarquista cuando respaldó la candidatura presidencial para el Partido Demócrata de John Kerry en contra de George W. Bush.

Este giro a la derecha continuó y se profundizó con la elección presidencial del 2008, cuando casi todas las supuestas fuerzas antiguerra de “izquierdistas” de la clase media apoyaron a Barack Obama, promoviéndolo como el presidente “transformador”. Al concluir su mandato de ocho años en el 2016, se convirtió en el primer presidente en gobernar dos términos continuamente en guerra.

Otro giro tuvo lugar con el estallido de la revolución egipcia en el 2011. Como respuesta a los enormes peligros que representaba un movimiento independiente de la clase obrera, el imperialismo estadounidense buscó reforzar su posición por medio de dos operaciones de cambio de régimen, una en Libia y la otra en Siria.

Estos pasos se vieron debidamente reflejados en un cambio en la orientación de la pseudoizquierda. Apoyó las operaciones encabezadas por imperialistas en ambos países alegando universalmente que era hora de abandonar el “imperialismo irreflexivo” e invocó la defensa de “derechos humanos” y la “responsabilidad de proteger”, mientras tomaba un brusco giro a la derecha.

La petición organizada por Chomsky es la señal de otro giro, esta vez en respuesta a la nueva doctrina del Pentágono que afirma que la competición interestatal y entre las mayores potencias es ahora el centro de la estrategia estadounidense.

Chomsky una vez fue el coautor del libro Los guardianes de la libertad (en inglés: Manufacturing Consent), el cual resume apropiadamente esta operación. Su objetivo es intentar conseguir el consentimiento no solo para las acciones del imperialismo estadounidense en Oriente Próximo, sino para su campaña cada vez más frenética de dominio global, si necesario a través de una guerra mundial.

Los trabajadores, la juventud, los estudiantes e intelectuales —todos aquellos por todo el mundo interesados en la lucha contra el imperialismo y la amenaza de una nueva guerra mundial— tienen que extraer las conclusiones necesarias.

No solo tiene que ser rechazada y denunciada esta petición proimperialista, sino que hay que construir un movimiento antibélico y antiimperialista auténtico. Esto solo puede proceder convirtiendo a las organizaciones e individuos firmantes de la petición en anatemas políticos, como parte de una lucha por un movimiento socialista contra la guerra de la clase obrera internacional.

(Artículo publicado originalmente el 6 de febrero de 2018)