Las Olimpiadas de Invierno del 2018 se celebran bajo la sombra de la guerra

14 febrero 2018

Los Juegos Olímpicos de Invierno del 2018 iniciaron el viernes en Corea del Sur con el tema oficial de la “paz”, incluyendo una coreografía con candelas que formaron una paloma blanca y una rendición de la canción “Imagine” de John Lennon. El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, declaró que enviarían un “poderoso mensaje de paz al mundo”.

Bach señaló sin ironía aparente, que las Olimpiadas del 2016 les habían dado “un mensaje de esperanza a los refugiados”, a pesar de que ese año terminó con más de 5.000 de ellos ahogados intentando cruzar el Mediterráneo, y muchos más desde entonces.

No hay por qué tomar más en serio las perogrulladas de este año. La realidad es que el evento no se celebra ante una posibilidad tan inmediata de guerra desde las Olimpiadas de 1936 en la Alemania de Hitler. La posibilidad real de un ataque estadounidense denominado “nariz sangrienta” contra las instalaciones militares norcoreanas inmediatamente después de los Juegos Olímpicos proyecta una larga sombra sobre el evento en Corea del Sur. Tal acto podría desencadenar una conflagración nuclear y cobrar cientos de miles, sino decenas de millones, de vidas en la península coreana.

El Gobierno de Trump ha dejado en claro que no cejará en su empeño para que Pyongyang se someta incondicionalmente a las demandas de EUA de eliminar su programa de armas nucleares o enfrentarse a una acción militar. Pese a ser acogida por millones en la región como la señal de una disminución en las tensiones, la decisión de Corea del Sur y del Norte de competir como un equipo conjunto en las Olimpiadas fue recibida con una hostilidad manifiesta por el Gobierno de Trump.

Esta se vio reflejada en el comportamiento arrogante del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en la ceremonia de apertura, cuando permaneció sentado y serio mientras una ovación de pie le daba la bienvenida al equipo coreano conjunto. No dejó lugar a dudas que Washington considera a Corea del Sur, un país ocupado por alrededor de 35.000 soldados estadounidenses, una semicolonia que debería conocer su lugar.

La presencia de Pence en las Olimpiadas se convirtió en un viaje de preparativos para la guerra, incluyendo una visita a los sistemas de misiles balísticos estadounidenses en Alaska y reuniones con líderes de los aliados estadounidenses de Japón y Corea del Sur. Dando declaraciones en Tokio el miércoles, Pence dijo: “No dejaremos que Corea del Norte esconda detrás de la bandera olímpica la realidad de que esclavizan a su pueblo y amenazan a la región en general”.

Esto viene del representante de un Gobierno que libró una guerra entre 1950 y 1953 que mató a casi tres millones de coreanos y que ahora está llevando a cabo una enorme acumulación militar en la región, incluyendo el despliegue de bombarderos B-2 con capacidad nuclear en Guam, en preparación para la guerra.

Contrario a su supuesto “ideal internacional”, las Olimpiadas siempre han sido un escenario para la promoción virulenta del nacionalismo y los intereses geopolíticos de las principales potencias capitalistas, desde los esfuerzos de Hitler para utilizarlas para demonstrar la supremacía aria hasta la determinación de EUA de demonstrar su supremacía sobre la Unión Soviética a lo largo de la Guerra Fría.

Estas Olimpiadas, al igual que las que le precedieron, han estado dominadas por expresiones extremas de nacionalismo y chauvinismo, particularmente de parte de Estados Unidos, algo recalcado por los cánticos beligerantes de “¡USA, USA!”. Uno pensaría que un país con el tamaño, la riqueza y el poderío militar de Estados Unidos no tendría que rebajarse a un grado de autopromoción que asuma un carácter provocativo e ultramilitarista. La única explicación consiste en la crisis que está carcomiendo al capitalismo estadounidense y los desafíos cada vez mayores para el afán de Washington por la hegemonía global.

Además de los preparativos militares de EUA contra Corea del Norte, las Olimpiadas del 2018 estuvieron ensombrecidas por el veto a Rusia por parte del comité ejecutivo del COI en diciembre del año pasado, bajo la presión de Estados Unidos. Las acusaciones de un dopaje sistemático por parte de Rusia se basaron en gran medida en el testimonio de Grigori Rodchenkov, quien administraba el laboratorio antidopaje de Rusia antes de ampararse en la custodia del Gobierno estadounidense en el 2016.

Mientras que 168 atletas rusos están compitiendo en los Juegos Olímpicos, son sometidos a pruebas antidopaje adicionales e intrusivas, mientras que todas las banderas de Rusia fueron prohibidas y se ha entonado la canción olímpica en vez del himno ruso en las entregas de medallas a rusos. El COI anunció este mes que los atletas y entrenadores rusos cuyas suspensiones de por vida fueron revocadas no estaban invitados a participar. En el 2016, se les prohibió a los atletas paralímpicos rusos y a sus equipos de atletismo participar en las Olimpiadas de Río.

Tales medidas son intentos explícitos para presentar a Rusia como un paria internacional. La hipocresía de la supuesta indignación por el presunto dopaje de atletas rusos fue expuesta por las revelaciones de abuso sexual sistémico de gimnastas adolescentes del sexo femenino por parte del principal doctor del equipo de gimnasia estadounidense, Larry Nassar. La prensa estadounidense se ha enfocado por meses en estos reportes de abuso, el cual fue encubierto también sistemáticamente por los oficiales del Comité Olímpico de EUA que sabían del escándalo un año antes de que saliera a la luz, pero no hicieron nada al respecto.

Los mismos Gobiernos y medios de comunicación occidentales que marcharon conjuntamente para apoyar la prohibición a Rusia no sugirieron que las “barras y las estrellas” deberían recibir el mismo trato en las Olimpiadas de Corea del sur y que se prohibiera cantar el himno nacional estadounidense, sin importar que el abuso a las atletas estadounidenses es de una dimensión mucho mayor a cualquier dopaje presuntamente realizado por sus contrapartes rusos.

Esta disparidad solo subraya el hecho de que la penalización de atletas rusos no constituye ninguna defensa de la supuesta integridad del deporte olímpico, el cual se ha visto desprestigiado por escándalos de corrupción, patrioterismo y el dinero corporativo. Al contrario, forma parte de una feroz campaña para demonizar a Rusia y preparar a la población para la guerra.

Más allá de las odas a la “paz” en las Olimpiadas, las mayores potencias capitalistas del mundo están respondiendo con sus propias acumulaciones militares frente al anuncio de que EUA se está alistando para conflictos “entre potencias” y contra “Estados revisionistas”, principalmente Rusia y China, como lo indica su nueva estrategia de defensa nacional. En la última semana, Francia, Alemania, España y EUA todos anunciaron aumentos masivos en el gasto militar.

Como sucede en todas las Olimpiadas, los reaccionarios intereses geopolíticos y corporativos detrás de los juegos de invierno del 2018 contrastan marcadamente con la extraordinaria proeza atlética, el inmenso talento y el carácter genuinamente simpatético de los participantes individuales en las competencias. No es su culpa verse obligados a desempeñarse bajo el inmenso peso del militarismo, el patriotismo y el comercialismo que prevalecen en las Olimpiadas.

Las principales corporaciones que han llegado a Corea se embolsarán decenas de millones de dólares, incluyendo los patrocinadores oficiales como Coca Cola, General Electric, Dow e Intel, mientras que las cadenas televisivas ganarán cientos de millones en anuncios.

Para un número muy pequeño de atletas presentes, una victoria se traducirá en millones de dólares de patrocinios, mientras que aquellos que no logren entrar en el exclusivo círculo de ganadores volverán a casa a encarar los problemas sociales que afectan a la población en general.

Como lo retrata mordazmente el personaje biográfico de la esquiadora olímpica, Tonya Harding, quien sufrió una serie de escándalos, en el reciente filme I, Tonya: “Cuando llegas de cuarto en las Olimpiadas, no recibes patrocinios. Recibes el turno de las 6 a.m. en Spud City”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de febrero de 2018)

Will Morrow