Una herramienta del imperialismo: Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon demanda expansión militar

por Alex Lantier
21 febrero 2018

Una brecha entre clases separa al Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y su lucha contra la guerra de los partidos dominados desde hace mucho por lo que se hace pasar como la “izquierda”. Estas fuerzas pequeñoburguesas apoyan el militarismo y desempeñan un papel clave en suprimir la oposición popular a la marcha hacia las guerras. Esta realidad fue evidenciada por el apoyo del movimiento Francia Insumisa (LFI, por sus siglas en francés) de Jean-Luc Mélenchon al nuevo programa militar de €300 mil millones del presidente Emmanuel Macron para el periodo 2018-2024.

Ahora que París amenazó con bombardear a Siria y Washington amenaza a Rusia y China, el LFI se avalancha a demandar la expansión de la máquina de guerra francesa. En una rueda de prensa en la Asamblea Nacional, Mélenchon y dos diputados del LFI elogiaron las demandas del ejército francés de que el presidente Emmanuel Macron necesita acelerar los aumentos en el gasto militar. Sus comentarios presentaron la perspectiva de sectores de la industria militar y de la élite gobernante ansiosos por formar una alianza militar con Berlín financiada a costas de los trabajadores.

Respaldando las guerras actuales de Francia en su antiguo imperio colonial en África, el diputado del LFI, Bastien Lachaud, señaló: “El estado del ejército es deplorable porque ha habido una desinversión en las fuerzas armadas bajo las presidencias anteriores. Hemos perdido a muchos soldados, nuestras armas se han envejecido y se han vuelto inservible… Efectivamente, hoy tenemos que invertir en nuestras armas”.

En la conferencia de prensa, no se pronunció ni una palabra acerca de las consecuencias que tendrán las guerras siendo preparadas, ni del impacto social que tendrá tal acumulación militar en la clase obrera. Macron se ha comprometido a apoyar una austeridad presupuestaria estricta y recortes de impuestos para los ricos. Los miles de millones para financiar las guerras serán tomados de los programas sociales y de la clase obrera. Sin embargo, Lachaud habla de aumentar el gasto militar más rápido.

“Lo que no nos gusta de esta ley de planeamiento militar”, indicó, “es que intenta complacer a todo el mundo… por lo que el dinero no va dirigido a dónde lo necesitamos. Y les recordamos que [el titular de las fuerzas armadas] el general [Pierre] de Villiers renunció el pasado julio para dejar claro que necesitaba un aumento inmediato, y por ende los aumentos en el gasto tienen que comenzar de una vez, luego el gasto se puede estabilizar más adelante”.

Un ejército necesita tanto armas como soldados, y el diputado del LFI, Alexis Corbière, fue el siguiente en pronunciarse para respaldar el llamado de Macron a reinstituir el servicio militar obligatorio. Corbière pasó por varios grupos cuyos precursores eran renegados del trotskismo, incluyendo el Movimiento por un Partido de los Trabajadores (MPPT) de Pierre Lambert y la Liga Revolucionaria Comunista de tendencia pablista, la cual se convirtió en el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). También es miembro de la comisión legislativa encargada con planear dicho regreso a la conscripción.

Aludiendo a la demanda de Macron de que todos los jóvenes tengan que cumplir un servicio militar de 3 a 6 meses, criticó lo descuidado que ha sido Macron con su comisión parlamentaria, añadiendo vagamente que “hay muchas contradicciones entre lo que se hará y lo que ha sido anunciado”.

Corbière luego pidió que el servicio militar obligatorio fuera más largo a fin de reconciliar a la población con el ejército: “Por parte del LFI, les recuerdo lo que incluía nuestro programa, Un futuro en común, el que utilizamos para nuestra carrera presidencial. Apoyamos un servicio obligatorio para los ciudadanos de nueve meses, lo que podría constituir la base para una Guardia Nacional civil que permita reconstruir el lazo entre el Ejército y la Nación”.

Estas declaraciones reivindican las advertencias hechas por el CICI y su sección francesa, el Parti de l’egalité socialiste (PES) sobre el LFI y otros grupos pseudoizquierdistas y proguerra a nivel internacional. El LFI fue construido como una trampa para los millones de personas que votaron por él o que participaron en la campaña de membresía por Internet y en sus eventos públicos para promocionar la candidatura presidencial de Jean-Luc Mélenchon en el 2017. Lo que buscaban era dar su respaldo a las críticas del LFI contra el Gobierno del Partido Socialista (PS), las medidas de austeridad interminables en Europa y los crímenes imperialistas como el bombardeo no provocado de Trump contra Siria en abril.

Sin embargo, las críticas del LFI eran tácticas y fraudulentas. Los oficiales del movimiento las hicieron como partidarios pequeñoburgueses y proimperialistas de las guerras y del ejército francés. Es por esto que Mélenchon, quien denunció el bombardeo de Trump el año pasado no dijo nada en la rueda de prensa sobre la amenaza de Macron de bombardear a Siria la semana pasada. Al contrario, Mélenchon, Corbière y Lachaud dieron su respaldo al militarismo francés, con el LFI procurando utilizar a millones de jóvenes como carne de cañón para guerras futuras.

La exposición de fuerzas como el LFI es un componente crítico de la lucha del CICI contra la guerra. La maquinaria política detrás del LFI —una facción que se salió del PS para formar el Partido de Izquierda (PG, por sus siglas en francés) de Mélenchon, además del Partido Comunista Francés (PCF) y varios grupos escindidos del NPA— es en sí un conjunto de engranajes dentro de la maquinaria propagandística a favor de la guerra, cuya función es dormir a la población. La facción alrededor de Mélenchon en particular se especializa en restarle importancia al peligro de guerra y decorar sus políticas militaristas con ataques reaccionarios populistas contra EUA.

Cuando Mélenchon intervino en la conferencia de prensa, buscó distanciar al LFI de Macron, criticándolo como una herramienta de las campañas militares de Washington contra Rusia y China. Además, criticó el presupuesto militar, declarando: “Lo abrimos a la página uno y encontramos que esta última declaración nos dice que los verdaderos enemigos que tenemos en el planeta son los rusos y los chinos. Esas no son buenas noticias porque no estamos de acuerdo. Creemos que esto no ha sido comprobado, que esto solo se alinea con la retórica estadounidense de mantener su preeminencia global”.

Luego, añadió: “Hay un aumento en las tensiones, las cuales han sido planeadas y orquestadas por Estados Unidos de América y la coalición militar que encabeza, la OTAN, algo que hemos advertido varias veces aquí. La lógica del proyecto de ley del presupuesto militar y del pensamiento de los líderes políticos actuales en Francia sigue los pasos del trumpismo”.

Mélenchon busca minimizar el peligro de guerra, incluso cuando su propia organización impulsa agresivamente armar al ejército francés.

Washington no está “orquestando” con mera “retórica”. El imperialismo estadounidense está buscando desesperadamente resolver la crisis objetiva del capitalismo global por medio de amenazas y, posiblemente, una guerra de escala completa, un peligro puesto de relieve por la amenaza de Trump de atacar con “fuego y furia en una magnitud que el mundo nunca ha presenciado” a Corea del Norte en el aniversario de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Veinticinco años de un recrudecimiento continuo en las rivalidades económicas y guerras imperialistas desde la disolución estalinista de la Unión Soviética ha culminado en el colapso político del orden geopolítico capitalista de la posguerra.

Los mismos conflictos entre la producción global y el sistema de Estados nación que estallaron dos veces durante el siglo XX, conduciendo a revoluciones sociales y guerras mundiales están nuevamente alcanzando niveles explosivos. Con la intención de contrarrestar el crecimiento del poder económico de sus rivales por medio de la fuerza militar, Washington amenaza a Rusia, Irán, Corea del Norte y China con guerras que involucrarían una pérdida masiva de vidas y, con virtual inevitabilidad, el uso de armas nucleares. Como la revista británica Economist escribió el mes pasado, “Un conflicto a una escala e intensidad no vistos desde la Segunda Guerra Mundial es otra vez plausible. El mundo no está preparado”.

La tarea primordial que encaran los trabajadores y jóvenes es alertar a la clase obrera en su conjunto sobre el inminente peligro de una guerra y unir a todos los trabajadores en América, Europa e internacionalmente en lucha contra ella. Las preguntas que se les debe plantear a Macron y a los otros mandatarios de la OTAN son: ¿cuáles son las consecuencias de las guerras que están planeando? Si se consuma el peligro de una “guerra total” con Rusia, como lo indicó el presidente François Hollande en el 2015, ¿cuántas bombas nucleares caerán en las principales ciudades europeas y alrededor del mundo y cuántas personas perderán sus vidas?

En cambio, Mélenchon acusa a Macron de estar alineado con Trump. De hecho, la cuestión no es que Macron está alineado con Trump, sino que Mélenchon está alineado con Macron. Por supuesto, Macron hizo eco de las arremetidas estadounidense contra Rusia y China en su proyecto de ley del presupuesto, y siendo parte de la OTAN es un peligro real que Francia vaya a atacar militarmente a Rusia y China. Sin embargo, Mélenchon habla muy directamente en nombre de otras secciones poderosas de la clase gobernante francesa, incluso dentro de la Administración de Macron, que procuran implementar una política diferente.

De hecho, las demandas de Mélenchon de estrechar lazos con Moscú y Beijing y de elaborar una política exterior independiente hacen eco de los llamados de Macron a establecer relaciones comerciales y estratégicas más cercanas a Rusia, de su viaje cordial a China el mes pasado y de sus esfuerzos para construir un ejército independiente de la Unión Europea con un eje Berlín-París. Varios oficiales de la OTAN y EUA han expresado inquietud de que el plan militar de la UE “quiebre” la alianza militar entre EUA y Europa.

O, como lo planteó Corbière, “Queremos dejar la OTAN, ahora más que nunca porque no compartimos los intereses de Estados Unidos. Y es EUA el que domina esa alianza militar. Como ya saben, tienen un presupuesto militar de $600 mil millones, 700 bases militares por todo el mundo y, en realidad, el complejo militar-industrial es el que controla la economía estadounidense”.

No obstante, estos son simplemente críticas celosas hechas desde el punto de vista de una potencia imperialista rival. Todas las organizaciones dentro del LFI rechazaron al marxismo y a la clase obrera hace muchas décadas, y consolidaron sus alianzas con el Partido Socialista, una organización de las grandes empresas fundada después de la huelga general de 1968. Al transcurrir las décadas, adaptaron su retórica estalinista o pequeñoburguesa gradualmente para encubrir sus estrechos lazos con el ejército, los bancos y los superricos—incluyendo, en el caso del LFI, la amistad de Mélenchon con el contratista militar y multimillonario empresario aeroespacial, Serge Dassault—.

De esta manera, en la misma rueda de prensa en la que Corbière denunció al complejo militar-industrial estadounidense y sus vastos recursos financieros, Lachaud incluyó un descarado comercial para que el ejército francés compre los aviones de caza Rafale de la compañía Dassault, insistiendo que “son mejores que los Eurofighter”.

Existe una profunda oposición de los trabajadores en toda Europa y el mundo, particularmente en EUA, a la guerra. En Francia, se está expandiendo rápidamente la oposición obrera a los ataques contra sus derechos sociales básicos con los cuales Macron planea financiar su rearme. Esta es la fuerza social que forma la base material de la lucha del ICI por un movimiento antibélico, anticapitalista y socialista en la clase obrera internacional. Un prerrequisito esencial para tal movimiento es combatir la perspectiva nacionalista y pequeñoburguesa avanzada por el LFI.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de febrero de 2018)