La campaña por el envenenamiento de Skripal: una provocación de guerra internacional

19 marzo 2018

La campaña de las potencias imperialistas europeas y EUA por el envenenamiento del exespía ruso y el doble agente británico, Sergei Skripal apesta a más no poder. Están haciendo las acusaciones más drásticas, con consecuencias de máximo alcance y sin fundamento alguno.

La ofensiva propagandística no se trata de lo que pudo o no haber pasado en un parque en Salisbury, Inglaterra el 4 de marzo. Al contrario, consiste en la fabricación de un pretexto para una escalada masiva de la marcha militar en Siria, Oriente Próximo más ampliamente y contra Rusia directamente.

Cuando Skripal y su hija fueron descubiertos sobre la banca de un parque, la policía declaró que establecer los hechos tomaría semanas, sino meses. Sin embargo, el Gobierno británico ha cerrado el caso mucho más rápidamente que cualquier investigación criminal convencional.

El 12 de marzo, la primera ministra, Theresa May, declaró que era “altamente probable” que Rusia fue responsable de “un acto indiscriminado e imprudente contra Reino Unido”. La siguió el canciller británico, Boris Johnson el viernes, quien declaró que “nuestro conflicto es con el Kremlin de Putin y con su decisión —y creemos de forma abrumadoramente posible que fue su decisión— de dirigir el uso de un agente nervioso en las calles de nuestro Reino Unido”.

Las aseveraciones del Gobierno británico fueron respaldas por EUA, Francia y Alemania el jueves, que proclamaron conjuntamente “el primer uso ofensivo de un agente nervioso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”. El mismo día, Trump, cuya Administración estaba anunciando nuevas sanciones contra Rusia, manifestó: “Ciertamente parece que los rusos están detrás”.

La velocidad con la que las principales potencias imperialistas se han suscrito a las declaraciones de Reino Unido deja en claro que había un plan premeditado y solo requerían la ocasión apropiada para ponerlo en marcha.

La historia que cuenta el Gobierno británico está plagada de contradicciones y no cuenta con ni una pizca de evidencia probativa. El pretexto entero está basado en el análisis que proviene de Porton Down, las instalaciones de desarrollo de armas bioquímicas de destrucción masiva, localizada a tan solo 16 km de Salisbury. Después de afirmar en primera instancia que el veneno era un gas nervioso como sarín o VX, la agencia ahora insiste en que el agente tóxico es “de un tipo desarrollado por Rusia”, denominado Novichok.

Como lo ha señalado el exembajador británico y autor, Craig Murray, la frase “de un tipo desarrollado por Rusia” fue seleccionada cautelosamente. Aludió a una fuente dentro del Gobierno británico que confirma que “los científicos de Porton Down no son capaces de identificar que el gas nervioso fue producido por Rusia, y han resentido la presión sobre ellos para hacerlo”.

Incluso si uno aceptase la conclusión del Gobierno británico de que se trata de Novichok —y ha rehusado proveer muestras a Rusia ni a nadie más— esto no constituye una prueba de que Rusia dirigió el ataque. El químico fue investigado durante la era de la Unión Soviética. No hay evidencia de que Rusia jamás lo produjo, siendo igual de probable que Londres, Langley o cualquier Estado exsoviético y enconadamente hostil hacia Rusia lo haya fabricado.

Y si Rusia estuvo de verdad involucrada, todavía es un gran salto probar la responsabilidad del Gobierno ruso.

Moscú ha negado enérgicamente cualquier participación. El secretario presidencial de prensa, Dmitri Peskov, señaló el viernes: “En la práctica internacional nunca hemos presenciado tal comportamiento al nivel estatal cuando se presentan acusaciones sumamente serias contra un país —en este caso, nuestro país— con palabras como ‘aparentemente’, ‘altamente probable’ y en esta línea”. Dicho abordaje, dijo, “no solo contraviene el derecho internacional, sino el sentido común en su entereza”.

El régimen de Putin es profundamente reaccionario, gobernando en nombre de una oligarquía financiera criminal que se enriqueció del saqueo de activos de la antigua Unión Soviética. Sin embargo, no hay pruebas de que estuviese involucrada en el ataque contra Skripal y hay copiosas razones para poner en duda que quisiera hacerlo, ya que tal acto le obsequiaría un pretexto hecho a medida para una agresión por parte de EUA y Europa.

Desde el punto de vista de quién se beneficia, las partes probablemente culpables en el caso de Skripal son Londres y Washington, en vez de Moscú. Están furiosos de que el Gobierno ruso esté obstruyendo sus operaciones en Siria, cuyo objetivo es deponer al Gobierno de Asad e instalar un régimen títere.

Los eventos de las últimas dos semanas se produjeron seguidamente después de una escalada en Siria. El 7 de febrero, aviones de combate y baterías de artillería estadounidenses llevaron a cabo una masacre en la provincia Deir Ezzor, al noreste del país, con el conocimiento de que el grueso de los cientos de fallecidos iba a ser mercenarios rusos. El 25 de febrero, el Gobierno de Trump declaró que ya no necesita una aprobación para expandir vastamente sus operaciones militares contra Siria y sus aliados, incluyendo Irán.

También se han alistado preparativos para un conflicto directo con Rusia. Fue tan recientemente como el 19 de enero que el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, anunció una nueva estrategia de defensa nacional que declaraba, “La competición entre grandes potencias—no el terrorismo— es ahora el principal foco de la seguridad nacional estadounidense”.

Todos los Gobiernos involucrados en la campaña en marcha son regímenes belicistas controlados por agencias militares y de inteligencia. Más allá, todos encaran profundas crisis internas. Reino Unido está siendo azotado por conflictos internos por el brexit. El Gobierno de Trump se tambalea de crisis en crisis y está actualmente en medio de una depuración de altos funcionarios. En Alemania, los partidos oficialistas finalmente formaron un Gobierno después de casi seis meses de las elecciones en setiembre —la última pieza de maquinaria política requerida para asegurar la puesta en operación de la alianza antirrusa encabezada por EUA—.

Además de justificar la expansión de la guerra en el extranjero, la campaña contra Rusia provee el pretexto para una escalada de ataques internos contra los derechos democráticos. En Estados Unidos, la campaña sobre “injerencia rusa” ya ha sido utilizada por la élite gobernante— bajo el liderazgo del Partido Demócrata y la CIA— como pretexto para censurar el Internet.

El 20 de marzo marca el decimoquinto aniversario del lanzamiento de la guerra de Irak en el 2003, justificado con base en una sarta de mentiras. Como parte de la campaña concertada para “probar” la existencia de armas de destrucción masiva, EUA y Reino Unido dedicaron meses a manufacturar inteligencia, compendiada en dos “dosieres dudables”. Incluso enviaron inspectores de armas a Irak, quienes no encontraron ninguna evidencia de programas de armas nucleares ni químicas. No obstante, el 5 de febrero, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, presentó ante las Naciones Unidas sus inventadas e infames diapositivas, afirmando ofrecer “evidencia” fotográfica de que Irak estaba escondiendo armas no convencionales. A raíz de esto, el 18 de marzo, el Gobierno laborista de Tony Blair comprometió a Reino Unido a apoyar la guerra liderada por EUA.

El mismo guion está siendo utilizado, solo que esta vez el caso Skripal contra Rusia es todavía más endeble que el empleado para buscar legitimar la guerra contra Irak.

En los círculos de poder imperialistas involucrados, no hay ninguna oposición significativa al catastrófico curso que se sigue. El Partido Laborista en Reino Unido, al igual que los demócratas en EUA, son los promotores más militaristas de medidas contra Rusia. En la prensa, ningún medio importante ha publicado algo en contra de esta sucia campaña porque la bendita “prensa libre” no es más que una vocera de la oligarquía financiera y su búsqueda de nuevos mercados y recursos para controlar en el mundo entero.

La clase trabajadora solo puede combatir el cada vez mayor peligro de guerra por medio de su propia acción política independiente, en oposición a todos los partidos de la burguesía. La formación de un nuevo movimiento contra la guerra, uniendo a la gran masa de trabajadores y jóvenes en oposición al capitalismo y al imperialismo, es la tarea política más urgente.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de marzo de 2018)

Chris Marsden