La cumbre en Singapur y la creciente amenaza de guerra

14 junio 2018

La reunión entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, ha sido uno de los eventos más cubiertos mediáticamente en la historia reciente, atrayendo a miles de periodistas a la ciudad-Estado de Singapur para reportar la cumbre en vivo por todo el mundo.

El primer encuentro entre un presidente estadounidense en funciones y el líder de Corea del Norte está siendo caracterizado una y otra vez como “histórico”.

Sin embargo, está muy poco claro cuál será el resultado de esta breve reunión entre los líderes de dos países que todavía están formalmente en guerra, 65 años después de que los ejércitos de EUA, Corea del Norte y China acordaran un cese al fuego en un conflicto que cobró más de tres millones de vidas y dejó a Corea del Norte en ruinas.

La breve declaración conjunta de 400 palabras firmada por Trump y Kim afirma un acuerdo mutuo para buscar “nuevas relaciones” entre ambos países y construir un “régimen duradero y robusto en la península coreana”. Mientras que Trump “se comprometió a proveer garantías de seguridad para la RPDC [República Popular Democrática de Corea]”, Kim “reafirmó su compromiso firme e inflexible de completar la desnuclearización de la península coreana”.

Más allá de eso, la declaración de Singapur no provee ninguna substancia sobre cómo planean cumplir estos objetivos y compromisos.

El tono de la reunión, con Trump alabando a Kim como un hombre “muy talentoso” y “muy inteligente” que “ama a su país mucho”, marcó un cambio impactante comparado con la ridiculización del año pasado cuando lo llamó “el pequeño hombre de los cohetes” y amenazó con “destruir totalmente” a su empobrecida y oprimida nación con “fuego y furia… como nunca lo había presenciado el mundo”.

En una conferencia de prensa después de la reunión, Trump se refirió a las implicaciones de su política militarista hacia Corea del Norte con la ligereza de un verdadero sociópata. “Es un real honor que sea yo el que esté haciendo esto porque pienso, ustedes saben, que potencialmente ustedes pudieron haber perdido, saben, a unos 30, 40, 50 millones de personas”, dijo.

Claramente no hay ninguna garantía de que la cumbre de Singapur no sea el preludio de una reanudación y escalada de amenazas militares estadounidenses contra Corea del Norte. Cabe notar que Trump anunció que las negociaciones sobre concretar este acuerdo indefinido quedarían en manos de su secretario de Estado, Mike Pompeo, y su asesor de seguridad nacional, John Bolton. Pompeo, como director de la CIA, sugirió que el camino hacia el desarme nuclear de Corea del Norte pasaba por el asesinato de Kim Jong-un. Por su parte, Bolton, tan recientemente como febrero, planteó en el Wall Street Journal que EUA debería llevar a cabo una campaña de bombardeos no provocada contra el país.

Más recientemente, Bolton sugirió que las negociaciones con Corea del Norte seguían el “modelo libio”, que comenzó con Muamar Gadafi aceptando desmantelar sus armas de destrucción masiva y terminó con su muerte a manos de combatientes islamistas respaldados por EUA.

El registro de las relaciones de Washington con estos países que han llevado a cabo programas de desarme bajo sanciones económicas y amenazas de una agresión militar estadounidense no es nada reconfortante. El “modelo libio” es la norma, no la excepción.

Irak y Libia fueron objeto de guerras de cambio de régimen estadounidenses que acabaron con la muerte de sus líderes respectivos. Irán se enfrenta a la reanudación de sanciones debilitantes después de que el Gobierno de Trump cancelara unilateralmente el acuerdo nuclear entre Teherán y las principales potencias. Irán hizo una advertencia el martes a Corea del Norte de que Trump podría cancelar el acuerdo de Singapur “antes de regresar a casa”.

Washington no buscó este acuerdo con Kim Jong-un por temor a su insignificante arsenal nuclear, ni mucho menos por alguna convicción de conseguir paz en el noreste de Asia. Por el contrario, pretende avanzar los intereses del imperialismo estadounidense y fortalecer su posición en la región a expensas de sus principales rivales, Rusia y China, y de potenciales competidores como Japón. La transformación de Corea del Norte de un enemigo a un estado clientelar representaría un paso importante en preparación para los conflictos “entre grandes potencias” que el Pentágono y la Casa Blanca han avistado en el horizonte.

Trump presentó su esfuerzo para “darle vuelta” a Corea del Norte de la forma más cruda posible. Le mostró al líder norcoreano y a sus asesores un clip de cuatro minutos producido por una compañía de producción de Hollywood al estilo de un avance para una película de acción, contrastando un futuro próspero para Corea del Norte bajo el dominio del capitalismo estadounidense (mostrado en color) con la alternativa, la destrucción nuclear total del país (presentado en blanco y negro).

En la conferencia de prensa tras la cumbre, el mandatario estadounidense habló de Corea del Norte como si estuviese discutiendo un negocio para un desarrollo inmobiliario. “Por ejemplo, tienen playas grandiosas”, dijo, “Uno lo ve cuando están explotando sus cañones en el océano, ¿no es cierto? Dije, ‘Cielos, mira esa vista. ¿No podría ser el fondo de un gran condominio?’ Y les expliqué, les dije, ‘Saben, en vez de hacer eso, podrían tener los mejores hoteles del mundo aquí mismo’. Véanlo desde una perspectiva de bienes raíces. Tienen a Corea del Sur, tienen a China, y ellos son dueños de la tierra en medio. ¿Qué tan malo puede ser, no es cierto?”.

Mientras que reflejaban el punto de vista crudo y semicriminal de un especulador de bienes raíces de la Ciudad de Nueva York, las palabras de Trump comunicaron la idea en general.

El acuerdo de Singapur no puede ser entendido independientemente de su contexto global, dominado por la marcha hacia guerras comerciales y conflictos entre grandes potencias, con Washington a la cabeza, imponiendo aranceles contra sus socios comerciales y escalando las tensiones militares contra Rusia y China.

En camino a Singapur, Trump dejó la cumbre del G-7 en Canadá como el primer jefe de Estado en rehusarse a firmar el comunicado final desde que la agrupación comenzó a reunirse en 1975.

Subsecuentemente, Trump y sus asesores denunciaron al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ostensiblemente el aliado más cercano de Washington, en términos que rememoran la retórica fascista de los años treinta, acusándolo de “una puñalada por la espalda” y declarando que hay un “lugar especial en el infierno” reservado para él.

El acuerdo en Singapur bien podría tener su propio precedente en los tratados similares firmados por el régimen de la Alemania nazi en la década de 1930, prometiendo la no agresión mutua con Polonia y Rusia, solo para llevar a cabo invasiones de plena escala a corto plazo.

También cabe notar que la oposición a Trump desde el Partido Demócrata proviene completamente desde la derecha. El martes, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, denunció al presidente estadounidense por haberle “regalado a una dictadura brutal y represiva la legitimidad internacional que ha deseado por mucho tiempo”. Luego, atacó a Trump por suspender los ejercicios militares de EUA en Corea del Sur, incluso describiéndolos correctamente como “provocativos”. De alcanzarse un acuerdo con Corea del Norte, es sumamente probable que los demócratas buscarán romperlo, justo como Trump lo hizo con el acuerdo con Irán.

El viaje de Trump a Singapur estuvo motivado en gran parte por su deseo para darle un giro al ambiente político, el cual ha estado dominado por múltiples escándalos en Washington y ataques interminables por no asumir una postura más severa hacia Rusia. Él sabe muy bien que la pretensión de alejarse de la amenaza de una guerra nuclear con Corea del Norte y su indefinida retórica sobre traer las tropas de vuelta “a casa” de la península coreana resuenan en amplias capas de la población estadounidense.

Sin embargo, la lógica de la crisis que domina al capitalismo estadounidense y global va dirigida hacia una guerra mundial. La única forma viable para luchar contra esta amenaza es la movilización de la clase obrera internacionalmente contra el capitalismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de junio de 2018)

Bill Van Auken