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Perspectiva

El significado de la victoria de Alexandria Ocasio-Cortez en las primarias neoyorquinas

En las primarias del 14º distrito congresional de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez de los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) derrotó el martes al demócrata de cuarto mayor rango en la Cámara de Representantes, el congresista Joseph Crowley,

No cabe duda de que la victoria de Ocasio-Cortez refleja un crecimiento de la oposición de la clase obrera al control corporativo de la política del Partido Demócrata y Republicano. Se está produciendo una radicalización del pueblo trabajador, algo demostrado poderosamente por la ola de huelgas más temprano este año y por la amplia oposición a la persecución de inmigrantes por parte del Gobierno de Trump.

La derrota de Crowley demuestra la hostilidad popular hacia la élite del Partido Demócrata. En un distrito con una población de más de 700.000 personas, donde el titular quedó electo en el 2016 con un 83 por ciento de los votos, ahora uno de los líderes demócratas del Congreso recibió apenas 11.000 votos. Con un desembolso de $3,4 millones, según la Comisión Federal Electoral, la campaña de Crowley gastó más de $300 por cada voto.

Pese al rechazo a Crowley, la política de Ocasio-Cortez y el DSA no ofrece una vía de avance para la clase obrera. No es posible percibir ni un indicio de socialismo en su programa (la palabra en sí no aparece ni una vez en su sitio web), mientras que la candidata y el DSA han tratado de minimizar su conexión. Hay que responderle sin rodeos a cualquiera que sugiera que su victoria marca un giro hacia la izquierda del Partido Demócrata: ¡contengan su entusiasmo!

El DSA no está luchando por el socialismo, sino por fortalecer el Partido Demócrata, uno de los dos principales partidos capitalistas en Estados Unidos que carga, junto a los republicanos, responsabilidad por todos los crímenes perpetrados por el imperialismo estadounidense en todo el mundo y contra la clase obrera dentro del país.

Ocasio-Cortez compitió bajo un programa que combinaba un populismo regateado —Crowley toma dinero de las corporaciones y los intereses de bienes raíces, Crowley vive en los suburbios de Washington y no entiende los problemas de los trabajadores en Queens y el Bronx— y con el apoyo del Partido Demócrata como institución.

En su entrevista poselectoral en CNN, Ocasio-Cortez afirmó su eterna lealtad al Partido Demócrata, declarando “Estoy orgullosa de ser demócrata. Fui criada en una familia demócrata, con valores demócratas”. Ha manifestado que su principal objetivo es ayudarles a los demócratas a recapturar el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término en noviembre.

Ante una declaración tan recalentada, cabe preguntar: ¿qué ha hecho el Partido Demócrata en los 28 años de vida de Ocasio-Cortez para merecer tal lealtad? ¿Cuáles son los grandes logros del Partido Demócrata en este periodo? ¿La abolición de las medidas de bienestar? ¿La desregulación del sistema financiero? ¿El bombardeo de Serbia? ¿El rescate a Wall Street? ¿Los recortes salariales para los trabajadores automotores? ¿La guerra con drones? ¿La destrucción de Siria, Libia, Yemen y otros países? ¿La expansión del espionaje de la NSA? ¿Más deportaciones que en cualquier otro periodo de la historia estadounidense?

Ocasio-Cortez no se refiere a tales cuestiones. En cambio, se ha comprometido a apoyar “incondicionalmente” a cualquier candidato demócrata que sea nominado para competir contra el presidente Trump en el 2020, incluyendo a demócratas corporativas como Hillary Clinton o la senadora joven de Nueva York, Kirsten Gillibrand. Mientras que, por ahora, declinó declarar su apoyo por Nancy Pelosi como líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, dijo que “Es enteramente posible apoyarla”.

Ocasio-Cortez acogió la táctica del Comité Demócrata de Campañas para el Congreso de postular a candidatos conservadores en distritos calificados como distritos “oscilantes”, incluyendo a docenas de candidatos provenientes del ejército y las agencias de inteligencia. Sin embargo, ella prefiere seleccionar a candidatos más liberales, como ella misma, en distritos “seguros” como el 14º.

El programa ofrecido por Ocasio-Cortez es una versión considerablemente diluida del programa sobre el cual compitió Bernie Sanders en el 2016: un seguro médico de pagador único, una garantía para los puestos de trabajo federales, la matrícula universitaria gratis, y un salario mínimo de $15 por hora. Al igual que Sanders, ella evita referirse a la política exterior, haciendo caso omiso a las guerras en marcha que ha respaldado EUA en Siria, Afganistán y Yemen, y las campañas de asesinatos con drones libradas por Obama y continuadas por Trump.

Ella apoya la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) —actualmente una consigna popular dadas las horrendas escenas de niños siendo separados de sus padres—, pero no aboga a favor de la abolición del aparato de torturas de la CIA, las asesinas Fuerzas Especiales del Pentágono ni la Agencia de Seguridad Nacional, la cual espía las comunicaciones de todos los estadounidenses.

Incluso en relación a la frontera, Ocasio-Cortez dijo en su entrevista con CNN que el ICE tendría que ser reemplazado con una “agencia humana” porque “necesitamos asegurarnos de que nuestras fronteras sean seguras”.

El ampliamente difundido video de campaña que narra la candidata la presenta falsamente como una típica joven de clase trabajadora para quien “entrar en la política no estaba en el plan”. En realidad, Ocasio-Cortez fue entrenada para una carrera política en el Partido Demócrata. Al graduarse de la Universidad de Boston, fue reclutada para trabajar en la oficina del senador de Massachusetts, Edward Kennedy. Luego de varios años gestionando una empresa emergente en el Bronx, se convirtió en organizadora a tiempo completo para la campaña presidencial de Sanders, sentando así las bases para su propia postulación exitosa para una banca en el Congreso.

Su campaña ha buscado combinar la política de identidades—Crowley es un hombre blanco de 56 años, Ocasio-Cortez es una mujer hispana de 28 años—con una apelación más amplia hacia un distrito compuesto principalmente por una clase trabajadora racialmente entremezclada y con una población inmigrante enorme. En su video y otros materiales de campaña, Ocasio-Cortez se describe invariablemente como de “clase trabajadora” y afirma defender los intereses de los trabajadores contra la influencia corporativa.

Pero utilizar el término “clase trabajadora” es muy diferente a avanzar un programa que aborde las necesidades de los trabajadores. En términos de clase, ella representa a una sección de la pequeña burguesía, particularmente de empresarios hispanos y operadores políticos que sienten no haber recibido su “parte justa” ante los intereses más poderosos de Wall Street que dominan el Partido Demócrata. Ocasio-Cortez no dice nada acerca de la cuestión más fundamental que enfrenta la humanidad: la creciente amenaza de una guerra imperialista con armas nucleares.

Ocasio-Cortez es una política burguesa, no socialista. No pone en tela de juicio las fundaciones económicas de la sociedad capitalista—el control de los bancos y las gigantescas corporaciones por parte de una aristocracia financiera—. Tampoco sugiere que el sistema de propiedad de EUA y la acumulación de riquezas nunca antes vistas en manos de una diminuta fracción de la población deberían ser cuestionados, ni hablar de finalizados.

Su política carece de cualquier insinuación de democracia industrial o derechos de los trabajadores en los lugares de trabajo. Ni siquiera incorpora la condena verba del Sanders —por más fraudulenta que sea— de los milmillonarios, muchos de los cuales se encuentran en Nueva York y son demócratas. En su punto más alto, su programa es tibiamente reformista, no siendo nada fuera de lo común en un Partido Demócrata de 1965.

Pero incluso estas miserables reformas son predicadas con base en un absurdo: la reforma del Partido Demócrata, uno de los dos instrumentos políticos con los que la oligarquía financiera gobierna EUA y un partido que se ha trasladado tan drásticamente hacia la derecha durante el último medio siglo.

Esta es la perspectiva esencial de los Socialistas Democráticos de América, que busca dotar de una base más amplia de apoyo al Partido Demócrata, el cementerio histórico de todos los movimientos desde abajo que buscan desafiar al imperialismo estadounidense. Lo que busca es darle una imagen progresista a esta partido derechista a fin de bloquear cualquier desafío independiente de la clase obrera al marco de poder corporativo en su conjunto.

El Partido Socialista por la Igualdad lucha por movilizar a la clase obrera por medio de la construcción de un nuevo movimiento político de masas completamente independiente del Partido Demócrata y la política capitalista en general. Sea apoyando a los docentes en huelga o los que luchan por la libertad de los inmigrantes siendo perseguido por el Gobierno de Trump, o en la arena electoral, el PSI advierte continuamente que el pueblo obrero no puede tomar ni un paso adelante sin romper completamente de la camisa de fuerza del sistema bipartidista controlado por las corporaciones.

El PSI está presentando a Niles Niemuth como candidato para el Congreso en Michigan, con base en un programa diametralmente opuesto a la política procapitalista del pseudoizquierdista DSA. La campaña de Ocasio-Cortez no constituye un paso hacia la liberación de la clase obrera de la política capitalista, sino que es un esfuerzo para crear un obstáculo político para la construcción de un movimiento auténticamente independiente de la clase obrera basado en un programa socialista y contra la guerra, el cual representa el PSI.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de junio de 2018)

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