Protestas de masas en provincias del sur de Irak

por Alec Andersen
17 julio 2018

Miles de personas participaron en manifestaciones masivas en el sur de Irak el fin de semana contra las intolerables condiciones económicas que prevalecieron 15 años después de la guerra liderada por Estados Unidos por un cambio de régimen que derrocó al régimen de Sadam Huseín y derrumbó al Estado iraquí. Las autoridades iraquíes han buscado desesperadamente sofocar las protestas sin precedentes mediante una combinación de retórica conciliadora y represión estatal, con las fuerzas de seguridad hiriendo a decenas y matando a tres manifestantes durante la primera semana.

Las protestas comenzaron en la ciudad de Basora el 8 de julio cuando las fuerzas de seguridad dispararon contra una manifestación de jóvenes que protestaban por la falta de empleo y servicios esenciales, incluyendo agua y electricidad. Las fuerzas de seguridad iraquíes mataron a uno de los manifestantes, lo que generó indignación generalizada en la comunidad.

Las manifestaciones han continuado todos los días desde entonces, con multitudes de cientos de manifestantes bloqueando el tráfico, intentando apoderarse de campos petrolíferos y asaltando e incendiando edificios gubernamentales, así como aquellos que pertenecen a partidos políticos chiitas, a quienes muchos culpan por la falta de cualquier mejora en los niveles de vida desde la caída del régimen baasista.

Las protestas en la región sur, predominantemente chiita, están dirigidas contra el Gobierno chiita, el cual es respaldado por Estados Unidos. No son impulsadas por sentimientos sectarios, sino por cuestiones de clase.

Los manifestantes piden el fin de la corrupción generalizada, el desempleo y los servicios públicos extremadamente inadecuados, todos los cuales se han convertido en características definitorias de la sociedad iraquí desde la invasión y ocupación de Estados Unidos. En particular, los apagones regulares y la falta de agua potable hacen que la vida de la mayoría de la clase trabajadora sea miserable durante los sofocantes meses de verano. La falta de fiabilidad de la electricidad en el sur de Irak se vio agravada este año por la sequía, que redujo significativamente la producción de energía en las represas hidroeléctricas de la nación y por la gran reducción de electricidad proporcionada por Irán como resultado de una disputa relacionada con el pago.

La provincia de Basora es, con mucho, la región más rica en petróleo del país. Sus exportaciones de petróleo representan el 95 por ciento de los ingresos anuales del Gobierno iraquí, por lo que su seguridad es una prioridad clave para el régimen.

Como resultado, las protestas han atemorizado profundamente al primer ministro Haider al Abadi, quien ha respondido a las protestas con promesas simbólicas de mejorar los servicios de agua y electricidad, combinadas con una serie de medidas represivas para sofocar las protestas antes de que representen una amenaza para la supervivencia del Gobierno.

Los medios estatales informaron que Abadi ordenó a la novena división del ejército iraquí, así como a los notorios comandos del Servicio de Contraterrorismo de Irak, defender los campos petrolíferos en Basora. El gobierno también ha restringido severamente el acceso a Internet en un intento por interrumpir la coordinación de nuevas manifestaciones.

Sin embargo, las manifestaciones ganaron más ímpetu el fin de semana. El viernes, los manifestantes bloquearon el acceso al puerto de Umm Qasr, donde fluyen principalmente materias primas, mientras que las protestas se extendieron a las ciudades de Amara, Nasiriya y Najaf, donde un grupo de varios cientos de manifestantes se infiltraron en el aeropuerto y detuvieron el tráfico aéreo. Las fuerzas de seguridad desplegadas en el aeropuerto dispararon y mataron a dos manifestantes más, sumando al menos tres manifestantes asesinados durante la primera semana. Bagdad y la ciudad santa de Karbala también fueron testigo de protestas el fin de semana.

A diferencia de previas instancias, como las protestas contra la corrupción convocadas por el clérigo nacionalista chiita Muqtada al-Sadr el año pasado, que terminaron con la invasión y ocupación de la "Zona Verde" fuertemente fortificada que rodea los edificios del Gobierno y las misiones diplomáticas en el corazón de Bagdad, las manifestaciones en marcha son fundamentalmente de un carácter de clase, no sectario.

Los trabajadores en las provincias del sur están entrando en lucha de forma independiente y en oposición a los partidos chiitas burgueses y presentando sus propias demandas de clase: empleos, acabar con los sobornos y servicios que satisfagan las necesidades humanas básicas. Se están esforzando por liberarse del marco sectario divisivo promovido por los Estados Unidos con el propósito de pacificar a la población iraquí a través de la táctica desgastada de "dividir y conquistar".

El carácter obrero de este movimiento constituye una continuación de la lucha emprendida en enero por los trabajadores iraníes contra el presupuesto de austeridad del presidente Rouhani. Ese movimiento empleó una serie de huelgas y manifestaciones de masas que tomaron desprevenido al régimen clerical burgués de Irán. El régimen solo fue capaz de contener y acabar con esa lucha a través de una represión estatal masiva y esfuerzos incansables de varias fuerzas monárquicas y reaccionarias.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de julio de 2018)