El llamado del exdirector de la CIA, John Brennan, a desmantelar la democracia

20 agosto 2018

Después de que el presidente Donald Trump decidiera el miércoles revocar la credencial de seguridad de John Brennan, este exdirector de la CIA se ha convertido en el principal vocero de la facción anti-Trump de la clase gobernante. Es un cargo apropiado. Brennan encarna la criminalidad y las disposiciones autoritarias del aparato militar y de inteligencia, el cual es la fuerza impulsora de la oposición al Gobierno de Trump dentro del Estado.

Mientras que Trump está buscando desarrollar el marco para instaurar un gobierno autoritario, incluyendo la cultivación de fuerzas ultraderechistas y de tendencia fascista con base en la promoción de chauvinismo antiinmigrante, la campaña de sus críticos dentro del Estado y la élite política no contiene ni una pizca de contenido democrático. En nombre de oponerse a Trump y la supuesta trama rusa que lo apuntala, están avanzando sus propios argumentos a favor de una dictadura.

Este es el significado de la columna de opinión de Brennan, intitulada “Las afirmaciones del presidente Trump de que no hubo colusión son bazofia” y publicada en la edición impresa del New York Times el viernes. Las páginas del Times fueron puestas a la disposición de Brennan por decisión de James Bennet, el bien conectado editor de la página editorial, hermano del senador demócrata derechista, Michael Bennet, e hijo de Douglas Bennet, un antiguo alto funcionario del Departamento de Estado vinculado a la CIA.

En su columna, Brennan presenta una teoría conspirativa enorme, según la cual el Gobierno ruso ha podido manipular y explotar las instituciones políticas de EUA para avanzar su agenda. “Antes, durante y después de la ya infame injerencia en nuestras últimas elecciones presidenciales”, escribe Brennan, “Rusia practicó el arte de definir eventos políticos en el exterior por medio de su bien afilado programa de medidas activas que emplea una amplia gama de capacidades técnicas, operaciones de información y antiguas destrezas de inteligencia humana para espionaje”.

Las maquinaciones que Brennan le adscribe a Rusia son precisamente la especialidad de las agencias de inteligencia estadounidenses, incluyendo las que fueron presididas por Brennan. La operación de “injerencia” rusa, presentada como un hecho establecido por la prensa, es una ficción. En términos concretos, consistió como mucho, según las mismas agencias de inteligencia, en unos cuantos cientos de miles de dólares en anuncios en las redes sociales, algo complemente eclipsado por el gasto de $4 mil millones de dólares gastados en las elecciones presidenciales del 2016 —el grueso proveniente de empresas y multimillonarios—. Esto se combina con la afirmación totalmente infundada de que Rusia participó en la filtración de correos electrónicos del Partido Demócrata que expusieron los esfuerzos del Comité Nacional Demócrata para sabotear la campaña de Bernie Sanders y la íntima relación de Hillary Clinton con los bancos.

Más que Rusia, el blanco de los ataques de Brennan son organizaciones e individuos en Estados Unidos. Escribe: “La política electoral en democracias occidentales son un blanco especialmente atractivo, al haber diversos políticos, partidos políticos, medios de comunicación, centros de pensamiento y figuras influyentes que están siendo fácilmente manipuladas, de manera consciente o inconsciente, o incluso compradas directamente por operadores de inteligencia rusos”.

¿Quiénes son estos “políticos, partidos políticos, medios de comunicación, centros de pensamiento y figuras influyentes”? La respuesta es: cualquiera que no acepte acríticamente la narrativa de las agencias de inteligencia y los militares, incluidas las mentiras que utilizan para justificar la guerra en Siria y las agresiones contra Rusia.

El problema esencial, concluye Brennan, es que “los mismos derechos y libertades que abrigan las democracias occidentales” han sido explotadas por Rusia para “distribuir propaganda y desinformación, cada vez más por medio de las plataformas de redes sociales”. Las agencias de inteligencia rusas “trolean las aguas políticas, empresariales y culturales en busca de individuos crédulos o carentes de principios que se vuelven útiles en manos de los titiriteros rusos. Es con demasiada frecuencia que encuentran tales títeres”.

Las implicaciones de este argumento son claras. Todo el descontento social en Estados Unidos es producto de “titiriteros rusos” que explotan a individuos “crédulos”. Si dichas operaciones le dan uso a “derechos y libertades”, entonces estas libertades deben ser restringidas. Para “salvar a la democracia” es necesario abolirla.

La pretensión de Brennan y sus simpatizantes de que están actuando en nombre de la democracia y la “libre expresión” hace eco de las afirmaciones de una larga línea de futuros dictadores que emplearon los mismos argumentos en el pasado. El propio Brennan ha perpetrado incontables crímenes en su carrera de tres décadas en la CIA. Más recientemente, como titular de la agencia bajo Obama, Brennan presidió los esfuerzos para bloquear la investigación del Senado sobre el programa de tortura de la CIA, incluso espiando a miembros del personal del Senado que realizaban la investigación.

El viernes, los comentarios en la prensa se centraron en una carta de 15 exdirectores de agencias de inteligencia apoyando a Brennan y denunciando la revocación de sus credenciales de seguridad como “un intento para suprimir la libertad de expresión”. Entre los firmantes, está Michael Hayden quien encabezó primero la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y luego la CIA, estando a cargo de implementar los programas de espionaje masivo interno de la NSA.

Oro firmante es el exdirector de Inteligencia Nacional, James Clapper, quien dio falso testimonio ante el Senado al afirmar que los programas de espionaje no iban dirigidos contra ciudadanos estadounidenses. Otro de ellos es el general retirado David Petraeus, quien encabezó las operaciones militares de EUA en Irak y Afganistán y luego pasó a dirigir la CIA.

Estos representantes del aparato militar y de inteligencia han recibido el apoyo pleno del Partido Demócrata, que ha postulado a un número récord de candidatos provenientes directamente de la CIA y el ejército en las próximas elecciones de medio término. En respuesta a las declaraciones de Brennan, altos oficiales demócratas lo apoyaron completamente o, como ocurrió con Bernie Sanders, respaldó su posición tácitamente al mantenerse en silencio.

Ya han tomado medidas de gran alcance para suprimir la oposición doméstica. La próxima semana marcará un año desde la publicación de la Carta abierta del presidente del World Socialist Web Site, David North, a Google exigiendo que detenga la manipulación de los resultados de búsqueda y el bloqueo del acceso al WSWS y otros sitios web izquierdistas, detrás del disfraz de estar combatiendo “noticias falsas” propagadas por Rusia.

Durante el último año, las medidas de censura empleadas por las redes sociales y empresas de Internet se han expandido ampliamente. El tráfico proveniente de búsquedas en Google a sitios web izquierdistas y antiguerra sigue cayendo fuertemente, incluyendo una reducción del 80 por ciento para el WSWS. Las medidas tomadas por Facebook han efectivamente bloqueado los sitios alternativos mientras que limita severamente la distribución de videos virales. El mes pasado, Facebook inició una nueva etapa en la campaña de censura al borrar la página de un evento para un mitin antifascista en Washington DC la semana pasada.

La fuente de este ataque sin precedentes contra la libre expresión no está en Rusia, sino en Estados Unidos. Las medidas de censura se han enfocado en el Internet porque el acceso a las plataformas de redes sociales y fuentes alternativas de noticias ha socavado la autoridad de los “guardianes profesionales” —la prensa corporativa, que funciona como vocera de la élite financiera y el aparato militar y de inteligencia—. Su control sobre la información, incluyendo la supresión de terceros partidos políticos y opiniones izquierdistas y contra la guerra, se ha erosionado por el Internet.

La clase gobernante estadounidense está presidiendo un polvorín social. Sabe que la desigualdad social ha llegado a niveles insostenibles y planea una vasta expansión de operaciones militares que vendrá acompañada de una oposición masiva. Además, se siente aterrada al ver encuestas que muestran que muchos más jóvenes tiene una opinión favorable del socialismo que el capitalismo. Sabe que cualquier lucha de los trabajadores para librarse del control de los sindicatos, asistida por la habilidad de los trabajadores de comunicarse y coordinar sus acciones en línea, cuenta con un apoyo masivo y tiende a desarrollarse en dirección de una huelga general.

Los pasos iniciales para censurar el Internet son solo el comienzo. El verdadero peligro, como lo indica la resolución del Partido Socialista por la Igualdad adoptada el mes pasado, es que “los preparativos conscientes de las élites gobernantes para la guerra y la dictadura están avanzando más rápidamente que la consciencia de clase de la clase trabajadora”. El reconocimiento de esta realidad exige una determinación aún mayor, declara la resolución, “para elevar la consciencia política de la clase trabajadora al nivel requerido por las tareas históricas con las que se confronta”. Esta es la tarea política más urgente.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de agosto de 2018)

Joseph Kishore