Las listas presidenciales elegidas para las elecciones generales de Brasil son una advertencia a la clase trabajadora

por Miguel Andrade
21 agosto 2018

El resultado de las recientes convenciones partidarias en Brasil que se celebraron para seleccionar las listas presidenciales y congresales para las elecciones generales en octubre deben ser entendidas como la advertencia más grave a la clase trabajadora. Cualquiera sea el resultado de las elecciones, el sistema político brasileño virará violentamente hacia la derecha, se profundizarán las medidas de austeridad iniciadas por el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) después de las elecciones del 2014 y que fueron aceleradas por la administración del presidente Michel Temer luego de la destitución del PT.

Las elecciones se han visto eclipsadas por el continuo encarcelamiento del expresidente del PT Luiz Inácio Lula da Silva por cargos de corrupción relacionados al escándalo de sobornos centrado en el conglomerado estatal de energía Petrobras.

Sin embargo, a Lula se le prohíbe postularse debido a la denominada ley “Ficha Limpia” que él promulgó y el PT apoyó, la cual prohíbe a los políticos con condenas criminales ser candidatos. El PT apoyó la medida como parte de una concesión a la derecha y para postrarse como un partido anticorrupción luego del escándalo del mensalão, una masiva operación de compra de votos en el congreso brasileño.

Las encuestas de opinión muestran que Lula recibiría aproximadamente el 30 por ciento de los votos en la primera ronda si pudiera postularse, aproximadamente el equivalente a la proporción de la población que tiene la intención de boicotear las elecciones.

Las convenciones del partido encargadas de elegir las listas electorales duraron hasta el domingo 5 de agosto, fecha límite legal impuesta por el Tribunal Electoral (TSE). Se necesitó del máximo tiempo para llevar a cabo negociaciones corruptas tras bastidores entre los principales partidos.

Ante la absoluta incapacidad de cualquiera de los partidos burgueses, incluido el PT, de apelar a un electorado más allá de los corredores de bolsa y sus envidiosos rivales en las clases medias altas, el establishment gobernante brasileño ha intentado posponer hasta el último momento sus decisiones sobre candidatos y alianzas. Las maniobras se han centrado en obtener apoyo de la reaccionaria “bancada de la res, balas y la biblia”, la cual compone más de un tercio del Congreso y está principalmente formada por los Demócratas (DEM), el Partido Republicano (PR) y el Partido Progresista (PP).

Todo el proceso ha expuesto aún más el callejón sin salida histórico que enfrenta la burguesía brasileña después de cinco años de recesión económica, desencadenada en el 2013 por la fuerte desaceleración de las importaciones de productos básicos chinos y agravada por la retracción general de los mercados mundiales tras las medidas de guerra comercial iniciadas por Washington.

En este contexto, la característica principal del año electoral ha sido la de un desinterés récord: mitad del electorado declara no tener candidato y los principales contendientes generalmente enfrentan mayor rechazo que las calificaciones de aprobación. Esto, a su vez, ha fortalecido el desafío populista de extrema derecha del fascista capitán de reserva del ejército Jair Bolsonaro, quién ha obtenido entre 15 y 20 por ciento en más de un año.

La candidatura de Bolsonaro es sólo la manifestación más visible de un brusco movimiento hacia la derecha. Los principales partidos están postulando un número récord de candidatos militares –una subida de 257 por ciento desde el 2010– e indican, con las alianzas electorales personificadas por los candidatos vicepresidenciales anunciadas al final de sus convenciones, su disposición a llevar a cabo un programa de austeridad total, represión y subordinación al imperialismo.

Es revelador que el mayor catalizador para la formación de las listas fuera el anuncio a mitad de julio hecho por Josué Gomes, del Partido Republicano (PR), que no aceptaría la nominación como candidato a la vicepresidencia de ningún candidato presidencial. Esto provocó que cuatro de los cinco contendientes principales –a excepción de Marina Silva, una exministra de Medio Ambiente durante el gobierno del PT, quién obtiene apoyo de los círculos empresariales frustrados con el PT– encuentren otras alternativas y estrechen sus negociaciones para alianzas.

Gomes, un magnate textil y heredero de José Alencar, compañero de fórmula de Lula del PT en su exitosa primera candidatura a la presidencia en el 2033, había sido descrito como la opción favorita de Lula para la lista del PT. El partido de Gomes había estado en negociaciones durante meses con el Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro antes de finalmente anunciar su apoyo a Geraldo Alckmin del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), la principal oposición de derecha del PT, que ocupó la presidencia desde 1995 a 2002.

La “abstención” de Gomes, una clara señal para una futura alianza con el PT, ha sido precipitada por crecientes señales de que la Corte Electoral de Brasil no anularía la ley Ficha Limpia y autorizaría la candidatura presidencial de Lula a la espera de nuevas apelaciones ante la Corte Suprema y la Corte Constitucional.

La posición oficial de Gomes entonces precipitó a Alckmin para acercarse hacia las fuerzas de extrema derecha en la agroindustria y los militares que apoyan a Bolsonaro eligiendo como compañera de fórmula Ana Amélia Lemos, una senadora de extrema derecha de Rio Grande do Sul, el estado más sureño de Brasil. Históricamente de tendencia izquierdista y el único estado que le dio a Lula cuatro victorias consecutivas en las elecciones presidenciales, Rio Grande do Sul es hoy el estado con mayor apoyo para Bolsonaro.

La elección de Alckmin como candidato a la vicepresidencia es una manifestación de la voluntad de la burguesía brasileña de colocar en el centro de la escena política brasileña los elementos más atrasados para crear un electorado de extrema derecha que desvíe la creciente radicalización de los trabajadores y la contrarreste por medios violentos.

Otro contendiente importante que había intentado negociaciones con Josué Gomes y los partidos alrededor de él era Ciro Gomes, del Partido Democrático del Trabajo (PDT). Fundado por el dictador corporativista brasileño Getúlio Vargas, el PDT luego produjo a João Goulart –el presidente reformista-nacionalista derrocado por el golpe respaldado por Estados Unidos en 1964– y Leonel Brizola, el principal adversario populista de Lula durante los años ochenta y noventa.

Ciro Gomes fue el ministro de infraestructura de Lula y se atribuye el mérito de haber puesto fin a la hiperinflación de Brasil en la década de 1990 como ministro de Economía en la administración de Itamar Franco, quién introdujo el real como moneda nacional. Dado el historial de políticas económicas derechistas del PT –el cual fue acelerado en el período previo a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff en el 2016– Gomes ha sido capaz de pasarse como un rival izquierdista durante las iniciales partes de su campaña, afirmando que su presidencia lucharía contra la especulación financiera y subiría los impuestos a las herencias y el lucro de accionistas.

Después de que las negociaciones fracasaran con el bloque PP-PR-DEM, la convención del partido del PDT nominó a la exministra de agricultura y baronesa de ganadería Kátia Abreu –aclamada por Ciro Gomes como una empresaria “nacionalista” y “de principios”. Abreu fue elegida como ministra de agricultura para apaciguar a la extrema derecha vinculada a los agronegocios y retrasar la deserción de la bancada “Res, biblia y balas” que sellaría su destino en el 2016.

Las conexiones ultraderechistas de una gran cantidad de los exaliados cercanos del PT –quienes ahora se ven restringidos de alinearse de nuevo con el partido debido al estatus legal de Lula– es un claro desenmascaramiento de la afirmación del PT de haber “aprendido la lección” de su destitución y supuesta disposición de hacer un “giro hacia la izquierda”. Es también una clara refutación de que el PT fue retirado del poder por haberse opuesto a los intereses de la burguesía brasileña.

El candidato que el PT ahora pinta como su némesis, el fascista Bolsonaro, no sólo fue parte de la alianza del PT en el congreso desde el momento en que el partido llegara al poder en el 2003, sino que fue promovido como un representante “nacionalista” de los “patrióticos” militares de bajo rango.

Los sucesos han empujado al PT más hacia la derecha, lo cual se ha visto en que el partido haya escogido a su político más derechista: el exministro de Educación de Lula y exalcalde de São Paulo, Fernando Haddad, para sustituir a Lula en el caso cada vez más probable de que se le prohíba la elección.

Haddad, quien personifica la política de estilo de vida y desprecio por la clase trabajadora, fue el protagonista de la derrota del PT en las elecciones a la alcaldía en el 2016, apenas dos meses después de la destitución de Rousseff. Haddad solamente recibió 16 por ciento del voto, obteniendo el peor resultado en el denominado cinturón “rojo” de las áreas que bordean la región industrial del ABC, en dónde el PT nació en 1980. Su resultado fue uno de los peores entre los alcaldes del PT en la región y las ciudades del ABC en contra de cada uno de los alcaldes del PT, muchos de ellos extrabajadores de fábrica con décadas como dirigentes sindicales.

Su elección fue determinada por su oposición derechista a las políticas de controles de precios y su límite de inversión para São Paulo para recuperar el “grado de inversión” de la agencia de riesgo crediticio Fitch. Estas políticas se detallan, en sus propias palabras, en una memoria publicada en la edición de junio de 2017 de la revista de la pseudoizquierda de Piauí. La confianza de los inversores es la principal preocupación del Partido de los Trabajadores.

La campaña denominada "Lula Libre" le está dando un pretexto político a este violento giro a la derecha del PT. También sirve como un medio de mantener el estatus quo oportunista entre las fuerzas pseudoizquierdistas, quienes han mantenido un pacto de cuatro décadas de silencio –tras la fachada de apoyo para el “obrero de fábrica” Lula– ante las políticas traidoras del PT de subordinar la clase trabajadora a los intereses del capital financiero internacional y la burguesía nacional.

(Publicado originalmente en inglés el 18 de agosto de 2018)