La desigualdad y la crisis de la democracia estadounidense

21 agosto 2018

El jueves, el centro de pensamiento Economic Policy Institute reportó que la remuneración promedio de los CEO en las 350 mayores compañías de Estados Unidos aumentó 17,6 por ciento entre el 2016 y el 2017. El director ejecutivo promedio recibió $18,9 millones. Por otra parte, el salario de un trabajador estadounidense percibió un incremento insignificante de 0,3 por ciento.

El CEO promedio en EUA ahora obtiene 312 veces más de lo que gana un trabajador, en comparación con la relación de 20 a 1 que prevalecía en los años sesenta. Esto significa que, en promedio, un CEO recibe cada día casi lo mismo que recibe un trabajador en todo el año.

Diez años después de que Bush y Obama llevaran a cabo el mayor rescate bancario en la historia humana en respuesta a la crisis financiera de 2008, cada indicador de desigualdad social está incrementando rápidamente.

En 2008, las 400 personas más pudientes de EUA tenían una riqueza neta de $1,5 billones. Esta cifra se ha duplicado a casi $3 billones.

Hace diez años, el patrimonio neto de Jeff Bezos, el CEO de Amazon se valoraban en $8,7 mil millones. Ahora, es de $140 mil millones, es decir, se multiplicó 16 veces. El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, tenía una riqueza de $1,5 mil millones cuando golpeó la crisis financiera. Ahora tiene $69 mil millones, 46 veces más.

Los individuos cuyos crímenes desataron la crisis financiera no solo evitaron ir a la cárcel, sino que se volvieron mucho más ricos. El CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, y el ex -CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, se han convertido en milmillonarios en la última década, pese a haber desempeñado papeles clave en crear la burbuja de valores respaldados por hipotecas y luego apostar a favor de su colapso.

En este noveno año de la supuesta recuperación económica, supuestamente acercándose al empleo pleno, con el mercado laboral más lleno en décadas, los salarios continúan cayendo año tras año. Durante los últimos 12 meses, los salarios cayeron 0,2 por ciento en términos reales, mientras que los precios de las acciones bursátiles aumentaron 12 por ciento.

Cuando la prensa capitalista escribe sobre la persistente caída de los salarios en medio de crecientes ganancias, quedan estupefactos sobre por qué no funciona el tan celebrado mecanismo del “libre mercado”, con su mantra “una marea alta eleva todos los botes”. Sin embargo, en círculos gobernantes es un secreto abierto que el aumento en la desigualdad social fue el resultado deseado de la burbuja financiera, el colapso y el rescate.

En los años previos a la crisis financiera, tanto los Gobiernos demócratas como republicanos, junto con os reguladores bancarios, promovieron la creación de una burbuja financiera tras otra. Después del colapso, ninguno de los responsables era inculpado penalmente, mientras que todas las malas apuestas de los bancos eran recuperadas con fondos públicos. Luego, la Reserva Federal y el Gobierno de Obama fomentaron la creación de otra gran burbuja financiera masiva para enriquecer a la élite gobernante a expensas de la población trabajadora.

Los niveles históricamente sin precedentes de desigualdad social son incompatibles con las formas democráticas de gobierno. Más de hace una década, respondiendo a las elecciones robadas de 2000 y a la destrucción de los derechos democráticos en nombre de la “guerra contra el terrorismo”, el World Socialist Web Site explicó que el aumento en la desigualdad social subyacía el desmantelamiento de los derechos democráticos.

En una conferencia en 2006, el presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, David North, indicó:

La sociedad estadounidense está profundamente fracturada. El nivel de polarización social ha alcanzado dimensiones explosivas. Aquellos en el cinco o uno por ciento más pudiente de la sociedad en términos de ingreso y riqueza no tiene ningún compromiso profundo con los derechos democráticos. Por supuesto, existen excepciones en esta categoría social. Sin embargo, la relación objetiva del estrato más rico de la sociedad con la democracia es de un carácter completamente diferente al de las amplias masas. Para la élite gobernante, la democracia es conveniente, no necesaria. Como fue demostrado con mucha frecuencia en el siglo XX, las dictaduras sirven para proteger la riqueza, no para amenazarla.

En el periodo que siguió el derrumbe de 2008, estos procesos tan solo se han acelerado. En 2010, el Gobierno de Obama reclamó el derecho a matar ciudadanos estadounidenses con misiles de drones, incluso dentro de EUA. Sin un juicio, asesinó a dos ciudadanos estadounidenses en el extranjero para demostrarlo.

El denunciante Edward Snowden mostró que las agencias de inteligencia estadounidenses están espiando a la población del país en una escala que hace ver a los agentes “plomeros” de Richard Nixon como novatos. Snowden fue obligado a exiliarse en Rusia. El periodista Julian Assange, quien documentó crímenes de guerra y conspiraciones contra la democracia, permanece efectivamente encarcelado en Londres ante la demanda de las autoridades estadounidenses.

Lo más amenazante de todo es que las principales compañías tecnológicas están implementando, a instancias de las agencias de inteligencia estadounidense y figuras importantes en la élite política, un régimen de censura en línea sin precedentes en términos de intensidad y cobertura.

Ahora, la crisis de la democracia estadounidenses está entrando en una nueva etapa. Donald Trump, quien encarna la corrupción y criminalidad de la élite gobernante capitalista, está creando un Gobierno cada vez más abiertamente autoritario, respaldándose con apelaciones a su base de tendencia fascista.

Sin embargo, la oposición a Trump dentro del Estado y la élite gobernante prescinde de cualquier contenido democrático. Figuras como el exdirector de la CIA, John Brennan, y el exdirector de Inteligencia Nacional, James Clapper, expresan la intervención directa de las agencias estatales de inteligencia, las cuales son responsable de incontables crímenes contra la clase obrera estadounidense e internacional, en la vida política, con el apoyo del Partido Demócrata y la prensa.

Ciertas secciones de la prensa y de la élite gobernante están utilizando el lenguaje que implica el apoyo a un golpe militar. El viernes, el New York Times publicó un artículo de opinión del autor Tim Weiner prácticamente llamando a la burocracia militar y de las agencias de inteligencia a amotinarse.

Escribió:

John Brennan, quien sabe de qué está hablando, cree que el presidente es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos—una amenaza de contrainteligencia, nada menos, como un esclavo del presidente Vladimir Putin de Rusia… Están enviándoles un mensaje a generales, almirantes, soldados y espías activos. Recuerden su juramento a proteger y defender la Constitución contra sus enemigos, tanto exteriores como interiores. Piensen dos veces antes de seguir las órdenes [de Trump] en una crisis.

Ambas facciones de la clase gobernante, pese a sus disputas, representan tendencias políticas derechistas y autoritarias.

Estos representantes de la oligarquía capitalista deben ser enfrentados a través de los métodos de la lucha de clases—es decir, la intervención consciente e independiente de la clase obrera en la vida política. En todo el mundo, los trabajadores están entrando en lucha, desde los trabajadores de UPS en Estados Unidos, a los pilotos y tripulantes de Ryanair en Europa. Una encuesta tras otra muestra que está creciendo el apoyo al socialismo entre trabajadores y jóvenes.

La lucha por armar este creciente movimiento de la clase obrera con una perspectiva socialista es la única forma de defender los derechos democráticos, los cuales solo pueden garantizarse al poner fin al sistema capitalista, la fuente de la desigualdad, la guerra y el autoritarismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de agosto de 2018)

Andre Damon