Setenta y ocho años desde el asesinato de León Trotsky

22 agosto 2018

Hace 78 años, el 21 de agosto de 1940, León Trotsky murió en la Ciudad de México como consecuencia de heridas infligidas el día anterior por Ramón Mercader del Río, un agente de la policía secreta estalinista soviética, la GPU.

El asesinato de Trotsky—el colíder junto a Lenin de la Revolución Rusa, comandante del Ejército Rojo y fundador de la Cuarta Internacional—fue un crimen político monstruoso. Fue el pináculo de la ola contrarrevolucionaria violenta que incluyó la llegada al poder del fascismo en Alemania en 1933, la derrota de la Revolución Española de 1936-39 y del inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939.

Dentro de la Unión Soviética,  el régimen estalinista llevó a cabo una campaña de genocidio político contra trabajadores e intelectuales entrenados en la tradición marxista, incluyendo a casi todos los principales líderes de la Revolución Rusa. Más de 800.000 personas fueron asesinadas en el Gran Terror de 1936-39. Como escribió el mismo Trotsky en su ensayo de 1937 “El estalinismo y el bolchevismo”: “La purga actual no solo crea una simple línea sangrienta entre el bolchevismo y el estalinismo, sino todo un río de sangre”.

Trotsky encabezó un movimiento político en oposición a la degeneración burocrática y nacionalista de la Unión Soviética. La lucha de Trotsky contra Stalin no fue, como un sinfín de historiadores ha afirmado falsamente, motivada por ambiciones subjetivas de poder político. En cambio, la lucha reflejó dos perspectivas políticas diametralmente opuestas.

La consolidación del poder en la Unión Soviética en manos de Stalin, algo facilitado por la muerte de Lenin en 1924, fue una usurpación de poder por parte de una casta burocrática nacionalista y conservadora que emergió en el marco de un Estado obrero económicamente atrasado y aislado del resto del mundo. La teoría estalinista del “socialismo en un solo país”, propuesta por primera vez en 1924, repudió la perspectiva internacionalista de la Revolución Rusa y justificó la subordinación de la revolución mundial a los intereses del aparato burocrático en la Unión Soviética.

La Oposición de Izquierda, iniciada por Trotsky en 1923, y la Cuarta Internacional, la cual fundó en 1938, tenían como guía la teoría de la revolución permanente. Trotsky insistió en que el establecimiento de una sociedad auténticamente socialista no era posible en un solo país. El derrocamiento de un Gobierno nacional capitalista solo comenzaría el proceso de transición hacia el socialismo. La realización del socialismo en la Unión Soviética requería el derrocamiento del capitalismo por parte de la clase obrera en los países avanzados de Europa Occidental y América del Norte.

Viviendo en el exilio en la Ciudad de México, Trotsky entendía que su vida estaba constantemente bajo amenaza. Su refugio en este país norteamericano siguió su expulsión del Partido Comunista ruso en noviembre de 1927, su exilio a Alma Ata en enero de 1928, su expulsión de la Unión Soviética en 1929 y su escape de Turquía a Francia y luego Noruega, finalmente yendo a su último hogar en México en 1937.

Para 1940, Stalin ya había asesinado a muchos de los principales representantes de la Cuarta Internacional, incluyendo al secretario político de Trotsky, Erwin Wolf, en julio de 1937, al desertor de la GPU y simpatizante de la Cuarta Internacional, Ignace Reiss en setiembre de 1937, el hijo de Trotsky, Leon Sedov, en febrero de 1938 y el secretario de la Cuarta Internacional, Rudolf Klement, en julio de 1938, en vísperas del congreso fundacional.

El 24 de mayo de 1940, el escuadrón de la muerte encabezado por el pintor archiestalinista, David Siqueiros, realizó un ataque contra la casa de Trotsky disparando con ametralladoras el cuarto donde Trotsky y su esposa, Natalia Sedova, estaban durmiendo. Ambos se salvaron, pero Trotsky sabía que no sería el último intento. Siguiendo el ataque, escribió, “Estoy vivo en esta tierra según la excepción y no la norma. En una época reaccionaria como la nuestra, un revolucionario está obligado a nadar contra la corriente”.

Luego, el 20 de agosto, con la atención del mundo enfocada en la Segunda Guerra Mundial, el asesino enviado por Stalin le asestó el golpe final al máximo exponente del marxismo y estratega de la revolución mundial.

A pesar de las consecuencias trágicas y de gran alcance del asesinato de Trotsky, este crimen no fue investigado seriamente hasta que el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) inició su investigación de Seguridad y la Cuarta Internacional en 1975.

Seguridad y la Cuarta Internacional produjo una serie de revelaciones comprobando que el asesinato de Trotsky y sus partidarios fue orquestado por medio de una red global de espías y asesinos que se infiltraron en el movimiento trotskista. Estos incluyeron a Mark Zborowski, Robert Sheldon Harte, Floyd Cleveland Miller, Sylvia Callen y Joseph Hansen.

Callen era la secretaria personal del líder del Socialist Workers Party (Partido de los Trabajadores Socialistas), James P. Cannon, un cargo que utilizó para proveer información crucial a la GPU sobre las actividades de Trotsky. (ver “Una ‘camarada ejemplar’: el encubrimiento de 40 años de la espía estalinista Silvia Callen por parte del Socialist Workers Party). Hansen fue uno de los secretarios de Trotsky en la Ciudad de México, una posición que le permitió tomar decisiones críticas que facilitaron la trama contra la vida de Trotsky.

El fracaso a investigar este crimen no solo encubrió a los que estuvieron involucrados en su perpetración, sino que también imposibilitaron un mayor entendimiento sobre la naturaleza de la contrarrevolución estalinista. Este encubrimiento fue motivado ante todo por intereses políticos. En 1953, la Cuarta Internacional fue dividida por una facción proestalinista encabezada por Michel Pablo y Ernest Mandel. Mientras que intentaban presentarse como trotskistas, los pablistas promovieron la teoría revisionista de que la burocracia estalinista podía ser presionada para llevar a cabo políticas revolucionarias.

Esta orientación política hacia el estalinismo estaba acompañada de una hostilidad furiosa hacia cualquier esfuerzo para exponer sus crímenes. Cuando la investigación del CICI expuso la red de agentes de la GPU que habían penetrado la Cuarta Internacional y descubrió evidencia de las relaciones antes desconocidas de Hansen tanto con la GPU como con el FBI, los pablistas respondieron con una campaña internacional de calumnias. Rechazaron inmediatamente el llamado del CICI a formar una comisión paritaria, compuesta por el mismo número de representantes del CICI como de la organización pablista internacional, para examinar la evidencia hallada por el Comité Internacional.

El 4 de enero de 1977, el Secretariado Unificado pablista organizó un mitin público para denunciar la investigación Seguridad y la Cuarta Internacional y a Gerry Healy, quien era entonces el líder de la sección británica del Comité Internacional. Por dos horas, los principales pablistas y sus aliados —incluyendo a Ernest Mandel, George Novack, Pierre Lambert y Tariq Ali— gritaron insultos e invectivas desde el podio. Sin embargo, ninguno se refirió a la evidencia publicada por el Comité Internacional.

Cuando Gerry Healy, el principal blanco de estas diatribas, se puso de pie en la audiencia para responder estas denuncias y repetir el llamado del CICI a formar un comité paritario, Tariq Ali, el moderador del evento, declaró su intervención fuera de lugar y le prohibió hablar. Cabe indicar que Ali pasó a convertirse en un ferviente admirador de Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin, repudiando cualquier asociación con el trotskismo hace décadas.

La evidencia descubierta por Seguridad y la Cuarta Internacional ha sido completamente substanciada. Hasta el día de hoy, los remanentes de los partidos pablistas y sus líderes nunca han reconocido que el ataque contra el Comité Internacional fue difamatorio.

Para el CICI, la investigación Seguridad y la Cuarta Internacional no era una cuestión de exponer a los agentes del Estado. Era esencial para esclarecer las preguntas políticas fundamentales relacionadas al carácter contrarrevolucionario de la burocracia estalinista y el Estado capitalista. Además, estaba inextricablemente conectada a la lucha contra el revisionismo pablista y todos sus esfuerzos para encubrir los crímenes del estalinismo.

Sus grandes logros fueron revelar hechos desconocidos sobre los mecanismos y las dimensiones de la conspiración estalinista y educar a los cuadros trotskistas sobre las experiencias históricas del movimiento, el carácter del estalinismo y el papel del revisionismo pablista.

Para una nueva generación de trabajadores y jóvenes politizados en una era de represión policial y espionaje estatal masivos, proteger la independencia del movimiento obrero en términos tanto físicos como políticos es una cuestión de vida o muerte. Encontrarán en la investigación Seguridad y la Cuarta Internacional lecciones políticas cruciales para la defensa del movimiento obrero y socialista contra las agencias del Estado capitalista.

La Seguridad y la Cuarta Internacional es una parte crítica del legado revolucionario del Comité Internacional, que fue la única organización preparada para librar una lucha para exponer los crímenes de la GPU en tiempos en que permanecían en el poder regímenes estalinistas con una influencia política inmensa. Comprobó en la práctica la adhesión del CICI a los principios del trotskismo y su intransigencia en la lucha contra el imperialismo y todas sus agencias políticas.

En este día, el 78º aniversario de la muerte de Trotsky, el Comité Internacional rinde tributo a la memoria de este extraordinario revolucionario avanzando la lucha por los principios y el programa del socialismo mundial a los que Trotsky dedicó su vida.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21de agosto de 2018)

Eric London y David North