Negociaciones comerciales China-EUA: las divisiones se profundizan

por Nick Beams
28 agosto 2018

Las conversaciones entre funcionarios de nivel medio de EUA y China en Washington la semana pasada no dieron como resultado una resolución del conflicto comercial entre las economías número uno y dos del mundo, sino más bien una profundización de las divisiones.

Al concluir las discusiones de dos días en la tarde del jueves, la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Lindsay Walters, dijo que las dos partes habían "intercambiado puntos de vista sobre cómo lograr equidad, equilibrio y reciprocidad en la relación económica", pero no dio detalles de ningún posible progreso.

Una declaración del Ministerio de Comercio chino dijo que habían mantenido conversaciones "constructivas y francas" y que mantendrían el contacto sobre el siguiente paso. No había ninguna indicación sobre si, y cuándo, se podrían llevar a cabo más discusiones.

Incluso antes de que las conversaciones se pusieran en marcha, el presidente estadounidense, Donald Trump, marcó la pauta en una entrevista con Reuters en la que indicó que esperaba poco progreso y que no tenía "tiempo" para terminar el conflicto. Dijo que "tomará tiempo porque China le ha ido demasiado bien durante demasiado tiempo y se han acostumbrado. Trataron con personas que, francamente, no sabían lo que estaban haciendo, para permitir que estemos en esta posición”.

La visión dominante en la administración, articulada por el Representante de Comercio de los Estados Unidos Robert Lighthizer y el asesor económico Peter Navarro, es que el intento de China de desarrollar su base industrial y tecnológica es una amenaza existencial al dominio económico y finalmente militar de los EUA y debe ser severamente restringido, si no se detiene.

Estas posiciones se expresaron en la rueda de prensa proporcionada por un "alto funcionario de la administración Trump" sin nombre al final de las últimas discusiones.

"Desde el comienzo de la administración, hemos dicho constantemente que estamos abiertos a hablar con China sobre los problemas que hemos tenido con sus prácticas comerciales, con sus subsidios industriales, y con toda una gama de intervenciones estatales en la economía que está afectando a los mercados globales", comentó el funcionario.

"Pero para obtener un resultado positivo de estos compromisos, es realmente crítico que aborden las preocupaciones fundamentales que hemos planteado. No hemos visto eso todavía”.

Esas "preocupaciones fundamentales" se delinearon en un documento referente a la posición de los EUA enviado a Beijing a principios de mayo. Se trata de demandas de que cese el plan "Hecho en China 2025" para el desarrollo industrial y tecnológico y los subsidios estatales correspondientes para las industrias clave y que China suspenda sus intentos de adquirir tecnologías estadounidenses y otras desarrolladas en Occidente mediante el robo y transferencias forzosas de tecnología de empresas estadounidenses que operan en el país. También instó a China a no tomar ninguna medida de represalia contra cualquier arancel u otras medidas que los Estados Unidos puedan imponer.

Según un informe en el Wall Street Journal, citando fuentes cercanas al viceprimer ministro Liu He, que está a cargo de la posición comercial de China, la opinión de Beijing es que las demandas de Estados Unidos tienen tres componentes.

Alrededor del 30 al 40 por ciento involucra compras chinas adicionales de productos estadounidenses que se pueden cumplir de inmediato. La evidencia de esto se vio en mayo cuando China ofreció comprar hasta US $100 mil millones de bienes adicionales de EUA solo para ver un posible acuerdo anulado por Trump en cuestión de días.

Un segundo componente implica aperturas de mercado para las empresas estadounidenses, como mayores oportunidades para que las firmas financieras estadounidenses y otras extranjeras ganen un mayor porcentaje de empresas chinas y tengan una mayor libertad para operar. La posición de Beijing es que esto podría tomar algunos años para lograrlo.

El tercer componente implica las demandas de los Estados Unidos de cambios en las políticas industriales y tecnológicas de China sobre las cuales Beijing se ha negado a negociar. La demanda de Estados Unidos para que China detenga su desarrollo industrial y termine con los subsidios estatales a las principales firmas ha sido ampliamente criticada por ser imposible de llevar a cabo.

Al comentar sobre el resultado de las discusiones, Phil Levy, investigador principal de economía global en el Consejo de Asuntos Globales de Chicago, dijo al Financial Times: "Los chinos han hecho intentos y siguen haciéndolos, pero siguen siendo rechazados. No creo que esta Casa Blanca haya reunido un conjunto de demandas coherentes que los chinos puedan cumplir”.

El experto en China Eswar Presad de la Universidad de Cornell dijo al periódico que la disputa comercial se había convertido en un "juego muy complicado". Continuó: "Los chinos ven una apertura para reiniciar las negociaciones pero la dificultad es la política comercial inflexible e impredecible de los EUA".

Incluso mientras se llevaba a cabo la última ronda de conversaciones, EUA se estaba preparando para una importante escalada contra China. El Departamento de Comercio celebró reuniones la semana pasada en las que recibió presentaciones de representantes de la industria sobre las últimas propuestas arancelarias de EUA. La administración se está preparando para imponer aranceles sobre productos chinos por un valor de US $200 mil millones. Estos podrían ser tan altos como el 25 por ciento, después de que Trump inicialmente hubiera marcado un 10 por ciento antes de descartarlo como insuficiente.

Las nuevas medidas, que podrían entrar en vigencia a fines de septiembre, se sumarían al arancel del 25 por ciento sobre los bienes por valor de 50,000 millones de dólares que entró en pleno vigor la semana pasada, junto con las medidas de represalia chinas.

La primera ronda excluyó en gran medida a los productos de consumo, pero la nueva ronda, si se lleva a cabo, afectará a una gama mucho más amplia de productores estadounidenses que dependen de China como parte de sus cadenas de suministro mundiales.

Las audiencias, que duraron varios días, vieron una serie de fabricantes de menor escala advirtiendo que podrían verse gravemente afectados. Un fabricante de contenedores de madera para frutas y verduras, aunque expresó apoyo general "por lo que la administración está tratando de lograr" con respecto a China, advirtió que "puede ser muy difícil para una cantidad decente de empresas superar algunos de estos problemas".

Un fabricante de bolsas de papel dijo que habría "interrupción instantánea" si la imposición de aranceles hiciera demasiado costoso obtener producción en China y no habría "bolsas de compras en centros comerciales en todo Estados Unidos el viernes negro, en Navidad y para siempre".

La abrumadora mayoría de las presentaciones de los fabricantes se refería a una exención para los productos que forman parte de sus suministros.

Mientras que algunos productos pueden ser excluidos de la lista final, como fue el caso en la ronda inicial de impuestos arancelarios, la opinión de los halcones anti-chinos más exigentes dentro de la administración es que debido a que China no ha cedido hasta ahora en las principales demandas de los EUA, exige que la presión se intensifique.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de agosto de 2018)